martes, 3 de junio de 2014

Frente A La Eterna Trampa

FRENTE A LA ETERNA TRAMPA

Por Alexander Delgado C.

3 de Junio de 2014


En un post publicado en Twitter el día de ayer, el usuario Rafa León (@elrafaleon), que hasta ahora ha mantenido una postura crítica hacia la MUD, dice:

Al régimen le favorece la división de la oposición con respecto a #LaSalida y @leopoldolopez.  Eso pesará cuando se tome la decisión de hoy.”.

Aclaremos que aquí el punto no es seguir lloviendo sobre mojado, en la, ya sempiterna, discusión sobre si la salida es a punta de guarimbas o de elecciones, a estas alturas prefiero dejarlo a la conciencia de cada quien ¡Para mí ya está bueno de ese y otros discos rayados! ¿Guarimbero o MUDo? En lo personal me inclino muy poco a soluciones electorales, aunque en otras ocasiones las haya aceptado por motivos, netamente pragmáticos; ¿Leopoldero o Caprilero?, la verdad no me identifico con ninguno de las dos. Tampoco mi intención es contradecir al Rafa, ni mucho menos decir que no tiene razón en lo que sostiene; la tiene y mucha.

Pero sí quiero llamar la atención sobre el citado tweet, ya me sirve de espoleta para las siguientes reflexiones:

Es una eterna trampa; estamos como pajaritos en grama frente a opiniones encontradas; si nos unimos somos borregos, si disentimos fomentamos la división y favorecemos al chavismo... Pareciéramos estar, como se decía coloquialmente, bailando en un tusero, no te muevas muy a la derecha porque te estrellas contra el muro ni muy a la izquierda porque te vas por el barranco. 

En momentos así me siento como en una ratonera. Si no nos agarra el chingo nos agarra el sin nariz... y eso es exactamente lo que el régimen quiere que sintamos... hasta que nos cansemos. 

¿Nos cansamos? Y si no ¿Qué hacemos entonces? 

Si votamos o negociamos se nos tilda (con mayor o menor razón) de colaboracionistas y de hacerle el juego al régimen. Si se opta por las acciones de calle, como se hizo este año, durante varios meses, con el consecuente saldo en muertos, heridos, detenidos y torturados, entonces resulta que era el camino equivocado, que la MUD tenía la razón y que, aparte, eso era darle argumentos al régimen para que acelere en su radicalización… y si el régimen no cae en unos pocos días, caemos en el eterno fatalismo autodestructivo, jactanciosamente masoquista, típico del venezolano, con frases consabidas como “a esto se lo llevó el que lo trajo”….  

No puedo evitar recordar aquella vieja fábula del hombre mayor y el niño llevando a un burro para venderlo en el mercado; si el niño montaba el burro lo criticaban por obligar al pobre viejo a caminar, si lo montaba el señor, entonces el abusador era él, que obligaba a caminar al niño, se montaban los dos, ambos abusaban del pobre burro, si no se montaba ninguno, significaba entonces que el burro no servía para carga y no lo pudieron vender. 

Así siento que estamos con esto de ¿calle o elecciones?¿negociar o guarimbas? Pero es evidente que algo nos falta y siento que ese algo está más allá de si negociamos, votamos, guarimbeamos o bailamos el cha cha cha. 

En mi opinión tiene que ver con la forma en que nos enfocamos a nosotros mismos y sobre todo como nos proyectamos a futuro. Tiene que ver con organizarnos y proyectarnos como el país y el gobierno que podríamos ser, así sea, inicialmente, de cara a nosotros mismos, desde las sombras, en nuestro propio hogar o vecindario. Se trata de empezar por generarnos a nosotros esa visión de la patria por la que luchamos; obviamente a las antípodas de la actual purulencia roja, pero también diferente, para mejor, que la Venezuela que había antes de 1999. Tiene que ver con cohesionarnos, organizarnos y retroalimentarnos de ideas, al margen del régimen y de los, ya fastidiosos, dimes y diretes; tiene que ver con un sentido de rebelión, solo que ya no solamente en una barricada sino también, complementando esos tiempos de barricadas, con interregnos más tranquilos, en un día a día, en una cotidianidad en la que, nos guste o no, tenemos que seguir viviendo; mirar el actual momento como la tregua o descanso entre la pelea en la que prepararnos para el siguiente round.

Tiene que ver con entender que no tenemos gobierno ni instituciones y que en este momento el gobierno y las instituciones (o al menos un simulacro de los mismos) debemos ser nosotros; al menos, insisto, ante nosotros mismos y en la medida en que podamos situarnos al margen de la acción de este desgobierno enemigo. 

Al menos podríamos hacer pequeños ensayos aquí y allá. 

Por Ejemplo: 

¿Nos quieren imponer un enfoque educativo odioso, a través de la Resolución 058? las quemas de libros o las huelgas no son la única alternativa válida de rebelión. Otra alternativa y muy pertinente es no mandar a sus hijos a clases, organizarnos como comunidad y educarlos nosotros; con esto pondríamos en evidencia la crisis y la falta de credibilidad en el actual sistema educativo. Tal vez sin pretenderlo estaríamos dando pasos (a futuro, se entiende) hacia una verdadera revolución educativa… una revolución, claro está, en el buen sentido de la palabra; un sentido opuesto al castro-chavismo. Por supuesto que esta opción implica que nuestros muchachos queden sin educación formal, ciertamente hay que pensarla muy bien, tiene sus riesgos, pero no por eso deberíamos descartarla de plano. Otra alternativa es seguir mandando a los muchachos a clases y arreglárnosla para “contra-enseñar”, o sea, para corregir deformaciones y neutralizar, desde el hogar, los intentos adoctrinantes. Por supuesto que esto requiere de un muy alto nivel de organización, además implica aceptar la posibilidad de que nosotros mismos no estemos lo suficientemente instruidos (es posible que, junto a la falta de tiempo, esta sea la principal objeción aducida por muchos representantes). 

