miércoles, 8 de julio de 2015

Neoliberalismo Y Democracia

NEOLIBERALISMO Y DEMOCRACIA

Por Alexander Delgado C.

08 de Julio de 2015


Francamente, no entiendo a los que propugnan para Latinoamérica un sistema basado en la economía de libre mercado que, a la vez, se desarrolle en un marco político democrático.

No es el caso aquí entrar en una disertación acerca de las virtudes o vicios, tanto del neoliberalismo como de la democracia. El meollo es que en los países de la región, un sistema de libre mercado, sea bueno o malo, es muy difícil de implementar exitosamente bajo un contexto democrático. En las sociedades latinoamericanas (tanto por nuestra herencia ibérica, como por la de la mayoría de nuestros pueblos aborígenes o los de procedencia afra) carecemos de una tradición o un hábito social y económico favorable a una dinámica liberal; el hábito de depender de papá estado está fuertemente arraigado y en algunos países (caso de Venezuela) casi pareciera que fosilizado. Por estas mismas razones (se justifique o no), en la opinión pública de nuestros países está muy enraizado un fuerte prejuicio anti-neoliberal que sirve de base a toda una retórica política proteccionista y populista, sobre la cual se ha anquilosado, no solo una dirigencia política (sobre todo de izquierda y centro izquierda, pero también en ciertos sectores conservadores), sino también una claque sobreprotegida, tanto intelectual, como empresarial, sindical y de liderazgos comunitarios. 

En consecuencia, en elecciones libres, en las que, necesariamente, se tiene que respetar a la voluntad mayoritaria, cualquier demagogo populista, anti-neoliberal o simplemente inescrupuloso, casi siempre va a tener mayores posibilidades de arrasar en las urnas. Más aún cuando, frecuentemente, los candidatos pro libre-mercado suelen ser (o asumir posturas) de yuppies, con un discurso y una sintaxis basados en tecnicismos economicistas que, si bien a ellos y al núcleo duro de sus minoritarias adhesiones, les brinda un referente de identidad sintáctica (o simplemente les suena interesante), para las mayorías, sin embargo, resulta incomprensible y hasta pretencioso. 

Y la idea de llegar al poder con un discurso populista únicamente electorero tampoco funciona, rápidamente las masas populares les pasan factura por su engaño. Cuando el candidato es inicialmente electo con un discurso sinceramente populista y luego, generalmente a la mitad de su periodo, rectifica y opta por una vía neoliberal, ya no le queda mucho tiempo y, en lo que le resta de periodo, lo poco que logra avanzar en esa vía, queda en nada cuando, en las siguientes elecciones, el candidato de oposición gana con el mismo discurso populista a que apeló en primer lugar el que ahora intenta gobernar neoliberalmente. 

En ese cuento nunca se llega a concretar nada. 

Fue lo que pasó en Venezuela desde 1988 hasta 1998. Carlos Andrés Pérez, después de haber gobernado en la segunda mitad de los 70, con el típico estilo populista-estatista (aunque no comparable con la oclocracia tiránica y resentida del chavismo), aprovechó su popularidad para ser reelecto ventajosamente en 1988 y aplicar (por necesidad o por convicción, no importa) un esquema económico inspirado en los llamados Chicago Boys, y que en su momento se denominó el Gran Viraje. Como es bien sabido, cuándo intentó aplicar las recetas fondomonetaristas, fracasó... o lo fracasaron, como se quiera ver. A comienzos de 1993, C.A.P salió del gobierno con un alto índice de impopularidad. 

En las elecciones de ese mismo año 93, el también ex presidente Rafael Caldera fue reelecto apelando al clásico discurso populista y anti neoliberal. Después de dos años de un gobierno basado en controles, crisis bancaria, pánico financiero y suspensiones de garantías, en 1996 la segunda administración de Caldera también intentó virar en sentido neoliberalista; esta vez con la llamada Agenda Venezuela. Fuera buena o fuera mala dicha agenda, no es el caso discutirlo; lo cierto es que ya era tarde para ese nuevo viraje. Apenas dos años después; nuevas elecciones presidenciales; un bajón circunstancial de los precios del petróleo y la intención de voto a favor de Hugo Chávez Frías se dispara. 

El resto es historia harto conocida. 

Insisto, si el libre mercado (absoluto, sin ningún tipo de trabas estatales) es bueno o es malo en líneas generales, es otra hondura que no viene a cuento en este escrito; pero en cuanto a su viabilidad, la lógica me dice que, en las circunstancias que vivimos, en Iberoamérica no es precisamente por la vía democrática como se podrían llevar a la práctica dichas medidas, hasta dar los resultados que, se supone, se buscan. Por lo demás el país de la región donde, hasta ahora, parece haber rendido sus mejores resultados ese sistema es Chile; pero, y dejando aparte la diferencia idiosincrática, más organizada, también más jerarquizada, que ha tenido la sociedad chilena con respecto a la de muchos de nuestros países, especialmente los de talante caribeño, como Venezuela; también es cierto que mucha de esa neo liberalización de la economía chilena, se debe a la dictadura del General Augusto Pinochet, por lo menos se echaron las bases durante dicho régimen. 

Es algo que, raras veces he visto que otros tomen en consideración ¿seré yo el que está viendo mal las cosas o está dejando de ver algo? 

