LA
LUCHA ES CONTRA LA HIDRA…
NO CONTRA SU CABEZA MÁS VISIBLE
Por Alexander Delgado C
05 de Enero de 2026
Con
la incursión militar estadounidense en suelo venezolano, el pasado sábado, y la
subsecuente captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores ¿podemos hablar del fin
del régimen castro-chavista en Venezuela? Objetivamente podemos asegurarlo
tanto como pudimos haberlo asegurado en la tarde del 5 de marzo de 2013 y en
los días que le siguieron. Al menos, y de nuevo objetivamente, es lo que se
vislumbra por ahora (Chávez non dixit).
Hasta el momento solo
se ha extraído la cabeza visible de una aberrante, pero muy poderosa, Hidra
criminal. Un monstruo tanto o más intrincado que la Hidra de Lerma, la conocida
serpiente de múltiples cabezas de la mitología griega. Incluso puede ser
demasiado prematuro para asegurar cual será el destino de esa cabeza en tierras
del Tío Sam. Dos días después no ha habido más zarpazos militares del Águila
Calva en Venezuela, aunque tal amenaza permanezca sobre el tapete.
Cuando muchos
prefiguraban una intervención estadounidense contra el régimen chavista,
parangonándola con la Operación Furia
Urgente en Granada (1983) o la Operación
Causa Justa en Panamá (1989); la Operación
Resolución Absoluta de anteayer, sería más equiparable a la Expedición
de Stephen Decatour sobre Trípoli en 1804-1805, salvo que, en aquella
incursión, no capturaron al bajá Yusuf Karamanli.
Donald Trump asegura
que su administración está a cargo de Venezuela y que mantendrá el control pero
la vengativa vicepresidente (ahora presidente en funciones) Delcy Rodríguez
sigue ahí; su hermano siniestro, al frente de la Asamblea Nacional roja rojita,
sigue ahí; Diosdado Cabello sigue ahí.
Entonces ¿Podemos considerar
este zarpazo selectivo del Águila estadounidense como el inicio de “la
libertad”? Ciertamente, hay miles de razones para alegrarse con la extracción
quirúrgica de una escoria como Nicolás Maduro, pero hasta ahí. En el mejor de
los casos, solo hay motivos para mantenerse a la expectativa. La Hidra Malandra, humillada y todo lo que se
quiera, permanece en pie y las múltiples cabezas restantes (empezando por la
flatulenta presidente en funciones) prestas a ocupar el lugar de la cabeza
cercenada.
Y no se trata solamente de la pústula de antisociales que conforman la cúpula de Miraflores y sus facciones internas, ni tampoco, únicamente de sus adláteres; colectivos, pranes, guerrillas, células terroristas, carteles de la droga, mafias, etc. En realidad todos forman parte de una tortuosa Hidra ideológico-actitudinal, a nivel internacional; escabrosa y ominosa, cuya representación sociopolítica más ostensible en Iberoamérica la constituye el Foro de Sao Paulo/Grupo de Puebla. Pero, incluso, es posible que ese cartel de Perfectos, Ni tan Idiotas, Latinoamericanos, estructurado en torno a Fidel y Lula; más que ser la propia hidra, sea solo (para nosotros) su cabeza inmortal.
Acaso la
verdadera Hidra es una biósfera
sociopolítica y sociocultural global, roñosa y lombrosiana; articulada en
torno a una pretendida cosmovisión, en clave marxista; entendido este marxismo, ya
no en términos economicistas sino psico-sociales, culturales y actitudinales; una
innegable estirpe gramsciana.
Más allá de teorías
conspirativas, es innegable la presencia, no solo en Iberoamérica, sino también
en el hemisferio occidental, de todo un ecosistema
acomplejado, desadaptado, pobrecista y despreciable, escudado en un patriagrandismo tercermundista. Al igual
que la Hidra de Lerma, la Hidra Antiimperialista es portadora de un veneno corrosivo y mortífero, el cual, a su vez,
constituye su savia. Un veneno denominado Resentimiento.
