jueves, 23 de mayo de 2024

En Pocas Palabras. La Civilización y La Barbarie, El Fanatismo y la Razón

 En Pocas Palabras

LA CIVILIZACIÓN Y LA BARBARIE, EL FANATISMO Y LA RAZÓN

Por Alexander Delgado C.

23 de Mayo de 2024



El odio, el fanatismo y la violencia, el resentimiento, la maldad en suma; son fuerzas oscuras, corrosivas; apocalípticas si así lo prefieren. Eso no hay que ponerlo en duda. Pero… En estos tiempos... ¿solo pueden combatirse con llamados a la paz, al amor o apelaciones a la razón por sí misma?

En el ser humano coexisten la razón y el fanatismo ciego, el instinto civilizador y el instinto barbárico. Lo que define a la evolución humana es su capacidad de CONTROLAR (que no es lo mismo que suprimir, ni tan siquiera reprimir) los instintos destructivos y hacer prevalecer la virtud y la razón.

Hemos vivido los últimos tres siglos bajo la, tercamente ingenua, ilusión de un ser humano instintivamente bueno, en búsqueda de la virtud; capaz de autorregularse en paz, armonía y libertad.

En realidad, es solo una verdad a medias. También Mr. Hyde es parte de nosotros.

Muchas veces, a la barbarie, al fanatismo y a la misma ignorancia (sobre todo la ignorancia desenfrenada, arrogante y jactanciosa que campea en estos tiempos), solo se le puede combatir, o imponérsele, por la fuerza, a partir de la neutralización o supresión, sin contemplaciones, de sus abyectos promotores y nocivos agentes portadores.

Y... ¡SÍ!; en nombre de la razón, de la virtud (Areté) y de la civilización.

Paradójico, pero es así.

Precisamente, la lección que nos da Robert Louis Stevenson con su historia del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, se refiere a la pretensión irrisoria de separar prístinamente civilización y barbarie (o el bien y el mal). Simplemente la maldad y la barbarie acaban imponiéndose, sobre todo en tiempos anómicos y desquiciados como los que estamos viviendo.

Entre whiskies y canapés, los muy “ilustrados” señoritos, híper cívicos y políticamente correctos, apelan a una razón pacíficamente “inmaculada”, suponiendo la existencia intrínseca de un sentido común que, fuera de sus burbujas sobre suelo de parquet, de común solo tiene el nombre. Son solo niños bonitos; en el mejor de los casos, bien intencionados pero fatuamente ilusos que, con naricita alzada, creen que la sinrazón y el fanatismo delirante, son solo una etapa adolescente; piensan que con el tiempo “se centrarán”.

El problema es cuán largo y, sobre todo, cuán costoso puede ser ese tiempo.

El otro problema es que, en el reino de la Idiocracia y la Posverdad, la sinrazón también se reproduce, a mayor escala que la razón; dejando a una vasta generación que tomará el relevo cuando, por cansancio, sus mayores decidan “centrarse”, perdón, retirarse.

¡NO!, la idea no es mantener a Jekyll, impecable e implacablemente, separado de Hyde, la idea es que Jekyll detente el control de manera incuestionada; que prevalezca sobre un Hyde, mucho más depurado, esmirriado y domesticado, en dependencia subordinada a Jekyll; cosa que, por cierto, se logra con férrea voluntad, con decisión… y también con autoridad; muy a lo Teddy Roosevelt, hablando con cortesía pero provisto de un gran garrote.

¡NO! El control real sobre Mr. Hyde no se logra con pócimas... pero tampoco cantando Imagine.

Frente a la violencia de los que no tienen la razón, la fuerza (en defensa propia) es arma legítima de la razón.

Frente a la sinrazón barbárica que afrontamos, Imagine, no es más que una canción, que, francamente, nada tiene que buscar en esta realidad.

Si acaso, que espere por tiempos más sosegados.

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