“LA CUARTA” O “LA
QUINTA”…
¡DISCURSO CHAVISTA!
Por Alexander Delgado C.
22/08/2022
A fines de los años 90, el frente
político agrupado en torno al, hoy fallecido, Hugo Chávez Frías, alcanzó
electoralmente el poder, anunciando el advenimiento de una presunta Quinta
República; tanto así que su principal partido político de entonces, hoy
fundido en el PSUV, se llamaba Movimiento Quinta República (MVR,
la “V” indicando al 5 en números romanos). Hasta ese momento, para los
venezolanos más entendidos en temas histórico-sociales, apenas existía una vaga
noción de estar bajo una, bien imprecisa, Tercera República; para
el venezolano más coloquial solo era la República de Venezuela o
simplemente Venezuela.
Pero, por obra y gracia del verbo
chavista, en 1998 nos encontramos con que desde 1830 habíamos vivido, sin
saberlo ni importarnos, bajo una supuesta Cuarta República y
que Chávez, que en diciembre de ese año sería electo presidente, buscaba
instaurar en Venezuela la, no menos supuesta, Quinta República.
El 2 de febrero de 1999, en Venezuela
se oficializó el brinco que, verborrea chavista mediante, dimos desde una
indeterminada Tercera República hasta una aparecida Quinta
República, proyectando holográficamente durante ese brinco, una Cuarta
República que ni sabíamos que existía.
Pero como 168 años (1830-1998) de un
orden nacional republicano, convulso pero ininterrumpido, era demasiado stock
para la mente del chavista de base, y como para entonces la principal culebra del
chavismo era con los gobiernos adeco-copeyanos, poco a poco, a partir de los discursos incendiarios desde Miraflores, el chavista de a
pie se fue acostumbrando a asociar la idea de una Cuarta República únicamente
con la etapa 1958-1998. En la psique del Juan Bimba Rojo,
desde 1999 estamos en La Quinta, los gobiernos de AD y COPEI eran La Cuarta y antes de eso… no importa.
Sin embargo, lo verdaderamente
lamentable, es que ese verbo prefabricado por el chavismo no solo envolvió
a sus partidarios, sino que también esos términos de La Cuarta y La Quinta,
casi inmediatamente pasaron a formar parte del discurso y el habla
cotidiana de los sectores antichavistas, incluidos los de las
urbanizaciones de clase media. Hasta el sol de hoy, en los que de buena fe
creen que son insospechablemente opositores al castro-chavismo, siguen siendo
común (y asumiéndose como normales) frases como;
“..Gracias a que
yo estudié y me gradué en La Cuarta”
“¡Este desastre
nunca se vio en La Cuarta!”
O los más autocríticos:
“Todo esto
que estamos viviendo en la Quinta tiene sus raíces en La Cuarta”
No se trata de que lo que lo que afirman estas frases y otras por el estilo no sea cierto (lo es y mucho). El quid del asunto es el uso, sobre todo entre los opositores, de los términos Cuarta y Quinta; aquí la forma constituye un problema aunque le restemos importancia. Es un problema porque las palabras, sobre todo cuando se refieren a ámbitos colectivos, tienen el poder de proyectar o recrear “realidades”, incluso si estas no tienen un asidero objetivo. Y también es un problema porque muchas veces tanto lo que decimos, como el modo de expresarnos, reflejan lo que subyace a lo interno de nosotros.
Invito a cualquier venezolano de más de 40 años, especialmente antichavista, a que recuerde anécdotas o momentos, muy concretos, anteriores a 1998, en que haya identificado al momento histórico que se vivía como La Cuarta República; es decir, con ese nombre; sea de pensamiento o de palabra. Antes de 1998 esa noción de cuartas o terceras repúblicas, no existía en el imaginario de la casi totalidad de los venezolanos, ni siquiera en los de tendencia izquierdista, o incluso en los simpatizantes del ex-golpista sobreseído. Si nos tomáramos el trabajo de mirar publicaciones anteriores a 1998; sean libros, revistas, prensa o, mejor aún, un texto escolar de historia patria, (suponiendo que conserváramos alguno), no encontraríamos alusiones a ninguna Cuarta República para denominar el período histórico vigente en la Venezuela de entonces. Antes del 98, el término Cuarta o Quinta república, cuando mucho, existiría en el grupito que, junto a Chávez, en los años 1996-97, estaba prefigurando su movimiento político.
Una vez más, se ponen de manifiesto; la
desmemoria del venezolano, su inmediatismo veleta y moldeable, así como su
desdén, desenrollado, anti-parabólico y, sobre todo... muy chévere, por
comprender su historia.