¿Qué no tenemos libros adecuados en cantidades suficientes? ¿Qué carecemos de un programa o diagrama educativo disponible? Pues nos las arreglemos para reproducir, fotocopiar o simplemente pasar de mano en mano, los pocos que se dispongan (¿nos hemos tomado el trabajo de buscar en puestos de libros usados ediciones anteriores?) y, por supuesto, complementar este material recabado con la información de que se pueda disponer en la internet. Los pocos libros de que podamos echar mano nos servirían de referente inicial para el programa educativo a ceñirnos. 

¿Que la generalidad de los padres y representantes no tiene tiempo para asumir ellos la educación de sus hijos? Cierto, pero ¿y los pocos que sí tengan tiempo, disposición y capacidad para enseñar o contra-enseñar? Tal vez, y con la debida precaución, lo puede hacer un profesor desempleado o con el tiempo suficiente o un familiar, amigo o vecino con el suficiente conocimiento y capacidad, igualmente en situación de cesantía o con disponibilidad de tiempo, así sea el fin de semana. Por supuesto, como dije al principio, se requiere de un alto grado de organización y cohesión; mejor dicho, de disciplina; una verdadera prueba de fuego. 

Otro ejemplo, ya saliéndonos del tema educativo, de cómo podemos generar desde las sombras una nación distinta:

¿Los rojos terminan de configurar sus fulanas comunas? Nosotros creamos subrepticiamente las Juntas Patrióticas, a nivel local, zonal, regional, nacional (juntas que a su vez podrían canalizar temas como el educativo). Nosotros podríamos preservar, o proyectar una preservación, aunque fuere en las sombras o en una semi-clandestinidad, a la parroquia, al municipio y lo expresamos a través de esas, ya mencionadas Juntas Patrióticas; en principio de cara a nosotros mismos, mientras no se reconquiste y se reestructure la nación. 

¿Se quiere una rebelión? Pues ¡así se hace!; desde las bases, desde las catacumbas, desde el día a día. Así se forjan los cimientos de una verdadera rebelión, no con simples balandronadas, a más heroicas, a más patéticas o a más cretinas.

El tema de la educación y las Juntas Patrióticas los expongo como botones de muestra; dos ejemplos entre muchos, tomados al azar, expuestos torpemente y sin pulir, de cómo podríamos empezar a volcarnos sobre nosotros mismos, de cómo podríamos generar, desde las sombras, una dinámica social que, a corto o mediano plazo, siente las bases de una Venezuela alternativa, antes de proclamarla categóricamente en una nueva rebelión manifiesta. 

Una lucha de resistencia no implica solo marchas, concentraciones guarimbas y enfrentamientos violentos como los que acabamos de vivir con el dolorosamente conocido saldo en muertes y frustración. Puede haber otras forma de rebelión y resistencia al régimen, quizá más tranquila, más soterrada, pero más permanente y cotidiana y, si se quiere, con mayores posibilidades de sustentación y de pequeños logros cotidianos que, a su vez, generarían un efecto anímico positivo, tonificantemente revulsivo. Estas acciones, más serenas, harían mucho más honor al nombre de “resistencia”, ya que estarímos resistiendo sin atacar, al menos de momento. Podríamos verlas como guarimbas en reposo, en constante preparación, actualización, reorganización y retroalimentación, desde la semi-clandestinidad de catacumbas, reales o figuradas, en las que, además, se puedan generar ideas para hacer más efectiva una hipotética nueva rebelión, o mejor, nuestro propio contraataque fulminante contra el régimen.   

¿Difícil? ¡SÍ¡Bastante! ¿Imposible? nada lo es. Podemos quedarnos lloriqueando, lamentándonos, renegando, insultando (con razón) al castro-chavismo o podemos asumir nosotros mismos la responsabilidad con esta, nuestra patria. Ideas pequeñas, tal vez de alcance solo entre la familia los vecinos o los amigos copartidarios, pero ya es algo. En realidad ya es mucho si lo hace uno y lo hacen otros cuantos más. 

Una sentencia de Simón Rodríguez hace alusión a la necesidad de justificar toda rebelión apoyándola en un proyecto, creo que eso es lo que nos falta, aunque ese proyecto de nación también se configure del mismo modo en que nos toca vivir, en las urgencias del día a día, a retazos de ideas concatenables que apunten no solo a la caída del régimen sino a la reorganización de este país reducido a escombros o si fuera el caso, a una refundación nacional.

Pero si solo nos vemos como una oposición, y no como un verdadero movimiento de renovación, en lucha por establecer el país, mil veces mejor, que podríamos ser; estaremos siempre en la misma catalepsia, insultando al chavismo e insultándonos a nosotros mismos porque y que no tenemos bolas, eternamente en una ratonera, aunque creyéndonos dragones dentro de ella.

domingo, 27 de abril de 2014

Espíritu Público Contra Nihilismo Comunista

ESPÍRITU PÚBLICO CONTRA NIHILISMO CASTRO-COMUNISTA

Por Alexander Delgado C.

27 de Abril de 2014

Refiriéndose a la Guerra Fría, un amigo mío solía decir que la verdadera confrontación no era entre Washington DC y Moscú, sino entre Moscú y Roma, más claramente, El Vaticano.

Ciertamente la inquina de los comunistas a las religiones tiene fundamentos sólidos; por un lado las grandes religiones en general (y el cristianismo en particular, especialmente el católico) tienen masas de seguidores espontáneos que les envidia el comunismo. Por otro lado la religiosidad ofrece al pueblo una cosmovisión y un sentido de trascendencia que va más allá del hombre en sí mismo, otra piedra en el zapato de los rojos que solo pueden reinar sobre pueblos desesperanzados, nihilistas y sin valores, para poder alienarlos con más facilidad.

