ÁLVARO URIBE VÉLEZ. NI SALVADOR NI ENEMIGO…
PARA LOS VENEZOLANOS
Por Alexander Delgado C.
19 de Junio de
2011
La investigación que en la República de Colombia se adelanta contra el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, ha generado, como era de suponerse, una controversia en tierras neogranadinas que, al momento de escribir estas líneas, se encuentra al rojo vivo. Sin embargo esta controversia parece estar salpicando a la opinión pública venezolana, o al menos a nivel de Internet. En ese sentido, a nivel de redes sociales o en Foros como los del portal Noticiero Digital se han generado debates (si así se pueden llamar los dimes y diretes que se generan a partir de un link o una reseña). En estos dimes y diretes, por internet o físicamente, no faltan por supuesto, entre los antichavistas, los defensores apasionados de Uribe como si se tratara de un connotado y meritorio líder de la oposición criolla. Desde la acera opuesta, además de las “opiniones” Castro-Chavistas, que ni vale la pena tomar en cuenta, no han faltado posturas patrioteras que siguen presentando al gobierno de Uribe como si hubiera constituido una amenaza a la seguridad e Integridad de Nuestro País, un Estado o un Gobierno dispuesto a hacer la Guerra a los venezolanos, como si estuviéramos en turbulentos días de 1830 o en los tiempos de la Crisis de los Monjes (1952) o la del Caldas (1987).
Pero como dice el dicho; NI TAN CALVO NI CON DOS PELUCAS. Considero pertinente poner en su sitio a ambas posturas, las cuales me parecen por igual, exageradas en su maniqueísmo.
¿URIBE UNA AMENAZA PARA LOS VENEZOLANOS?
Por un lado ante quienes, con un criterio, hasta cierto punto anacrónico, hablan del “Agresor Uribe”, o de la “invasión colombiana”, tendríamos que preguntarnos, en los ocho años en que estuvo Uribe sentado en el Sillón Presidencial de Colombia ¿tuvimos que padecer los venezolanos las baladronadas diplomáticas del gobierno colombiano, basadas en sus pretensiones territoriales; bravatas, por lo demás habituales bajo otros gobiernos del vecino país (especialmente los del Partido Liberal)? De hecho, en la agenda de las dos administraciones uribistas, el tema de las reclamaciones colombianas sobre los Monjes, el Golfo o cualquier porción de nuestro territorio, pareció ocupar un lugar bastante secundario si es que llegó a ocupar alguno (también es cierto que bastantes problemas tenían a lo interno para ocuparse de este asunto y con un Chávez belicoso y apoyado en un discurso pseudo-nacionalista… era para pensárselo diez veces).
La situación conflictiva entre los gobiernos de Miraflores y Nariño (y que lamentablemente afectó a ambos pueblos) se vivió realmente desde finales del 2007, es decir, ya en el segundo período presidencial del exmandatario colombiano (2006-2010). Por lo demás esta conflictividad tuvo motivaciones meramente político-ideológicas y salta a la vista que casi siempre fue provocada por Hugo Chávez, antes bien puede decirse que no pocas veces el gobierno de Uribe se batió más a la defensiva que a la ofensiva; a menos, claro está, que se pretenda (como hacen los castro-chavistas de manera cínica) considerar agresión a la soberanía venezolana, el denunciar internacionalmente las relaciones de Chávez con las FARC y el ELN, así como la presencia en territorio venezolano de campamentos de dichos grupos ñángaras, cosa que en la Propia Venezuela el General Néstor González González ya lo había denunciado pública y patrióticamente en el 2002.
Un Gobierno verdaderamente venezolano y verdaderamente patriótico habría considerado a las FARC y al ELN una amenaza y un enemigo, tan nuestro como de la nación colombiana. Obviamente no es así, ni lo ha sido desde 1999. De Hecho, antes que hablar hoy en día de un estado venezolano, bien podríamos (mejor dicho deberíamos), hablar de un estado secuestrado por el Foro de Sao Paulo y el Foro (anti) Social Mundial, como expresión organizada del Castro-Comunismo y con Hugo Chávez como procónsul.
Desde esta perspectiva sí era lógico que las denuncias del entonces gobierno colombiano constituyeran una agresión… pero contra los intereses del Castro-Comunismo Latinoamericano y contra las susceptibilidades de la Izquierda Caviar Internacional. Si hubiese estallado una guerra entre ambos gobiernos, el principal responsable (o irresponsable) hubiera sido Chávez, tal vez no lo hizo porque de alguna manera no le convenía a Papá Fidel y a la gran familia ñángara, al menos no hasta ahora.
¿URIBE ADALID DE LA VENEZUELA ANTICHAVISTA?
Prácticamente desde que Uribe arribó a la presidencia de Colombia, con un discurso agresivo y sin concesiones contra la guerrilla (e indirectamente contra la izquierda ñángara que en Colombia es popularmente conocida como mamerta); un enorme sector de la Venezuela opositora, cada vez más hastiada de Chávez, así como cada vez más decepcionada de la sempiterna idiotez, torpeza e incompetencia del liderazgo “opositor”, empezó a ver al inquilino de la Casa de Nariño como una especie de “aliado” en su lucha contra el oprobio chavista. Esta percepción aumentó a medida que, con el innegable avance del gobierno de Uribe en la Guerra contra las FARC, se tenía la impresión o la certeza de que en Colombia no solo aumentaba la seguridad, sino que esta, a su vez, se traducía entre los colombianos, en una suerte de aumento (real o ilusorio) de su autoconfianza, e incluso de su autoestima; todo lo contrario de lo que venía (y sigue) pasando del lado venezolano.