Si es así, digo como uno de los personajes protagónicos de la película Philadelphia de Jonathan Demme (1993), el abogado Joseph Miller (interpretado por Denzel Washington): 

¿Alguien puede explicármelo como a un niño de cinco años?.

lunes, 6 de julio de 2015

Independencia Ayer y Segunda Independencia

INDEPENDENCIA AYER Y SEGUNDA INDEPENDENCIA
(Análisis Comparativo)

Por Alexander Delgado C.
06 de julio de 2015





Ya se ha vuelto costumbre comparar, la actual confrontación contra el castro comunismo con la Independencia frente a España. Por lo menos habría que considerarlo un avance de enfoque frente a un régimen que se pretende heredero de la Independencia frente a España y del “ideal bolivariano”, cuando en realidad son herederos del espíritu de Boves y cuando la Cuba Castrista y su satélite en Caracas, tras su careta de supuesta revolución, reproducen lo peor, lo más abyecto, de los reinados en España de Carlos IV y Fernando VII. Pero, y dejando aparte las obvias diferencias en aspectos más formales ¿Qué asemeja y diferencia, esa “Primera Independencia” y lo que algunos quisiéramos ver como la segunda confrontación independentista? Los puntos de comparación más relevantes para mí se darían en los siguientes aspectos:
Dirigencias Ayer y Hoy

La Independencia, hace dos siglos, fue mucho más que un movimiento de independencia política o una guerra para “sacar a los españoles”. Algo que nunca ha sido ponderado en su justa medida y que arrojaría una luz mucho más admirable sobre aquel acontecimiento. La Independencia frente a España fue impulsada, motorizada y dirigida por UNA GENERACIÓN DE PROHOMBRES, NO SOLO DE ACCIÓN, SINO TAMBIÉN DE PENSAMIENTO no solo militares sino también civiles, que además de su cultura se caracterizaban por sus inquietudes e ideas avanzadas, que veían en la dependencia de la España de Carlos IV y Fernando VII, una verdadera rémora a sus inquietudes de incorporar a estos países a la corriente de renovación que, con razón o sin ella, desde mediados del siglo XVIII soplaba internacionalmente con cada vez más fuerza, en todos los aspectos. De ahí que, a pesar de lo accidentado del proceso independentista en cuanto a acciones armadas, especialmente hasta 1816, hubiese una relativa coherencia estratégica, en cuanto a marco político general, que sirviese de sustento a las acciones armadas.  Expresiones como libertarse del yugo español, romper las cadenas que nos oprimían, etc., más allá de su justificación como retórica de guerra, han debido entenderse, con el paso de los años, de una manera muy relativa. Pero el discurso oficial (tanto el chavista como el anterior a Chávez), se empeñaron en mantener nuestra visión histórica estancada en esa clase de simplismos pseudo-epopéyicos, entre clarines y discursos, más patrioteros que patrióticos, y muchas veces políticamente interesados.

Hoy ¿con que clase de dirigencia ejecutiva contamos? Hablo por supuestos entre los más consagrados mediáticamente. Solo puedo definirlos como; erráticos, incomprensibles, patéticos, efímeros y muchos de ellos desconectados de las masas. ¿Con que prohombres contamos? ¿Cuántos hombres que, con sus ideas, pensamiento, etc., pueden forjar, entre nosotros, a toda una elite patriótica, culta “pero bastante próxima al pueblo” como la que había en la Caracas de finales del siglo XVIII e inicios del XIX? De la visión culta de aquellos prohombres de comienzos del siglo XIX a la Ignorancia exquisita de los demo-sifrinos que, en lo que va de siglo XXI han motorizado a la “oposición” al régimen Chavista, hay un gran trecho… en reversa. 


De la última gran generación de hombres de gran pensamiento quizá el más recordado, el Dr. Uslar Pietri (estuviéramos o no de acuerdo con sus ideas), murió hace más de una década, y los pocos que quedan, simplemente sus envejecidas voces están silenciadas entre la estridencia socio-política que nos ensordece y nos inmoviliza. Por supuesto que quedan sus libros, conferencias y declaraciones al alcance, pero en medio de una sociedad que cada día lee menos, una sociedad sometida a un bombardeo informativo y a la vez desinformativo, fragmentario, incierto, anárquico, destellar… y neurótico.

Manejo Discursivo y Propagandístico
Al haber unos ideales e intereses razonablemente definidos, más allá del trámite de emanciparnos de la corona española, era más fácil dar a conocer la causa independentista, tanto a nivel del propio pueblo, como a nivel internacional. Por otra parte, los precursores, especialmente Francisco de Miranda, llevaron a cabo un trabajo previo de difusión de ideas, de constante captación de apoyos y de apostolado que los líderes independentistas supieron aprovechar. Los emisarios independentistas en Europa (en nuestro caso Luis López Méndez y Andrés Bello) se dieron a la tarea de proyectar el movimiento emancipador ante la opinión pública europea (incluso no pocas veces ante los propios españoles descontentos de Fernando VII), como una verdadera revolución, en el buen sentido de la palabra, lo que les permitió granjear apoyos al principio remisos y neutralizar la hostilidad existente en esos mismos países. A ese trabajo se debe el enganche de voluntarios europeos en las fuerzas independentistas, especialmente a partir de 1818, con el efecto que tuvo en términos de profesionalización y tecnificación de los todavía emergentes ejércitos patriotas. Esos apoyos, por cierto, no se dieron al principio a nivel de gobiernos. Por ejemplo, el gobierno británico (aliado de España en la lucha contra Napoleón), hasta 1818 fue claramente hostil a los patriotas, llegando a prohibir el comercio de armas a sus colonias del Caribe. López Méndez y Bello no pocas veces se vieron hostigados en Londres por el alto gobierno o dirigentes cercanos a él (el propio López Méndez sufrió prisiones por deudas contraídas a nombre de La naciente Republica).

 Hoy no parecen existir organizaciones que se enfoquen en esa tarea, o que lo hagan de una manera organizada, con un mínimo de disciplina; canalizando, sistematizando, jerarquizando la información (el papel desempeñado por organizaciones como Veppex u Orvex luce bastante gris en ese sentido). La mayoría simplemente no le para a eso o esperan a que alguien más lo haga. La dinámica a nivel de Internet y redes sociales es muy aluvional, muy de chismorreo y desahogo. Demasiado emocional en sí misma, en vez de canalizar las emociones. Los pocos que prestan atención a ese tema se empeñan (inútilmente en la mayoría de los casos) en conseguir el apoyo de los gobiernos establecidos, especialmente de los que se supone no son de línea castro-chavista, sin entender que esos gobiernos tienen intereses propios o nacionales que no van a arriesgar echándose encima al Foro de Sao Paulo. En cambio, se desdeña captar el apoyo o solidaridad en los pueblos (contradiciendo las banderas democráticas que con frecuencia se enarbolan), se desaprovecha los apoyos espontáneos que surgen aquí y allá (como no los había habido en años anteriores) entre ex-mandatarios, intelectuales respetables, personalidades del mundo artístico, deportivo o incluso de la farándula, con una pegada popular mucho mayor si se quiere, que dirigentes políticos. Importante notar que el trabajo previo de Miranda, Nariño, Vizcardo y otros, que logró el estallido casi simultaneo de las primeras rebeliones en ciudades prácticamente aisladas entre sí y que facilitó la posterior cooperación conjunta de los independentistas de país a país, este trabajo previo, repito, se hizo cuando no existía ni el telégrafo Morse ¿Hasta dónde hubieran llegado con una herramienta como la Internet y, dentro de esta, las redes sociales? Nosotros que la tenemos la usamos de manera poco menos que frívola.

