miércoles, 6 de diciembre de 2017

Las Elecciones De 1998 ¿Culpable La Abstención?

LAS ELECCIONES DE 1998 ¿CULPABLE LA ABSTENCIÓN? 

Por Alexander Delgado C.

06 de Diciembre de 2017



Tal día como hoy, hace 19 años, la hecatombe chavista llegó por la vía del voto; lo que Hugo Chávez no había podido lograr por las armas, seis años antes, lo lograba ahora, más contundentemente, a través de las urnas electorales. Uno de los SIMPLISMOS más comúnmente repetidos es culpar a la abstención de la victoria chavista en aquellas elecciones. 

Este argumento vacío ha sido uno de los más usados recientemente por los partidarios del voto, contra el abstencionismo, tanto en las elecciones regionales del pasado 15 de octubre como de cara a las elecciones municipales a realizarse el próximo domingo. Semejante SOFISMA, solo puede sostenerse en la Venezuela actual; ya que, si bien es cierto que, como país, en lo político nos hemos caracterizado mayoritariamente por una excesiva emotividad panfletaria y farandulera, con una fuerte propensión a los lugares comunes; no es menos cierto que estos rasgos han alcanzado cotas de verdadera neurosis negacionista en estos aciagos momentos. 

El CÁLCULO SIMPLISTA nos dice que, si tomamos como referente el total de electores inscritos para entonces y no el total de votos escrutados (un 63% del total de inscritos); efectivamente, el 6 de diciembre de 1998, con un 36,55 % de abstención, el hoy fallecido Hugo Chávez Frías obtuvo una votación del 33,35 % frente a un 23, 72 % de votos que obtuvo su, por entonces, principal contendor electoral, Henrique Salas Römer. Y ciertamente si el 36,55% de abstencionistas se le sumara al 23,72% de votos a favor de Salas Römer, habría resultado en un 60,27 %, casi duplicando la votación obtenida por Chávez Frías...  

Hasta ahí, el cálculo de los sofistas es correcto.  

La NECEDAD estriba en suponer retrospectivamente que el 06/12/1998 todos, o la mayoría de los abstencionistas (más de 4 Millones), de haber votado, lo hubieran hecho por Salas Römer (valga decir contra Chávez). 

Precisamente una de las características del abstencionismo es, en líneas generales, la incertidumbre ucrónica acerca de hacia cuál candidato habría ido su voto de haberse decidido a participar; incertidumbre que aumenta a medida que es mayor el porcentaje de abstenidos. En principio, lo único que expresa la abstención es desgano por parte de los electores o falta de credibilidad hacia las opciones políticas existentes; o sea que al que se abstiene ninguna candidatura lo motiva lo suficiente para trasladarse a votar en su favor ni le repele lo bastante para movilizarse a votar en su contra. Algo similar ocurre con los que votan nulo y, en menor grado, con los que votan por terceras candidaturas, sin opción de ganar. 

Por eso muchas veces, a la hora de especular, lo menos imprudente sería suponerle a la abstención una proporción de intención de voto similar a la expresada por los que participaron. Lo anterior aplica de lleno para todos los procesos electorales venezolanos, por lo menos entre 1988 y 2000. 

Cosa muy distinta es cuando uno o varios de los actores principales (o potenciales) del juego electoral del momento se retira de la contienda y llama a sus partidarios a abstenerse (buscando deslegitimar dichos procesos), en señal de protesta contra determinada situación relacionada con el proceso eleccionario. Fue lo que ocurrió en Venezuela en las elecciones parlamentarias de 2005; los principales dirigentes opositores, tras retirarse de la contienda poco antes de los comicios, llamaron improvisadamente a la abstención, argumentando la poca fiabilidad del árbitro electoral; determinando la elección de la AN de ese entonces con un 75% de abstención. Con esto convirtieron el abstenerse en un punto de honor para la oposición y, por reacción, el participar en punto de honor para los chavistas. 

Pero incluso en esas elecciones sería una prepotencia atribuir ese 75% de ausentismo electoral exclusivamente a la oposición. Aunque minoritaria, también hubo abstención de oficialistas que, sintiéndose vencedores a priori, juzgaron displicentemente innecesario movilizarse a votar en unas elecciones que no involucraban directamente la figura del presidente. Lo que sí es cierto es que la abrumadora abstención lograda en 2005 era altamente capitalizable por la dirigencia opositora, deslegitimando, no solo la elección y a la AN, sino al propio régimen chavista. Que los dirigentes opositores de entonces (esencialmente los mismos de ahora) le tuvieran miedo al cuero después de matar al tigre, es otro tema. Era desde una perspectiva similar a la de 2005, desde la que se procuraba lograr una alta abstención, deslegitimadora del régimen y de la ANC, en las elecciones para gobernadores del pasado 15 de octubre. 

En el caso de las controversiales elecciones de 1998, muchas veces se cae en el típico error de ponderar los hechos históricos desde la perspectiva actual, sin hacer el menor esfuerzo de contextualizarse en el momento en cuestión. Adicionalmente a esto y a la ya mencionada tendencia a los simplismos y clichés, hay que añadir la ignorancia e indiferencia, frívola, desdeñosa y jaquetona, con que en Venezuela se suele asumir la historia propia, incluso la más contemporánea. 

Si nos tomamos la molestia de ubicarnos en contexto, tendríamos en cuenta que, para 1998, el llamado sistema puntofijista lucía desgastado, con una credibilidad cada vez menor; los cada vez más altos índices de abstención electoral eran una señal inequívoca (casi 40% de abstención en las elecciones presidenciales de 1993), incluso había cierta añoranza hacia gobernantes de mano dura, reflejada o parodiada en la TV (*). La decadencia del sistema, su errónea y confiada auto-percepción de solidez e inmutabilidad, así como su nulo sentido autocrítico, se reflejaron con nitidez en la decisión de las directivas de AD y COPEI de presentar como candidatos, respectivamente, a un anciano semi-analfabeta sin siquiera carisma popular (Luis Alfaro Ucero) y a una ex reina de belleza (Irene Sáez) cuya única experiencia política había sido al frente del municipio capitalino más pequeño, Chacao; de poco más de 50.000 habitantes mayoritariamente de clase media alta; por ende, muy fácil de gerenciar. 