Finalmente las religiones, además de su cara estrictamente teologal-espiritual, tienen una faceta socio-cultural que, por un lado influye en la observancia de sanas normas de convivencia y de moral pública, y por otro lado, se convierte en un referente e importante refuerzo a la identidad en los pueblos (Ej.: Catolicismo en los países Latinos, Protestantismo en los anglo-germánicos, Islam en la mayoría del Medio Oriente, Judaísmo en Israel, Cristianismo Ortodoxo en países como Rusia, Grecia, etc.). Esto constituye otra horma en el zapato rojo, más aun cuanto que, en general, ese sentido de pertenencia, no pocas veces, arropa incluso a quienes no comparten la religión mayoritaria o simplemente no tienen religión, pero que saben respetar las tradiciones del pueblo del que provienen o en el que están.

Por eso es que los castro-comunistas, como buenos; desadaptados, renegados, acomplejados, resentidos, pobristas y odiantes, ven con inquina a las religiones, especialmente al cristianismo; de ahí que en todo vean una excusa para atacarlas y mancillarlas. La gran paradoja que define aún más el profundo vacío, desadaptación y resentimiento de comunistas, confesos o de closet; es su tendencia casi obsesiva por buscar pseudo-religiones sustitutivas en teorías político-sociales o socioeconómicas; por supuesto el marxismo-leninismo es el referente más conspicuo.

Una de las tácticas ateístas (y especialmente anticatólicas) más comunes de los rojos y proto-rojos es FOMENTAR LA DIVISIÓN Y EL ODIO ENTRE RELIGIONES. Ej.: soliviantan o bendicen los extremismos islámicos antioccidentales y anticristianos; esto a pesar de que el fundamentalismo islámico, como fanatismo religioso, es una negación al materialismo dialéctico, tradicionalmente ateísta, del marxismo-leninismo. Pero eso a ellos no les importa; en su odio a los valores occidentales, todo suma, por contra natura que sea.  

Por otra parte, es común que en los países de mayoría católica (caso de los latinoamericanos), de manera solapada, premeditada o instintiva, fomentan la proliferación de iglesias protestantes o  evangélicas (especialmente las de garaje), a cual más delirante, y, por suepuesto, muchas de ellas odiantes del catolicismo.

En Venezuela, el chavismo, que todavía no se atreve a proclamar a los cuatro vientos su marxismo-leninismo, simplemente instiga, por debajo de cuerda, a sus seguidores a volverse evangélicos (generalmente de grupos enemigos a muerte del Vaticano). Esto último lo digo con el debido respeto que merecen muchos cristianos no-católicos, decentes, trabajadores, honrados… y anticomunistas. Pero es muy evidente esta mística castro-comunista de calentarle las orejas a ciertos grupos evangélicos, como fuerza de choque no declarada a la Iglesia Católica La idea es quebrar la fuerza que el catolicismo tiene, no solo en el aspecto espiritual, sino también, como institución en sí misma. Logrado esto sería más fácil, inocularles a los propios evangélicos (y, eventualmente, a los islámicos) el veneno nihilista y ateísta. 

AL FINAL TODOS PIERDEN POR IGUAL; CRISTIANOS CATÓLICOS, CRISTIANOS EVANGÉLICOS, JUDÍOS Y HASTA MUSULMANES.

Es muy diciente como en los países donde dominan los Castro-chavistas, las sectas evangélicas (no tanto las tradicionales, más bien las “de garaje”) adquieren mayor fuerza y tienden a acaparar espacios con la venia solapada del aparato oficial.

También, con la finalidad antes señalada, han impulsado y fortalecido cultos neo-paganistas, ya existentes y de un innegable arraigo en una parte del pueblo; como la Santería, el Palo Mayombe, etc., aunque no pocas veces han salido a la luz, evidencias, o al menos indicios, de que prominentes dirigentes o personeros gubernamentales de línea castrista practican este tipo de cultos en forma, más o menos, encubierta.

Finalmente, y ya de muy vieja data, a lo interno de la catolicidad se ha impulsado la llamada Teología de la Liberación o los “sotana-roja”, buscando una reinterpretación del dogma cristiano, incluido el católico, en clave marxista-leninista, aprovechando las coincidencias superficiales entre la fe cristiana y el credo marxista.

Por supuesto, de todo lo anteriormente expuesto en estas líneas, se desprende que una verdadera lucha contra lo que, en esencia, representa el Castro-Comunismo (en Latinoamérica en general y en Venezuela en concreto) debe apoyarse, además del sentido común y la fuerza fáctica, en un soporte espiritual y ético (no necesariamente católico, ni siquiera necesariamente religioso-esotérico), ya que las naciones, además de una constitución física, tienen un espíritu colectivo que se manifiesta sobre todo en sus tradiciones históricas y culturales, pero también religiosas. En países como Venezuela (y a pesar de la tibieza de tantos “católicos porque me bautizaron”) la Iglesia Católica, como ente, aún representa una fuerza moral importante.

Lo anterior no debe entenderse como que hay que convertirse a la religión predominante, eso sí, hay que respetar su fuerza institucional, moral, espiritual y su aporte a nuestra identidad.

Más bien se trata de enfrentar sin contemplaciones al nihilismo destructivo y resentido, típico (aunque no exclusivo) de los rojos, pero apoyándonos en una cosmovisión, una tonificación del espíritu humano (individual y colectivo) y un cierto sentido de Areté; desde lo cual se reafirme ese sentido de pertenencia; de orgullo por lo positivo y de SANA autocrítica y autocorrección, cuando sea el caso. Y que partir de allí se combata ese veneno nihilista, e insano propio de los marxistas-leninistas.