La Hidra Foropaulista, izquierda trasnochada, resabiada e
hipócritamente victimista, de frustrados de cafetín, prestos a venderse al hampa;
ha demostrado, sin embargo, tener una enorme capacidad, no solo de ser un ave
fénix de albañal, sino también de mimetizarse
como un camaleón; aliarse en las
sombras con el crimen organizado y con el terrorismo internacional más
vesánico; dispuesta a articulaciones
contrahechas con; patrioterismos de venas
abiertas, wokeismos esquizofrénicos; islamismos reaccionarios y
oscurantistas; feminazismos demenciales; pseudo ecologismos que solo saben
llorar por el ojo izquierdo; soberanismos fariseos que solo se activan cuando
el afectado es un régimen de izquierda, progresista o tercermundista, a manos
de una potencia nórdica; defensores de DD.HH que, en el fondo, solo sirven para
solapar a transgresores de las más elementales normas de sana convivencia… y
hacerse de la vista gorda cuando se trata de víctimas de la represión de
regímenes afines a sus intereses… y, por supuesto, desquiciados LGBT+ que, haciendo honor a sus inclinaciones contra-natura, exaltan a
un homofóbico como el Che Guevara o peor, al, no menos miso-gay y misógino régimen iraní de los Ayatolás o a una Palestina
en la que los colgarían de una grúa y que, en muchos casos, no son capaces de
ubicar en un mapamundi.
Todo un aquelarre al que hemos visto, en los últimos dos días, levantando su voz en defensa de Maduro o, como los hipócritas que son, rasgándose las vestiduras en nombre de un “derecho internacional” a conveniencia o, en una pretendida “solidaridad latinoamericana” con el pueblo venezolano; mientras tanto, los venezolanos, por razones obvias, celebraban la captura del Cucuteño, públicamente los de la diáspora, solapadamente dentro de Venezuela… también por razones obvias.
Lamentablemente, esta visión de conjunto de la Hidra a enfrentar, esta mirada al Iceberg en su totalidad y no solo su punta fuera del agua, es casi siempre ignorada, desestimada, banalizada y en no pocos casos, ridiculizada por la frivolidad de una “opinión” pública que, se supone, adversa al castro-chavismo. Una visión integral, ninguneada, en gran medida, gracias a la doblez y complicidad ideológica con el narco-régimen, por parte de la dirigencia opoficticia venezolana; así como a la mediocridad y el farandulerismo showcero de los comunicadores sociales y los sectores “intelectuales” afines a esa dirigencia.
La opinión pública venezolana (y en general iberoamericana) contraria al castrismo siempre ha tendido a subestimar displicentemente la presencia Foro de Sao Paulo y sus alianzas globalistas. No solo se ha minusvalorado la capacidad de organización, cohesión, articulación y mimetización de este tipo de agrupaciones, también se suelen desestimar neciamente sus motivaciones.
A consecuencia de una visión encasilladamente materialista de
las relaciones políticas (propia de la, hoy decadente, modernidad) normalmente
la tendencia mayoritaria es reducir la Hidra foropaulista y su accionar a meros intereses económicos que,
ciertamente sí existen, pero no son los únicos. Las motivaciones ideológicas y
cosmovisionales, son un factor clave en su actuación. Motivaciones en grado
obsesivo, espoleadas por, los ya mencionados, complejos y reconcomios
individuales o colectivos (traumas en algunos casos) en los que sería engorroso
detenernos a divagar en estas líneas pero que, no por eso, deja de ser una estupidez mirar de soslayo como motor
de su conducta. Una estupidez casi suicida, en la medida en que estos designios
ideológicas, cuasi religiosos, son el verdadero galvanizador que mueve a esta
claque de perdedores que se creen revolucionarios;
prácticamente una razón de vida, con visos de fijación delirante, blindada contra argumentos de peso y hasta al más elemental sentido del ridículo. Una
actitud más de fanáticos de sectas extremistas que de personas racionales pero
que les sirve de ariete en su accionar. Es posible incluso que los intereses
económicos que los rodean se deban en gran parte a que para ellos el dinero es, en mucho, un instrumento de poder y de conquista y que el disfrute obsceno de
los beneficios económicos solo sea, parafraseando al revés la sentencia bíblica, lo que “se os dará por añadidura”.