A ese circo electorero vino a sumarse la candidatura del ex golpista frustrado (y sobreseído judicialmente) Hugo Rafael Chávez Frías, con una coalición de partidos políticos, mayoritariamente de izquierda, encabezada por el MVR (Movimiento Quinta República), hoy fundido en el PSUV y con un programa político a partir de una promesa de convocatoria constituyente. Por entonces Chávez se vendía oficialmente como bolivariano y de Tercera Vía (no sería sino hasta el 2005 en que se proclamaría abiertamente socialista), explotando un discurso radicalmente anti-puntofijista, populista extremo, de reivindicador/vengador de las clases desposeídas. Desde su excarcelación en 1994, Chávez, visto de manera superficial, parecía sumirse cada vez más en el olvido, bajo perfil que el ex-sedicioso aprovechó para hacer campaña política a nivel de barriadas populares. 

Lo que no se esperaban las clases dirigentes de entonces, así como la opinión pública adversa al populismo de izquierdas, arrogantemente confiadas; era que el pintoresco y folclórico ex golpista, que en 1995 era pro abstención, que hasta 1997 seguía confiando en la opción insurreccional, y que en los sondeos de intención de voto de ese mismo año figuraba en los últimos lugares, se pudiera convertir en tan poco tiempo en un verdadero fenómeno electoral. 

Pero el desgano y escepticismo generalizado, acumulado de años, pasaron factura a la hora de ponderar el peligro que representaba la candidatura de Chávez para Venezuela (e indirectamente para Iberoamérica). De ahí que el progresivo ascenso del ex oficial felón en las encuestas, y especialmente su arraigo en los sectores más populares, con su retórica ñángara y freidora de cabezas, solo generara alarma en los sectores más recalcitrantes de la clase media alta y en algunos elementos más moderados o más prevenidos de las clases populares no marginales. La doblez de buena parte del alto empresariado y de los dueños de los más grandes medios de comunicación; que no dudaron en sumarse, abierta o solapadamente, a la tanqueta electoral chavista; dieron la espoleta que faltaba para que muchos intelectuales, profesionales y personas de clase media, o bien apoyaran a Chávez, o lo miraran con simpática curiosidad, o, al menos, le dieran el beneficio de la duda. Total, la historia de Venezuela siempre había estado plagada de radicales, tirapiedrascomecandelas, demagogos, populistas, revolucionarios y golpistas (fracasados o exitosos en tomar el poder), los cuales, una vez en el poder (y a veces sin haberlo alcanzado) se domesticaban. 

¿Qué es una raya más pa' un tigre...?”, se habrá preguntado más de uno en aquel 1998. 

Solo el avance de la candidatura del ex gobernador de Carabobo, Henrique Salas Römer que, con su partido Proyecto Venezuela, a mediados del 98, logró posicionarse en el segundo lugar en las encuestas; ofreció, a los ojos de muchos, cierta posibilidad de detener el avance de Chávez. Salas Römer se apoyaba en la percepción favorable de su gestión como Gobernador, durante dos períodos, entre 1989 y 1995, sucedido por su propio hijo; proyectando, así mismo, una imagen de cambio radical matizado (y en dirección opuesta al de Chávez), anti cúpulas tradicionales (con quienes rechazaba públicamente la posibilidad de pactos “ni abiertos ni encubiertos”) y cierta imagen veladamente autoritaria (el hombre del caballo). Pero, adicionalmente a la popularidad de Chávez, Salas tenía como sombra ser percibido por las masas populares como oligárquico, por su condición de empresario y sus modales aristocratizantes, como nepotista, por haber aupado a su propio hijo como sucesor en la Gobernación de Carabobo (no obstante, el nepotismo de que también hacía gala Chávez), tampoco lo ayudaba su tendencia política de tipo neoliberal, tradicionalmente percibida como impopular. 


Tras la evidente consolidación del chavismo en los comicios regionales y parlamentarios del 8 de noviembre de ese año, las cúpulas de AD y COPEI, dieron el paso contraproducente de despedir, de manera arbitraria y demasiado tardía, a sus respectivos candidatos (a quienes nunca debieron aupar en primer lugar) y apoyar la candidatura de Salas Römer, llamando a sus militancias a votar por el carabobeño. Con esto evidenciaron aún más la decadencia del puntofijismo, logrando un efecto contrario en las bases de ambos partidos, especialmente en las de Acción Democrática, acostumbradas a una mística estatista y populista, a quienes se les llamaba a votar por un candidato percibido como neoliberal y de la llamada godarría; es decir, de las clases acomodadas; en contraste con el talante coloquial de Chávez. 

Como consecuencia se agudizó la migración de intención de votos a favor del candidato barinés, así como el desencanto y menosprecio hacia la guanábana; y la percepción (acertada o equivocada) de que el triunfo electoral de Chávez era irreversible. Esta imprudencia de las élites blanqui-verdes, a su vez, se vio complementada por la poca previsión de Salas Römer al aceptar abiertamente el apoyo de las cúpulas adeco-copeyanas (que antes había rechazado enfáticamente); con esto se generó la percepción pública de un Salas que se contradecía, pasando a ser percibido como un candidato del establecimiento, en contraste con el discurso de cambio no violento que hasta ese momento había vendido. 

Visto objetivamente, es en ese contexto en el que se llevaron a cabo las elecciones del 6 de diciembre de 1998, con los resultados bien conocidos por todos. Si, de manera evidente, el grueso de la militancia adeca de base y un sector nada despreciable de las bases copeyanas, desacatando la tradicional disciplina partidista, se plegaron a votar por un Hugo Chávez que los había amenazado, literal o metafóricamente, con freírlos en aceite ¿por quién habría votado la mayoría de los abstencionistas de haberse decidido a sufragar? 

En sí no se puede saber, pero la proporción de votos escrutados entonces nos permite intuirlo. Quizá una respuesta que entonces, como ahora, se encuentra, como cantaba Bob Dylan, soplando en el viento. 