Ideales Ayer y Hoy

Como se dijo, para los libertadores (tanto los de pluma como los de charreteras) e impulsores del movimiento emancipador, “sacudirse de encima el dominio español” era, importante como paso previo, pero en el fondo algo secundario, lo importante era fundar la República, con todo lo que para ellos implicaba esa idea, en cuanto a horizontes más amplios en lo económico social y de proyección política. ¿Qué republica (porque no me imagino una monarquía como alternativa) aspiramos a refundar? ¿Apoyada en que cuerpo de ideas? No hay propuestas concretas, muchos prohombres de hace dos siglos, tenían, cada uno a su manera, ideas de renovación social que, incluso bajo la colonia, habían expuesto en ayuntamientos, o habían discutido en conversatorios y conciliábulos como las Tertulias de Los Ustáriz en Caracas. ¿En nuestro tiempo qué? Salvo ideas vagas de libertad y democracia, más utópicas que concretas, solo quejarnos, lloriquear, solo alardes y consignas cuatriboleadas (más pantallería que voluntad sincera), solo recitar el 350… En el fondo, se admita o no, solo se aspira mediocremente a regresar al puntofijismo, lo cual es poco menos que imaginarse a los libertadores aspirando regresar al pasado prehispánico (guayuco incluido). La mayoría no quiere entender que el chavismo, aunque se hubiera presentado como una “revolución” y una “republica” diferente, es el detritus de todo un sistema, implantado en 1945, consolidado en 1958, en decadencia desde 1974 y en crisis cada vez más terminal desde 1989. Son peor de lo mismo. Chávez, en el fondo, fue el último gran caudillo de eso que llaman la Cuarta República. Su propia pretensión de ser quinta república retrata la ignorancia de ellos, de sus seguidores…pero también del común de sus opositores que le compraron el discurso, así sea para contrariarlo. La republica (y que) superada en 1999 ha debido considerarse, si acaso, la tercera, no la cuarta. Lo cierto es que no hay pasado, bonito o feo, a que regresar. En eso nos asemejamos a 1810 y 1811 pero con una diferencia, los prohombres de la época estaban conscientes y lo asumían, en esta época, simplemente nos negamos a entenderlo, solo aspiramos patéticamente a volver a ser felices, pero sin saberlo. 
Contexto Internacional
  
A comienzos del siglo XIX la idea de estado-nación como la entendemos hoy, apenas estaba surgiendo. Entre nosotros el discurso nacionalista, tenía aun una connotación muy continental, los nacionalismos venzolanista, mexicansta, colombianista, etc. cuajarían posteriormente. A pesar del aislamiento geográfico, los independentistas hispanoamericanos de los diversos países, oriundos de dominios de la misma metrópoli, en gran medida se veían, más que como extranjeros, como hoy un venezolano de Los Andes y uno de Oriente. Eso, junto al hecho de enfrentar un mismo poder, determinó que los independentistas consideraran como su teatro natural de operaciones cualquier lugar del imperio español en rebelión contra La Metrópoli, y donde aún no se hubieran rebelado, como fue el caso de Perú hasta 1821, como territorios que había que arrebatarle a la corona española para evitar un contraataque proveniente de allí. Esto explica que, aunque al comienzo la Guerra independentista tuviera un carácter muy local, se diera una lucha cada vez más mancomunada con los independentistas de los países vecinos, hasta culminar en las grandes campañas, a escala continental de Bolívar y San Martín.
Hoy el Castro-Comunismo (No tanto la nación cubana que es una suerte de portador, hablando en términos epidemiológicos) es un fenómeno socio político a escala latinoamericana con igual nomenclatura cultural y política, materializado, sobre todo en el Foro de Sao Paulo. Como buenos marxista-leninistas los foristas desprecian las naciones y fronteras y buscan expandirse por todo el continente. Esto los convierte en una amenaza y una corrosión. Como la España de Fernando VII hace 200 años (O de manera más indirecta La Santa Alianza) son un enemigo común para los anticomunistas de toda Hispanoamérica (nacionalistas, conservadores, simplemente republicanos, liberales, demócratas o incluso social-demócratas), infortunadamente el Estado nación y los nacionalismos a lo interno de Latinoamérica, se han consagrado, quizá más que en la Europa de hoy, y junto con ellos el concepto de soberanía y no injerencia, la premisa, muy Poncio Pilatos, parece ser que cada quien resuelva sus problemas. A eso agreguemos que las, hoy históricas, rivalidades, enemistades (como contra-cara de la hermandad) y disputas territoriales entre muchos de los países hispanoamericanos, han configurado unos nacionalismos caníbales, alimentando un bajo sentido de solidaridad continental. Todo esto influye en que frente al castro-chavismo haya muy poca disposición a verse en una lucha común de país a país, y a que los castro-chavistas, una vez en el poder jueguen a su antojo con el concepto de soberanía y no injerencia, aplicándolo contra quienes se les oponen y haciéndose de la vista gorda cuando se trata de copartidarios de los demás países, que, aquí en Venezuela hasta se dan el lujo de insultar a dirigentes opositores, como si fueran propios. 

