LA IZQUIERDA APÁTRIDA, RENEGADA... E
IMPERIALISTA
Por Alexander Delgado C.
16 de Diciembre de
2010
Se ha vuelto casi un mantra calificar a
Hugo Chávez de traidor a Venezuela, por lo demás con mucha razón, tras haber entregado
a la nación al castro-comunismo y, en general, a toda la escoria
“antiimperialista” internacional, a expensas del bienestar general de los
venezolanos. En realidad, más que traidor, Chávez, al igual que Fidel Castro,
las FARC, y un largo etc., debería ser visto como un apátrida y un
renegado.
En esencia, Chávez tiene
de venezolano lo que Fidel Castro de cubano o Eva Golinger de estadounidense,
es decir, NADA. En el fondo odian a sus naciones de origen, tanto o más de lo que
odian a pueblos ajenos. Como ya muchas veces ha sido señalado, este tipo de
personajes no responden a intereses, o sentimientos de pertenencia, de ninguna nación, sino a los de organizaciones como EL FORO DE SAO PAULO y, en general, a un universo internacional de comunistas
trasnochados, desadaptados y renegados, magistralmente descritos por los
autores del Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano (ver
especialmente el Capítulo El Idiota Tiene Amigos, del
mencionado Manual).
Es preciso recordar
que la “ideología” a la que se aferra el castro-chavismo, el marxismo-leninismo,
es anti-patriótica por naturaleza. Reniegan de sentimientos, visiones y
valores naturales en todas las sociedades humanas a lo largo de la historia,
como; el sentido y orgullo de pertenencia a un gentilicio, lazos familiares,
valores morales, religiosidad (sobre todo si es cristiana), aspiración al
progreso y al bienestar, material, moral y, sobre todo, espiritual, tanto a
nivel colectivo como individual y familiar. Todos estos sentimientos, dentro de
límites sensatos, han sido motor fundamental en la evolución de las diversas civilizaciones
humanas. Pero para la izquierda trasnochada y resentida que mayoritariamente
hace parte de sectas como el FSP y otras allegadas, los
sentimientos antes mencionados no son sino “valores burgueses”.
La “cosmovisión” putrefacta del foropaulismo y otros aquelarres de la ultra izquierda, se apoya en un supuesto universalismo obrerista, basado a su vez en la proyección de una, no menos supuesta, nueva patria obrera que debe abarcar todo el “proletariado”. Porque, eso sí, ellos se sienten obreros, trabajadores, cuando en el fondo en su mayoría son clase-medieros desclasados, explotadores de la miseria ajena.
Se dan a conocer con el rimbombante, estrambótico y cursi,
remoquete de “Anti-Imperialistas”, algunos de ellos, hasta se lo creen. Pero, en la práctica, llevan a cabo la
política más imperialista que se pueda haber visto en la historia.
Reproducen y magnifican todas las miserias (y ninguna de las grandezas) que
caracterizaron a los más famosos imperios que han existido a lo largo de la
historia.
Son el retrato vivo de la decadencia de la modernidad industrial; en su odio por los valores
y tradiciones, arriba señalados, no tienen el menor escrúpulo en fingirse
defensores de los mismos; así como en manipularlos, especialmente en los
pueblos menos desarrollados, para volverlos unos contra otros.
Ejemplo de esto es su apoyo contra-natura al fundamentalismo islámico, al nacionalismo palestino o a regímenes como el de Irán, Libia o Siria. Apoyo sodomita si tenemos en cuenta; por una parte, el supuesto materialismo ateo de los marxistas frente al fervor religioso de los islamistas más recalcitrantes (fervor criminal, demencial, indeseable, pero fervor religioso al fin y al cabo). Contra natura es también su postura en el Medio Oriente si tenemos en cuenta el hecho de que, dentro de su contexto socio-cultural, regímenes como el de Irán sean (y así se reconocen ellos mismos) de derecha ultra conservadora.