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(*) Para mayor ilustración acerca de la nostalgia hacia gobiernos autoritarios, previa a 1998, reflejada en programas de comicidad, véanse los siguientes videos de YouTube, correspondiente a programas humorísticos, en la década de los 90s 

https://www.youtube.com/watch?v=hpG4T1eQ2mA 

https://www.youtube.com/watch?v=UZgI-HCUXMM


viernes, 13 de octubre de 2017

País Surrealista Y Disonante

PAÍS SURREALISTA Y DISONANTE

Por Alexander Delgado C.

13 de Octubre de 2017


Quienes vivieron los 80 y 90 quizá recuerden aquella famosa serie Dimensión Desconocida. Aunque esta serie, cuyo autor era el escritor y productor Rod Serling (1924-1975) tuvo su primera etapa en la década de los 60, su mayor auge en Venezuela se dio durante la emisión de la segunda etapa en la segunda mitad de década 1980 (con sus retransmisiones posteriores). 

Era común que sus capítulos plantearan situaciones surrealistas; lo normal era anormal y viceversa, mucha gente, dentro de la trama, no entendía lo que pasaba, pero había quienes, lo entendieran o no, lo asumían y trataban de encontrar soluciones en consecuencia. Sin embargo, no faltaban otros, negados a asumir la anomalía; pretendiendo actuar como si todo fuera normal o como si la surrealidad fuera algo pasajero o un mal sueño. Aferrados quijotescamente a una ilusión de normalidad. 

Bajo el chavismo, Venezuela se parece cada día más a un capítulo de la Dimensión Desconocida. En medio de la surrealidad del día a día, muchos de los MUDeros y electoreros asumen la actitud de los negados, aferrándose a un espejismo de normalidad, expresado en una dinámica de protestas pacifistas, pero sobre todo en pretendidas salidas democráticas e institucionales a la anomia chavista. 

Muchos de estos venezolanos, forjados en las urbanizaciones de clase media, son el producto de una época en la que, mal que bien, había una democracia y en la que los problemas se afrontaban esperando las próximas elecciones (aunque el siguiente gobierno resultara peor de lo mismo) en la que, mal que bien, nos podíamos acoger a unas instituciones que, mal que bien, funcionaban.

Chávez, hasta cierto punto y de manera fraudulenta y ventajista, mantuvo esa ilusión democratero-institucional-electorera, obviamente con un discurso comunistoide de impronta bovescista, resentido y malintencionadamente demagógico, así como un accionar autocrático, deliberadamente mal disimulado. Pero para la mayoría de nuestra, entonces, clase media, las cosas, de nuevo mal que bien, todavía funcionaban (el restaurancito, la playita, el whiskycito, las birritas, las rumbitas, etc.); eso sí, de manera cada vez más precaria, más corrompida, con la amenaza castro-comunista como espada de Damocles. Pero como el castro-comunismo no se terminaba de concretar categóricamente, era fácil evadirse en el “¡Noo vaale… yo no creeooo!”, aunque, muy en el fondo, “¡Síii vaale… síiii creíiiann!”. 

Ahora se ve más claro que la fachada democrática del régimen bajo Chávez no era solo para apaciguar a la llamada Comunidad Internacional sino también para ir acostumbrando a la opinión pública nacional, dosificándole el castro-comunismo. 

Todo lo anterior explica, no solo el amodorramiento que tanto se nos ha echado en cara a los venezolanos, sino que, en este momento, también explica (sin justificarla, por supuesto) la actitud negatoria de este sector de votófilos, empeñados en participar en las próximas elecciones regionales, avaladas por la espuria Asamblea Nacional Prostituyente

Es por eso por lo que, en más de una ocasión, he insistido en decir que la Venezuela de hoy sería un paraíso para un psicólogo social que quisiera estudiar, sobre el terreno, el fenómeno de la DISONANCIA COGNITIVA. Porque es esa socio-patología la que realmente aqueja a muchos venezolanos; más que el llamado Síndrome de Estocolmo con el que nos relacionan, lo que se vive en Venezuela es Disonancia Cognitiva. Desde 1999 arrastramos la disonancia de los chavistas de base que no querían (muchos aún hoy siguen sin querer) ver adonde nos estaba llevando “su ComaAndante”, eligiendo creer (aunque en el fondo intuyeran la verdad) que “al ComaAndante lo tienen engañado” o los que se empeñaban en decir que éramos nosotros los “disociados”. 

A la disonancia surrealista de los rojos rojitos, ahora también hay que agregar la disonancia de los MUDeros y electoreros. 

Efectivamente, tras el fracaso, tanto de las protestas de abril a julio (con el dolorosísimo costo en vidas) como de la consulta del pasado 16 de julio que hasta ahora no ha conducido a nada; y viendo como el régimen “eligió” e instaló su Prostituyente sin problemas; la reacción de muchos, del lado antichavista, parece ser la de reforzar su Disonancia Cognitiva. Pretenden defender el voto en las actuales circunstancias, con argumentos, a cual más patéticos, como el de una ciudadana que, en un post del pasado 2 de Septiembreen su cuenta de Twitter, hablaba de ir a votar en las elecciones del próximo domingo “…aunque sea para vivir la ilusión de lo que es una democracia” …

O repitiendo como chavistas, perdón, como loritos, los manidos argumentos de “no ceder los espacios”, no repetir el “error” de 2005 o el de, y que, “el arma de los demócratas es el voto”… Y, como si se hubieran calcado de los rojos rojitos, asegurando que los que le seguimos el juego al régimen somos los que nos oponemos al voto, no ellos. Por supuesto, en su obstinación se encuentran capitaneados por una verdadera corte de políticos rancios, sin importar su edad y por pseudo-intelectuales izquierdoso-light, entre ellos algunos Abajo Firmantes del manifiesto rastrero de 1989.

Una verdadera claque de mercachifles electoreros que estimulan la disonancia de los MUDifanes, como los Jim Jones de este nuevo suicidio colectivo. 

Y así estamos… entre la surrealidad impuesta por unos y la disonancia, como respuesta, de los otros.

Desmontando Falacias Muderas

DESMONTANDO FALACIAS MUDERAS

Por Alexander Delgado C.

