DIECISIETE
MESES NO SON NADA
Por
Alexander Delgado C.
06
de Septiembre de 2020
¿Qué decir después
de casi Diecisiete meses sin publicar escrito alguno (ni propio ni de otro
autor) en este blog?
Casi Diecisiete
Meses bastante agitados a nivel mundial (sobre todo los transcurridos en 2020).
En los que, entre mega incendios devastadores, amenazas de guerra mundial, puja
electoral en los EE.UU y las infaltables teorías conspirativas, nos cayó una
mortífera pandemia, a la que, a pesar de que sigue cobrando muchas vidas, de
una u otra forma nos hemos ido adaptando, sin dejar de verla como una espada de
Damocles que ha cambiado de nuestras vidas o, en el mejor de los casos,
importantes hábitos. Entre las muchas vidas valiosas que se ha llevado en
nuestro país el Covid 19, se encuentran la de muchos profesionales y
trabajadores del sector salud, muertos en el cumplimiento de su deber, sin la
debida protección; quizá los verdaderos héroes que hemos tenido en estos
últimos meses..
En Venezuela o
relativo a Venezuela; casi diecisiete meses de un interinato con apariencia de
romería; de marchas y contramarchas; de parodias fallidas de golpes de estado;
tragicómicas operaciones contra el narco-régimen con nombre bíblico que
fueron más la bulla que la cabuya; los ya, lamentablemente,
habituales, atropellos por parte del narco-régimen usurpador (lo es por lo
menos desde 2013, si no desde el propio 1999), las sempiternas estupideces y
barrabasadas, ejecutadas o declaradas por los personeros de la narco-tiranía,
en los que no vale ni la pena detenerse. Las ya, trágicamente habituales,
fallas de energía eléctrica y escases en el suministro de agua. La ya, también
dolorosamente habitual, hostilidad en los países del vecindario (especialmente
Ecuador y Perú) contra venezolanos migrados, venefobia agravada por la crisis del Covid-19.
Más muertes
cruelmente inútiles, por parte de la represión del régimen, por enfermedades. Más
sanciones de los Estados Unidos (sin verle aún el queso a la tostada).
Señales de TV por suscripción que van y vuelven.
Otro circo
electoral en el horizonte (la “elección” de los nuevos jarrones chinos de la
AN) y los eternos dimes y diretes sobre si votar o no votar (no
debería haber dilema), que si “no ceder espacios”, “no legitimar al
narco-régimen”, que si “¿tú que
propones?”, bla, bla, bla…; hace ya años que no debería existir esta
discusión, deberían estar claros los pros, los contras y haberse llegado a una
conclusión nacional.
Los eternos
señalamientos (fundados o infundados) contra los dirigentes de la llamada
“oposición” (que se supone que no es oposición, puesto que Juan Guaidó es el
presidente, se supoooonee…), sus eternos colaboracionistas y sus eternos
palangristas y beatas en las redes sociales (sobre todo
Twitter e Instagram); líderes patéticos, venidos a menos y vendidos a la narco
tiranía, buscando recuperar notoriedad perdida. Los eternos activistas de redes
sociales, atacando, con razón o sin ella, el accionar del gobierno interino,
pero en el fondo, con su visceralidad irreflexiva, convirtiéndose, la mayoría
de ellos en parte del problema; muchos de ellos, antes que aportar una mirada
diferente, buscando un simple drenaje de frustraciones o generar polémica
Casi diecisiete
meses en los que, en Venezuela, “pasaron” muchas cosas y al final no pasó nada.
Sin Novedad en...
no sé cuál frente
Pero… ¿Se podía
esperar que sucediera algo realmente significativo, que implicara un verdadero
cambio?
Una conocida
sentencia de Einstein advertía sobre la necedad de esperar resultados
diferentes haciendo las mismas cosas de la misma manera. Llevada esta
afirmación a mayor escala, es una necedad esperar que cambie algo a nuestro
alrededor, o en relación a nosotros, si desde nuestra mentalidad no hay
cambios, o los que hay son más cosméticos que reales.
No hay sino que contemplar
las interacciones de venezolanos en las
redes sociales o en grupos de Whats Up, para darse cuenta, tanto en la actitud
de la mayoría de nuestros compatriotas (dentro y fuera del territorio patrio),
de que no hay el menor intento de auto-revisarnos en cuanto a la manera de auto
percibimos y de ponderar nuestra realidad y nuestras factibilidades. De
acuerdo, quienes interactúan en las redes sociales no son la mayoría de los
venezolanos, pero en este caso concreto ¿hay alguna duda de que son representativos?
Ciertamente, no
hay liderazgos políticos que estén a la altura del momento; tampoco hay, y esto
es lo más lamentable, verdaderos hombres y mujeres de pensamiento que generen
nuevas luces y que lo hagan a partir de asumir la realidad, mas no de conformarnos
con esta. Pero también es cierto que la sociedad venezolana actual está muy
lejos de ser la más apropiada para generar ese tipo de liderazgo. Por su
condición de hombre masa, por su mentalidad de rebaño, el venezolano es muy
propenso a dejarse llevar por circos mediáticos;
Somos una sociedad
en la que entendimientos superiores difícilmente podrían prosperar; permanecemos
neciamente aferrados a “liderazgos” establecidos; muy apegados a clichés y frases
hechas; a premisas, consignas y juicios simplistas. Nos dejamos encandilar por matrices
de opinión superficiales y prefabricadas, en relación a nuestra realidad y
nuestras posibilidades (a corto, mediano o largo plazo). Somos el típico pueblo
(que no ciudadanía) temeroso de los verdaderos cambios y de la responsabilidad
que estos acarrean; desdeñosos y ariscos ante todo aquello que piense fuera
de la caja, que realmente marque pauta de distinción; sobre todo si ese que
marca pauta no es alguien mediáticamente consagrado. Para nosotros solo vale la
pena lo que tiene rating.
Si alguien
verdaderamente pensante, pero sin notoriedad mediática, llamase la atención
respecto a nuestra sempiterna actitud, la respuesta socarrona sería el gastado
“¿y tú que propones?” “¡propón tú algo!”; si presentase
alguna propuesta, sería descalificado sin siquiera tratar de entendérsele,
parodiado o, en el mejor de los casos… ignorado. Si quien propusiese fuese una
“luminaria” mediática, tendría sus cinco minutos de “gloria” sobre lo “genial”
que es… y ahí quedaría todo.
En consecuencia,
diecisiete meses o diecisiete años, después, solo podemos encontrar al
venezolano promedio, dándole vueltas a los eternos dimes y diretes; atrapado en
su Disonancia Cognitiva, en sus perennes mojones mentales, de los
que no quiere salir, por no perder sus referentes vivenciales.
Diecisiete meses
después, seguimos como hace veintiún años, enfangados en una eterna y malsana
actitud autocompasiva, auto-acusatoria y auto denigratoria.
Si no hubiese razones concretas para sentirnos frustrados (que sí las hay y muchísimas), nos las inventaríamos, desde un espíritu publico malcriado, en permanente intoxicación, dispuesto a desahogar su frustración a partir de generar en otros venezolanos, vergüenza, malestar o absurdos sentimientos de culpa, hasta por cosas fútiles como que algunos se alegren del regreso de DirecTV.
Ciertamente Diecisiete Meses no Son Nada, pero en la Venezuela actual,
hasta Cien años no serían nada.

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