DEL ANTICHAVISMO, O CHAVISMO A LA
INVERSA, AL POST-CHAVISMO
Por Alexander Delgado C.
30 de Julio de 2010
En su columna Las Verdades de Miguel del pasado 16 de Julio (*), Miguel Salazar, periodista que pretende seguir una
línea de apoyo crítico al chavismo, titula
su planteamiento de ese día como ¿De qué pata cojea la Mesa de la Unidad
Democrática?, a partir de
este título-cuestionamiento, Salazar, refiriéndose a la MUD, hace afirmaciones
como; “cuando es el propio Chávez quien los inspira”; “Disfrazan su
falta de imaginación con la agenda de Chávez cada domingo”.
Valga lo que valga la tendencia
política de Miguel Salazar, no dejan de ser significativas sus opiniones en
este caso, ya que, en realidad, la MUD refleja uno de los más grandes defectos de
la mayoría de quienes nos oponemos al castro-chavismo; defecto que por cierto,
no nos tomamos con la debida seriedad.
El defecto en cuestión es la
dependencia emocional con respecto a la figura, el accionar y, sobre todo, el
verbo de Hugo Chávez. Dependencia a la inversa, por aversión, pero dependencia
al fin y al cabo.
No solo no tomamos este defecto con la
consideración que merece, de hecho, ni siquiera lo vemos como una falla en nosotros.
Chávez no solo ejerce una hegemonía
discursiva y de carácter emocional sobre sus seguidores, desde la devoción
idolátrica, también ejerce un dominio sobre la mayoría de sus opositores,
desde el aborrecimiento. Chávez, no solo determina la agenda política (y a
veces personal) de sus seguidores, también, lamentablemente, es una suerte de Líder Al Revés, o de faro en negativo para sus más recalcitrantes oponentes.
Al igual que las declaraciones de los
miembros de la MUD y demás líderes antichavistas; las opiniones, desahogos,
sarcasmos, chistes, consignas, etc. del grueso de la opinión pública opositora,
giran, como lamentablemente dice Salazar, alrededor de cuanta estupidez o
barrabasada dice o hace Hugo Chávez cada domingo, así como de lo que, en general, declaran o hacen los altos personeros del régimen.
En los años 2000 y 2001 Hugo Chávez se refería peyorativamente a los, todavía minoritarios, opositores con el mote de escuálidos, mote que por supuesto, su rebaño de seguidores, cual secta, ha hecho suyo hasta el sol de hoy, sin que muchos de ellos supieran (ni les importara) el significado de ese término. Pero, más patético aún, en esos mismos años, y hasta aproximadamente el 2003 o 2004, en el lado opositor el mote de escuálido fue tomado, con arrogancia risible, convirtiéndolo de insulto en un “elogio”. En las, ya multitudinarias, concentraciones opositoras de 2002 y 2003 (incluida la del 11-A), era común ver franelas con la frase estampada Orgullosamente Escuálido, aun cuando, ya para entonces, lo nutrida de esas marchas no hacía honor al infamante mote chavista.
A cuanta barbaridad dicen Chávez y los
suyos, les hacemos publicidad, muchas veces innecesaria, así sea para denostarla. El
venezolano ha sido siempre poco apegado al entendimiento de su historia, pero bastó que Chávez cambiara el nombre con el que tradicionalmente celebrábamos el 12 de Octubre
(el, de por sí equívoco, Día de La Raza) a Día de la
Resistencia Indígena, y que, meses después, turbas chavistas destruyeran
los monumentos a Cristóbal Colon, para que el grueso de la opinión publica
opositora (incluidos muchos que, antes de 1998 se hacían eco de la leyenda negra) se volcara en una defensa y exaltación de la figura de Colón. Si
Chávez, contrariamente, hubiera enaltecido a Colón, asumiendo posturas hispanistas, ¿se
habrían hecho eco los antichavistas del discurso de venas abiertas de Eduardo Galeano?; personalmente creo que sí. De igual modo, muchas veces he pensado que si la octava estrella en la bandera hubiese
sido propuesta por alguno de los connotados líderes opositores del momento
(Rosales, Borges, María Corina Machado, Enrique Mendoza) y Chávez la hubiera rechazado con su
habitual actitud vulgar y humillante, tendríamos hoy a una oposición
defendiendo a capa y espada a la octava estrella frente a un chavismo aferrado
a las siete estrellas, y cada bando esgrimiendo los mismos argumentos que hoy
esgrimen sus contrarios.
Por su reacción visceral y poco
reflexiva, a muchos antichavistas vesánicos muy bien pudiera llamársele Chavistas
A La Inversa.
