El
Eterno Chantaje
“EL
ENEMIGO ES MADURO”
Por
Alexander Delgado C.
30
de Marzo de 2023
Uno
de los argumentos-chantaje que más usan los seguidores de la
Oposición oficial para tildar de agentes solapados del chavismo a quienes,
desde la misma acera antichavista, criticamos su actuación frente al
narco-régimen; desacertada y corrupta, cuando no francamente colaboracionista;
ha sido basarse, de manera frívolamente cuantitativa, en que, según
ellos, “criticamos más” a la falsa oposición que al régimen. Algunos hasta
parecen llevar, ociosamente, la cuenta de las publicaciones que emitimos contra
la actuación de la dirigencia “opositora” Vs. los que emitimos contra los
jerarcas del chavismo rojo.
Este simplismo por parte
de las beatas opoficticias, se ha manifestado recurrentemente a
nivel de post en las RRSS, especialmente en Twitter. Hace poco tuve la
oportunidad de toparme con una de tantas manifestaciones; a propósito de la
solicitud de Leopoldo López de más sanciones para los jerarcas del régimen,
luego del escándalo de PDVSA-CRIPTO. Aunque, desde una perspectiva
antichavista, la postura de López puede considerarse, objetivamente
sensata, ha llovido, desde la propia acera contraria al narco-régimen, una
avalancha de críticas ácidas contra López, quien, ciertamente, arrastra,
merecidamente, un alto índice de descrédito entre la opinión
pública opositora, debido a su, más que discutible, actuación como líder
opositor (especialmente durante el recién fenecido interinato); críticas
capitalizadas por voceros e influencers de la oposición más
radical, disidente de la línea oficial.
En ese contexto, en una
publicación con fecha de ayer, en su cuenta de Twitter, la activista Estefanía
Meléndez (@EstefaniaVenBg), designada embajadora por el, recién extinguido,
interinato ante Bulgaria, donde aún reside, reza lo siguiente:
“Me
sorprende ver a tantos venezolanos criticando más a @leopoldolopez por pedir
sanciones a responsables de la catástrofe en 🇻🇪 qué
al régimen por admitir corrupción y el robo de al menos 21mil millones de
dólares.
¿Qué
es esto? ¿Tan bien ha trabajado la propaganda chavista?”
(https://twitter.com/EstefaniaVenBg/status/1641132182792962075)
Aunque no critico a
Leopoldo López por su reciente perogrullada, entiendo la rabia que hay contra
él y su entorno. Acaso fue un error usar esta declaración en concreto como
pretexto para criticarlo. Pero el descontento contra toda la dirigencia opolaboradora está
más que justificado. Cleptocracia chavista aparte, lo cierto es
que López no es que tenga mucha moral para arremeter contra nadie por
corrupción, dados los señalamientos que, en ese mismo sentido, cursan contra
él, contra su partido Voluntad Popular y contra el, hasta hace poco,
“presidente interino” Juan Guaidó, salido de dicho partido; imputaciones
referentes, sobre todo, a las lamentables actuaciones de los personeros del
reciente interinato (en el que Leopoldo López tuvo una presencia hegemónica
entre bastidores).
En cuanto a la
kakistoctracia roja de Miraflores ¿Qué más podemos decir de esa pústula que
NO se haya dicho, masticado, rumiado; en programas televisivos, en
conversaciones de sobremesa, en las RR. SS; gritado en actos de calle,
expresado sin palabras en cacerolazos... ¿Qué vamos a decir, a estas
alturas, que no sea harto conocido?
¿Se supone que tenemos
que vivir repitiendo contra el régimen, una y otra vez, de modo ritual, las
mismas verdades consabidas? De hecho, eso es lo que hacen estos chavistas
al revés quienes, enarbolando la admonición ociosa de “¡El enemigo es
Maduro!”, pretenden darnos lecciones de oposición al régimen.
La verdad es que YA HARTA
tener que explicar esto una y otra vez y que aun así insistan con aquello de
“El enemigo es…” ya no Maduro o el Régimen, otras veces, peor aún, “¡El enemigo
es el gobierno!”. Es decir que, muy dentro de sí mismos, quienes critican que
se ataque a la opolaboración antes que al narco-régimen,
siguen viendo a Maduro y a su combo, no como a una bandada de hampones
que tienen secuestrada a Venezuela y de quienes no se puede esperar nada
bueno, sino como a “su gobierno”, al que hay que exigirle
cuentas.