Como consecuencia, la Venezuela anti-Chávez, en pie a pesar de la consolidación de la maquinaria chavista, pero acéfala y sedienta de verdaderos liderazgos empezó a ver abiertamente al entonces presidente Uribe como una suerte de “líder adoptivo”. Esto se hizo más patente desde fines del 2007 cuando, tras el fracaso de la mediación de Chávez en el conflicto interno de Colombia, ambos gobiernos asumieron abiertamente su antagonismo político-ideológico. Evidentemente a lo interno de la Venezuela antichavista se hicieron más frecuentes los comentarios del tipo de “ojalá tuviéramos un líder o un presidente como Uribe”.
Ahora bien, esta actitud hacia Uribe por parte de la Venezuela Anti-Chavista es humanamente comprensible, pero veamos las cosas con cierta cabeza fría y cierto realismo. A Uribe nosotros, como venezolanos, le hemos importado bien poco; si, como nación, Uribe no nos ha hecho ningún mal (al menos no de manera directa y deliberada), tampoco ha hecho nada en favor nuestro. Asumir, cual canción de Ricardo Arjona, que tu amigo no es el que te ayuda sino el que “no te jode”, como actitud, equivale en este caso a la de los conformistas que dicen que “la dirigencia opositora no sirve pero la acepto porque es lo que hay”.
Por otra parte, quienes de lado y lado de la frontera presentan al expresidente Uribe como el “Adalid frente a Chávez” y al actual presidente colombiano Juan Manuel Santos como el “traidor” o el “descarriado”; o por el contrario, quienes ven a Uribe como “el agresor a Venezuela” y a Santos como el “conciliatorio hacia nosotros”; olvidan, como ya lo he esbozado más arriba, que hasta finales del año 2007 (cinco de sus ocho años de gobierno) Uribe observó hacia Chávez una “diplomacia” muy similar a la que hoy observa Santos. La postura de Uribe durante la crisis diplomática tras la captura de Rodrigo Granda (comienzos del 2005), si bien trató de ser firme al comienzo, terminó siendo conciliatoria. En aquel entonces, más de un antichavista por estos lados acusó a Uribe de blando, vendido a Chávez y hasta de traidor (como si Uribe, o ahora Santos, le debieran alguna lealtad al pueblo venezolano antichavista).
¿Cuántas veces por aquel entonces no decía Chávez públicamente que se consideraba amigo de Uribe? Que lo dijera hipócritamente es otro cuento. Quienes alaban a Uribe por no “doblegarse” ante Chávez, deberían recordar como en el 2007 Uribe, apoyado por Piedad Córdoba, prácticamente metió al zorro en su gallinero al aceptar la mediación de Chávez en el conflicto interno de Colombia. En aquellos días era muy común escuchar que lo que Chávez no había logrado en Colombia por la vía de las FARC, lo iba a lograr por la vía político-electoral, con la Córdoba como su ficha principal. Si Chávez no hubiera dado el paso en falso con un militar colombiano, provocando el incidente que desencadenó las iras de Uribe y (afortunadamente para los colombianos) el subsiguiente fracaso de la mediación de Chávez ¿Quién sabe hasta dónde hubieran llegado Chávez y la Córdoba en Colombia? Es hasta posible que Fidel Castro, el Foro de Sao Paulo y Hugo Chávez tuvieran hoy a una Pañoleta Roja cubriendo la cabeza de su Procónsul en el Palacio de Nariño.
¿Y QUE DEL ANTI-CASTRISMO CONTINENTAL?
Estoy claro en que tampoco es la idea encerrarnos en nuestro venezolanismo (o colombianismo, del otro lado), ni colocarnos las fronteras nacionales como gríngolas de caballo (como desgraciadamente hacen muchos, tanto en Venezuela como en Colombia). Para bien o para mal, la realidad innegable de la globalización ha tendido a colocarse cada vez más por sobre fronteras nacionales, sobre todo en la dinámica de la internet hacia la que están dirigidas estas líneas.
Por otra parte y bastante machacón he sido y seguiré siendo al respecto;
al movimiento continental Castro-Chavista (mal llamado bolivariano) que ha
estructurado EL FORO DE SAO PAULO no se le puede enfrentar con
patrioterismos anacrónicos, huraños, mezquinos y encuevados, ni con el lastre
de rencores y miserias del pasado. Se
le debe hacer una oposición también de carácter continental, apoyado en
una especie de Supra-Nacionalismo que oponga una cosmovisión sanamente Hispanoamericana
(sin renegar de nuestras naciones y nuestra historia) y en ese sentido cabe pensar en
liderazgos continentales.
Pero me pregunto ¿hasta qué punto Álvaro Uribe ha dado la talla de ese tipo de liderazgo? Hablo por supuesto a escala iberoamericana, nadie duda del liderazgo de Uribe ante su país ¿Se ha proyectado Uribe de cara al continente y con la suficiente fuerza? En lo personal me parece que le falta, suponiendo que le interesase. Su paso por la presidencia de Colombia, (bueno o malo, solo importa para los colombianos), constituyó un buen trampolín de proyección continental, pero mi percepción es que Álvaro Uribe (igual que el hondureño Roberto Micheletti, otro que tuvo esa oportunidad), nunca ha parecido tener semejante ambición, y si la ha tenido se ha quedado en el aparato.
Tal vez este tipo de supra-liderazgo que reclama Iberoamérica frente al Castro-Chavismo deba darse de forma distinta y menos predecible.


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