INDEPENDENCIA AYER Y SEGUNDA INDEPENDENCIA
(Análisis
Comparativo)
Por Alexander Delgado C.
06 de julio de 2015
Ya
se ha vuelto costumbre comparar, la actual confrontación contra el castro
comunismo con la Independencia frente a España. Por lo menos habría que
considerarlo un avance de enfoque frente a un régimen que se pretende heredero
de la Independencia frente a España y del “ideal
bolivariano”, cuando en realidad son herederos del espíritu de Boves y
cuando la Cuba Castrista y su satélite en Caracas, tras su careta de supuesta
revolución, reproducen lo peor, lo más abyecto, de los reinados en España de
Carlos IV y Fernando VII. Pero, y dejando aparte las obvias diferencias en
aspectos más formales ¿Qué asemeja y diferencia, esa “Primera Independencia” y
lo que algunos quisiéramos ver como la segunda confrontación independentista?
Los puntos de comparación más relevantes para mí se darían en los siguientes
aspectos:
La
Independencia, hace dos siglos, fue mucho más que un movimiento de
independencia política o una guerra para “sacar
a los españoles”. Algo que nunca ha sido ponderado en su justa medida y que
arrojaría una luz mucho más admirable sobre aquel acontecimiento. La
Independencia frente a España fue impulsada, motorizada y dirigida por UNA
GENERACIÓN DE PROHOMBRES, NO SOLO DE ACCIÓN, SINO TAMBIÉN DE PENSAMIENTO no
solo militares sino también civiles, que además de su cultura se caracterizaban
por sus inquietudes e ideas avanzadas, que veían en la dependencia de la España
de Carlos IV y Fernando VII, una verdadera rémora a sus inquietudes de
incorporar a estos países a la corriente de renovación que, con razón o sin
ella, desde mediados del siglo XVIII soplaba internacionalmente con cada vez
más fuerza, en todos los aspectos. De ahí que, a pesar de lo accidentado del proceso
independentista en cuanto a acciones armadas, especialmente hasta 1816, hubiese
una relativa coherencia estratégica, en cuanto a marco político general, que
sirviese de sustento a las acciones armadas. Expresiones como libertarse del yugo español,
romper las cadenas que nos oprimían, etc., más allá de su justificación como retórica
de guerra, han debido entenderse, con el paso de los años, de una manera muy
relativa. Pero el discurso oficial (tanto el chavista como el anterior a Chávez),
se empeñaron en mantener nuestra visión histórica estancada en esa clase de
simplismos pseudo-epopéyicos, entre clarines y discursos, más patrioteros que
patrióticos, y muchas veces políticamente interesados.
Hoy
¿con que clase de dirigencia ejecutiva contamos? Hablo por supuestos entre los
más consagrados mediáticamente. Solo puedo definirlos como; erráticos, incomprensibles,
patéticos, efímeros y muchos de ellos desconectados de las masas. ¿Con que
prohombres contamos? ¿Cuántos hombres que, con sus ideas, pensamiento, etc.,
pueden forjar, entre nosotros, a toda una elite patriótica, culta “pero bastante próxima al pueblo” como la
que había en la Caracas de finales del siglo XVIII e inicios del XIX? De la visión
culta de aquellos prohombres de comienzos del siglo XIX a la Ignorancia
exquisita de los demo-sifrinos que, en lo que va de siglo XXI han motorizado a
la “oposición” al régimen Chavista, hay un gran trecho… en reversa.
De
la última gran generación de hombres de gran pensamiento quizá el más
recordado, el Dr. Uslar Pietri (estuviéramos o no de acuerdo con sus ideas),
murió hace más de una década, y los pocos que quedan, simplemente sus
envejecidas voces están silenciadas entre la estridencia socio-política que nos
ensordece y nos inmoviliza. Por supuesto que quedan sus libros, conferencias y
declaraciones al alcance, pero en medio de una sociedad que cada día lee menos,
una sociedad sometida a un bombardeo informativo y a la vez desinformativo,
fragmentario, incierto, anárquico, destellar… y neurótico.
Manejo Discursivo y Propagandístico
Al
haber unos ideales e intereses razonablemente definidos, más allá del trámite
de emanciparnos de la corona española, era más fácil dar a conocer la causa
independentista, tanto a nivel del propio pueblo, como a nivel internacional.