Tal vez el meollo de la lucha contra el comunismo no sea tanto de discusiones doctrinarias, cuya importancia en sí no se niega, como por ejemplo, lo referente al papel del Estado o El Sector Privado, a partir de la cual, definen superficialmente las nociones de Izquierda o Derecha, etc. Más bien el quid aquí sería de una naturaleza mucho más profunda...

Esta luvha es desde la propia esencia humana, tanto individual como colectiva.

El Último Venezolano. Por Augusto Mijares (Con Comentario Extemporáneo)

EL ÚLTIMO VENEZOLANO

Por: Augusto Mijares

(De Lo Afirmativo Venezolano. 1963)

    

MUCHOS TÍTULOS que lo glorificasen merecía don Fermín Toro, que es quizás, en Venezuela, el teorizante más audaz y generoso de la generación que siguió a la de los Libertadores. En proyectos concretos hay otros contemporáneos que lo igualan o superan: Revenga, Cagigal y Vargas, en educación y como políticos que buscan base estable para nuestra agitada República; Santos Michelena en economía, etc. Pero como representativo de la doctrina socialista que aún no se había divorciado radicalmente del liberalismo, Toro es uno de los pensadores americanos más interesantes. Y, además, su honradez, su laboriosidad, su patriotismo, fueron ejemplares. 

Presumo sin embargo que cuando Juan Vicente González lo llamó “el último venezolano”, la resonancia que alcanzó este cognomento se debió, no tanto a los méritos del ilustre desaparecido, como al terrible significado que implicaba aquella denominación. 

El último venezolano es como un finis patriae que resume el desaliento, la renunciación, la derrota irremediable de todo el país; y así fue aceptado y repetido con paradójico entusiasmo. 

¿Por qué? Duro es adivinarlo: porque aquella cancelación derrotista reflejaba un sentimiento nacional, tan arraigado y unánime que durante muchos años será repetido, en las más variadas formas, por casi todos los venezolanos. 

Mucho tiempo después otro gran escritor, José Rafael Pocaterra, igualmente apasionado y dolorido, publicará las “Memorias De Un Venezolano De La Decadencia”; y este título, tan amargo, que debió provocar dolor, sorpresa, vergüenza o cólera, fue recibido por el contrario, con la más natural aceptación. Dijérase que expresaba también lo que todos sentían: la devastación definitiva de la Patria, o peor aún: la culpa y la ignominia de todos. 

Creo recordar así mismo que en esa obra destinada a fustigar al gobierno de Gómez, el autor llega sin embargo, a decir que Gómez no era sino “la boca de una inmensa pústula”. 

Venezuela era, desde luego, esa inmensa pústula, y (aunque, sin quererlo, naturalmente, el escritor) la desdichada blasfemia cambia totalmente la atribución de responsabilidades: Gómez pasa a segundo término, la purulencia colectiva que se le señala como causa le sirve también como justificación. 

A la misma época se refiere el diario de Rufino Blanco Fombona, “Camino de Imperfección, y también sobre Venezuela recae en definitiva la ignominia que en él se denuncia: “Si yo fuera tan ingenuo – leemos – no me preocupase por estos hombres alquilados o que andan buscando quien los alquile para tirar el carro de la basura, me consolaría recordando que igual o peor trato dio Venezuela a Miranda, a Bolívar, a Bello y a Baralt, entre otros”. 

Y aunque poco después rectifica lúcidamente – “por fortuna para los hijos de Venezuela, ni todos fueron ayer soldados de Boves, ni todos hoy defensores de Gómez. Los unos redimen a los otros y salvan el honor del país – no prevalece esta sensatez sobre su amargura y vuelve casi inmediatamente a la síntesis desesperada e injusta: “¿He fracasado? No. Lo que ha fracasado es Venezuela en cuanto a Democracia, en cuanto a República y en cuanto a país de civilización”. 

Confrontemos esa cita con la de Juan Vicente González, a la cual he aludido al comenzar, y, salvo el estilo, elegíaco en uno, agresivo en el otro, dijérase que vienen de una misma pluma: “… acaba de abrirse una tumba – decía González -  y ha caído en ella el último venezolano, el fruto que crearon la aplicación y el talento, y que sazonó la paz, en los envidiados días, que para siempre huyeron, de la gloria nacional! Llorarle es afligirse por los destinos de un pueblo, condenado a vivir de la ceniza de sus días pasados”. 

Que tres escritores de tan alta categoría puedan citarse en el curso de medio siglo, eslabonados por tal herencia de desesperación, y que coincidan los tres en considerar a Venezuela ultimada, decadente, fracasada, es un síntoma que debió alarmar y sacudir a todos los venezolanos. 

Pero lo peor, repito, es que siempre aquella visión desolada fue recibida colectivamente casi con morbosa delectación. 

En todas nuestras novelas figura un venezolano que piensa en escaparse al extranjero, o bien otro que comienza una obra y la tiene que abandonar por la hostilidad insuperable del medio ambiente; y el venezolano que se entrega al alcohol, y el que deja hundirse su familia en la miseria y la ignorancia; y el que se embrutece en el fundo agrícola que pensó redimir y el que corona su carrera universitaria tirando del carro de la basura… Personajes frustrados y maldicientes elevados a la categoría de símbolos.  

¿Cuál es el profundo trauma psicológico al que deberíamos atribuir tanto pesimismo? 

¿Pensaron siempre así los venezolanos? 

¿Esa reiterada autoacusación, que es lo que indica, desvergüenza o dolor? 

¿Es que con aquella cancelación espiritual pretendían los venezolanos excusarse cómodamente de responsabilidades; o buscaban, por el contrario, desesperadamente, responsabilizarse aunque fuera en la forma negativa de la congoja y la expiación? 

Por lo menos debemos analizar estas y muchas otras derivaciones de tan angustioso problema. De paso adelantemos que así como el acusarse a sí mismo un individuo no indica que en realidad sea culpable, ni es a veces signo de cinismo la exhibición de sus culpas sino clamor desesperado de contrición, quizás encontremos a esa aparente desesperanza de los venezolanos un signo positivo que aún no se ha escrito. 