Para esta camada de
oligofrénicos políticos, estar contra el chavismo, se petrificó en un
mantra repetido de insultos a los principales portavoces del régimen,
empezando por Nicolás Maduro, ciertamente insultos más que merecidos, pero que,
aparte de inútiles, ya deberían ser obviados.
Hace ya casi 13 años (aún
vivo Hugo Chávez), en mi artículo Del Antichavismo O Chavismo a la Inversa, al
Post-Chavismo, yo había escrito sobre esta lamentable
falla actitudinal de muchos antichavistas de a pie. Hoy, como ha sido
siempre desde 1998 (cuando Chávez solo era candidato), el chavismo inspira o
dicta la agenda de la supuesta alternativa política. Hugo Chávez desde 1998
hasta 2013 y Nicolás Maduro desde entonces, han sido los líderes al
revés de la supuesta oposición.
Así mismo, hace
aproximadamente seis años, compartí en Twitter una serie de razones por
los cuales, PARECE (solo parece) que algunos, desde al antichavismo, fuésemos
más indulgentes con el chavismo que con el liderazgo “opositor” y sus pica-quesillos.
A grosso modo y desde mi entendimiento estas eran y siguen siendo las
razones:
1.- Ya
llevamos veinticuatro años, más que criticando, adversando a este
régimen, diabólicamente perverso; ergo, y como lo señalé arriba, ya a estas
alturas, todo lo malo a señalar de ellos son Verdades de Perogrullo.
Lo más lógico es callarlas por sabidas. Muchos, en su momento,
asumimos que del lado de quienes confrontamos al chavismo éramos lo bastante
inteligentes como para no necesitar seguir lloviendo sobre el ensopado de las
infamias chavistas.
Obviamente
nos equivocamos. Tristemente, la idiotez política, en nuestro país,
viste de rojo y viste de azul. Por algo el chavismo, tras fracasar al
intentar tomar el poder por las armas, logró sin mucho esfuerzo, conquistar el
poder, y mantenerse en el mismo, a punta de votos.
2.- La
Tiranía Castro-chavista, ciertamente, sigue siendo el peor enemigo, pero un
enemigo que tenemos enfrente y cuyos golpes vemos venir, a
diferencia de las puñaladas traperas recibidas por parte de
quienes, se supone debían liderar, y conducir a los venezolanos de bien a la
derrota de la tiranía castro-chavista.
El
Foropaulismo representa a los asaltantes que se apoderaron de
nuestra casa, han saqueado nuestro patrimonio y mantienen en situación de
rehenes a nuestros paisanos que permanecen en ella (y hasta cierto punto, a los
que nos fuimos). La dirigencia opositora representa a las supuestas
fuerzas policiales en las que, inicialmente, se confía para rescatar a
la población cautiva y aprender o eliminar a los delincuentes rojos y, sin
embargo, una y otra vez, fracasan, a partir de disparates absurdos, operaciones
cuyo mal resultado estaba anunciado... y, lo que es peor, no pocas veces vemos
a estas supuestas fuerzas policiales entenderse con los delincuentes a quienes
debían combatir.
Luego,
en sentido lógico ¿Quiénes arrastran, moralmente, un mayor grado de
reprochabilidad? ¿A quiénes deberíamos prestar mayor atención?
3.- Tenemos
todas las razones para considerar como una guerra silenciosa,
sin armas de parte de la Venezuela antichavista, la lucha sostenida contra el
chavismo (más por voluntad de ellos que de la propia población en resistencia),
guerra irregular y con largos interregnos de tregua, pero guerra, al fin y al
cabo.
En
una guerra, si una nación sufre un revés ante el enemigo, lo lógico es que sus
ciudadanos, antes que lanzarse contra los comandantes del ejército contrario,
que, en definitiva, hicieron lo que les correspondía, tratar de vencer a su
enemigo, exijan cuentas a quienes, se supone, constituyen su gobierno y
sus generales, en relación a negligencias, imprudencias, impericias,
infidencias (o investigar posibles traiciones) que permitieron ese revés.
