LA LOCURA GOEBBELIANA EN VENEZUELA
(El Séptimo Principio De La Propaganda
Nazi)
Por Alexander Delgado C.
02 de Febrero de
2018
El brutal secuestro político del que, hoy en la madrugada, ha sido objeto el Dr. Enrique Aristeguieta Gramcko, nos ha causado a muchos una, más que lógica, indignación y repulsa. Las posibles razones de este atropello, aparte de la naturaleza malévolamente criminal del narco-régimen, son muchas y tan evidentes que las doy por consabidas. Pero, a la luz de este nuevo atropello, también constato que estamos viviendo una situación de vertiginosidad de hechos o situaciones escandalosas que me hace pensar en el séptimo principio de la propaganda nazi, orquestada por Joseph Goebbels; el Principio de Renovación, el cual reza de la siguiente manera:
“Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.”
Que este narco-régimen, asesorado por La Habana, Beijing, Moscú y Pyongyang, sea capaz de esto y mucho más no me cabe la menor duda. Lo cierto es que el régimen chavista, desde el propio proceso electoral de 1998 (sin haber llegado Chávez a la presidencia) ha sido un verdadero torbellino de escándalos, controversias y situaciones enconadas, que se ha incrementado de manera cada vez más frenética desde 2014. Es posible que sean promovidos desde Miraflores o que sean espontáneos pero capitalizados por el régimen para distraer de algo específico. En el momento actual, ese algo puede ser las negociaciones en Santo Domingo o la gira latinoamericana de Rex Tillerson. O bien puede ser para que cada hecho escandaloso haga olvidar el anterior y entre “escándalo y escándalo”, “arrechera y arrechera”, “dolor y dolor” no nos ocupamos de nada en específico.
Haciendo un recuento de los hechos que, desde el pasado mes de diciembre, dieron de que hablar entre la opinión pública venezolana, enumero los que en este momento recuerdo:
1.- En diciembre las protestas populares por la bolsa CLAP y el Pernil navideño ofrecido por el régimen y que solo fue entregado a un pequeño sector (generalmente los más enchufados).
2.- Las solitarias, silenciosas y lúgubres festividades Navidades 2017 y Año Nuevo 2018, si es que merecen tal nombre en la Venezuela actual.
3.- Entre fines de diciembre y comienzos de enero, los saqueos, cada vez más generalizados, teniendo como punto más álgido los ocurridos en el Excélsior Gama. Así como los ocurridos en las carreteras, con escenas que nada tenían que envidiarle a un hipotético apocalipsis zombi.
4.- Primera semana de enero. Las invasiones a fincas, sacrificio brutal de reses para devorarlas y el no menos brutal degüello de un joven saqueador en el mejor estilo de Isis o Hezbollah, grabado y difundido por las Redes Sociales.
5.- Hacia el 10 de enero, el hallazgo de los cadáveres de un grupo de jóvenes balseros que trataban de huir a Curazao.
6.- Como telón siniestro las, ya cruelmente habituales, muertes de niños por desnutrición o por enfermedades.
7.- La de MÁS DOLOROSO IMPACTO. El 15 de enero. La Masacre del Junquito, en la que fueron vilmente asesinados el Comisario Oscar Pérez y sus acompañantes; con las transmisiones en vivo de Oscar Pérez hasta sus momentos finales y la brutalidad con que fueron ejecutados, igualmente transmitida en vivo.
Escenas contempladas con la obvia carga de rabia, impotencia, y también remordimientos de conciencia por parte de muchos antichavistas que, con razón o sin ella, no creyeron en Oscar Pérez.
Como corolario a la masacre, el ultraje posterior de sus restos.
8.- El 23 de enero, anuncio de elecciones por parte de la Asamblea Nacional Prostituyente a realizarse en apenas 90 días, prácticamente sin candidatos. Las reacciones internacionales, adversas al régimen. Los cancilleres de México y Chile se retiran de las negociaciones en Santo Domingo y, aun así, los MUDos insistiendo en validarse.
9.- El 24 de enero, la presencia, cada vez mayor, de refugiados y migrantes venezolanos en Cúcuta, hace crisis al ser atacados campamentos de refugiados con bombas molotov. La actitud de muchos de estos migrantes en protestas posteriores deja mucho que desear, enlodando nuestro gentilicio (si es que puede estarlo aún más).
10.- Hasta hace 2 días, la especulación sobre si hubo preacuerdo o no en Santo Domingo. El régimen dice una cosa. Los MUDos otra. Así mismo la proyectada gira del Secretario de Estado de los EE.UU, Rex Tillerson, en medio de un aumento de presiones por parte de la Casa Blanca hacia el régimen de Miraflores.
11.- Y ahora, 2 de febrero, para colmo, LA ARBITRARIA DETENCIÓN, entre gallos, como cosa rara en el chavismo, del octogenario Dr. Enrique Aristeguieta Gramcko.
Todo lo anteriormente numerado.... EN MENOS DE DOS MESES.
Si no es demencial, no sé cómo llamar al ritmo de todos estos hechos o situaciones. En ese escenario de tromba, las muertes de los más de 100 jóvenes en las protestas de abril-julio del año pasado, parecen hechos lejanos, aunque aún no ha transcurrido un año.
Por supuesto, no todas estas situaciones tienen porqué ser atribuidas expresamente al narco-régimen, pero aún en este caso, se pueden enmarcar en un contexto sociopolítico, caótico, ominoso, demencial, configurado en Venezuela por la narco-tiranía, un estado de cosas que lleva su impronta. Y, como dije más arriba, lo que no es promovido es aprovechado. Cada escándalo tapa al anterior.
En un país acostumbrado al chisme y el faranduleo, hasta banalidades como el reciente rifirrafe televisivo entre Jaime Bayly y Rafael Poleo o el besito de despedida de Delcy Rodríguez y Julio Borges, durante los diálogos en Santo Domingo, se unen a esa comparsa. Cada situación indignante, dolorosa, criticable y hasta risible, aguijonea el ánimo de una población, ya de por sí, caracterizada por su sensibilería extrema, poco o nada reflexiva y novelera. La rabia se incrementa, pero se dispersa entre tantos hechos casi simultáneos, y al no haber un hecho concreto, fijado, que sirva como catalizador o revulsivo, la ira, el desespero, se queda en inacción, donde quiera que pudiera haber una acción viable.
Pero lejos de entender las demenciales (y por esto mismo paralizantes) circunstancias a que está expuesta la población de Venezuela, la reacción de la opinión pública nacional es la sempiterna, cretina, tóxica, autocompasiva y malsana autoacusación, sobre todo en las redes sociales; los eternos auto-señalamientos, injustos y desmoralizantes; de que "somos cobardes", "estamos catalepticos" o "somos apáticos", señalamientos demoledores sin tomarse siquiera el más mínimo esfuerzo de una mirada de contexto.
Este panorama se agrava, aún más, al no contarse con un verdadero liderazgo con cobertura amplia; aparte de la genuflexa y hoy desacreditada MUD, no parece haber nada o nadie que canalice o con la capacidad, no solo de razonar con cabeza fría (cualidad que escasea en el común del venezolano) sino de mirar la situación general en perspectiva, y no de manera limitada a cada segmento como lo estamos viendo la mayoría de las veces, sometidos a este frenesí de hechos y opiniones.
Necesitamos algo o alguien capaz de sobreponerse y sobreponernos a esta locura
goebbeliana.