Los que dicen estar contra el chavismo,
pero se refieren al período anterior inmediato al 99 con la definición chavista
de “La Cuarta República” o simplemente La Cuarta, tienen
la psiquis más colonizada por el chavismo de lo que están dispuestos a
aceptar. Y en este caso no podemos hablar de una colonización impuesta a punta de pistola; ha sido consentida por parte de los “opositores”; ha sido un dominio voluntario. Acaso suene extremista pero, en cierto modo, y obviamente sin
pretenderlo ni saberlo, son parte del problema.
Aunque parezca nimiedad, quizá una de las razones de fondo por la que no hemos podido derrocar al chavismo tenga que ver con que desde 1998 los opositores, mayoritariamente; hemos mantenido, respecto al accionar, el discurso y la simbología chavista; una dependencia emocional y referencial, a partir de la aversión; hemos sido chavistas al revés. Muchas veces lo vemos como “normal” o lo que es peor, lo vemos como el deber ser, como parte de nuestra identidad “antichavista”. Nos negamos a darnos cuenta de que, creyendo ser “radicales”, en realidad estamos siendo una reproducción en negativo de la fotografía chavista.
De hecho nunca hemos tenido una sintaxis política propia, “nuestro” discurso siempre se ha definido, así sea por “oposición”, a partir de la figura del difunto Hugo Chávez, de lo que decía o hacía; así como, desde 2013, de lo que el chavismo sin Chávez (especialmente Nicolás Maduro) ha dicho o hecho desde las esferas del poder.
Esta chavismo-dependencia la
expresamos, en forma de pretendidas opiniones, desahogos,
sarcasmos, chistes baratos, consignas, etc. Es una de tantas incongruencias
asumidas alegre e inocentemente, con la
“frescura” que, para bien y para mal caracteriza al venezolano.
No contentos con adoptar las formas discursivas propias del chavismo, también adoptamos sus propias contradicciones e incoherencias. En el caso que nos ocupa, el decir chavista asume también en los “opositores” la ya mencionada tergiversación sobre las repúblicas numeradas, tergiversación no solo a partir de la cometida respecto a la verdadera evolución republicana venezolana sino también, a partir la de la alteración que los rojos de base perpetran al propio discurso forjado en los laboratorios castro-chavistas.
Las Repúblicas Según El Discurso
Chavista Vs. el Relato Histórico
Para aclarar mejor este asunto de las repúblicas históricas, hagamos una semblanza comparativa de la visión impuesta por el chavismo (con el consentimiento desenrollado de sus “opositores”) respecto a la forma en que nos lo enseñaron, mejor dicho, como lo veíamos, hasta 1998.
Según el discurso de Hugo Chávez y sus acólitos, en aquel 1998, la historia republicana de Venezuela se dividía de esta forma:
Primera República; tal y como lo
enseñaban en los libros de historia, desde la Declaración de Independencia, el 5 de Julio de 1811, hasta la Capitulación del general
Francisco de Miranda ante el comandante realista Domingo de Monteverde, el 25
de julio de 1812. Durante este período rigió la Constitución de 1811, la
primera del mundo hispano.
Segunda República; de nuevo, tal como
lo enseñaban en los libros de historia, su fecha oficial de inicio se ubicaba
el 6 de agosto de 1813, con la entrada triunfal del general Simón Bolívar en
Caracas, luego de la Campaña Admirable. Su culminación oficial era situada,
unas veces, el 6 de julio de 1814, cuando los independentistas abandonan
Caracas, luego de su derrota ante el jefe realista José Tomás Boves en la
Segunda Batalla de La Puerta. Otras veces (con mucha mayor lógica) su final se
ubicaba en diciembre de ese 1814, con la ocupación de Maturín por parte de los
realistas, tras su triunfo en la Batalla de Urica.
La Segunda República
no estuvo regida por un orden constitucional, fue dictatorial, con un poder
militar, ejercido de hecho por el general Bolívar y sus tropas en el Occidente
y Centro del territorio venezolano y por el general Santiago Mariño en el
Oriente del mismo.
Hasta aquí el discurso chavista de 1998
se mantenía cónsono con lo que, bien o mal, nos habían enseñado en escuelas y
liceos, y transmitido a través de los medios de comunicación. La
distorsión chavista se inicia a continuación:
Tercera República; Para el
discurso chavista fue la entonces República de Colombia, integrada por Venezuela
y la entonces Nueva Granada (hoy Colombia) y que históricamente ha sido
conocida como La Gran Colombia. Constituida oficialmente el 17 de
diciembre de 1819 y de la que Venezuela se separó en enero de 1830.