En
esta Guerra El Régimen Castro-Chavista, peón del Foro de Sao Paulo y en alianza
con intereses trasnacionales nocivos a la venezolanidad, es el enemigo, son
la otredad. La dirigencia opositora (Llámese Coordinadora Democrática, MUD,
el Interinato, etc.) se suponía, debía ser lo más cercano, o menos
lejano, a un gobierno propio o “nuestros directores de la guerra” …
obviamente nunca han estado a la altura de las circunstancias. No han sabido, o
querido ser, un gobierno en ciernes o un gobierno en las sombras (hasta donde
fuera factible) o, tan siquiera, un gobierno in partibus. Más
allá de las limitaciones que, ciertamente habrían tenido, no hay señales de que
se lo hayan planteado, ni aún dentro de lo que podían intentar (Por Ejemplo;
durante el Interinato, influir directamente en la diáspora, especialmente los
radicados en países que lo reconocían). Hoy entendemos muchos que, no es que no
fuesen capaces, es que no les convenía algo así.
4.- Mayoritariamente,
los que siguen los dictámenes de la dirigencia opoficticia, suelen rasgarse
las vestiduras en nombre de la tan cacareada “democracia”; pues bien, si se
trata de una pretendida democracia, es la ciudadanía la que debe tomar la
batuta, exigir resultados a sus gobernantes o líderes y, en
situación de confrontación, pedirles cuentas de sus fracasos ante el enemigo
(el chavismo), a quien sería ilógico reclamarle. Lo contrario a una verdadera
democracia sería lo que hacen las beatas de la oposición prestablecida,
defenderlos como si fueran gurús, justificar sus desaciertos o, peor,
obliterarlos en un “¡El enemigo es Maduro!”.
Por su parte ¿Qué
demuestran quienes, catalépticamente, insisten en aferrarse
patéticamente a liderazgos, narrativas y agendas, repetidas alternadamente y
cuyo fracaso endémico se ha demostrado, una y otra vez, en un sempiterno y
trágico bucle? y, especialmente ¿Qué proyectan quienes acusan a la
disidencia antichavista de infiltrados por no criticar lo suficiente al
chavismo (después de 24 años del mismo guion)?
Veamos algunas posibles
respuestas:
Como
en la película zombi-apocalíptica “Tierra de Los Muertos”, de George Romero
(2005), los falsarios Paul Kaufman (1)
de
la dirigencia “opositora”, juegan a aplicar la Tesis de la
Fortaleza Sitiada (aprendieron muy bien de la tiranía roja), en un
intento de mantenerlos sumisos, a partir de la eterna invocación ritualística
de un enemigo externo (el chavismo) con quinta-columnistas a lo interno
(opositores disidentes que cargan con el sambenito de agentes del G2). Pero, a
diferencia de la película de Romero, en este caso; los Kaufman suelen
entenderse, por debajo de la mesa, con los Big Daddys (2) del
Foro de Sao Paulo, siniestros y calculadores (a diferencia del personaje de Eugene Clark) y, por otra parte, los beatos de
la opoficción también suelen ser zombis de la desesperación; a
los que, fácilmente distraen con luces de colores en el cielo (fuegos
artificiales).
Como
lo comenté en mi artículo de 2017, País Surrealista y Disonante, su,
ya mencionada, desesperación, los hace vivir en una eterna Disonancia
Cognitiva; aferrados a las luces multicolores del recuerdo de una
normalidad adeco-copeyana, corrompida pero que, “mal que bien funcionaba” y
atrapados en la ilusión de su pronta restauración (pero sin la corrupción y el
clientelismo de entonces, no faltaba máaas), por obra y gracia de
una fiesta electoral... Poco importa que estas pantomimas electoreras tengan
lugar en medio de unas instituciones, rojas rojitas, amañadas y un software
programado para hacer ganar al régimen... no, eso no importa, “esta vez sí se
va a poder, porque somos chéveres”. Necesitan aferrarse a
los Paul Kaufman o, más bien, a los Jim Jones, del alacranato opoficticio,
electorero, rumbero y farandulero; edificado sobre el Pittsburgh post
apocalíptico (dixit la mencionada película de George Romero) de la
distopía chavista.