Escrito Originalmente el 25 de Septiembre de 2017





En la actual coyuntura política que vivimos, muchas veces nos vemos encallejonados en disyuntivas absurdas e innecesarias, como la que, en los últimos dos meses, nos hemos visto envueltos; sobre si ir a votar o, por el contrario, abstenernos de hacerlo en las elecciones regionales del próximo 15 de octubre. 

En este avatar, los que consideramos inútil y contraproducente el ir a votar, hemos confrontado, en los últimos días, una campaña realmente agresiva por parte de los partidarios del voto. De nada han valido argumentaciones, DE LÓGICA ELEMENTAL, como que eso implica legitimar nacional e internacionalmente este régimen delincuencial, a este CNE fraudulento y, lo que es peor, a la no menos fraudulenta e inconstitucional Asamblea Nacional Prostituyente (perdón, Constituyente). De nada ha valido el argumento, ya trillado (pero no menos certero), referido a la escasa garantía que ofrece este CNE, corrompido, factótum del régimen, cuyo compromiso con el mismo está, más que demostrado desde 2003, cuestionado pública e internacionalmente y en manos de una rectora que, además de estar vencida en su plazo de estadía al frente de ese “organismo”, está sancionada internacionalmente.

No menos en vano ha sido otro argumento de peso esgrimido en contra de esas “elecciones”; que, aún en el caso de que una hipotética avalancha de votos opositores imposibilite que el CNE-Régimen pueda imponerse por fraude en muchas gobernaciones, de poco serviría. 

Como muestra, la reciente destitución e inhabilitación del alcalde del Hatillo, David Smolansky, el pasado 9 de agosto, por parte del TSJ, tras negarse a reprimir las protestas y permitir el levantamiento de barricadas o guarimbas, debiendo pasar a la clandestinidad y salir de incognito hacia tierras brasileñas hace, poco más de una semana. 

También está el recordado caso de Antonio Ledezma en las elecciones regionales de 2008, en las que obtuvo una mayoría de votos para ser el Próximo Alcalde Mayor del Distrito Metropolitano, no quedándole más remedio al CNE que proclamarlo vencedor. Pero, inmediatamente, el gobierno de Hugo Chávez procedió a un despojo sistemático de sus funciones efectivas y recursos financieros y, con la Ley del Distrito Capital de 2009, creó, como autoridad paralela, una Jefatura de Gobierno de Caracas, de libre nombramiento (a dedo) por el gobierno central, procediendo Chávez a designar para dicho cargo a la, hasta entonces, ministro de ambiente, Jacqueline Faría. Los recursos despojados a la Alcaldía Mayor fueron redirigidos a la Jefatura de Gobierno de Caracas, a quien, además, se le reasignó el control de la entonces Policía Metropolitana, así como de hospitales, ambulatorios y principales espacios públicos de la capital. Consecuencia, Ledezma terminó ganando un cascarón vacío. De nada valió la huelga de hambre llevada a cabo por él frente a la sede de la OEA, en el propio año 2009, ni su posterior reeleción, nuevamente reconocida, por el CNE. Lo único que logró Ledezma fue ser detenido hasta el día de hoy

El caso de Ledezma, hace ya nueve años y el reciente de Smolansky han sido dos de varios ejemplos, de alcaldes opositores “quitados del medio” arbitrariamente por el Régimen o vaciados de todo poder real que se transfiere a instancias paralelas, obviamente en manos de oficialistas.

A los casos anteriores de alcaldes despojados, agregemos el de la propia Asamblea Nacional, ganada en buena lid por la oposición en diciembre de 2015, pero a la que el TSJ, en una arbitraria desición, privó de los diputados por Amazonas, además de uno de los representantes indígenas; fallo inicuo que, sin embargo, fue aceptado por la directiva de la Asamblea, a comienzos del año siguiente. Desde entonces la AN, mayoritariamente opositora, ha sido constantemente torpedeada, mutilada en sus atribuciones, humillado públicamente su “presidente” por un coronelucho guapo y apoyado, agredida salvajemente, en una reproducción dantesca del 24 de Enero de 1848, el pasado 5 de julio (en el propio aniversario de la independencia) hasta finalmente, al igual que los casos de alcaldías opositoras, montarle una legislación paralela con la Asamblea Nacional Constituyente, con la que, además, debe compartir el uso del Hemiciclo. 

Otro argumento respetable, e igualmente ignorado, fue el que asomó Gustavo Azocar en su artículo, ¿Quién Gana y Quien Pierde con las Elecciones Regionales?, en el que nos dice que, aunque se ganaran todas, o la mayoría de las Gobernaciones, … los Consejos Legislativos seguirán en manos del PSUV para controlar los presupuestos regionales y cortar la cabeza al primer gobernador que se ponga cómico.

Contra este arsenal de argumentos sólidos, lógicos, los partidarios del voto solo saben responder con desplantes o con calumnias (en el mejor estilo chavista) hacia los que nos oponemos, tildándonos de tarifados del régimen, agentes del G2 cubano, etc.

Cuando argumentan, no hacen más que repetir, como fanáticos de una secta fundamentalista, argumentos vacíos, diseñados desde arriba, por las Dirigencias MUDas y apoyados por una verdadera comparsa de “intelectuales” y periodistas (muchos de ellos izquierdo-light y algunos abajo firmantes del Manifiesto de bienvenida a Fidel Castro en 1989); de escritores y personajes del medio artístico, con una innegable trayectoria, pero productos de una época, de un contexto, de una realidad sociopolítica, vencida. El más trillado y fastidioso de esos argumentos es el de no cederles espacios al régimen. Pero ya hemos visto que esos espacios pueden ser controlados por el régimen cuando a este le plazca. Solo son figuras decorativas que le sirven al régimen para hacerse ver como los demócratas que no son. Sin contar con que varios diputados opositores, electos en diciembre de 2015, abandonaron los espacios que habían asegurado para ir en pos de otros nuevos e inciertos espacios. 

El otro argumento recitado al caletre es el de No repetir el error de 2005, sin tener en cuenta que el “error” no fue abstenerse, sino el de no actuar en consecuencia a ese paso, apoyándose en el 350, en cambio recularon y se contradijeron, participando en las elecciones de 2006.