Cuarta República; Para el
discurso chavista corresponde al larguísimo período iniciado con la separación
de Venezuela de la llamada Gran Colombia (1830) y culminado con el arribo del
chavismo al poder en febrero de 1999. Es decir, la supuesta Cuarta
República, según el discurso chavista original, no abarcaba
únicamente los 40 años de gobiernos adeco-copeyanos.
Y por supuesto, la
Quinta República corresponde al período chavista.
La anterior semblanza es según la
mirada chavista.
Ahora veámoslo sin distorsiones rojas
rojitas:
Como ya comenté, en líneas generales,
la Primera y Segunda Repúblicas son descritas por el chavismo, tal como nos lo
habían enseñado.
El problema es de la tercera en
adelante.
Nunca hubo un acuerdo categórico acerca de cuándo se inició la Tercera República, yo mismo recuerdo haberme tropezado con varias versiones. Según la opinión de algunos se inició en 1816 con la Asamblea de Bolívar y otros líderes independentistas exiliados en Los Cayos de San Luis, en Haití; junta que daría paso a la expedición homónima. Según otras versiones, La Tercera se inició con la reunión del Congreso de Angostura el 15 de febrero de 1819.
Otras
versiones, las más lógicas, ubicaban el inicio de La Tercera en 1830,
con la salida de Venezuela de la Unión Colombiana.
La llamada Gran Colombia, a
pesar de haber estado regida por un sistema republicano, para muchos no solía
contarse entre las repúblicas numeradas venezolanas por no estar ceñida al
territorio de Venezuela, aunque este formara parte de aquella; de esta forma se
nos enseñaba usualmente en escuelas y liceos antes de 1999.
En cuanto a la pretendida “Cuarta
República”, no solo no hubo acuerdo sobre su inicio, ni
siquiera hubo acuerdo sobre su existencia.
En 1998 muchos historiadores e
intelectuales, entre los que recuerdo a Manuel Caballero y Diego Bautista Urbaneja,
afirmaban que aún estábamos en la Tercera República y que los
chavistas estaban contando mal o, peor aún, que nos querían pasar de un salto
de la Tercera a una presunta Quinta República.
En 1998 yo tenía 27 años y, aunque no
simpatizaba con el chavismo, al que ya veía como una amenaza, traté de seguir
los debates que se dieron al respecto (sobre todo los que se daban en los
predios de la UCV), quizá buscando entender objetivamente donde estábamos
parados, a que debíamos atenernos. Recuerdo que, incluso, para complicar más el
tema, había, en aquellos días, quienes afirmaban que se había cambiado de República con el triunfo
de la Federación (1863), otra república con la Revolución
de Octubre (1945) y una más con la caída de Marcos Pérez Jiménez
(1958).
Aquí considero pertinente volver sobre
un aspecto tratado al comienzo de este escrito. En Venezuela comúnmente, tanto
chavistas de base como antichavistas, suelen referirse únicamente como “Cuarta
República” a los 40 años de AD y COPEI. Por ejemplo, es común comparar al
gobierno de Marcos Pérez Jiménez con los “gobiernos de la cuarta” cuando
en realidad, según el discurso chavista originario, Pérez Jiménez tendría que ser
considerado parte de esa “Cuarta República”, por haber sido posterior a
1830.
Como otro dato curioso, recuerdo que a raíz de los sucesos de Abril de 2002, se hablaba del llamado Carmonazo como de un amago de Sexta República. Incluso tengo el recuerdo vago de que, por esos días, hasta se sacó un sainete sobre el Carmonazo, llamado precisamente La Sexta República, cuya presentación fue saboteada por los chavistas.
Conclusión
Lo cierto es que antes del advenimiento del chavismo al poder, nosotros, no pensábamos, ni nos importaba pensar, en terceras, cuartas, ni menos aún en quintas repúblicas. La Primera y Segunda Repúblicas, de hecho y comúnmente, las entendíamos como etapas de la guerra independentista. Sin embargo, del lado opositor al castro-chavismo, no solo le compramos a Chávez ese jabón discursivo piche sino que nos bañamos y restregamos alegremente con él. Un simple reflejo del secuestro a nuestra memoria y a nuestra psique, efectuado por el chavismo; secuestro sin ninguna resistencia por parte nuestra, todo lo contrario. Un dominio discursivo consumado por los chavistas, sin disparar un tiro, gracias a nuestra impulsividad sensiblera, a nuestro criterio político de plastilina y a nuestro paterrolismo, muchas veces arisco, ante cualquier corrección desde la lógica y la razón.
¿Y así queremos elegir “democráticamente”
gobernantes?