Contexto Histórico


Los movimientos independentistas hispanoamericanos tendrían que apreciarse en el entorno occidental de entonces. Un momento histórico, bastante convulso, de cambios vertiginosos pero en una dirección más o menos definida, en el que el naciente industrialismo, el desarrollo de una visión cientificista-mecanicista, de la Ilustración y el Enciclopedismo, determinaron que; contra la tradicional sociedad agraria, aristocrática y clerical, políticamente monárquico-absolutista, con una estructura socio-económica remanente del feudalismo y basada en una cosmovisión que, con mayor o menor acierto, se consideraba obsoleta y atávica; se levantara una cosmovisión secularista, liberal en mayor o menor grado, enarbolando políticamente las banderas de la República o la Monarquía Constitucional y parlamentaria, e incluso la Democracia, defendiendo en lo económico el libre comercio (en mayor  menor grado) y en lo social propugnando (los más radicales) ideas como la Educación Pública. Una cosmovisión, revolucionaria para la época, que, tras triunfar, delinearía, en los países más desarrollados, lo que hoy conocemos como la Sociedad Industrial. Si fue para bien o para mal es asunto para discutirlo en otra ocasión. Los movimientos independentistas hispanoamericanos se enmarcaron en esa corriente de renovación, aunque en nuestro caso el industrialismo siempre fuera más aspiracional que consumado.


Hoy podríamos estar igualmente en un momento de cambio histórico mundial. Buena o mala La Sociedad Industrial encumbrada hace dos siglos, está en una clara crisis, sus premisas, revolucionarias en los tiempos de la Independencia, hay resultan vacías, sin credibilidad, agotadas. Pero la nueva cosmovisión no parece vislumbrarse. Se habla de una emergente sociedad post-industrial, algunos (a ejemplo de Alvin Toffler) hablan de Tercera Ola, otros, más trilladamente, hablan de post-modernidad, pero en el fondo nadie sabe con qué se come todo eso. Existe la impresión de que la Nueva cosmovisión, si es que no habría varias cosmovisiones juntas, sería demasiado ecléctica, para ser comprendida, quizá esto influya en un mayor temor a enterrar finalmente la cosmovisión industrialista y adentrarse en algo, a la par que desconocido mucho más indefinible de lo que fue el pensamiento emergente a finales del siglo XVIII. En ese contexto ¿Cómo y donde se ubica nuestra, más que justificable confrontación contra el Castro Comunismo y el Foro de Sao Paulo? ¿De qué lado estaríamos? ¿Hasta qué punto, y vistas las consideraciones anteriores, tenemos la visión y el espíritu para ubicarnos en el futuro y no en el presente o, peor, en el pasado? Es claro que el castro-Comunismo es una concepción, que por obsoleta debería considerarse ultraconservadora, pero la seguimos viendo como revolucionaria. El socialismo tradicional pertenece a esa modernidad industrial, hoy decadente y roñosa… pero el capitalismo tradicional también, aunque no nos demos cuenta o lo consideremos mejor que lo que estamos viviendo. ¿Cómo se configura el futuro en nuestro caso?

Conclusión

De todo lo anteriormente expuesto saco que, si bien hay semejanzas de fondo entre la Guerra Independentista de hace 200 años y la obligación de luchar contra el opresor Castro-Comunista de hoy, a un nivel más concreto, se requiere de una élite dirigente, tanto de pensamiento como de acción, mucho más audaz y enérgica, más organizada y con mayor sentido de cohesión y capacidad de capitalización y canalización,  resteada en la acción, pero también con mirada más vanguardista, los enfoques, los discursos deben ser diferentes, debe lucharse y proyectarse con ideas nuevas, que sean capaces de desafiar no solo al Castro-Chavismo, sino a todo el sistema político decadente, tanto de izquierda como de derecha (incluidos estos dos remoquetes), desafiar la sintaxis política aún vigente, desnudando su vacío con un nuevo discurso, nomenclaturas diferentes (en muchos casos forjadas sobre los hechos) y una nueva visión.


Iguales motivos para luchar, pero a tiempos distintos, criterios distintos, retos distintos.  

viernes, 26 de diciembre de 2014

En Pocas Palabras ¡Basta De Sembrarnos Cenizas!

En Pocas Palabras 

¡BASTA DE SEMBRARNOS CENIZAS A NOSOTROS MISMOS!

(Reflexión de Navidad) 

Por Alexander Delgado C.

23 de Diciembre de 2014


Reflexionando; definitivamente LA IGNORANCIA, LA ESTUPIDEZ, EL RESENTIMIENTO Y EL COMPLEJO DE INFERIORIDAD han sido nuestro sino fatal.

Son las mismas toxinas, llámense de izquierda, de centro o de derecha; llámense socialistas, capitalistas, corporativistas o como quieran; sean pro-yanquis o anti-yanquis, hispanistas o anti 12 de Octubre; bolivaristas, mirandistas, paecistas, sucristas, mariñistas o como se les ocurra; adoren al Che Guevara, a la Falange Española o a Ronald Reagan... y por supuesto, se adornen de rojo o de azul…

Sean guarimberos, cultores de “La Salida”, electoreros, consituyenteros o trescientos cincuenteros, SEAN LO QUE SEAN.

Y no, no me estoy volviendo NI-NI, ni mucho menos, rojo (Dios me ampare). Sigo estando de lado que es.

Es nuestro problema de fondo, junto a LA NECEDAD, LA VULGATA Y SUPERFICIALIDAD DE ESPÍRITU Y PENSAMIENTO...

Y, lo peor de todo, ESA MALSANA Y SECULAR MANÍA DE AUTODENIGRARNOS. Como ya señalé al comienzo, este es el más grave de los problemas de fondo y es de larga data; es el mismo sentimiento imperante a comienzos del siglo XX y expresado en novelas como Ídolos Rotos de Manuel Díaz Rodríguez o en Memorias de un Venezolano de la Decadencia de José Rafael Pocaterra. En los últimos meses esa actitud patológica ha dejado secuelas y ha tenido manifestaciones realmente desgarradoras por parte de muchos venezolanos, algunos por  veneno, odio y maldad, pero muchos, la mayoría, sin duda, por un legítimo sentimiento de desesperación y dolor, eso sí, expresados de la peor manera posible.

Pero con toda la decadencia objetiva que vemos a nuestro alrededor, la peor y la más primigenia es la que está en nuestro espíritu como nación, es esa auto corrosiva predisposición al derrotismo, esa tendencia, medio morbosa, a auto-restregarnos nuestras falencias, usando muchas veces para eso los méritos de muchos prohombres y de otros pueblos (con los que de paso se les rebaja a ellos también).