La conciencia moral no es, por desgracia, un juez libre y ecuánime. Mientras permanece en silencio en el fondo abismático de los grandes criminales, se complace a menudo en torturar con escrúpulos y sutilezas a los hombres más rectos. 

 ¿No habrá mucho de esto (y otro tanto de contagioso y mal entendido romanticismo) en ese afán que Venezuela demuestra de culparse y pedir castigo? 

 Tanta insistencia en la autoacusación, ¿indica que nuestra conciencia moral vive exacerbada, o significa que está muerta? 

 


 Comentario Extemporáneo 


El Profesor Mijares escribió esto en 1963, y, aunque esa actitud sobrevivía para entonces, sin duda se inspiró en el final del siglo XIX y primeras décadas del  siglo XX, en los que el discurso fatalista y auto-denigratorio de los venezolanos (justificable o no) alcanzó sus cotas más “elocuentes” en el plano literario. Lo triste es que, no importa cuánto hayamos demostrado posteriormente ser capaces de levantarnos como sociedad, siempre ese fantasma auto-acusatorio está presente. 

No hay ninguna diferencia entre el Finis Patriae de Alberto Soria, con que que culmina la novela Ídolos Rotos (1901), al “Este País es una Mierda” según un escrito de la astróloga Virginia Escobar (*). 

Esta actitud ha alcanzado cotas verdaderamente brutales en los últimos años, a propósito de la denigrante realidad que estamos padeciendo bajo el chavismo. Pero, en el fondo siempre ha existido esa predisposición malsana, aprendida pablovianamente, lo que me lleva a afirmar. No somos así por lo que nos pasa. Nos pasa lo que nos pasa por ser así. 

(*) https://wiccareencarnada.net/2012/04/12/karma-de-venezuela-dios-sabe-lo-que-hace/

¿Esto Una Dictadura?

¿ESTO UNA DICTADURA?

Por Alexander Delgado C.

Escrito el 12 de abril de 2014

Las recientes declaraciones del gobernador del estado Lara, Henri Falcón, afirmando que no vivíamos bajo una dictadura, como era lógico, han escandalizado a mucha gente  dentro del universo opositor. Por supuesto, no han faltado las conjeturas airadas, sindicando a Falcón de complicidad con el régimen, debido a su pasado abiertamente chavista. 

Pero ya el pasado 27 de febrero, el columnista Antonio Rivas, desde una perspectiva muy diferente a la del gobernador larense, había señalado que el régimen que preside Nicolás Maduro no merecía llamarse Dictadura. En su artículo, titulado No, Maduro. Usted No Es Dictador, Rivas expone razones de peso por las que no considera dictadura al régimen chavista; culmina su artículo diciendo “…Mientras tanto, cualquier título le quedará grande, incluso el de dictador

Bueno, tal vez más de uno me nombre la madre por lo que voy a decir, pero yo, aunque por razones muy distintas (casi opuestas) a las de Falcón, y más cercanas a las de Rivas, también creo que llamar dictadura a este régimen es poco menos que un elogio inmerecido.

Lo cierto es que desde la época de Chávez me sucede que cuando pienso en este régimen, los primeros nombres (ya existentes o inventados al calor del momento) que se me ocurren suelen ser:

Tiranía / Despotismo / Comunismo / Oprobio Castrista / Imperialismo Rojo / Oligarquía Roja / Talibanismo Rojo / Oclocracia / Corruptocracia / Montonerismo / Militarismo “Chopo E Piedra” / Anarquía / Anomia / Barbarie / Neo-Bovecismo (Que No bolivarianismo) / Godarría De Izquierda /Malandrocracia / Bandidocracia / Resentidocracia / Narcocracia / Estafarquía / Demoniocracia / Retorcidocracia / Odiarquía / Destructocracia / Brutocracia (y no precisamente por Brutus el asesino de Julio Cesar, ni siquiera por el enemigo de Popeye) / Psicopatarquía / Sociopatarquía / Chorocracia / Concilio Aquelárrico; Pustularquía / Abyectocracia / Inmoralarquía / Cleptocracia / Chulocracia / Cerdocracia / Simiocracia / Putarquía / Inmundocracia / Vomitocracia /  Depravarquía / Ascocracia / Mierdarquía / Monstruocracia…

 Y Pare De Contar.”…

… Y después de casi una hora deshojando la mega-margarita de calificativos para este malandraje ideologizado, es cuando empiezo a preguntarme si, aparte de todo, no será (o tendrá algo de) dictadura.


Seguramente a los más liberales y democrateros de entre los que lean esto les va a caer mal, pero no puedo evitarlo en mi interior. La verdad, el término dictadura, aún con todo lo que implica de terrible, peligroso (ir a lomos de un tigre de Bengala), trágico y muchas veces cruel, me parece, además de muy técnico, demasiado solemne para un régimen tan ignorante, tan de los bajos fondos.

Dictadura es un término demasiado imponente, pomposo y hasta prestante para este Aquelarre Semisalvaje de Maleantes; es como llamar pabellón criollo a nuestro plato típico, al que le han sustituido la carne mechada por una rodaja de mortadela (suponiendo que hoy se consiguieran semejantes insumos).

El término Dictadura remite mi imaginación a un Lucio Quincio Cincinato (no el del Twitter, por Dios, el de la Roma republicana), ejemplo acabado del dictador romano. Recordemos que los romanos, durante la República, fueron quienes establecieron la dictadura como gobierno para casos de emergencia, obviamente con un sentido muy diferente del que hoy solemos asociar a la idea de un orden dictatorial.