Más ilustrativo aún, de lo oportunista
y avieso que es su proceder antinatural, resulta su exaltación del nacionalismo en los
países del llamado Tercer Mundo (y su supuesta solidaridad con ellos),
especialmente frente a los países económicamente más avanzados, no obstante el
desprecio de los marxistas por las nacionalidades.
En realidad, detrás
de toda su fachada, de “reivindicadores de los pobres y oprimidos”, solo
se esconde un amasijo de Renegados Sociales, portadores de sentimientos torvos de toda índole, de odios contra la sociedad, aunque
afirmen cínicamente amar al hombre, están cargados de la más
negra inquina contra el ser humano. Una
camarilla de odiantes atrincherada en bibliotecas telarañosas y
polvorientas de libros de Marx, Lenin, Marcouse, Sartre y afines. Necesitan
sentirse pensantes, indicativo de que en el fondo son todo menos eso. Las
palabras Conciencia o Concientizar están
entre los vocablos que más frecuentemente encontraremos en su léxico; ellos “piensan”,
ellos “tienen conciencia”, y los que no vemos el mundo desde su óptica somos,
cuando no los perversos explotadores, los inconscientes, los descerebrados, los
que necesitan ser “concientizados”.
Dentro de esta secta de izquierdosos “antiimperialistas”, y aún con todo lo repudiables que son personajes como Hugo Chávez, Lula Da Silva o Evo Morales, en su descargo hay que acotar que, a fin de cuentas, proceden de entre las bases populares o de clase media deprimida de sus, subdesarrolladas sociedades. Pero más despreciables aún son los “intelectuales” tipo Eduardo Galeano, Mario Benedetti, Adolfo Pérez Esquivel, Paco Ignacio Taibo II o Felipe Pigna; en estos, su formación académica, su refinada trayectoria de viajeros trasatlánticos, en contacto con los grandes centros culturales del mundo y con personajes internacionales de alto nivel (Incluidos Monarcas y Jefes de Estado de los países más desarrollados), no solo hace menos justificable una visión tan obtusa y resentida, sino que en su codearse con ese mundo de altos-burgueses o aristócratas de cartón, que dicen adversar, ponen más en relieve lo cínico e hipócrita de su retórica “antiimperialista”.
Pero de entre esta última categoría, hay un sector aún más miserable y rastrero; son aquellos que ni siquiera proceden de Iberoamérica, sino de Europa o Norteamérica, son las Eva Golinger, los Heinz Dieterich, los Ignacio Ramonet, los Noam Chomsky, los Michael Moore, los José Saramago, los Oliver Stone, o los Sean Penn. Una suerte de reminiscencia estancada de la Gauche Divine.
Renegados en sus
naciones de origen, hippies frustrados, como Oliver Stone; pretenden usar a
nuestros pueblos y a sus infortunados habitantes, como laboratorio de
ensayo de sus delirios utópicos que, hipócritamente, jamás apoyarían en sus
países. Para estos ñángaras cinco
estrellas, nosotros solo somos una suerte de ratas de laboratorio, o peor,
“muñecas inflables” o “consoladores” de sus frustraciones ideológicas.
Así como para los
lideres tipo Chávez, los pobres tienen que seguir siendo pobres, para ellos
tener sentido políticamente; del mismo modo, y por las mismas razones, para los Ramonet, los Dietritch, las
Golinger, etc., nuestros países tienen que seguir siendo atrasados,
empobrecidos y en la más grosera inequidad, con un permanente abismo entre una
minoría obscenamente rica y unas mayorías pobres, con clases medias
inexistentes o ridículas en número y posibilidades.
Debemos ajustarnos a la visión estereotipada que la izquierda internacional exquisita presenta de nosotros, debemos moldearnos a sus caricaturas delineadas cinematográficamente desde Hollywood o Cannes. Para la Gouche Divine de Siglo XXI, Iberoamérica tiene que ser una eterna escena de la película Salvador (dirigida por Oliver Stone en 1986) o de La casa de los Espíritus; es decir, un eterno lamento victimista de pobreza y opresión o un pintoresco vivir en Realismo Mágico.
