En Pocas Palabras
LA POLÍTICA, EL RESPETO Y LA LÓGICA DEL PODER
Por Alexander Delgado C.
12 de Junio de 2023
Es
necesario entender las relaciones de poder, pero, especialmente, su lógica, más
aún en un contexto tan ominoso como el que hoy enfrentamos los venezolanos.
La política es, ante
todo, un juego de poderes e intereses que, en el mejor de los casos, se maneja
bajo cánones morales, necesariamente relativos; algo más que lógico cuando se
tienen que atender intereses grupales; responder frente a conglomerados
constituidos por individualidades con pasiones, sentimientos, aspiraciones,
intereses y conveniencias que pueden ser muy variados y encontrados entre sí;
de más santos a más pecaminosos.
Gobernar o ejercer
acciones políticas implica, en el más loable de los casos, saber armonizar,
conciliar o hacer coincidir divergencias humanas, muchas veces enconadas; tanto
intereses, en un sentido material, como otras consideraciones; conlleva
equilibrar lo dogmático y lo pragmático, los principios y la realpolitik,
lo ideológico y lo geopolítico. Esto supone una gran dosis de practicidad y
realismo, muchas veces por encima de consideraciones humanísticas,
sentimentales e incluso morales. Ahora bien, esto no significa que esas
consideraciones humanas queden totalmente excluidas; en la actuación política
de muchos grandes personajes, hemos visto, como factores motivacionales;
intereses o ambiciones amalgamados con ideales elevados, así como principios e
impulsos muy humanos, positivos o negativos.
¿Cómo armonizar la
realidad de las relaciones de poderes entre diversos sectores y factores (el
medio) con ideales elevados o principios y cánones éticos que deberían ser innegociables (se supone que el fin)?
Además del sentido común, me parece que el elemento
que más debe primar en cualquier forma de relaciones políticas, o tan siquiera
en el enfoque de estas, es el respeto; y no me refiero únicamente al que
muchas veces se debe observar frente al interlocutor (lo merezca o no) sino
también y, sobre todo, ¿Qué tanta respetabilidad se puede inspirar en
ese interlocutor?; sean personas, grupos de poder político, grupos de poder
socio-económico o naciones, especialmente las de mayor poderío. Entiendo que,
en política, este respeto debe ser enfocado desde una connotación, cortés pero fría
o emotivamente neutral.
Aunque tanto la fuerza
física como el poder de fuego (en contextos sociopolíticos) son elementos clave
para inspirar respeto, no son los únicos ni totalmente indispensables,
al menos no en todo momento. En la historia ha habido muchos ejemplos de naciones,
organizaciones, movimientos de diversa índole, así como, individualmente, de muchas
personas que, siendo más bien débiles desde un punto de vista físico, han
sabido hacerse respetar ante los fuertes y poderosos; a veces, incluso, han
logrado influir en ellos.
Lograr ese respeto sin
poseer un músculo visible implica una total conciencia de la propia
fragilidad y vulnerabilidad, pero también de las fortalezas, visibles o
potenciales; concientizar las ventajas u oportunidades subyacentes entre los
bastidores de esta debilidad evidente y saber aprovecharlas. Hablando en
términos publicitarios, es saber auto aplicar honestamente un DOFA
(Debilidades, Oportunidades, Fortalezas, Amenazas).
Adicionalmente, para
lograr este respeto hay un requisito previo; respetarse y valorarse a sí
mismos, liberarse de todo complejo de inferioridad, no importa la debilidad
externa o desventaja en que se esté. No se puede aspirar al respeto de otros,
fuertes o débiles, si, en primer lugar, no existe una base de dignidad,
autorrespeto y autoestima.
Una proyección de
respetabilidad que implica seriedad en aquellos aspectos que la amerite
y la exija. Que entraña una absoluta madurez para asumir que, en el
fondo, la política es la mejor demostración de que, en el mundo terreno,
especialmente en sociedad, las relaciones humanas ni son, ni pueden ser, ni
tienen porqué ser, el cielo o el infierno que pretende presentarnos la
sensiblería corin-telladezca ni el idealismo adolescente.
Todo lo señalado
anteriormente define, a mi modo de ver, la verdadera esencia de las
relaciones políticas y el modo de ejercerlas en provecho propio cuando se
está en debilidad.
También enumera todo aquello en lo que, lamentablemente, hemos fallado los venezolanos, especialmente del lado opositor a la tiranía roja de Miraflores.