O bien, viniéndonos a nuestra historia, el controvertido término me remite a la efímera (e infortunada) Dictadura de Francisco de Miranda en 1812, o a las que de hecho ejerció Simón Bolívar, con diferentes títulos, entre 1813-1819 (accidentada pero no menos respetable) o a la, mucho más exitosa, del mismo Bolívar en el Perú en 1824-1825, bajo la cual se lograron los triunfos de Junín y Ayacucho. 

¿Cómo poner al nivel de Cincinato, Miranda o Bolívar, al Toripollo Indocumentado que funge de (y que) presidente, o Al Cerdo Hipertenso y Precardíaco que (y que) preside la (y que) Asamblea (y que) Nacional?

Solo pensarlo, como al Dr. Chapatín, ¡me da cosa!

Me parece que El Generalísimo y El Libertador (que después de tantos años deben haber zanjado sus diferencias) me van a salir en la noche y no precisamente a jalarme los pies, más bien uno de ellos me va a gritar en el oído “Bochinche” hasta enloquecerme y el otro, peor aún, me va a deshacer como casabe en caldo caliente.

Aún ubicándonos estos tiempos, y por tal entiéndase los últimos 100 años en los que hemos visto desfilar sátrapas que ponen los pelos de punta ¿Cómo meter a este régimen de Pranes en el mismo saco con (por ejemplo) el dictador Lee Kuan Yeu, de Singapur? ya hubiéramos querido el finado Chávez (por no decir el indocumentado) hubiesen hecho por nosotros, siquiera una cuarta parte de lo que hizo por su país el dictador singapurense.

Y eso por poner un ejemplo reciente, bien alejado de nuestras latitudes. Para no hablar, entre nosotros de verdaderos dictadores (en lo bueno y en lo malo) como Antonio Guzmán Blanco, Juan Vicente Gómez o Marcos Pérez Jiménez.


Llamar Dictadura a esta pústula de arrabal es, dicho coloquialmente, Mucho camisón pa´Petra.

Insisto, a mí esta parranda sangrienta de leprosos morales ni siquiera me trae a la mente a un Hitler, a un Mussolini, un Nasser, un Franco, menos aún a un Pérez Jiménez o a un Pinochet, cuando mucho Masburro se podrá comparar con un Idi Amín Dada.

En cambio, cuando pienso en el régimen de Miraflores, me viene a la mente la imagen de un norteamericano. ¡Sí, de un gringo!… la de Charles Manson, eso sí, en el caso de Platanote, un Manson en versión cuasi-oligofrénica.

De verdad lamento no poder reconocerle a este régimen la condición de dictadura que tantos le endilgan. Pero es me falla la inspiración. Pienso que el mote de dictador es demasiado sonoro y antes que infamar tiende a decorar (a un nivel muy abstracto, se entiende) a este desgobierno. Prefiero no darles ese gusto

Por lo demás, como ya lo aludí más arriba, una más apropiada definición de lo que ha sido, a lo largo de estos últimos 15 años, el accionar de este manicomio suelto e institucionalizado (con el perdón de los locos), fue la que le hizo el “dictador”  Francisco de Miranda (dictador en el buen sentido de la palabra); “¡Bochinche, Bochinche!”. Un bochinche que merece ser disuelto (y roguemos a Dios que así sea) “como casabe en caldo caliente”.

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El Mencionado artículo de Antonio Rivas se puede apreciar en este link:

https://lampadia.com/opiniones/antonio-rivas/no-maduro-usted-no-es-dictador/

Registro Histórico-Gráfico En Venezuela

REGISTRO HISTÓRICO-GRÁFICO EN VENEZUELA

Por Alexander Delgado C.

(Escrito Originalmente el 23 de Febrero de 2014)


Hay carencia en Venezuela de una línea, tradición o escuela artística (especialmente en la pintura) que se ocupe de temas históricos. Nos hemos conformado con la obra de los grandes maestros del siglo XIX y principios del XX como; Juan Lovera, Arturo Michelena, Martín Tovar y Tovar, alguna que otra de Cristóbal Rojas (caso de La Muerte de Girardot en Bárbula), Antonio Herrera Toro, Tito Salas y Pedro Centeno Vallenilla.

Pero en realidad no toda la obra de estos grandes de la pintura nacional era (ni tenía por qué ser) de temática histórico-nacional y, por ende, no se puede enmarcar, en sentido estricto, en una corriente o escuela pictórica de temática histórica. Su abordaje de la historia obedeció más bien, por un lado, a las tendencias artísticas del momento, concretamente a la influencia que, en los artistas venezolanos de entonces, ejercía el romanticismo, como movimiento artístico-literario. Se debió también, muy importante, a una coyuntura sociopolítica, especialmente desde la llegada al poder del general Antonio Guzmán Blanco (1870), en la que, en medio de la anarquía caudillesca, el caos y la anomia que siguió a Guerra Federal, se buscaba, no solo restablecer un orden sociopolítico, sino también, recrear la idea de un Estado Nacional, no solo en lo jurídico y en lo físico, sino también en el aspecto simbólico. Crear una narrativa de nación y generar valores patrios.

Aquella coyuntura coincidió también con el hecho de que muchas efemérides históricas (todas o casi todas asociadas con el período independentista) arribaban a su centenario o cincuentenario. Un período que, grosso modo, se puede comprender entre el primer centenario del Natalicio del Libertador Simón Bolívar en 1883 y el primer centenario de la Declaración de Independencia en 1911. Esto adicionaba un elemento motivacional que favoreció la proliferación de obras de carácter histórico, como las muy célebres Miranda en La Carraca o Vuelvan Caras, de Arturo Michelena, o las grandilocuentes representaciones de las principales batallas independentistas con que Martín Tovar y Tovar engalanó el recién inaugurado Capitolio Nacional y, por supuesto, hay que mencionar el trabajo artístico de Tito Salas, aunque centrado casi exclusivamente en la vida del general Bolívar, con un carácter marcadamente estereotipado y alegórico y (consecuente con ese alegorismo) revestido de un cierto anacronismo en los rasgos visuales de hechos y personajes representados. De manera más tardía, y ya en pleno siglo XX, también podemos mencionar la obra, abiertamente alegorista, de Pedro Centeno Vallenilla.