Es una clara expresión de lo que Augusto Mijares llamaba Los Sembradores de Cenizas.

¡BASTA DE AUTO-SEMBRARNOS CENIZAS! 

A la larga de poco sirven rebeliones, guarimbas, elecciones, constituyentes, transiciones y demás yerbas si no se ataca a fondo esa ANTI-ESTRUCTURA que nos caracteriza y de la que, sin duda alguna, se nutre el régimen de Miraflores. De otro modo, derrocado este desgobierno, lo que este representa, sin embargo, volvería más adelante, quizá bajo otras formas, pero esencialmente lo mismo.

A veces lo urgente no deja tiempo para lo importante y otras veces lo urgente (como razón válida) es la mejor excusa para evadir la responsabilidad de lo verdaderamente importante. No es para volverse fatalistas ni autocompasivos, es para pensar un poco.

Esa es mi reflexión para todos nosotros en estas fechas y de cara al año que viene.

¡FELIZ NAVIDAD!

lunes, 15 de diciembre de 2014

La Ilusión Post Rentista

LA ILUSIÓN POST RENTISTA

Por Alexander Delgado C. 

Escrito originalmente el 30 de Noviembre de 2014



El bajón que está experimentando los precios del petróleo, junto a las opiniones de expertos, según las cuales se prevé que sea muy difícil que remonten, lleva a muchos a mirar hacia una hipotética Venezuela post-rentista. Y con toda la razón, quienes así piensan aseguran que ese rentismo nos ha hecho mucho daño. 

De hecho, durante la llamada Era Chávez, uno de los “argumentos” a los que, de un modo francamente simplista, se solía apelar habitualmente para explicar que el, hoy fallecido, Hugo Chávez no cayera, radicaba en los altos precios del petróleo. De ahí que en aquel entonces muchos venezolanos opositores, con una ilusión conmovedoramente necia, vieran cualquier posible bajón del petróleo como detonante al proceso de caída del régimen chavista. En conversaciones sueltas, solía referirme a esa actitud como la petro-supercheríaDe nada me valió argumentar “ok, pongamos que cae el petróleo y más atrás cae Chávez ¿con que recursos va a contar el siguiente gobierno para hacer frente a los mil problemas agravados por el chavismo y con los chavistas en la oposición?” el común de la gente no quería pensar con la cabeza, cosa que, lamentablemente, no ha cambiado al día de hoy. 

Teóricamente, en la medida en que el petróleo deje de ser una fuente de recursos inmensos para el país, en esa misma medida llegaríamos a lo que algunos llaman el tiempo de verdades, en el que tendríamos que asumir que nada es gratuito, que todo en esta vida hay que sudarlo y que de verdad valoramos las cosas solo cuando nos cuestan. 

Hasta ahí excelente... y sí, así debería ser. 

Pero de ahí a creer que eso per se pueda abrir las puertas a una sociedad más unida, armónica y en democracia, es pecar de ser un reverendo bolsa o no conocer nuestra historia. 

El post-rentismo, en el que entraríamos cuando acabe la era petrolera, no necesariamente tendría que llevarnos a una sociedad civilista, liberal y democráticamente consensuada. Por el contrario; sea o no sea el petróleo un excremento del infierno, como comúnmente se le ha catalogado, lo cierto es que la renta petrolera fue una enorme ayuda para que Venezuela entrara en la modernidad, económica, social y política, que se verificó a partir de 1936. Fue la renta petrolera la que ayudó a configurar la ilusión de armonía (dixit Moisés Naim y Ramón Piñango) que disfrutamos entre 1958 y 1998. Si estuvo bien o mal esa supuesta armonía, si desaprovechamos el momento, eso es otro tema. Incluso la precaria y oscilante estabilidad”; en medio de la corrupción, el caos y la decadencia, que (visto superficialmente) Venezuela llegó a vivir hasta 2013, y de la que se llegaron a beneficiar, en mayor o menor escala, chavistas y opositores; en parte se debió a los ingresos petroleros, con todo y lo devastada, arruinada y alienada a intereses antinacionales que ya estaba para entonces la industria petrolera nacional. 

Lo cierto es que de lo anterior se desprende que lo más probable es que el post-rentismo no signifique la muerte del populismo, el militarismo y el autoritarismo, sino todo lo contrario. En la Venezuela del siglo XIX y comienzos del siglo XX no había petróleo ni ninguna otra gran riqueza con que ser rentista (ni el cacao, ni el tabaco, ni el café daban para tanto) y sin embargo existieron, como problema, solución o mal necesario; Boves, Zamora, los dos Guzmanes, CrespoEl Mocho y El Cabito… y llegó Gómez

Quizá el rentismo petrolero, aquietó, domesticó e incluso llegó a canalizar favorablemente, al menos hasta 1998, ese aspecto idiosincrático, democrático y trepador, pero también turbulento, cazurro y barbárico, de un sector importante de nuestra población; ese individualismo fiero y cimarrón, escondido detrás del hecho colectivo; que hasta 1908 nos hacía debatirnos entre vivir en la anarquía o alcanzar un relativo orden bajo un, nada democrático, puño de hierro. 

Sin petrochequeras ni nada con que aplicar realazos ¿Cómo se contiene ese elemento anómico y oclocrático de nuestra sociedad?... A menos, claro está que sea con la fuerza dura y cruda; y si este fuera el caso, ¿contamos (del lado antichavista) con el poder de fuego, la organización y, lo que es más importante, la determinación para esa eventual acción de fuerza? 


Solo hay que mirar los cinturones de miseria a nuestro alrededor, como la bomba de tiempo social que en realidad son; como se les veía allá por los días del Caracazo (1989), o incluso, durante buena parte del régimen chavista; como el factor de perturbación, caos e inestabilidad que en ningún momento han dejado de ser; mirarlos sin la esperanza idiota que algunos demo-sifrinos ponen ahora en que “cuando los cerros reaccionen contra el gobierno”. 