Por otra parte, los precursores, especialmente Francisco de Miranda, llevaron a
cabo un trabajo previo de difusión de ideas, de constante captación de apoyos y
de apostolado que los líderes independentistas supieron aprovechar. Los
emisarios independentistas en Europa (en nuestro caso Luis López Méndez y
Andrés Bello) se dieron a la tarea de proyectar el movimiento emancipador ante
la opinión pública europea (incluso no pocas veces ante los propios españoles
descontentos de Fernando VII), como una verdadera revolución, en el buen
sentido de la palabra, lo que les permitió granjear apoyos al principio remisos
y neutralizar la hostilidad existente en esos mismos países. A ese trabajo se
debe el enganche de voluntarios europeos en las fuerzas independentistas,
especialmente a partir de 1818, con el efecto que tuvo en términos de
profesionalización y tecnificación de los todavía emergentes ejércitos
patriotas. Esos apoyos, por cierto, no se dieron al principio a nivel de
gobiernos. Por ejemplo, el gobierno británico (aliado de España en la lucha
contra Napoleón), hasta 1818 fue claramente hostil a los patriotas, llegando a
prohibir el comercio de armas a sus colonias del Caribe. López Méndez y Bello
no pocas veces se vieron hostigados en Londres por el alto gobierno o
dirigentes cercanos a él (el propio López Méndez sufrió prisiones por deudas
contraídas a nombre de La naciente Republica).
Hoy no parecen existir organizaciones que se
enfoquen en esa tarea, o que lo hagan de una manera organizada, con un mínimo
de disciplina; canalizando, sistematizando, jerarquizando la información (el
papel desempeñado por organizaciones como Veppex u Orvex luce bastante gris en
ese sentido). La mayoría simplemente no le para a eso o esperan a que alguien
más lo haga. La dinámica a nivel de Internet y redes sociales es muy aluvional,
muy de chismorreo y desahogo. Demasiado emocional en sí misma, en vez de
canalizar las emociones. Los pocos que prestan atención a ese tema se empeñan
(inútilmente en la mayoría de los casos) en conseguir el apoyo de los gobiernos
establecidos, especialmente de los que se supone no son de línea
castro-chavista, sin entender que esos gobiernos tienen intereses propios o
nacionales que no van a arriesgar echándose encima al Foro de Sao Paulo. En cambio, se desdeña captar el apoyo o
solidaridad en los pueblos (contradiciendo las banderas democráticas que con
frecuencia se enarbolan), se desaprovecha los apoyos espontáneos que surgen
aquí y allá (como no los había habido en años anteriores) entre ex-mandatarios,
intelectuales respetables, personalidades del mundo artístico, deportivo o
incluso de la farándula, con una pegada popular mucho mayor si se quiere, que dirigentes
políticos. Importante notar que el trabajo previo de Miranda, Nariño, Vizcardo
y otros, que logró el estallido casi simultaneo de las primeras rebeliones en
ciudades prácticamente aisladas entre sí y que facilitó la posterior
cooperación conjunta de los independentistas de país a país, este trabajo
previo, repito, se hizo cuando no existía ni el telégrafo Morse ¿Hasta dónde
hubieran llegado con una herramienta como la Internet y, dentro de esta, las
redes sociales? Nosotros que la tenemos la usamos de manera poco menos que frívola.