Pero, entrado el siglo XX, y bajo la influencia de las tendencias artísticas internacionales post romancistas (impresionismo, fauvismo, cubismo, cinetismo, etc.), la pintura en Venezuela tomó derroteros diferentes sin que se desarrollara, por sí misma, y de forma paralela a las diversas tendencias del momento, una vertiente artística dirigida a la ilustración de hechos históricos, salvo quizá algunos de los llamados “pintores ingenuos”. No hemos tenido una línea pictórica orientada a la representación del pasado nacional (no solo el político), lo suficientemente sólida como para generar entre nosotros, artistas especializados en estas temáticas como ha sido el caso, en España, de un Dionisio Álvarez Cueto o un Augusto Ferrer Dalmau.

También ha sido muy escasa la incorporación en dicha temática de las diversas tendencias artísticas desarrolladas en la segunda mitad del siglo XX y los inicios del XXI, desde las Artes Gráficas, el desarrollo de la Ilustración y hasta del Comic, incluso sin cerrarse del todo a corrientes artísticas que en principio parecerían poco idóneas para estos temas (cubismo, dadaísmo, surrealismo, etc.).

Por otra parte, la escasez de obras artístico-históricas y el hecho de que la generación de finales del siglo XIX se centró casi exclusivamente en temas independentistas, ha generado un lamentable vacío en cuanto a una aproximación del imaginario popular hacia épocas anteriores y posteriores a la independencia (lo que, en realidad, refleja en lo gráfico las falencias y vicios de la enseñanza de la historia).

Esta omisión en principio es irónica, tratándose de una nación cuyo relato patriotista ha pretendido siempre alimentarse de la apelación a lo histórico, relato en el que siempre se han pretendido justificar o reafirmar los distintos grupos de poder que se han sucedido en Venezuela desde 1830.

Pero, mirando más detenidamente, esta ironía resulta muy diciente de un país al que le gusta presumir de lo que carece o más bien, proyectar lo que quisiera ser, cree ser, pero en el fondo, no se atreve a ser.

En realidad se trata de una nación que le teme a su propia historia y prefiere mantener un simulacro de relato oficial, como “deber ser” pero sin ahondar demasiado en él y la escasez de una corriente plástica orientada hacia los temas históricos en los últimos cien años, paradójicamente, ilustra ese complejo. Esto ha redundado en la carencia de un apoyo gráfico a una mirada revisionista o al menos de desmontaje, atenuación o sano cuestionamiento, de clichés, simplismos, estereotipos y lugares comunes.

Esta  indiferencia hacia nuestro pasado, cuasi-desdeñosa pero evasiva tras bastidores, ha contribuido a que la pretensión del actual régimen de manipular nuestro enfoque histórico a la medida de sus intereses “ideológicos”, haya caído en terreno fértil. En contrapartida a la falencia anterior a 1999, el chavismo ha ido generando toda una representación visual amañada de la historia, exacerbando, aún más, la visión deformada que ya traíamos.

Si bien en el pasado anterior a 1999, no faltaron trabajos de ilustración por encargo de entes gubernamentales, estos nunca llegaron a tener publicidad y difusión masiva. Carecieron de una labor promocional y de auspicio por parte de entes públicos o privados, que incluyera concursos o incluso incentivos; por ejemplo, promover concursos entre jóvenes estudiantes de dibujo y pintura en los que presentaran una o dos obras de carácter histórico y premiar los primeros lugares con becas para perfeccionar estudios, dentro o fuera del país, orientar dichos trabajos a temáticas de historia poco representadas o conocidas y, finalmente, seleccionar y difundir mediáticamente estos trabajos en exposiciones, incorporándolos como apoyo gráfico en medios de comunicación impresos (periódicos y revistas), en programas audiovisuales (TV y Cine), y en los textos oficiales (impresos o digitales) de enseñanza escolar.

La necesidad de una mayor representación visual de nuestra historia sigue estando vigente en nuestros días, de la mano de la necesidad de una visión sanamente revisionista. Aunque en estos momentos los entes gubernamentales venezolanos están cooptados por el régimen chavista y, por otra parte, no parece haber entes privados dispuestos a impulsar este tipo de iniciativas, estas pueden surgir de manera individual, desde la oposición al status quo político que hoy impera en Venezuela, posiblemente desde las sombras, e irse articulando sobre la marcha.

El desarrollo actual de la ilustración computarizada (incluido el uso de medios 3D), así como de los recursos multimedia, no solamente proporciona herramientas mucho más eficaces (y más asequibles hoy que hace varios años), sino que nos otorgan una mirada de esta temática desde una perspectiva diferente, contribuyendo a un mejor replanteamiento de nuestra mirada histórico-nacional.

Algunos de los parámetros que, a mi modo de ver, se deberían tener en cuenta son; desarrollar pautas menos alegóricas, líricas o simbolistas y más objetivas, en la representación de nuestra historia; buscar orientarse hacia la representación de etapas, hechos y personajes de nuestra historia, importantes, pero poco tenidos en cuenta, especialmente durante las etapas anterior y posterior al período independentista; o bien, escenas que recreen la vida cotidiana de aquellos días; o incluso, del mismo período independentista, hechos o situaciones poco explorados, teniendo el cuidado de mostrar personajes con los rasgos físicos correspondientes al momento plasmado. También se puede renovar la iconografía retratista de los principales prohombres de nuestra historia (sin desechar la tradicional) según las pautas anteriormente señaladas. Ir de la mano con una visión, no renegacionista, pero sí revisionista.