Necesitan
regodearse y reafirmarse en su victimismo pobrecitista. En muchos
de ellos pesa, lamentablemente esa mala impronta de mártir; impregnada desde
nuestra cultura cristiana, reforzada por nuestro devenir histórico y recalcada
culturalmente en miles de melodramas cinematográficos (cine mexicano) y
televisivos (Delia Fiallo). Arrastramos en nuestra psique colectiva esa malsana
semblanza de villanos contra sufridas. De ahí la
actitud de muchos antichavistas poco críticos de eternas Mamá Dolores;
ponderando, detallando, rumiando y hasta relamiéndose masoquistamente en
la, innegable pero redundante, maldad chavista... Necesitan resaltar, de manera
auto flagelante, al villano rojo, para así poder sentirse personajes de
Libertad Lamarque o de Carmen Julia Álvarez.
Para
los beatos mudero-electoreros, desgañitarse gritando “¡Maduro Coño
E’ Tu Madre!” es la única forma de “validar” el estar en
contra del narco-régimen. Pero como reza el refrán “Dime de lo que presumes y
te diré de lo que careces”, uno se pregunta si esa insultadera, ritualmente
estéril, al chavismo y ese tildar de chavistas camuflados a los
opositores radicales no será una forma de proyectar (o
defenderse de) el chavismo subyacente en su sombra junguiana.
En
su eterno y negacionista, mirarse al ombligo, necesitan
despojarse de toda responsabilidad en la debacle chavista por pequeña
que sea; por acción, omisión u oposición. El régimen, concretamente Maduro,
sirve, no de chivo expiatorio, pero sí, dada su putrefacción, como un
excelente basurero en el cual verter la basura o basurita propia.
Les sucede como a ciertos neo sifrinos que necesitan denostar
día y noche contra todo lo que tenga que ver con las barriadas (“¡tierrúos,
marginales, niches!”) para así mantener a raya, ante sí mismos, el recuerdo
del Caricuao del que salieron.
Por
otra parte, para estos Maduro-hater, tanto el denostar
al Tetón, y en general, a la plaga roja, hasta para hacer
bien la digestión (como escuché decir en los inicios de la era
chavista), como el exaltar al “líder” opoficticio de moda; en
el fondo es una forma de evadir mayores responsabilidades para
con la nación; no tener que pasar a un más allá de las sempiternas comparsas
electoreras, y de los programados; plantones, marchas, cacerolazos, eventuales
disturbios (que en la mayoría de los casos se salen del libreto
programado).
Su
simplismo político, tozudo, jactancioso y cimarrón, no les permite entender que
su permanente expresión de inquina contra el chavismo (no solo contra Maduro),
ciertamente es comprensible, no seré yo quien les niegue razón, pero no solo es
inútil y ociosamente repetitiva; es contraproducente. Vivir día y
noche destilando odio contra los personeros del narco-régimen, aparte de
mantenernos entretenidos, nos convertiría, de una u otra manera, en sus
esclavos emocionales.
Mitológicamente
hablando, los vampiros solo pueden entrar en las casas donde previamente son
invitados de forma voluntaria. Aunque crean que es lo contrario, ese
aborrecimiento supurante es una permanente invitación, voluntaria, al
vampiro chavista a entrar en la casa de nuestra psique.
Su
(in)cultura política no les da para entender que, a estas alturas, debería
estar más que claro que, muchas de las barrabasadas que dicen y hacen los
gestores del chavismo son deliberadas. Persiguen, precisamente,
generar ese tipo de reacciones en la población. Es una de las tantas formas
alternas (sin uso de la fuerza o la intimidación) de ejercer dominio sobre la
población, a partir de la ira paralizante o de la desmoralización. Hacerse eco
de esas barbaridades, así sea para criticarlas es hacerles una publicidad
indebida y contribuir a fortalecer la, ya mencionada, sumisión
emocional (por aversión) que, desde los tiempos de Chávez, se ha
ejercido, consentidamente, sobre la Venezuela que se les “opone”.