Ideales Ayer y Hoy
Como
se dijo, para los libertadores (tanto los de pluma como los de charreteras) e
impulsores del movimiento emancipador, “sacudirse de encima el dominio español”
era, importante como paso previo, pero en el fondo algo secundario, lo
importante era fundar la República, con todo lo que para ellos implicaba esa
idea, en cuanto a horizontes más amplios en lo económico social y de proyección
política. ¿Qué republica (porque no me imagino una monarquía como alternativa)
aspiramos a refundar? ¿Apoyada en que cuerpo de ideas? No hay propuestas
concretas, muchos prohombres de hace dos siglos, tenían, cada uno a su manera,
ideas de renovación social que, incluso bajo la colonia, habían expuesto en
ayuntamientos, o habían discutido en conversatorios y conciliábulos como las
Tertulias de Los Ustáriz en Caracas. ¿En nuestro tiempo qué? Salvo ideas vagas
de libertad y democracia, más utópicas que concretas, solo quejarnos,
lloriquear, solo alardes y consignas cuatriboleadas (más pantallería que
voluntad sincera), solo recitar el 350… En el fondo, se admita o no, solo se
aspira mediocremente a regresar al puntofijismo, lo cual es poco menos que
imaginarse a los libertadores aspirando regresar al pasado prehispánico
(guayuco incluido). La mayoría no quiere entender que el chavismo, aunque se
hubiera presentado como una “revolución” y una “republica” diferente, es el
detritus de todo un sistema, implantado en 1945, consolidado en 1958, en
decadencia desde 1974 y en crisis cada vez más terminal desde 1989. Son peor de
lo mismo. Chávez, en el fondo, fue el último gran caudillo de eso que llaman la
Cuarta República. Su propia pretensión de ser quinta república retrata la
ignorancia de ellos, de sus seguidores…pero también del común de sus opositores
que le compraron el discurso, así sea para contrariarlo. La republica (y que)
superada en 1999 ha debido considerarse, si acaso, la tercera, no la cuarta. Lo
cierto es que no hay pasado, bonito o feo, a que regresar. En eso nos
asemejamos a 1810 y 1811 pero con una diferencia, los prohombres de la época
estaban conscientes y lo asumían, en esta época, simplemente nos negamos a
entenderlo, solo aspiramos patéticamente a volver a ser felices, pero sin saberlo.
Contexto Internacional
A
comienzos del siglo XIX la idea de estado-nación como la entendemos hoy, apenas
estaba surgiendo. Entre nosotros el discurso nacionalista, tenía aun una
connotación muy continental, los nacionalismos venzolanista, mexicansta,
colombianista, etc. cuajarían posteriormente. A pesar del aislamiento
geográfico, los independentistas hispanoamericanos de los diversos países,
oriundos de dominios de la misma metrópoli, en gran medida se veían, más que
como extranjeros, como hoy un venezolano de Los Andes y uno de Oriente. Eso,
junto al hecho de enfrentar un mismo poder, determinó que los independentistas
consideraran como su teatro natural de operaciones cualquier lugar del imperio
español en rebelión contra La Metrópoli, y donde aún no se hubieran rebelado,
como fue el caso de Perú hasta 1821, como territorios que había que arrebatarle
a la corona española para evitar un contraataque proveniente de allí. Esto
explica que, aunque al comienzo la Guerra independentista tuviera un carácter
muy local, se diera una lucha cada vez más mancomunada con los independentistas
de los países vecinos, hasta culminar en las grandes campañas, a escala
continental de Bolívar y San Martín.
Hoy el Castro-Comunismo (No tanto la nación cubana que es una suerte de portador, hablando en términos epidemiológicos) es un fenómeno socio político a escala latinoamericana
con igual nomenclatura cultural y política, materializado, sobre todo en el Foro de Sao Paulo. Como buenos marxista-leninistas los foristas desprecian las naciones y fronteras y buscan expandirse por todo el continente.
Esto los convierte en una amenaza y una corrosión. Como la España de Fernando
VII hace 200 años (O de manera más indirecta La Santa Alianza) son un enemigo común para los anticomunistas de toda Hispanoamérica (nacionalistas, conservadores, simplemente republicanos, liberales, demócratas o incluso social-demócratas), infortunadamente el Estado nación y los nacionalismos
a lo interno de Latinoamérica, se han consagrado, quizá más que en la Europa de
hoy, y junto con ellos el concepto de soberanía y no injerencia, la premisa, muy Poncio Pilatos, parece ser que cada quien
resuelva sus problemas. A eso agreguemos que las, hoy históricas, rivalidades,
enemistades (como contra-cara de la hermandad) y disputas territoriales entre
muchos de los países hispanoamericanos, han configurado unos nacionalismos
caníbales, alimentando un bajo sentido de solidaridad continental. Todo esto
influye en que frente al castro-chavismo haya muy poca disposición a verse en
una lucha común de país a país, y a que los castro-chavistas, una vez en el
poder jueguen a su antojo con el concepto de soberanía y no injerencia,
aplicándolo contra quienes se les oponen y haciéndose de la vista gorda cuando
se trata de copartidarios de los demás países, que, aquí en Venezuela hasta se
dan el lujo de insultar a dirigentes opositores, como si fueran propios.