En otro orden de ideas,
la desenrollada
opinión pública reduce a agrupaciones como El Foro de Sao Paulo y lo que
representan, en el mejor de los casos, al rótulo de “comunistas”... Y por
supuesto que lo son, pero no deja de ser una etiqueta, en la medida en que no
se ahonde en lo que implica este nombre, no solo en el aspecto socioeconómico
sino también en el socio cultural, ético y actitudinal. Otras veces, peor aún,
solo se etiqueta a regímenes como el de Miraflores con el adjetivo equívoco de
“dictadura”, en realidad es una tiranía.
En el peor de los
casos, la Hidra Reinvolucionaria es personalizada
en un nombre y un apellido; en el caso de Venezuela, antes Hugo Chávez,
ahora Nicolás Maduro; se ha llegado a hablar, irrisoriamente, de El Madurato. El presunto origen
colombiano de Maduro, objeto de discusión y chismorreo desde 2013, en el fondo
resulta baladí al considerar que Maduro y antes Chávez, más que los magistrados
de una nación eran en Venezuela los Capitanes Generales de un imperio
trasnacional bastardo.
Pero, desgraciadamente,
tanto el chavismo como las elites espurias pseudo opositoras, desdeñaron esta
necesaria mirada totalista, manteniendo a la opinión pública en una dinámica inmediatista y reticulada
de escándalos en boga, chismes baratos y fanfarrias electoreras que pasaban y
de las que nada quedaba. Aparte de desestimar el carácter bovesciano del chavismo y permitirle su mimetización en el
cognomento de bolivariano (dixit Erik
del Búfalo), el falsario liderazgo “antichavista”, de la mano con sus intelectuales
e influencers, ha promovido parangones falsos del castro-chavismo con
personalismos como el del general Gómez o militarismos como el de Marcos Pérez
Jiménez (para no hablar de las trilladas y sifrinezcas
comparaciones con el nazismo); sembrando en el ánimo colectivo (incluida la
clase media), la percepción errónea de que todo empezaba y acababa con el
personaje en cuestión; que la Hidra
quedaba condenada a muerte al cortar su cabeza más visible.
A partir de esta
apreciación errada, es más que comprensible que las manifestaciones de contento
que se vieron el sábado pasado hablaran de “la llegada de la libertad”.
Manifestaciones conmovedoras, a las que no podemos menos que acompañar en su
alegría; pero, obviamente, aún es demasiado prematuro hablar de la llegada de la
libertad... La verdad es que el momento
se vive en Venezuela, ya de por sí atípico desde 1999, es realmente incierto. Antes de hablar de libertad, en el sentido
en que lo entiende la mayoría, hay que hablar de recuperación y saneamiento del
país, luego de más de un cuarto de siglo de un orden antinacional, hamponil y
anómico, auto percibido como revolucionario.
Pretender que semejante proceso no ha hecho mella en la sociedad, que las
huellas de tanta insania se borran en “una fiesta global” (dixit María Corina
Machado) es una reverenda irresponsabilidad… Y la libertad, la verdadera
libertad, solo se cimenta sobre la base de la responsabilidad.
Aunque, repito, las
manifestaciones de alegría (y hasta de optimismo) ante la captura de Nicolás Maduro
sean más que válidas, si lo que realmente importa es la nación, no se puede seguir personalizando la Hidra
en Maduro o en Delcy o en Diosdado. Se trata de todo un ecosistema
político, social, cultural y, muy importante, actitudinal, de extensión continental
e imbricaciones a nivel global; con una innegable impronta de bajos fondos.