En su afán de justificar una participación electoral injustificable, han llegado al extremo de falsificar o manipular burdamente la historia (de nuevo, el estilo chavista en acción), como cuando el paleo-adeco de Henry Ramos Allup, aseveró que todas las dictaduras han salido con votos. Supongo que posteriormente se dieron cuenta de lo ofensivamente ahistórico de esa aseveración y la redujeron solamente al caso de Augusto Pinochet en Chile. El caso pinochetista es uno de los argumentos que la mayoría de los MUDifanes repite goebbelianamente. Y sí, fue efectivamente una excepción, no la regla, y como excepción requiere ser observado con más detenimiento, contextualizado en vez de citarse superficialmente como mantra. Solo un criterio ignorante, frívolo, ramplón y panfletario, mediría con la misma regla, a la dictadura, (ciertamente brutal y corrupta) de Pinochet en el Chile de los 70s y 80s y a la narco-tiranía oclocrática, anómica, delincuencial, resentida y sociópata de la Venezuela actual. 

Semejante necedad solo puede ser diseñada para (y sostenida por) ese sector de “Clase Media”, cimentado en las últimas dos décadas del puntofijismo y primeros años del chavismo, hoy cada vez más reducido y empobrecido económicamente, de ese sector formado por profesionales, que muchas veces son genuinamente talentosos en su área de estudio, pero fuera de ella, hacen gala, en el mejor de los casos, de un delgado barniz de ilustración adquirido a punta de programas de opinión (que les dicen lo que ellos quieren oír) o de documentales mal digeridos, vistos desde la cama “mientras me llega el sueño”. Un sector exquisitamente ignorante, al que personalmente he calificado como los Demo-Sifrinos, producto Smart de la Cultura de Masas, devenidos en pasto del fundamentalismo democrático, es decir, de una forma idólatra, dogmática y ritualista de asumir la democracia (en vez de estudiarla concienzudamente y sopesarla en su justa medida) 

Son muchos otros los sofismas esgrimidos por los MUDeros y sus seguidores, tanto para apoyar la participación el próximo 15 de octubre, como para descalificar a quienes llamamos a no lavarle la cara al régimen. Solo voy a refutar uno más; me parece pertinente hacerlo aquí:

La Abstención Es Promovida Por El Régimen” Este argumento va en consonancia con quienes nos acusan de agentes del G2 ¿En serio es promovida por el régimen? Así lo sostienen muchos MUDeros y votófilos y, siendo así, se supone que a nosotros debe convenirnos votar. Pero la verdad es que yo no he visto a NINGÚN ALTO VOCERO ROJO llamando a no votar. Por algo están lanzando candidatos. Lo que sí está haciendo el régimen es promover candidatos detestables en Estados con fuerte presencia opositora (como el simio Héctor Rodríguez en Miranda o el recogelatas proto-travesti de Rafael Lacava en Carabobo)… Pero lo que no entienden los NECIO-MUDeros, es que eso lo hace el régimen precisamente para asustar a los opositores e impulsarlos a votar por lo que haya de candidato bobositor, en procura de que no ganen los correspondientes engendros rojos… Y Si al Régimen le conviene que la oposición vote… por algo será. Por contrapartida lógica A NOSOTROS NOS TIENE QUE CONVENIR NO VOTAR. 

Pero claro, todo eso no importa para los votófilos, como tampoco importa que los presuntos gobernadores opositores se doblen para no quebrarse ante Miraflores o, peor aún, ante la ANC, o que, a la hora de una nueva jornada de calle o una nueva insurrección, sus policías no se pongan del lado correcto de la historia, apoyándonos, dando el ejemplo que sí dio la PM en la tarde del 11 de abril de 2002 (lo que le costó a muchos de estos valientes, pudrirse en una cárcel, olvidados o ninguneados por esos mismos dirigentes MUDos). Tampoco importa que por el contrario, sus policías den el ejemplo que dio la policía de Ocariz con la entrega del Capitán Caguaripano. Nada de eso importa para Los Demo-Sifrinos, ellos no pueden soportar la visión, ciertamente repelente, de un gobernador chavista en su entidad, especialmente si es un indeseable, necesitan tener un gobernador que se diga de oposición. Más que Mandatarios regionales, para los electoreros estos presuntos gobernadores opositores son una suerte de amuletos o lindas figuras decorativas. Cuando Maduro, Cabello o la flatulenta que preside la ANC, salgan con algún exabrupto, los Demo-Sifrinos necesitan relajar su vista, mirando, al frente de su Gobernación, a la cara bonita que ellos eligieron en nombre de la “oposición” … a alguien que es como ellos, y así poder vivir la ilusión de que la vida es bella, a pesar de los pesares.

Las Falacias y los simplismos, están y estarán a la orden del día, tanto de cara a las próximas elecciones regionales como en lo que resulte después. Si el régimen, como es lo más probable, gana la mayoría (o la totalidad) de las gobernaciones, seguramente nos echarán la culpa a los abstencionarios (así la abstención no llegue al 50% o incluso al 40%). Nos recordaran a nuestras queridas madres por cada “cara bonita” que no pudieron tener como “gobernador o alcalde opositor”. 

Como siempre, creerán lo que quieren creer, apoyarán los comodines que les proporcionen sus “líderes”. Lo asumo y a quienes han tomado la misma postura opositora de abstenerse en el presente proceso, mi invitación es a enfocarnos en la creación de un verdadero movimiento político que represente una alternativa viable y a dedicar menos tiempo, menos cabeza y menos corazón a los circos con que nos distraen, tanto los rojos como los MUDeros.

jueves, 8 de junio de 2017

Reflexiones a Partir de las Declaraciones de Evan Ellis II

MÁS ALLÁ DE INJERENCIAS Y NOMENCLATURAS HUECAS

(Reflexiones a Partir de las Declaraciones de Evan Ellis II)

Por Alexander Delgado C.