A los exquisitos que ante cualquier caso de barbarie, nacional o internacional, ponen cara de asco y se llevan las manos a la cabeza exclamando “¿Cómo puede pasar esto en pleno siglo XXI?”, habría que responderles que es precisamente por eso; porque estamos en el siglo XXI, el verdadero, el que llegó, como una bofetada a nuestra conciencia, la mañana del 11 de Septiembre de 2001. El siglo XXI tal y como se vislumbra y no la ilusión yuppesca y nice people que solemos tener, a cuento de desarrollo tecnológico. En el caso de países como Venezuela, el siglo XXI muy probablemente, será un Ciber Siglo XIX y lo será para todos; rojos, azules, amarillos o vino-tintos. 

Lo anterior no es para lloriquear, lamentarse o renegar, pero tampoco es para enterrar la cabeza como avestruces en nuestra eterna disonancia cognitiva. Es para pensar (si no es mucho el esfuerzo), para afinar los criterios en cómo hacer frente a una situación claramente predecible. A problemas inusuales, soluciones inusuales. 

Bienvenidos al verdadero Siglo XXI.

martes, 3 de junio de 2014

Frente A La Eterna Trampa

FRENTE A LA ETERNA TRAMPA

Por Alexander Delgado C.

3 de Junio de 2014


En un post publicado en Twitter el día de ayer, el usuario Rafa León (@elrafaleon), que hasta ahora ha mantenido una postura crítica hacia la MUD, dice:

Al régimen le favorece la división de la oposición con respecto a #LaSalida y @leopoldolopez.  Eso pesará cuando se tome la decisión de hoy.”.

Aclaremos que aquí el punto no es seguir lloviendo sobre mojado, en la, ya sempiterna, discusión sobre si la salida es a punta de guarimbas o de elecciones, a estas alturas prefiero dejarlo a la conciencia de cada quien ¡Para mí ya está bueno de ese y otros discos rayados! ¿Guarimbero o MUDo? En lo personal me inclino muy poco a soluciones electorales, aunque en otras ocasiones las haya aceptado por motivos, netamente pragmáticos; ¿Leopoldero o Caprilero?, la verdad no me identifico con ninguno de las dos. Tampoco mi intención es contradecir al Rafa, ni mucho menos decir que no tiene razón en lo que sostiene; la tiene y mucha.

Pero sí quiero llamar la atención sobre el citado tweet, ya me sirve de espoleta para las siguientes reflexiones:

Es una eterna trampa; estamos como pajaritos en grama frente a opiniones encontradas; si nos unimos somos borregos, si disentimos fomentamos la división y favorecemos al chavismo... Pareciéramos estar, como se decía coloquialmente, bailando en un tusero, no te muevas muy a la derecha porque te estrellas contra el muro ni muy a la izquierda porque te vas por el barranco. 

En momentos así me siento como en una ratonera. Si no nos agarra el chingo nos agarra el sin nariz... y eso es exactamente lo que el régimen quiere que sintamos... hasta que nos cansemos. 

¿Nos cansamos? Y si no ¿Qué hacemos entonces? 

Si votamos o negociamos se nos tilda (con mayor o menor razón) de colaboracionistas y de hacerle el juego al régimen. Si se opta por las acciones de calle, como se hizo este año, durante varios meses, con el consecuente saldo en muertos, heridos, detenidos y torturados, entonces resulta que era el camino equivocado, que la MUD tenía la razón y que, aparte, eso era darle argumentos al régimen para que acelere en su radicalización… y si el régimen no cae en unos pocos días, caemos en el eterno fatalismo autodestructivo, jactanciosamente masoquista, típico del venezolano, con frases consabidas como “a esto se lo llevó el que lo trajo”….  

No puedo evitar recordar aquella vieja fábula del hombre mayor y el niño llevando a un burro para venderlo en el mercado; si el niño montaba el burro lo criticaban por obligar al pobre viejo a caminar, si lo montaba el señor, entonces el abusador era él, que obligaba a caminar al niño, se montaban los dos, ambos abusaban del pobre burro, si no se montaba ninguno, significaba entonces que el burro no servía para carga y no lo pudieron vender. 

Así siento que estamos con esto de ¿calle o elecciones?¿negociar o guarimbas? Pero es evidente que algo nos falta y siento que ese algo está más allá de si negociamos, votamos, guarimbeamos o bailamos el cha cha cha. 

En mi opinión tiene que ver con la forma en que nos enfocamos a nosotros mismos y sobre todo como nos proyectamos a futuro. Tiene que ver con organizarnos y proyectarnos como el país y el gobierno que podríamos ser, así sea, inicialmente, de cara a nosotros mismos, desde las sombras, en nuestro propio hogar o vecindario. Se trata de empezar por generarnos a nosotros esa visión de la patria por la que luchamos; obviamente a las antípodas de la actual purulencia roja, pero también diferente, para mejor, que la Venezuela que había antes de 1999. Tiene que ver con cohesionarnos, organizarnos y retroalimentarnos de ideas, al margen del régimen y de los, ya fastidiosos, dimes y diretes; tiene que ver con un sentido de rebelión, solo que ya no solamente en una barricada sino también, complementando esos tiempos de barricadas, con interregnos más tranquilos, en un día a día, en una cotidianidad en la que, nos guste o no, tenemos que seguir viviendo; mirar el actual momento como la tregua o descanso entre la pelea en la que prepararnos para el siguiente round.

Tiene que ver con entender que no tenemos gobierno ni instituciones y que en este momento el gobierno y las instituciones (o al menos un simulacro de los mismos) debemos ser nosotros; al menos, insisto, ante nosotros mismos y en la medida en que podamos situarnos al margen de la acción de este desgobierno enemigo. 

Al menos podríamos hacer pequeños ensayos aquí y allá. 

Por Ejemplo: 

¿Nos quieren imponer un enfoque educativo odioso, a través de la Resolución 058? las quemas de libros o las huelgas no son la única alternativa válida de rebelión. Otra alternativa y muy pertinente es no mandar a sus hijos a clases, organizarnos como comunidad y educarlos nosotros; con esto pondríamos en evidencia la crisis y la falta de credibilidad en el actual sistema educativo. Tal vez sin pretenderlo estaríamos dando pasos (a futuro, se entiende) hacia una verdadera revolución educativa… una revolución, claro está, en el buen sentido de la palabra; un sentido opuesto al castro-chavismo. Por supuesto que esta opción implica que nuestros muchachos queden sin educación formal, ciertamente hay que pensarla muy bien, tiene sus riesgos, pero no por eso deberíamos descartarla de plano. Otra alternativa es seguir mandando a los muchachos a clases y arreglárnosla para “contra-enseñar”, o sea, para corregir deformaciones y neutralizar, desde el hogar, los intentos adoctrinantes. Por supuesto que esto requiere de un muy alto nivel de organización, además implica aceptar la posibilidad de que nosotros mismos no estemos lo suficientemente instruidos (es posible que, junto a la falta de tiempo, esta sea la principal objeción aducida por muchos representantes). 

