miércoles, 31 de mayo de 2017

Reflexiones a Partir de las Declaraciones de Evan Ellis

ANTE EL ACARTONAMIENTO FORMULISTA

(Reflexiones a Partir de las Declaraciones de Evan Ellis)

 

Por Alexander Delgado C.

31 de Mayo de 2017

En una entrevista que el pasado 5 de mayo concedió para la Radio Internacional Alemana (Deutsche Welle o DW), el politólogo estadounidense Evan Ellis, dio uno de los diagnósticos más acertados sobre lo inédito de la situación que padecemos los venezolanos; dijo “Lo que ocurre en Venezuela no es una cuestión de política o de relaciones internacionales, sino un golpe del crimen organizado de gran escala: un grupo de criminales ha tomado control del Estado y asaltado su tesorería. El problema de fondo es que no existe un mecanismo jurídico internacional ni un modelo de cooperación regional que permita rescatar a un Estado en esas circunstancias sin violar su soberanía. De momento no hay cómo liberar a Venezuela, a su gente y a sus recursos de quienes los secuestran a punta de pistola”. 

Lo que hace más cruel nuestra realidad y contribuye a ese desconcierto, es considerar que ese crimen organizado llegó por la rampa democrática, y se configuró desde la institucionalidad; y no me refiero únicamente a la institucionalidad venezolana cooptpada por el chavismo, sino a la institucionalidad como concepción general. Este hamponato adquirió su actual dimensión a partir del hecho de ser considerado un “gobierno” que, aparte de todo, se instauró con el respaldo mayoritario del país, respaldo que se mantuvo a los ojos de la opinión internacional aunque, visto internamente, se había erosionado en su legitimidad democrática de ejercicio.

Sin embargo, un aspecto más importante de las aserciones de Ellis es que ponen sobre el tapete la realidad de lo vacuas e inoperantes que, por rígidamente formulistas, pueden resultar instancias internacionales como la OEA o la ONUante una situación tan atípica como la de Venezuela. Simplemente nuestra tragedia va más allá de la capacidad de comprensión y asimilación de los entes citados, y en general, de la opinión pública internacional. La llamada Comunidad Internacional, no está o no se considera preparada para afrontar nuestra realidad (suponiendo que de verdad les interese) y, por supuesto, en su formulismo almidonado, se paralizan entre el desconcierto y la falta de “mecanismos previstos”.

Pero, y es lo más lamentable, esto es algo que tampoco termina de calibrar buena parte de la opinión pública en Venezuela, especialmente en las urbanizaciones de clase media, acostumbradas a una suerte de cultura institucionalista o idea de que hay o debe haber una institucionalidad por corrompida o cojitranca que sea. No se termina de asumir que no hay instituciones en que ampararnos, ni en el ámbito nacional ni tampoco en el internacional. A lo interno de Venezuela hace tiempo que no hay un gobierno digno de tal nombre; lo que anida en el Palacio de Miraflores ni siquiera es un mal gobierno, o un gobierno corrupto, ni siquiera merece llamarse  un gobierno despótico. Es algo mucho peor. Los venezolanos (incluso fuera del país) estamos a merced de un Orden hamponil, de Un Malandrato, como lo definió Rafael Osío Cabrices; y esto no es una exageración pasional o panfletaria. Estamos, literalmente, en manos de una Oligarquía de Malandros, con toda su psique de bajos fondos y su enorme carga de odio, resentimiento y sadismo.

Esto no es Gómez, esto es Boves.

Es por eso que el régimen y sus perros de presa responden como lo hacen ante las, más que justas, protestas; es por eso que se ensañan como lo hacen contra nuestros jóvenes, en quienes intuitivamente perciben, con odio y envidia, una ráfaga de aire fresco, en medio del aire viciado que ellos representan. 

A la conclusión que esto nos debería llevar es a que, en este momento,  no debemos apegarnos a espejismos institucionales. La solución debemos buscarla, a partir de esa percepción de tierra arrasada, casi que post-apocalíptica; de la necesidad, acaso de impronta prepper, de reorganizarnos, regenerarnos, revalorizarnos y, si se quiere, replantearnos como colectividad. Más que restablecer la Democracia, es reconstruir, quizá replantear, la República, reedificarla de entre los escombros dejados por la plaga roja, y ojalá podamos hacerlo sobre nuevas concepciones políticas, sociales e incluso vivenciales, de una forma más honesta para con nosotros mismos, sin dogmas prestablecidos ni pasionalidades arrabaleras, con miras más dignas y elevadas y un proyecto nacional más sólido y perfectible que el  instaurado en 1945-1998  y que a finales del siglo XX (ya corroído y desgastado), le tendió la cama al chavismo. Hacer esto quizá esto nos redima ante nosotros mismos y ante los ojos del mundo, de tantas ignominias y vilezas de las que, ciertamente hemos sido víctimas por parte del Castro-Comunismo, pero de las que también, no pocas veces, hemos sido cómplices o instrumento,.

Internacionalmente, debemos plantarnos, con la misma rebeldía que hemos llevado a las calles, ante el anquilosamiento formulista de esa sopa de letras que constituyen las instancias internacionales, (OEA, ONU, OTAN, UNASUR, ETC.). Si a estos burócratas internacionales los delincuentes del régimen los desconciertan desde su purulencia gusarapienta, nosotros deberíamos terminarlos de desconcertar desde el otro extremo, a partir de la renovación en rabioso oleaje, con un nuevo discurso, con nuestra brisa fresca ahora convertida en viento huracanado.

Aspiremos a que ante nosotros se agachen para no quebrarse los grises, acartonados politiqueros y lobbystas, formulistas, devotos de institucionalidades de cascarón vacío, tanto a nivel nacional como internacional, así como sus frívolas, rutinarias, buenistas e insípidas adhesiones, que sean ellos quienes se rindan ante la realidad que representemos nosotros.

Es lo que debería guiarnos en los siguientes pasos. Astucia, frialdad y pragmatismo en la concepción, pero fiereza en la ejecución. 

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Declaraciones de Evan Ellis:

http://www.dw.com/es/evan-ellis-venezuela-es-pasar-hambre-o-luchar/a-38722778

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