Nos necesitan subdesarrollados, polvorientos, envilecidos, resentidos. Solo así esta izquierda caviar puede vivir su sueño virtual (pesadilla real para nosotros) de “redención” de oprimidos. Solo pueden sentirse idealistas en medio de nuestra miseria, dolor y sufrimiento, entre las esperanzas ingenuas de unos y desesperanzas nihilistas de otros. Contribuyen a escamotear nuestra legítima aspiración a un futuro mejor, a un nivel económico, social, cultural y moral muy superior. Son zamuros idológicos y existenciales que, para alimentarse, convierten en carroña nuestro espíritu colectivo.
Solo así pueden estos turistas revolucionarios olvidar el aburrimiento de sus confortables y predecibles vidas en su “Primer Mundo”.
Y, algo muy importante que los hace aún más despreciables; para ellos ese “Primer Mundo” del que son originarios, por más aburrido que sea, representa la seguridad. A las Golinger, los Ramonet, los Danny Glover, jamás se les ocurriría renunciar a sus “aburridas” e “imperialistas” nacionalidades. Estas son su equivalente a una especie de seguridad social, cuando, al final, se cansen de jugar con nosotros a los rebeldes utópicos.
Sus “opresoras” naciones son, a fin de
cuentas, el Home, Sweet Home a donde regresar y donde morir
contemplando los trofeos de su safari revolucionario... a costa de
nuestro dolor. De hecho, su almidonado e
imperialista gentilicio es su seguro contra accidentes en caso de que la “mala fortuna” los ponga en riesgo
durante su “camping” subversivo como, en su momento, estuvo cerca de pasarle
a Regis Debray en Bolivia. A un izquierdoso iberoamericano, sobre todo si es de
extracción popular, lo podrán detener, torturar y hasta asesinar, pero a un
turista revolucionario europeo o norteamericano, en estas tierras jamás podrán
tocarle un pelo, so pena de una acción enérgica por parte del respectivo y
poderoso gobierno, dispuesto a llegar a lo que sea (incluida intervención
militar) por proteger a su renegado, perdón, a su súbdito.
Si esto no es un imperialismo
al revés ¿Cómo podría llamársele?
Considerado todo lo
anterior, es más fácil entender que el romance entre los líderes populistas
hispanoamericanos y la izquierda caviar de tierras nórdicas es de doble vía. Al margen de los discursos antiimperialistas,
anti-euro-céntricos, en el fondo los Chávez, los Evos, los Correas,
los Kirchner etc., deliran de gozo cuando un progresista caucásico con aroma a Primer Mundo legitima su discurso. Hay una relación bastarda,
sadomasoquista entre el populismo tercermundista de nuestros países y el
llamado progresismo intelectual del mundo desarrollado. La antitud vesánica hacia el norte por parte de los
populistas y antiimperialistas tiene
como fondo su frustración de no ser uno de ellos.
Más que malos gobernantes
que se desentienden de sus pueblos, son representantes (cuando no lacayos) de
esa renegada “casta” internacional y antinacional, imperialistamente
antiimperialista, apoderada de los territorios y las instancias públicas de naciones
como Cuba, Venezuela, Argentina, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Brasil, Uruguay,
Paraguay y El Salvador. Una infame camarilla que, junto a sus cipayos y wannabe locales, se ha apoderado de los
recursos estos territorios, poniéndolos al servicio de los delirios y utopías
frustradas, de esa patria internacional y etérea de desadaptados, al
menos mientras estos puedan y quieran jugar a los utópicos.
Al final les terminan haciendo un favor a esos mismos “imperialismos” de que tanto reniegan. Al arruinar a nuestros países, nos ponen en el caso de que, por mera autopreservación, nuestra soberanía y dignidad deba ser vendida a precio de gallina flaca.
El trasfondo imperialista del supuesto antiimperialismo es más que evidente.