¿Qué no tenemos libros adecuados en cantidades suficientes? ¿Qué carecemos de un programa o diagrama educativo disponible? Pues nos las arreglemos para reproducir, fotocopiar o simplemente pasar de mano en mano, los pocos que se dispongan (¿nos hemos tomado el trabajo de buscar en puestos de libros usados ediciones anteriores?) y, por supuesto, complementar este material recabado con la información de que se pueda disponer en la internet. Los pocos libros de que podamos echar mano nos servirían de referente inicial para el programa educativo a ceñirnos. 

¿Que la generalidad de los padres y representantes no tiene tiempo para asumir ellos la educación de sus hijos? Cierto, pero ¿y los pocos que sí tengan tiempo, disposición y capacidad para enseñar o contra-enseñar? Tal vez, y con la debida precaución, lo puede hacer un profesor desempleado o con el tiempo suficiente o un familiar, amigo o vecino con el suficiente conocimiento y capacidad, igualmente en situación de cesantía o con disponibilidad de tiempo, así sea el fin de semana. Por supuesto, como dije al principio, se requiere de un alto grado de organización y cohesión; mejor dicho, de disciplina; una verdadera prueba de fuego. 

Otro ejemplo, ya saliéndonos del tema educativo, de cómo podemos generar desde las sombras una nación distinta:

¿Los rojos terminan de configurar sus fulanas comunas? Nosotros creamos subrepticiamente las Juntas Patrióticas, a nivel local, zonal, regional, nacional (juntas que a su vez podrían canalizar temas como el educativo). Nosotros podríamos preservar, o proyectar una preservación, aunque fuere en las sombras o en una semi-clandestinidad, a la parroquia, al municipio y lo expresamos a través de esas, ya mencionadas Juntas Patrióticas; en principio de cara a nosotros mismos, mientras no se reconquiste y se reestructure la nación. 

¿Se quiere una rebelión? Pues ¡así se hace!; desde las bases, desde las catacumbas, desde el día a día. Así se forjan los cimientos de una verdadera rebelión, no con simples balandronadas, a más heroicas, a más patéticas o a más cretinas.

El tema de la educación y las Juntas Patrióticas los expongo como botones de muestra; dos ejemplos entre muchos, tomados al azar, expuestos torpemente y sin pulir, de cómo podríamos empezar a volcarnos sobre nosotros mismos, de cómo podríamos generar, desde las sombras, una dinámica social que, a corto o mediano plazo, siente las bases de una Venezuela alternativa, antes de proclamarla categóricamente en una nueva rebelión manifiesta. 

Una lucha de resistencia no implica solo marchas, concentraciones guarimbas y enfrentamientos violentos como los que acabamos de vivir con el dolorosamente conocido saldo en muertes y frustración. Puede haber otras forma de rebelión y resistencia al régimen, quizá más tranquila, más soterrada, pero más permanente y cotidiana y, si se quiere, con mayores posibilidades de sustentación y de pequeños logros cotidianos que, a su vez, generarían un efecto anímico positivo, tonificantemente revulsivo. Estas acciones, más serenas, harían mucho más honor al nombre de “resistencia”, ya que estarímos resistiendo sin atacar, al menos de momento. Podríamos verlas como guarimbas en reposo, en constante preparación, actualización, reorganización y retroalimentación, desde la semi-clandestinidad de catacumbas, reales o figuradas, en las que, además, se puedan generar ideas para hacer más efectiva una hipotética nueva rebelión, o mejor, nuestro propio contraataque fulminante contra el régimen.   

¿Difícil? ¡SÍ¡Bastante! ¿Imposible? nada lo es. Podemos quedarnos lloriqueando, lamentándonos, renegando, insultando (con razón) al castro-chavismo o podemos asumir nosotros mismos la responsabilidad con esta, nuestra patria. Ideas pequeñas, tal vez de alcance solo entre la familia los vecinos o los amigos copartidarios, pero ya es algo. En realidad ya es mucho si lo hace uno y lo hacen otros cuantos más. 

Una sentencia de Simón Rodríguez hace alusión a la necesidad de justificar toda rebelión apoyándola en un proyecto, creo que eso es lo que nos falta, aunque ese proyecto de nación también se configure del mismo modo en que nos toca vivir, en las urgencias del día a día, a retazos de ideas concatenables que apunten no solo a la caída del régimen sino a la reorganización de este país reducido a escombros o si fuera el caso, a una refundación nacional.

Pero si solo nos vemos como una oposición, y no como un verdadero movimiento de renovación, en lucha por establecer el país, mil veces mejor, que podríamos ser; estaremos siempre en la misma catalepsia, insultando al chavismo e insultándonos a nosotros mismos porque y que no tenemos bolas, eternamente en una ratonera, aunque creyéndonos dragones dentro de ella.

domingo, 27 de abril de 2014

Espíritu Público Contra Nihilismo Comunista

ESPÍRITU PÚBLICO CONTRA NIHILISMO CASTRO-COMUNISTA

Por Alexander Delgado C.

27 de Abril de 2014

Refiriéndose a la Guerra Fría, un amigo mío solía decir que la verdadera confrontación no era entre Washington DC y Moscú, sino entre Moscú y Roma, más claramente, El Vaticano.

Ciertamente la inquina de los comunistas a las religiones tiene fundamentos sólidos; por un lado las grandes religiones en general (y el cristianismo en particular, especialmente el católico) tienen masas de seguidores espontáneos que les envidia el comunismo. Por otro lado la religiosidad ofrece al pueblo una cosmovisión y un sentido de trascendencia que va más allá del hombre en sí mismo, otra piedra en el zapato de los rojos que solo pueden reinar sobre pueblos desesperanzados, nihilistas y sin valores, para poder alienarlos con más facilidad.