Contexto Histórico
Los
movimientos independentistas hispanoamericanos tendrían que apreciarse en el
entorno occidental de entonces. Un momento histórico, bastante convulso, de
cambios vertiginosos pero en una dirección más o menos definida, en el que el
naciente industrialismo, el desarrollo de una visión cientificista-mecanicista,
de la Ilustración y el Enciclopedismo, determinaron que; contra la tradicional
sociedad agraria, aristocrática y clerical, políticamente
monárquico-absolutista, con una estructura socio-económica remanente del
feudalismo y basada en una cosmovisión que, con mayor o menor acierto, se
consideraba obsoleta y atávica; se levantara una cosmovisión secularista,
liberal en mayor o menor grado, enarbolando políticamente las banderas de la
República o la Monarquía Constitucional y parlamentaria, e incluso la
Democracia, defendiendo en lo económico el libre comercio (en mayor menor grado) y en lo social propugnando (los
más radicales) ideas como la Educación Pública. Una cosmovisión, revolucionaria
para la época, que, tras triunfar, delinearía, en los países más desarrollados,
lo que hoy conocemos como la Sociedad
Industrial. Si fue para bien o para mal es asunto para discutirlo en otra ocasión.
Los movimientos independentistas hispanoamericanos se enmarcaron en esa
corriente de renovación, aunque en nuestro caso el industrialismo siempre fuera
más aspiracional que consumado.
Hoy
podríamos estar igualmente en un momento de cambio histórico mundial. Buena o
mala La Sociedad Industrial encumbrada hace dos siglos, está en una clara
crisis, sus premisas, revolucionarias en los tiempos de la Independencia, hay
resultan vacías, sin credibilidad, agotadas. Pero la nueva cosmovisión no
parece vislumbrarse. Se habla de una emergente sociedad post-industrial,
algunos (a ejemplo de Alvin Toffler) hablan de Tercera Ola, otros, más trilladamente, hablan de post-modernidad, pero en el fondo nadie
sabe con qué se come todo eso. Existe la impresión de que la Nueva cosmovisión,
si es que no habría varias cosmovisiones juntas, sería demasiado ecléctica,
para ser comprendida, quizá esto influya en un mayor temor a enterrar finalmente
la cosmovisión industrialista y adentrarse en algo, a la par que desconocido
mucho más indefinible de lo que fue el pensamiento emergente a finales del
siglo XVIII. En ese contexto ¿Cómo y donde se ubica nuestra, más que
justificable confrontación contra el Castro Comunismo y el Foro de Sao Paulo?
¿De qué lado estaríamos? ¿Hasta qué punto, y vistas las consideraciones
anteriores, tenemos la visión y el espíritu para ubicarnos en el futuro y no en
el presente o, peor, en el pasado? Es claro que el castro-Comunismo es una
concepción, que por obsoleta debería considerarse ultraconservadora, pero la
seguimos viendo como revolucionaria. El socialismo tradicional pertenece a esa
modernidad industrial, hoy decadente y roñosa… pero el capitalismo tradicional
también, aunque no nos demos cuenta o lo consideremos mejor que lo que estamos
viviendo. ¿Cómo se configura el futuro en nuestro caso?
Conclusión
De todo lo anteriormente expuesto saco que, si bien hay semejanzas de fondo entre la Guerra Independentista
de hace 200 años y la obligación de luchar contra el opresor Castro-Comunista
de hoy, a un nivel más concreto, se requiere de una élite dirigente, tanto de pensamiento como de acción, mucho más audaz y enérgica, más organizada y con mayor sentido de cohesión y capacidad de capitalización y canalización, resteada en la acción, pero también con mirada más vanguardista, los enfoques, los discursos deben ser
diferentes, debe lucharse y proyectarse con ideas nuevas, que sean capaces de
desafiar no solo al Castro-Chavismo, sino a todo el sistema político decadente,
tanto de izquierda como de derecha (incluidos estos dos remoquetes), desafiar
la sintaxis política aún vigente, desnudando su vacío con un nuevo discurso,
nomenclaturas diferentes (en muchos casos forjadas sobre los hechos) y una
nueva visión.
Iguales
motivos para luchar, pero a tiempos distintos, criterios distintos, retos
distintos.






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