No pueden
entender lo absurdo de dar batalla a un enemigo externo con un
ejército minado de contradicciones en nombre de la “pluralidad”, perennemente
infestado de traidores o infidentes, prestos a la desmoralización, pasto
de los sembradores de cenizas. Tal y como lo traté a fines del año pasado,
en mi artículo “¡Que Crezca El Pilón!”, está más
que demostrado lo ineficaz de una pretendida o real superioridad numérica si
esta encubre una absoluta debilidad orgánica. Una vez más, Maduro se
convertiría en nuestro líder al revés, al convertirse en el aglutinador por
oposición.
Se
requiere una depuración interna y una reestructuración del universo
antichavista; desde las bases hacia el techo, desde adentro hacia afuera.
Depurar la casa internamente antes de ir contra el enemigo externo. El aferrase
a una permanente casa empezada desde el tejado habla de nuestra incapacidad
para comprendernos como nación, mejor dicho, cómo funciona una nación o en
general un conglomerado social sólido.
Es triste comprobar cómo,
veinticuatro años después, muchos venezolanos a quienes deberíamos ver como
copartidarios, políticamente, no solo hacen gala del más absoluto
analfabetismo, sino también de un criterio de “comprensión”
anquilosado, fosilizado en torno al chavismo, emocionalmente dependiente de
estos. Es, simplemente deprimente, constatar su incapacidad, arrogante y
cazurra por demás, para entender que para algunos (cada vez más), en la acera
de enfrente al chavismo, el infinito DESPRECIO (que no odio) que nos genera la
narco-tiranía es algo ya asimilado, ya sobreentendido; es un
régimen del que nos hemos acostumbrado a no esperar nada bueno y, por ende, es
lógico que nuestro foco se concentre en aquellos de quienes, se supone, se
deberían esperar, no solo resultados óptimos sino, tan siquiera, un accionar
coherente, leal, sensato y cónsono con la realidad que nos circunda y con su
supuesta condición de liderazgo opositor.
Si no pueden entender
algo tan básico ¿Qué se puede esperar políticamente de quienes así
piensan? Lo más lamentable es que, en muchos casos, se trata de gente
de elevado nivel académico-profesional, probablemente, muy competentes y
avezados en aquello en lo que se graduaron.
A Modo de Conclusión
El Chavismo es un
egrégor de nuestro lado oscuro, de nuestra sombra junguiana, de nuestros
complejos, resentimientos, miedos; es nuestro Mr. Hyde. Quizá la razón por la
que no hemos salido de él es precisamente porque no hemos aprendido a superarlo
de verdad y esto se logra asimilándolo, dando por sobreentendidos
elementos clave de su ser, como su demencial vileza. La mejor forma de
lograrlo es tender una mirada más allá de la dicotomía chavismo-antichavismo,
una mirada post chavista, eso solo se logra con una visión nacional
elevada, que transcienda la pequeñez kakistocrática del chavismo y no que
se le enrede, desde el victimismo, en sus garras.
El constante denigrar auto intoxica (principio del resentimiento, según Max Scheler), es como un escorpión que, en vez de picar al otro se pica a sí mismo. El odio nos inferioriza respecto a lo odiado y nos hace emocionalmente dependientes de esto. El desprecio ubica en una posición superior a lo despreciado. Debemos superar al chavismo y eso significa, dejar de distraernos con las luces de colores estridentes o los trapos rojos con que el régimen nos mantiene permanentemente enervados y, antes bien, esforzarnos en superarnos a nosotros mismos, en lo educacional, en lo cultural, en lo actitudinal y, muy especialmente, en lo referente a nuestra formación política.
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(1) En
la mencionada película de George Romero, Paul Kaufman (interpretado por Dennis
Hopper) gobernaba despiadadamente una sociedad feudal, asentada en Pittsburgh,
convertida en refugio de uno de los pocos enclaves humanos sobrevivientes al
apocalipsis zombi; sociedad en la que Kaufman junto a un pequeño grupo de ricos
y poderosos vivían en un lujoso rascacielos-fortaleza, mientras que el resto de
la población subsistía en la miseria.
(2) En
“Tierra de Los Muertos” Big Daddy (interpretado por Eugene Clark), lidera
a una nueva generación de zombis, cada vez más evolucionados, inteligentes y conscientes
de su fortaleza numérica.