08 de Junio de 2017

Para quien se atreva a ver más allá de la cómoda alfombra de los lugares comunes, más allá de las gríngolas del fetichismo institucionalista; de lo expresado por el analista Evan Ellis en su entrevista a la DW del pasado 5 de Mayo, se debe inferir que asumir la crisis venezolana, en su dimensión real, sin formulismos, a su vez implica cuestionar conceptos y valores que, en los últimos 200 años, han sido poco menos que sagrados e incuestionables; al menos para la cultura occidental, de la que nosotros, a pesar de todo, no dejamos de formar parte. Entre estos valores están los de; Democracia, Soberanía Popular, Soberanía Nacional (con la consecuente doctrina de la no injerencia) y acaso, hasta la misma supremacía política de los Estados Nacionales. Por lo menos tendríamos que poner en entredicho la infalibilidad de esos y otros valores, independientemente de cuanto nos apeguemos a ellos, bien sea por necesidad pragmática, por rutina, por sifrinismo, porque “es lo que hay”, o por no quedar en una suerte de vacío referencial.

Debemos insistir en lo vacuos e inoperantes en que, por anquilosados, estos preceptos se han vuelto, al menos por lo que toca a la situación venezolana.

Un ejemplo de esto es la concepción de Democracia y Soberanía Popular; en Venezuela el chavismo accedió al gobierno y se legitimó, una y otra vez, a través de la vía institucionalmente democrática por antonomasia, la vía del voto; no olvidemos que, desde 1998, todos los diversos resultados electorales favorables al chavismo han sido categóricamente aceptados por sus principales contendores. Por su parte en varias circunstancias, como el referéndum del 2007 y las elecciones parlamentarias de 2015, el régimen aceptó, oficialmente, resultados adversos… oficialmente, insisto. Sabemos cuánto ha habido por parte del régimen, en los hechos reales, de fraude, de avasallamiento, de torcedura de pescuezo a lo institucional-democrático, y de pateo al tablero institucionalista; pero lo oficial es lo oficial y eso es lo que cuenta para los burócratas formulistas internacionales de la OEA o la ONU.

El rígido criterio “opositor” de apegarse, como talismanes políticos, a institucionalismos vaciados o prostituidos, es lo que los lleva a seguir aferrados al fetiche electoral, aún después de que el régimen les devolvió perversamente la bola electorera con su inconstitucional propuesta constituyente. Criterio, políticamente correcto pero reñido con la realidad, que no solo es pautado por las dirigencias supuestamente opositoras, sino también avalado por un sector nada despreciable de la población, especialmente de la clase media, que se muestra reacio a apartarse de ese fetiche institucionalero.  

El otro esquema de valores que la angustiante situación venezolana debería llevar al banquillo de los acusados, se refiere a la concepción, no solo de Soberanía Nacional, sino la propia idea de Estado Nación y esta a su vez centrada en sus gobiernos legítimos, como expresión de los pueblos ante el concierto internacional. Ojo, no me refiero a cuestionar la vigencia del Estado Nación, pero sí su exclusividad e infalibilidad a la hora de calibrar al enemigo (o enemigos) que tenemos enfrente.

Instancias internacionales como la ONU, OTAN, OEA, etc., constituidas oficialmente, no lo olvidemos, como ligas de Estados Nacionales, obviamente están preparadas para actuar y tienen una visión clara cuando la soberanía de una nación es vulnerada o pisoteada militarmente, de manera categórica y a bandera desplegada, por otro Estado Nacional constituido. Un ejemplo típico sería la invasión por parte de Iraq a Kuwait el 2 de agosto de 1990 y la permanencia de tropas iraquíes en territorio kuwaití en lo que lo que restó del año 90 y primeros meses del 91. Ahí estaríamos en presencia de una ocupación, en realidad más militar que política, abierta, inequívoca, estridente y con una fecha clara de inicio. El diagnóstico del problema y su consecuente respuesta fueron, digamos, relativamente fáciles. 

Pero, como podemos apreciar a partir de las palabras de Evan Ellis, la psico-rígida miopía formulista de los organismos internacionales los lleva a un desconcierto paralizante ante situaciones, no tan explicitascomo la innegable presencia en Venezuela, subyugante y depredadora, del castro-comunismo, operado desde La Habana, articulado en el Foro de Sao Paulo y apoyado por mercenarios y esbirros, entre los que se cuentan muchos que no solo no son venezolanos, sino incluso, no latinoamericanos.

No importa cuántos indicios claros y reveladores existan, cada vez menos disimulados, de la sumisión del régimen venezolano al régimen Castro-Comunista y sus adláteres. No pesa para las burocracias internacionales que en los últimos días se haya descubierto portando uniformes de la GNB y la PNB, a infiltrados de origen extranjero (incluidos documentos de identidad de sus países de origen), ni que existan testimonios, por parte de detenidos en las recientes protestas, de haber sido torturados por supuestos policías o guardias que ni siquiera hablaban español.

Al formulismo de la OEA, ONU, UNASUR, ETC., esta realidad no les resulta tan clara cuando la penetración foro-paulista en Venezuela no tiene fecha precisa de inicio, cuando no está signada por un hecho de fuerza concreto e inequívoco y cuando esta se ha dado desde adentro, de forma más o menos encubierta, dosificadamente y, lo que es más importante, de la mano de un gobierno nacional que, oficialmente, a los ojos del mundo, fue electo y reelecto con el respaldo mayoritario de la población… oficialmente, insisto, y ese es el referente para esas instancias, lo oficial, lo categórico

Por otra parte, una mirada a fondo nos obligaría a constatar que la actual tragedia venezolana pone en entredicho el tema de la política internacional expresada en nomenclatura de Naciones Estado, al plantearnos un hecho que muchos no suelen calibrar en su justa medida. Comúnmente hablamos desde el lado antichavista de “independizarnos de Cuba” ¿Pero hasta qué punto es la nación cubana y su pueblo, quienes tienen ocupada a Venezuela? Hablando fuera de las gríngolas del Estado Nación, Cuba también incluiría a la numerosísima comunidad cubana en el exilio, repartida por todo el mundo (aunque su asiento más emblemático esté en Florida), y por otra parte, entre los mercenarios extranjeros y personajes depredadores que participan del saqueo y opresión a Venezuela, se puede apreciar que también los hay de nacionalidades distintas a la cubana. 