La lucha no debe
reducirse, solo a un hampón metido a político, ya capturado o sus acólitos y
cómplices, todavía fungiendo de gobierno; no debemos seguirnos enfocando en caras, nombres y
apellidos, ni basándonos en atribuir a puros intereses de billete las
motivaciones del enemigo, no podemos seguir limitándonos a prefigurar finales felices en la caída de tal o
cual tirano, mal llamado dictador.
La lucha debe apuntar al Foro de Sao Paulo-Grupo de Puebla, a sus trincheras intelectuales y comunicacionales como Telesur, France 24, Al Jazeera, a su batería de palangristas izquierda-caviar del mundo artístico a lo Oliver Stone, Sean Penn o Roger Waters, a sus turistas revolucionarios a lo Michelo; no perder de vista a los domesticados y reciclados, escudados en Sanedrines transnacionales como la OEA, la ONU y sus satélites, la UNESCO, OIT, SIP, CIDH; en supra naciones como la Unión Europea, en organizaciones como la Internacional Socialista y, eventualmente, la Internacional Liberal y la CDI… y, muy especialmente, no perder de vista a cadenas de información como CNN, FOX News, DW, el Washington Post, etc.
Una Hidra cuyas
miles de cabezas harán lo posible para que solo nos enfoquemos en la más
visible.
Nuestra lucha debe ser
contra el ñangaraje y la actitud
sociopolítica que representan, pero también contra el pantano del que se alimenta la Hidra Foropaulista; todo aquello que ha
servido y sirve de caldo de cultivo a la peste sociopolítica que encarnan
regímenes como el castro chavista. Debemos enfocarnos en los factores comunes presentes en todos los
movimientos, duros y moderados en los que suele mimetizarse la Hidra Reinvolucionaria; el resentimiento, el
tercermundismo, el victimismo, el
pobrecitismo, el complejo de inferioridad, el bastardismo y sus adláteres; el feísmo,
el vulgarismo, la ruindad, la exaltación de lo frívolo y lo
cabeza hueca, el culto al lumpenato, el siempre apoyarse en la hez de la
sociedad, el siempre explotar las pasiones más torvas, el siempre chantajear
con emotividades lacrimosas… y, muy especialmente, la ignorancia (que no es tan
simple como la ausencia de conocimientos librescos); ignorancia en bruto de
los extrarradios y las ruralidades; ignorancia exquisita de los sectores
acomodados.
Una mentalidad malsana
que, por cierto, no está solo en el
castro-chavismo, también está en la acera contraria que, muchas veces sirve de reciclaje o peor, de agua lustral
a los rojos. Una estructura anímica también presente, en mayor o menor medida,
en una sociedad que permitió o propició que desgracias como la castro-chavista
llegaran al poder por vía democrática y legitimaran sus gobiernos bastardos a
través de procedimientos institucionaleros,
durante casi 27 años.
Se trata de una lucha
para la que se requiere enarbolar, por
las buenas o por las malas, valores elevados, aspiración a la excelencia, sentido
de responsabilidad individual y colectiva, de ética, de honradez y honorabilidad,
nuestro propio código de Areté y respetabilidad y, si fuera el caso, actuar sin
contemplaciones contra quienes vulneren estos valores o, en nombre de una
libertad mal entendida, hagan apología de valores roñosos como se ha estado
haciendo en los últimos 27 años. Esta es una lucha que no corresponde a ninguna
Delta Force, ni nada por el estilo,
ni siquiera, de manera exclusiva, a los militares venezolanos (suponiendo que
hubieran estado de nuestro lado). Una lucha política pero, sobre todo, en el
día a día, que compete a la propia sociedad venezolana, en pleno o un sector de
avanzada de la misma.
Una lucha que empieza
desde nosotros mismos. Porque lamentablemente, nosotros, quien más quien menos,
también somos o fuimos parte de esa
Hidra, o por nuestras venas, abiertas o cerradas, corre algo de esa savia.

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