Finalmente las religiones, además de su cara estrictamente teologal-espiritual, tienen una faceta socio-cultural que, por un lado influye en la observancia de sanas normas de convivencia y de moral pública, y por otro lado, se convierte en un referente e importante refuerzo a la identidad en los pueblos (Ej.: Catolicismo en los países Latinos, Protestantismo en los anglo-germánicos, Islam en la mayoría del Medio Oriente, Judaísmo en Israel, Cristianismo Ortodoxo en países como Rusia, Grecia, etc.). Esto constituye otra horma en el zapato rojo, más aun cuanto que, en general, ese sentido de pertenencia, no pocas veces, arropa incluso a quienes no comparten la religión mayoritaria o simplemente no tienen religión, pero que saben respetar las tradiciones del pueblo del que provienen o en el que están.

Por eso es que los castro-comunistas, como buenos; desadaptados, renegados, acomplejados, resentidos, pobristas y odiantes, ven con inquina a las religiones, especialmente al cristianismo; de ahí que en todo vean una excusa para atacarlas y mancillarlas. La gran paradoja que define aún más el profundo vacío, desadaptación y resentimiento de comunistas, confesos o de closet; es su tendencia casi obsesiva por buscar pseudo-religiones sustitutivas en teorías político-sociales o socioeconómicas; por supuesto el marxismo-leninismo es el referente más conspicuo.

Una de las tácticas ateístas (y especialmente anticatólicas) más comunes de los rojos y proto-rojos es FOMENTAR LA DIVISIÓN Y EL ODIO ENTRE RELIGIONES. Ej.: soliviantan o bendicen los extremismos islámicos antioccidentales y anticristianos; esto a pesar de que el fundamentalismo islámico, como fanatismo religioso, es una negación al materialismo dialéctico, tradicionalmente ateísta, del marxismo-leninismo. Pero eso a ellos no les importa; en su odio a los valores occidentales, todo suma, por contra natura que sea.  

Por otra parte, es común que en los países de mayoría católica (caso de los latinoamericanos), de manera solapada, premeditada o instintiva, fomentan la proliferación de iglesias protestantes o  evangélicas (especialmente las de garaje), a cual más delirante, y, por suepuesto, muchas de ellas odiantes del catolicismo.

En Venezuela, el chavismo, que todavía no se atreve a proclamar a los cuatro vientos su marxismo-leninismo, simplemente instiga, por debajo de cuerda, a sus seguidores a volverse evangélicos (generalmente de grupos enemigos a muerte del Vaticano). Esto último lo digo con el debido respeto que merecen muchos cristianos no-católicos, decentes, trabajadores, honrados… y anticomunistas. Pero es muy evidente esta mística castro-comunista de calentarle las orejas a ciertos grupos evangélicos, como fuerza de choque no declarada a la Iglesia Católica La idea es quebrar la fuerza que el catolicismo tiene, no solo en el aspecto espiritual, sino también, como institución en sí misma. Logrado esto sería más fácil, inocularles a los propios evangélicos (y, eventualmente, a los islámicos) el veneno nihilista y ateísta. 

AL FINAL TODOS PIERDEN POR IGUAL; CRISTIANOS CATÓLICOS, CRISTIANOS EVANGÉLICOS, JUDÍOS Y HASTA MUSULMANES.

Es muy diciente como en los países donde dominan los Castro-chavistas, las sectas evangélicas (no tanto las tradicionales, más bien las “de garaje”) adquieren mayor fuerza y tienden a acaparar espacios con la venia solapada del aparato oficial.

También, con la finalidad antes señalada, han impulsado y fortalecido cultos neo-paganistas, ya existentes y de un innegable arraigo en una parte del pueblo; como la Santería, el Palo Mayombe, etc., aunque no pocas veces han salido a la luz, evidencias, o al menos indicios, de que prominentes dirigentes o personeros gubernamentales de línea castrista practican este tipo de cultos en forma, más o menos, encubierta.

Finalmente, y ya de muy vieja data, a lo interno de la catolicidad se ha impulsado la llamada Teología de la Liberación o los “sotana-roja”, buscando una reinterpretación del dogma cristiano, incluido el católico, en clave marxista-leninista, aprovechando las coincidencias superficiales entre la fe cristiana y el credo marxista.

Por supuesto, de todo lo anteriormente expuesto en estas líneas, se desprende que una verdadera lucha contra lo que, en esencia, representa el Castro-Comunismo (en Latinoamérica en general y en Venezuela en concreto) debe apoyarse, además del sentido común y la fuerza fáctica, en un soporte espiritual y ético (no necesariamente católico, ni siquiera necesariamente religioso-esotérico), ya que las naciones, además de una constitución física, tienen un espíritu colectivo que se manifiesta sobre todo en sus tradiciones históricas y culturales, pero también religiosas. En países como Venezuela (y a pesar de la tibieza de tantos “católicos porque me bautizaron”) la Iglesia Católica, como ente, aún representa una fuerza moral importante.

Lo anterior no debe entenderse como que hay que convertirse a la religión predominante, eso sí, hay que respetar su fuerza institucional, moral, espiritual y su aporte a nuestra identidad.

Más bien se trata de enfrentar sin contemplaciones al nihilismo destructivo y resentido, típico (aunque no exclusivo) de los rojos, pero apoyándonos en una cosmovisión, una tonificación del espíritu humano (individual y colectivo) y un cierto sentido de Areté; desde lo cual se reafirme ese sentido de pertenencia; de orgullo por lo positivo y de SANA autocrítica y autocorrección, cuando sea el caso. Y que partir de allí se combata ese veneno nihilista, e insano propio de los marxistas-leninistas.

Tal vez el meollo de la lucha contra el comunismo no sea tanto de discusiones doctrinarias, cuya importancia en sí no se niega, como por ejemplo, lo referente al papel del Estado o El Sector Privado, a partir de la cual, definen superficialmente las nociones de Izquierda o Derecha, etc. Más bien el quid aquí sería de una naturaleza mucho más profunda...

Esta luvha es desde la propia esencia humana, tanto individual como colectiva.

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