Más exacto sería decir que Venezuela ha sido ocupada desde adentro y padece la opresión y el saqueo por parte de una suerte de transnacional política de “Izquierdas”, expresada en el Foro de Sao Pauloen complicidad con el Narcotráfico, en alianza con movimientos fundamentalistas islámicos y con el aval de una Gouche Divine Internacional (Dixit Ignacio Ramonet, Oliver Stone, el fallecido José Saramago, etc.). Más apropiado sería señalar que Venezuela, su territorio y su población están siendo depredadas por una cofradía internacional, renegada y antioccidental, cuyos principales operadores políticos, efectivamente, están asentados en La Habana. Pero no es menos cierto que en este entramado depredador, la nación cubana (que no es lo mismo que el Estado castro comunista) y su esclavizado pueblo, no son más que una suerte de instrumento (como también lo es el propio pueblo venezolano). 

Hablando en metáfora médica, Cuba y ahora también Venezuela, son los principales huéspedes o portadores de un virus llamado Foro de Sao Paulo, Izquierda, Progresía, Socialismo; pero no son el virus en sí mismo. 

Estoy claro en que lo anterior puede constituir un verdadero escollo de comprensión para muchos de nosotros. En nuestra ignorancia exquisita, bombardeados por los mass media, educados en la cultura política de los últimos dos siglos, y quizá espoleados por la narrativa de nuestra propia historia; nos es más fácil decir “somos colonia cubana” que decir “somos presa del Foro de Sao Paulo”. Esto, insisto, se debe a nuestros criterios contemporáneos de comprensión política, basados en la Nación-Estado como expresión, casi que unidad de medida, de lo político-internacional. Por eso los opositores al castro-chavismo en Venezuela quemamos banderas cubanas, mientras que en Bolivia los opositores a Evo Morales llegaron a quemar banderas venezolanas; lo correcto era que los anticastristas, lo mismo en Bolivia que en Venezuela (y si fuera el caso, en la misma Cuba) quemáramos la bandera del Foro de Sao Paulo o del 26 de Julio o tan siquiera una efigie de Fidel Castro o el Che Guevara. Peor aún, lo más probable es que, al momento de escribir estas líneas, la mayoría de los iberoamericanos que padecen al foropaulismo no sepan identificar la bandera del Foro de Sao Paulo. 

Por eso también es que, cuando, finalmente, constatamos que, en los hechos, el Estado Venezolano fue secuestrado, se pervirtió, se convirtió en un enemigo o simplemente, dejó de ser un Estado Venezolano, nuestra esperanza, quizá placeba, es que venga en nuestro socorro otro Estado que percibimos como “amigo” o como enemigo de nuestro enemigo. En nuestro caso, obviamente ese añorado “estado salvador” no sería otro que los EE.UU. 

En el fondo siempre las mismas inoperantes nomenclaturas de la institucionalidad preestablecida.  

Olvidamos que los Estados, como estructuras jurídicas de una determinada comunidad, son una emanación de esos conglomerados humanos, los cuales tienen el poder inmanente, más allá de constituciones o leyes existentes, de deslegitimar a un Estado que se volvió espurio y, si fuera el caso, generar un nuevo Estado. 

Y ese quizá sea el paso que debemos atrevernos a dar; tener la visión para prefigurar un nuevo Estado Venezolano y unas nuevas instituciones (incluida una nueva FF.AA) y luego la audacia para constituirlos. Un Estado inicialmente en insurgencia regeneradora contra el orden forajido que desde hace dieciocho años sustituyó al otrora Estado Venezolano. 

Así mismo, tanto o más que esperar el apoyo por parte de otro Estado o un conjunto de Estados foráneos (incluida la posible intervención militar de los mismos), acaso debemos, simultáneamente, plantearnos hasta qué punto podríamos y deberíamos procurar la comprensión, apoyo y solidaridad de, al menos un sector de la población de esos países, un apoyo expresado a través de canales no institucionales que, en casos extremos, pueda traducirse en la posible presencia, como voluntarios, de ex-militares de esos países, reencauchados mercenariamente en un, no menos hipotético, ejército insurgente; asumiendo, obviamente, los riesgos que implica tener condotieros. En otras palabras, hacer lo que se hizo durante la Guerra de Independencia, hace 200 años, en la que los emergentes ejércitos independentistas criollos se vieron reforzados con miles de veteranos de guerra europeos pero que no habían sido enviados por sus gobiernos, sino que (habiendo pasado a retiro en sus países) fueron reenganchados voluntariamente por los agentes independentistas destacados en el Viejo Continente.

Estamos en el legítimo derecho de procurarnos alianzas internacionales a todo nivel si lo que estamos enfrentando es un enorme eje de poder internacional, pero quizá sea algo iluso esperar una intervención salvadora por parte de Gobiernos extranjeros y aún más bobo, esperar que esta alianza sea desinteresada, por simple humanidad. Ni siquiera de los apoyos particulares debemos esperar un desinterés absoluto. De la OEA o la ONU (así como de los gobiernos “amigos”) no deberíamos esperar nada concreto, por más solidarios de palabra que se muestren sus principales voceros. No deberíamos esperarlo, aunque luego se materialice, si esto último sucediera “¡que agradable sorpresa! ¡felices de habernos equivocado!”. 

En suma, no se pretende que vamos a desconocer al estado espurio asentado en Miraflores para quedar en una especie de nada o limbo mundialista. A eso es, precisamente, a lo que nos están llevando los renegados sociales del Foro de Sao Paulo; a un limbo trasnacional, antioccidental, de anomia, caos, antivalores y destrucción de nuestros esquemas referenciales como sociedad venezolana. Lo que se propone en estas líneas es un desconocimiento (desde nuestra convicción intima) que, a su vez, implique una especie de auto-reseteo en cuanto a nación, y a partir de esta convicción, una rebelión (no necesariamente abierta al principio) para poder generar un Nuevo Estado, revitalizado; eso sí, con una sintaxis política, social y cultural más flexible, más de cara al, todavía en pañales, siglo XXI.

Es pensar en términos de un coyuntural Estado Insurgente, que sea el eje de una reconstitución nacional. Pensar en términos de “se jodió lo que había y hay que re-empezar de cero, con nuevas ideas”. 

