FRENTE A LA ETERNA
TRAMPA
Por Alexander Delgado C.
3 de Junio de 2014
En un post publicado en Twitter el día de ayer, el usuario Rafa León (@elrafaleon),
que hasta ahora ha mantenido una postura crítica hacia la MUD, dice:
“Al régimen le favorece la división de la oposición con respecto a
#LaSalida y @leopoldolopez. Eso pesará cuando
se tome la decisión de hoy.”.
Aclaremos
que aquí el punto no es seguir lloviendo sobre mojado, en la, ya sempiterna, discusión sobre si la salida es a punta de guarimbas
o de elecciones, a estas alturas prefiero dejarlo a la conciencia de cada quien
¡Para mí ya está bueno de ese y otros discos rayados! ¿Guarimbero o MUDo? En lo personal me inclino muy poco a soluciones electorales, aunque en otras ocasiones las haya
aceptado por motivos, netamente pragmáticos; ¿Leopoldero o Caprilero?, la
verdad no me identifico con ninguno de las dos. Tampoco mi intención es
contradecir al Rafa, ni mucho menos decir que no tiene razón en lo que sostiene;
la tiene y mucha.
Pero sí quiero llamar la atención sobre el
citado tweet, ya me sirve de espoleta para las siguientes reflexiones:
Es una eterna
trampa; estamos como pajaritos en grama
frente a opiniones encontradas; si nos unimos somos borregos, si disentimos
fomentamos la división y favorecemos al chavismo... Pareciéramos estar, como se
decía coloquialmente, bailando en un
tusero, no te muevas muy a la derecha porque te estrellas contra el muro ni muy
a la izquierda porque te vas por el barranco.
En momentos así me siento como en
una ratonera. Si no nos agarra el chingo
nos agarra el sin nariz... y eso es exactamente lo que el régimen quiere
que sintamos... hasta que nos cansemos.
¿Nos cansamos? Y si no ¿Qué hacemos entonces?
Si votamos o negociamos se nos tilda (con mayor o menor razón) de
colaboracionistas y de hacerle el juego al régimen. Si se opta por las acciones
de calle, como se hizo este año, durante varios meses, con el consecuente saldo en muertos,
heridos, detenidos y torturados, entonces resulta que era el camino equivocado,
que la MUD tenía la razón y que, aparte, eso era darle argumentos al régimen
para que acelere en su radicalización… y si el régimen no cae en unos pocos
días, caemos en el eterno fatalismo autodestructivo, jactanciosamente masoquista, típico del venezolano, con frases consabidas como “a esto se lo llevó
el que lo trajo”….
No puedo evitar recordar aquella vieja fábula del hombre mayor y el niño llevando a un burro para venderlo en el mercado; si el niño montaba el burro lo criticaban por obligar al pobre viejo a
caminar, si lo montaba el señor, entonces el abusador era él, que obligaba a
caminar al niño, se montaban los dos, ambos abusaban del pobre burro, si no se
montaba ninguno, significaba entonces que el burro no servía para carga y no lo pudieron vender.
Así siento que estamos con esto de ¿calle o
elecciones?, ¿negociar o guarimbas? Pero es evidente que algo nos falta y siento
que ese algo está más allá de si negociamos, votamos, guarimbeamos o bailamos
el cha cha cha.
En mi opinión tiene que ver con la forma en que nos
enfocamos a nosotros mismos y sobre todo como nos proyectamos a futuro. Tiene
que ver con organizarnos y proyectarnos como el país y el gobierno que
podríamos ser, así sea, inicialmente, de cara a nosotros mismos, desde las sombras, en nuestro
propio hogar o vecindario. Se trata de empezar por generarnos a nosotros esa
visión de la patria por la que luchamos; obviamente a las antípodas de la
actual purulencia roja, pero también diferente, para mejor, que la Venezuela que
había antes de 1999. Tiene que ver con cohesionarnos,
organizarnos y retroalimentarnos de ideas, al margen del régimen y de los, ya fastidiosos, dimes y diretes; tiene que ver con un sentido de rebelión, solo que ya no solamente en una barricada sino también, complementando esos tiempos de barricadas, con interregnos más tranquilos, en un día a día, en una cotidianidad en la que, nos guste o no,
tenemos que seguir viviendo; mirar el actual momento como la tregua o descanso entre la pelea en la que prepararnos para el siguiente round.
Tiene que ver con entender que no
tenemos gobierno ni instituciones y que en este momento el gobierno y las
instituciones (o al menos un simulacro de los mismos) debemos ser nosotros; al
menos, insisto, ante nosotros mismos y en la medida en que podamos situarnos al
margen de la acción de este desgobierno enemigo.
Al menos podríamos hacer pequeños ensayos aquí y
allá.
Por Ejemplo:
¿Nos quieren imponer un enfoque educativo odioso, a través de la Resolución 058? las quemas de
libros o las huelgas no son la única alternativa válida de rebelión. Otra
alternativa y muy pertinente es no mandar a sus hijos a clases, organizarnos
como comunidad y educarlos nosotros; con esto pondríamos en evidencia la crisis
y la falta de credibilidad en el actual sistema educativo. Tal vez sin
pretenderlo estaríamos dando pasos (a futuro, se entiende) hacia una verdadera
revolución educativa… una revolución, claro está, en el buen sentido de la palabra; un sentido opuesto al castro-chavismo. Por supuesto que esta opción implica que nuestros muchachos queden sin
educación formal, ciertamente hay que pensarla muy bien, tiene sus riesgos,
pero no por eso deberíamos descartarla de plano. Otra alternativa es seguir
mandando a los muchachos a clases y arreglárnosla para “contra-enseñar”, o sea, para corregir deformaciones y neutralizar, desde el hogar, los intentos adoctrinantes. Por supuesto que esto requiere de un
muy alto nivel de organización, además implica aceptar la posibilidad de que
nosotros mismos no estemos lo suficientemente instruidos (es posible que, junto
a la falta de tiempo, esta sea la principal objeción aducida por muchos
representantes).