Ante semejante dependencia emocional al revés que exhibe el antichavismo con
respecto a la figura de Chávez ¿Qué tan difícil le resulta al régimen de
Miraflores mantenerlos distraídos con trapos rojos y bailando al son que a este
mejor le conviene? Cualquier nulidad con el suficiente coraje para
gritarle Barriga Verde a Chávez, tiene todas las posibilidades
de convertirse, al menos por breve tiempo, en héroe de la Venezuela
antichavista. Así, desde 1998 hemos visto surgir y desaparecer, contra Chávez, a, por lo menos, una docena de líderes y salvadores de utilería y show, tanto
civiles como militares... hasta llegar hoy en día a querer ver casi como héroes
de la oposición a presidentes de otros países, confrontados a Chávez, como el, ya saliente, presidente colombiano,
Álvaro Uribe Vélez.
Si bien en esta lamentable actitud, la
MUD no hace más que reflejar al grueso opositor, la condición de liderazgo de
que pretenden investirse los obliga a ser un factor generador de pautas (y de
cambio en las pautas consolidadas cuando son inconvenientes), a revertir esta
comprensible pero malsana tendencia en la opinión pública opositora. A lo largo
de estos 11 años; en la tarea de liberar al país de este régimen demencial y
depredador, se ha hecho necesario que, en primer lugar, la Venezuela opositora se independice psicológicamente y, lo que es más importante,
emocionalmente, de la figura de Hugo Chávez; que el oposicionismo supere su Chavismo Al Revés.
No se pretende, por supuesto, que
ignoremos el hecho de que Chávez y sus acólitos detentan el poder fáctico de la nación,
es más bien empezar por mirar a Venezuela más allá de Chávez y de la
comprensible aversión que nos inspira, cosa que no es imposible, si dejáramos
de ser tan autocomplacientes con nuestras pasionalidades más ramplonas.
Convendría más desarrollar una
conciencia post-chavista que anti-chavista.
Valga la siguiente metáfora; si nos vemos a nosotros mismos como empleados subalternos y, esa es la imagen que proyectamos, probablemente eso es lo que siempre vamos a ser; ascender a cargos directivos, además de la preparación y los méritos necesarios, requiere que nos proyectemos como directivos en ciernes, ante nosotros y ante los demás (especialmente ante los “jefes”). Algo parecido le pasa a los diversos sectores políticos de la oposición; parecieran haberse acostumbrado, a lo largo de estos 11 años, a ser solo oposición, y que su razón de ser, para siempre, es la de oponerse y no la de gestar una verdadera alternativa nacional. Es decir, proyectarse como una especie de gobierno en ciernes.
Ya es tiempo de reaccionar, de sacudirnos el cinturón de dependencia emocional y de shows mediáticos que nos ata a la verruga de Chávez en una suerte de aborrecimiento masoquista y de poner el acento en los problemas de fondo del país; insistiendo, por ejemplo, en que la crisis nacional, expresada en crímenes como el de PDVAL, problemas como la inseguridad, la crisis hospitalaria, el desabastecimiento, el desempleo, la anomia social y moral, el desmantelamiento de nuestro sector productivo y la inminente consolidación del modelo Castro-Comunista, etc.; no sean descuidados por estar pendiente de los dimes y diretes entre Chávez y Uribe, por el show necrofílico de los restos de Simón Bolívar (más allá de la justa indignación) y las consecuentes especulaciones sobre brujas y santeros o por cuanta mentepollada se le ocurra cada domingo a Chávez el Urogallo.
Además de oponernos al presente y futuro que nos quiere imponer el chavismo, hay que generar alternativas válidas, partiendo de preguntarse qué habría hecho yo si hubiera sido gobierno o que haría mañana si, por hipotéticas circunstancias, tuviera el gobierno en mis manos.
Es decir, generar una visión de país
que nos ubique muy por encima del circo chavista, mirándolo por encima del hombro, con el desdén que se merece, en vez de la biliosa pasionalidad que nos hace, psíquica y emotivamente, dependientes. Esto lo debería hacer cada quien en su área, su nivel o su
sector, incluso en su esfera de pensamiento; Por ejemplo, un intelectual, jurista,
historiador, artista plástico, profesional etc., no tendría nada que buscar
pateando barriadas populares pero sí en su entorno laboral, profesional,
académico, etc. No debe bastar únicamente oponerse a lo que está mal, hay pasar
a la ofensiva, proponiendo y generando ideas, así sean, de hecho, inviables bajo la realidad del chavismo, pero proyectarlas, configurarlas desde la imaginería, inicialmente para una
audiencia reducida a nosotros mismos.
Se dice que a uno las cosas le llegan cuando uno está preparado para recibirlas ¿Nos hemos preparado para una Venezuela sin el chavismo en el poder?
(*) http://www.referenciadigital.com/2010/07/las-verdades-de-miguel-16-07-2010/