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Declaraciones de Evan Ellis:

http://www.dw.com/es/evan-ellis-venezuela-es-pasar-hambre-o-luchar/a-38722778

miércoles, 31 de mayo de 2017

Reflexiones a Partir de las Declaraciones de Evan Ellis

ANTE EL ACARTONAMIENTO FORMULISTA

(Reflexiones a Partir de las Declaraciones de Evan Ellis)

 

Por Alexander Delgado C.

31 de Mayo de 2017

En una entrevista que el pasado 5 de mayo concedió para la Radio Internacional Alemana (Deutsche Welle o DW), el politólogo estadounidense Evan Ellis, dio uno de los diagnósticos más acertados sobre lo inédito de la situación que padecemos los venezolanos; dijo “Lo que ocurre en Venezuela no es una cuestión de política o de relaciones internacionales, sino un golpe del crimen organizado de gran escala: un grupo de criminales ha tomado control del Estado y asaltado su tesorería. El problema de fondo es que no existe un mecanismo jurídico internacional ni un modelo de cooperación regional que permita rescatar a un Estado en esas circunstancias sin violar su soberanía. De momento no hay cómo liberar a Venezuela, a su gente y a sus recursos de quienes los secuestran a punta de pistola”. 

Lo que hace más cruel nuestra realidad y contribuye a ese desconcierto, es considerar que ese crimen organizado llegó por la rampa democrática, y se configuró desde la institucionalidad; y no me refiero únicamente a la institucionalidad venezolana cooptpada por el chavismo, sino a la institucionalidad como concepción general. Este hamponato adquirió su actual dimensión a partir del hecho de ser considerado un “gobierno” que, aparte de todo, se instauró con el respaldo mayoritario del país, respaldo que se mantuvo a los ojos de la opinión internacional aunque, visto internamente, se había erosionado en su legitimidad democrática de ejercicio.

Sin embargo, un aspecto más importante de las aserciones de Ellis es que ponen sobre el tapete la realidad de lo vacuas e inoperantes que, por rígidamente formulistas, pueden resultar instancias internacionales como la OEA o la ONUante una situación tan atípica como la de Venezuela. Simplemente nuestra tragedia va más allá de la capacidad de comprensión y asimilación de los entes citados, y en general, de la opinión pública internacional. La llamada Comunidad Internacional, no está o no se considera preparada para afrontar nuestra realidad (suponiendo que de verdad les interese) y, por supuesto, en su formulismo almidonado, se paralizan entre el desconcierto y la falta de “mecanismos previstos”.

Pero, y es lo más lamentable, esto es algo que tampoco termina de calibrar buena parte de la opinión pública en Venezuela, especialmente en las urbanizaciones de clase media, acostumbradas a una suerte de cultura institucionalista o idea de que hay o debe haber una institucionalidad por corrompida o cojitranca que sea. No se termina de asumir que no hay instituciones en que ampararnos, ni en el ámbito nacional ni tampoco en el internacional. A lo interno de Venezuela hace tiempo que no hay un gobierno digno de tal nombre; lo que anida en el Palacio de Miraflores ni siquiera es un mal gobierno, o un gobierno corrupto, ni siquiera merece llamarse  un gobierno despótico. Es algo mucho peor. Los venezolanos (incluso fuera del país) estamos a merced de un Orden hamponil, de Un Malandrato, como lo definió Rafael Osío Cabrices; y esto no es una exageración pasional o panfletaria. Estamos, literalmente, en manos de una Oligarquía de Malandros, con toda su psique de bajos fondos y su enorme carga de odio, resentimiento y sadismo.

Esto no es Gómez, esto es Boves.

Es por eso que el régimen y sus perros de presa responden como lo hacen ante las, más que justas, protestas; es por eso que se ensañan como lo hacen contra nuestros jóvenes, en quienes intuitivamente perciben, con odio y envidia, una ráfaga de aire fresco, en medio del aire viciado que ellos representan. 

A la conclusión que esto nos debería llevar es a que, en este momento,  no debemos apegarnos a espejismos institucionales. La solución debemos buscarla, a partir de esa percepción de tierra arrasada, casi que post-apocalíptica; de la necesidad, acaso de impronta prepper, de reorganizarnos, regenerarnos, revalorizarnos y, si se quiere, replantearnos como colectividad. Más que restablecer la Democracia, es reconstruir, quizá replantear, la República, reedificarla de entre los escombros dejados por la plaga roja, y ojalá podamos hacerlo sobre nuevas concepciones políticas, sociales e incluso vivenciales, de una forma más honesta para con nosotros mismos, sin dogmas prestablecidos ni pasionalidades arrabaleras, con miras más dignas y elevadas y un proyecto nacional más sólido y perfectible que el  instaurado en 1945-1998  y que a finales del siglo XX (ya corroído y desgastado), le tendió la cama al chavismo. Hacer esto quizá esto nos redima ante nosotros mismos y ante los ojos del mundo, de tantas ignominias y vilezas de las que, ciertamente hemos sido víctimas por parte del Castro-Comunismo, pero de las que también, no pocas veces, hemos sido cómplices o instrumento,.

Internacionalmente, debemos plantarnos, con la misma rebeldía que hemos llevado a las calles, ante el anquilosamiento formulista de esa sopa de letras que constituyen las instancias internacionales, (OEA, ONU, OTAN, UNASUR, ETC.). Si a estos burócratas internacionales los delincuentes del régimen los desconciertan desde su purulencia gusarapienta, nosotros deberíamos terminarlos de desconcertar desde el otro extremo, a partir de la renovación en rabioso oleaje, con un nuevo discurso, con nuestra brisa fresca ahora convertida en viento huracanado.

Aspiremos a que ante nosotros se agachen para no quebrarse los grises, acartonados politiqueros y lobbystas, formulistas, devotos de institucionalidades de cascarón vacío, tanto a nivel nacional como internacional, así como sus frívolas, rutinarias, buenistas e insípidas adhesiones, que sean ellos quienes se rindan ante la realidad que representemos nosotros.

Es lo que debería guiarnos en los siguientes pasos. Astucia, frialdad y pragmatismo en la concepción, pero fiereza en la ejecución. 

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Declaraciones de Evan Ellis:

http://www.dw.com/es/evan-ellis-venezuela-es-pasar-hambre-o-luchar/a-38722778

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