¿Qué no
tenemos libros adecuados en cantidades suficientes? ¿Qué carecemos de un
programa o diagrama educativo disponible? Pues nos las arreglemos para
reproducir, fotocopiar o simplemente pasar de mano en mano, los pocos que se
dispongan (¿nos hemos tomado el trabajo de buscar en puestos de libros usados
ediciones anteriores?) y, por supuesto, complementar este material recabado con la información de que se pueda
disponer en la internet. Los pocos libros de que podamos echar mano nos
servirían de referente inicial para el programa educativo a ceñirnos.
¿Que la
generalidad de los padres y representantes no tiene tiempo para asumir ellos la
educación de sus hijos? Cierto, pero ¿y los pocos que sí tengan tiempo,
disposición y capacidad para enseñar o contra-enseñar?
Tal vez, y con la debida precaución, lo puede hacer un profesor desempleado
o con el tiempo suficiente o un familiar, amigo o vecino con el suficiente
conocimiento y capacidad, igualmente en situación de cesantía o con disponibilidad
de tiempo, así sea el fin de semana. Por supuesto, como dije al principio, se
requiere de un alto grado de organización y cohesión; mejor dicho, de disciplina;
una verdadera prueba de fuego.
Otro
ejemplo, ya saliéndonos del tema educativo, de cómo podemos generar desde las
sombras una nación distinta:
¿Los rojos terminan de configurar sus fulanas
comunas? Nosotros creamos subrepticiamente las Juntas
Patrióticas, a nivel local, zonal, regional, nacional (juntas que a su vez
podrían canalizar temas como el educativo). Nosotros podríamos preservar, o proyectar una preservación, aunque fuere en las sombras o en una semi-clandestinidad, a la parroquia, al municipio y lo expresamos a
través de esas, ya mencionadas Juntas Patrióticas; en principio de cara a nosotros mismos, mientras no se reconquiste y se reestructure la nación.
¿Se quiere una rebelión? Pues ¡así se hace!; desde las bases, desde las catacumbas,
desde el día a día. Así se forjan los cimientos de una verdadera rebelión, no con simples balandronadas, a más heroicas, a más patéticas o a más cretinas.
El tema de la educación y las Juntas Patrióticas
los expongo como botones de muestra; dos ejemplos entre muchos, tomados al azar,
expuestos torpemente y sin pulir, de
cómo podríamos empezar a volcarnos sobre nosotros mismos, de cómo podríamos
generar, desde las sombras, una dinámica social que, a corto o mediano plazo, siente
las bases de una Venezuela alternativa, antes de proclamarla categóricamente en
una nueva rebelión manifiesta.
Una lucha de resistencia no implica solo marchas,
concentraciones guarimbas y enfrentamientos violentos como los que acabamos de vivir
con el dolorosamente conocido saldo en muertes y frustración. Puede haber otras
forma de rebelión y resistencia al régimen, quizá más tranquila, más soterrada,
pero más permanente y cotidiana y, si se quiere, con mayores posibilidades de
sustentación y de pequeños logros cotidianos que, a su vez, generarían un efecto anímico positivo, tonificantemente revulsivo. Estas acciones, más serenas, harían mucho más honor al nombre de “resistencia”, ya
que estarímos resistiendo sin atacar, al menos de momento. Podríamos verlas como guarimbas en reposo,
en constante preparación, actualización, reorganización y retroalimentación, desde la
semi-clandestinidad de catacumbas, reales o figuradas, en las que, además, se
puedan generar ideas para hacer más efectiva una hipotética nueva rebelión, o mejor,
nuestro propio contraataque fulminante
contra el régimen.
¿Difícil? ¡SÍ! ¡Bastante! ¿Imposible? nada lo es. Podemos
quedarnos lloriqueando, lamentándonos, renegando, insultando (con razón) al castro-chavismo
o podemos asumir nosotros mismos la responsabilidad con esta, nuestra patria.
Ideas pequeñas, tal vez de alcance solo entre la familia los vecinos o los
amigos copartidarios, pero ya es algo. En realidad ya es mucho
si lo hace uno y lo hacen otros cuantos más.
Una
sentencia de Simón Rodríguez hace alusión a la necesidad de justificar toda
rebelión apoyándola en un proyecto, creo que eso es lo que nos falta, aunque
ese proyecto de nación también se configure del mismo modo en que nos toca
vivir, en las urgencias del día a día, a retazos de ideas concatenables que
apunten no solo a la caída del régimen sino a la reorganización de este país
reducido a escombros o si fuera el caso, a una refundación nacional.
Pero si solo nos vemos como una oposición, y no como
un verdadero movimiento de renovación, en lucha por establecer el país, mil
veces mejor, que podríamos ser; estaremos siempre en la misma catalepsia,
insultando al chavismo e insultándonos a nosotros mismos porque y que no tenemos bolas, eternamente en una
ratonera, aunque creyéndonos dragones dentro de ella.