Necesitamos hoy, más que ayer, un refrescamiento en la representación gráfica de nuestra historia que nos permita arrojar mayor luz sobre una caverna lírica plagada de clichés y estereotipos oligofrénicos, hipertrofiados, distorsionados por leyendas negras o doradas; desfigurados y exacerbados bajo el régimen chavista y ante una indiferencia indolente por parte de las fuerzas vivas que, se supone, adversan al chavismo. Necesitamos un refrescamiento que, sin exaltaciones ingenuas o noveleras, nos permita comprendernos y auto valorarnos mejor como realidad histórica. Hoy, más que ayer lo necesítanos, y hoy más que ayer tenemos los recursos y posibilidades.

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ILUSTRACIÓN; Venezuela Recibiendo los Emblemas del Escudo Nacional. Por Pedro Centeno Vallenilla (1952-1954). Mural al Óleo. Palacio Federal Legislativo

En Pocas Palabras. Éramos Pendejos y No Lo Creíamos

En Pocas Palabras

ÉRAMOS PENDEJOS Y NO LO CREÍAMOS

Por Alexander Delgado C.

27 de Abril de 2014

 


Con o sin razón, se ha vuelto un cliché la frase “Éramos felices y no lo sabíamos”, queda a criterio de cada quien determinar si era así o no. Es más que comprensible experimentar nostalgia por los tiempos anteriores a 1999, aunque no por eso la mencionada frase deja de tener un cierto aire de patetismo. Con esa frase, el humorista Claudio Nazoa cierra un artículo publicado en El Nacional, el 11 de Noviembre de 2013, titulado Mi Felicidad

Pero es otra afirmación del artículo de Nazoa, la que motiva el presente escrito. 

En el citado artículo, dice el humorista venezolano:

Muchos de los artistas izquierdistas, hoy convertidos en talibanes exclusionistas, reaccionarios y sapos, enviaron con los adecos y copeyanos a sus hijos para que estudiaran en otros países y nadie preguntaba qué tendencia política tenían.

Pues bien, ese fue precisamente uno de nuestros mayores errores respecto a aquellos años; dejamos criar demasiados cuervos entre nosotros (Ojo, no cuento en este grupo a Claudio Nazoa y otros como él).

Dejamos que las Universidades Públicas (y no pocas veces las privadas) se convirtieran (UCV dixit) en santuarios del ñangarismo más resentido e hipócrita. Espacios en los que decir algo favorable de dictadores como Marcos Pérez Jiménez, Francisco Franco o Augusto Pinochet, o incluso de gobernantes democráticos, como los de AD o COPEI, era muy mal visto, pero en cambio, exaltar al tirano Fidel Castro, al sátrapa Kim Il Sung, o al guerrillero renegado Ernesto “Che” Guevara, era… cool. Las universidades eran espacios donde hablar positivamente del Papa, era exponerse a ser tildado de oscurantista, inquisidor, retrógrado, etc… pero exaltar al Ayatollah Jomeini… no era tan malo. En nuestras "casas que vencen las sombras", hasta escuchar o interpretar una inofensiva y desenfadada canción de rock anglo (salvo las de John Lennon) era mal visto como pitiyankee.

Permitimos que gigantescas y populosas barriadas como la caraqueña 23 de Enero, ubicada a pocos metros del Palacio de Miraflores, sobre una colina desde donde se domina el Palacio Presidencial y en la que se encontraba enclavado el Museo Histórico Militar (hoy tristemente devenido en Cuartel de La Montaña); permitimos, repito, que dichas barriadas se convirtieran en feudos de grupos ideologizantes comunistas o para-comunistas (Los Tupamaros, La Coordinadora Simón Bolívar, etc.), grupos muy bien organizados que hegemonizaron aquellas barriadas, hasta imprimir su propia identidad ideológica a dichos sectores y sentar verdaderas bases de adoctrinamiento, sobre todo en la gente joven.

Descuidamos a sus habitantes y no nos importó que gran parte de ellos, se convirtieran en marginalidades ideologizadas.

Por supuesto, lo anteriormente dicho, si es que no vamos a admitir la posibilidad de que esos mencionados espacios hubieran sido cedidos intencionalmente a aquel ñangaraje reciclado, por parte del establishment adeco-copeyano, como parte de un entendimiento, implícito o explícito.

Del mismo modo, dejamos que comunistas reinsertados, como Luis Miquilena, José Vicente Rangel, Guillermo García Ponce, etc. que nunca abandonaron, ni tan siquiera ocultaron sus ideas, se convirtieran en “respetables” empresarios, políticos o periodistas. Recibidos calurosamente en las más “altas” esferas.

Otro tanto sucedió con esos intelectuales y “artistas izquierdistas” que, como decía Nazoa, bajo el chavismo se revelarían como “…talibanes exclusionistas, reaccionarios y sapos…”. A estas “luminarias” los acompañamos en los bautizos de sus libros o en sus exposiciones artísticas, entre champaña, pasapalos y sonrisas socarronas. No pocas veces nos regodeamos de tomarnos una foto con el “artista” o “intelectual” agasajado.

Y, por supuesto, si alguien en ese entonces habría advertido que se trataba de los mismos comunistas que, en la década de los 60s, intentaron ocupar guerrilleramente el país, de la mano del castrismo cubano, ese alguien habría sido estigmatizado como radical de derecha, retrógrado, fascista, lacayo de los yankees etc.

Porque, así como “éramos felices y no lo sabíamos”, así mismo, también Éramos Pendejos y No Lo Creíamos

Y lo más angustiante es que sigamos siéndolo y sigamos negándonos a creerlo.

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El Citado artículo de Claudio Nazoa se puede acceder en estos enlaces

https://www.elnacional.com/opinion/ADECOS-CLAUDIO_NAZOA-COPEYANOS-ERAMOS-FELICES_0_296970386.html

https://www.reportero24.com/2013/11/11/claudio-nazoa-mi-felicidad/

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