miércoles, 31 de octubre de 2012

Cómo Suele Entenderse La Democracia

COMO SUELE ENTENDERSE LA DEMOCRACIA

Por Alexander Delgado C.

31 de Octubre de 2012



La Democracia parece ser intrínsecamente el gobierno de las mayorías. Idealmente, piadosamente o ilusoriamente suele agregarse que es el gobierno de las mayorías con respeto por las minorías. Pero este tierno y conmovedor añadido, agregado posteriormente como para enmendar la costura, suele ser muy relativo en la práctica. 

Efectivamente, la Democracia es, por excelencia, la expresión política de la cultura de masas o, más claramente, de una cultura que se empeña en ver a la sociedad como una masa amorfamente uniforme, donde los seres humanos solemos ser productos en serie y, como una vez escuché decir a Facundo Cabral, solo valemos… un voto.

No solo para los gobiernos de tendencia totalitaria, salidos de una fragua democrática, como es el caso del gobierno de Venezuela, sino que, con alguna excepción honrosa (no se me ocurre cual), esta también parece ser la norma para los grandes medios noticiosos, tipo CNN.

En las recientes elecciones presidenciales venezolanas, la candidatura opositora de Henrique Capriles Radonski (y con ella sus adherentes), parecía ser el fenómeno electoral; al menos, había despertado una cierta “curiosidad mediática” a nivel internacional. Después de los “controversiales” resultados electorales del pasado 7 de octubre, la Venezuela que resiste al régimen chavista pasó a ser la paria internacional que siempre ha sido, de cara al establishment, se entiende.

Para la Venezuela opositora, a la larga, de muy poco sirvió el gran esfuerzo, la demostración de cohesión, patriotismo, sentido de pertenencia y entrega de quienes, con razón o sin ella, se movilizaron a votar por la opción opositora, valga lo que valga su, hasta hace poco, candidato. Tampoco significó gran cosa al día siguiente, el hecho de haber contado el candidato Capriles con el mayor número de votos, hasta ahora, reconocidos por el CNE para una candidatura presidencial antichavista. No tuvieron la mayoría y es lo que cuenta para el establishment mediático internacional.

Nada raro lo anterior, teniendo en cuenta que, como aparato de información y entretenimiento de la sociedad de masas, los grandes medios de comunicación son una industria para la que, en su cara televisiva, solo cuenta lo que tiene rating, y por cierto esto último, en la mayoría de los casos, suele ser programación bazofia.

Todo lo anterior desnuda el aspecto más cuestionable de la democracia como la más conspicua manifestación política de la Sociedad Industrial (de la que Venezuela forma parte, aunque no pase de ser un siervo de la gleba).

En muchos ámbitos de la vida se nos enseña que, por encima de la cantidad, debe importar la calidad. Pero para la democracia la cantidad pesa más que la calidad

Esta lamentable característica del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, se ilustra en los mencionados comicios electorales venezolanos, donde una supuesta mayoría numérica ratificó en la presidencia a un, gravemente enfermo, Hugo Chávez, que no oculta adonde pretende llevar a Venezuela (y si puede a toda Iberoamérica); un personaje que, con el mayor descaro, admitió su desastre de gobierno (restándole importancia) tras trece años en el poder; no obstante contar con recursos de toda índole como no había contado en Venezuela gobierno anterior alguno. Pero eso no importa, lo que cuenta es que obtuvo la mayoría (de nuevo, supuestamente).

Bien decía el filósofo, suizo Henri-Frédéric Amiel (1821–1881)

La democracia descansa sobre esta ficción legal por la cual la mayoría no sólo dispone de la fuerza sino también de la razón, que posee al mismo tiempo sabiduría y derecho”.

La siguiente situación ficticia, evidente e intencionalmente exagerada, puede darnos un ejemplo de cómo funciona o al menos como suele entenderse e imponerse la democracia en países como el nuestro; tanto a nivel de los propios gobiernos, como a nivel de organismos multinacionales como la OEA, la UNASUR o la misma ONU y con el lubricante mediático de canales como CNN o FOX. 

Andrés Rengifo (el primer nombre que se me vino a la mente) un hombre casado, serio, responsable, enamorado de su esposa y padre de sus hijos. Toda la vida le han gustado, únicamente, las mujeres, ni borracho ni drogado se habría fijado en otro hombre.  

 

Premisa Mayor: 6,7 millones de personas reconocen y ratifican a Andrés Rengifo su heterosexualidad innata. 

Premisa Menor: 8,2 millones de personas (la mayoría) dictaminan que Andrés Rengifo es gay. 

 

Conclusión: Andrés Rengifo deberá, como decía una conocida canción de Willie Colón, cambiar su forma de caminar, usar falda, lápiz labial y un carterón. De poco sirve su heterosexualidad innata, deberá escoger un nuevo nombre; PetraWendiPeggy, etc… 

La mayoría, es decir el pueblo, el único y verdadero pueblo, habló Vox Populi Vox Dei.

 Así es la democracia, mejor dicho, así suele entenderse.


NOTA: Antes de que se me sindique de homofóbico o desdeñoso de los gays, señalo que el ejemplo anterior es igualmente válido y aplica de la misma forma con un Andrés Rengifo, homosexual convencido y declarado, al que se le impusiese, por mayoría democrática, pautas heterosexuales.

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