viernes, 13 de octubre de 2017

País Surrealista Y Disonante

PAÍS SURREALISTA Y DISONANTE

Por Alexander Delgado C.

13 de Octubre de 2017


Quienes vivieron los 80 y 90 quizá recuerden aquella famosa serie Dimensión Desconocida. Aunque esta serie, cuyo autor era el escritor y productor Rod Serling (1924-1975) tuvo su primera etapa en la década de los 60, su mayor auge en Venezuela se dio durante la emisión de la segunda etapa en la segunda mitad de década 1980 (con sus retransmisiones posteriores). 

Era común que sus capítulos plantearan situaciones surrealistas; lo normal era anormal y viceversa, mucha gente, dentro de la trama, no entendía lo que pasaba, pero había quienes, lo entendieran o no, lo asumían y trataban de encontrar soluciones en consecuencia. Sin embargo, no faltaban otros, negados a asumir la anomalía; pretendiendo actuar como si todo fuera normal o como si la surrealidad fuera algo pasajero o un mal sueño. Aferrados quijotescamente a una ilusión de normalidad. 

Bajo el chavismo, Venezuela se parece cada día más a un capítulo de la Dimensión Desconocida. En medio de la surrealidad del día a día, muchos de los MUDeros y electoreros asumen la actitud de los negados, aferrándose a un espejismo de normalidad, expresado en una dinámica de protestas pacifistas, pero sobre todo en pretendidas salidas democráticas e institucionales a la anomia chavista. 

Muchos de estos venezolanos, forjados en las urbanizaciones de clase media, son el producto de una época en la que, mal que bien, había una democracia y en la que los problemas se afrontaban esperando las próximas elecciones (aunque el siguiente gobierno resultara peor de lo mismo) en la que, mal que bien, nos podíamos acoger a unas instituciones que, mal que bien, funcionaban.

Chávez, hasta cierto punto y de manera fraudulenta y ventajista, mantuvo esa ilusión democratero-institucional-electorera, obviamente con un discurso comunistoide de impronta bovescista, resentido y malintencionadamente demagógico, así como un accionar autocrático, deliberadamente mal disimulado. Pero para la mayoría de nuestra, entonces, clase media, las cosas, de nuevo mal que bien, todavía funcionaban (el restaurancito, la playita, el whiskycito, las birritas, las rumbitas, etc.); eso sí, de manera cada vez más precaria, más corrompida, con la amenaza castro-comunista como espada de Damocles. Pero como el castro-comunismo no se terminaba de concretar categóricamente, era fácil evadirse en el “¡Noo vaale… yo no creeooo!”, aunque, muy en el fondo, “¡Síii vaale… síiii creíiiann!”. 

Ahora se ve más claro que la fachada democrática del régimen bajo Chávez no era solo para apaciguar a la llamada Comunidad Internacional sino también para ir acostumbrando a la opinión pública nacional, dosificándole el castro-comunismo. 

Todo lo anterior explica, no solo el amodorramiento que tanto se nos ha echado en cara a los venezolanos, sino que, en este momento, también explica (sin justificarla, por supuesto) la actitud negatoria de este sector de votófilos, empeñados en participar en las próximas elecciones regionales, avaladas por la espuria Asamblea Nacional Prostituyente

Es por eso por lo que, en más de una ocasión, he insistido en decir que la Venezuela de hoy sería un paraíso para un psicólogo social que quisiera estudiar, sobre el terreno, el fenómeno de la DISONANCIA COGNITIVA. Porque es esa socio-patología la que realmente aqueja a muchos venezolanos; más que el llamado Síndrome de Estocolmo con el que nos relacionan, lo que se vive en Venezuela es Disonancia Cognitiva. Desde 1999 arrastramos la disonancia de los chavistas de base que no querían (muchos aún hoy siguen sin querer) ver adonde nos estaba llevando “su ComaAndante”, eligiendo creer (aunque en el fondo intuyeran la verdad) que “al ComaAndante lo tienen engañado” o los que se empeñaban en decir que éramos nosotros los “disociados”. 

A la disonancia surrealista de los rojos rojitos, ahora también hay que agregar la disonancia de los MUDeros y electoreros. 

Efectivamente, tras el fracaso, tanto de las protestas de abril a julio (con el dolorosísimo costo en vidas) como de la consulta del pasado 16 de julio que hasta ahora no ha conducido a nada; y viendo como el régimen “eligió” e instaló su Prostituyente sin problemas; la reacción de muchos, del lado antichavista, parece ser la de reforzar su Disonancia Cognitiva. Pretenden defender el voto en las actuales circunstancias, con argumentos, a cual más patéticos, como el de una ciudadana que, en un post del pasado 2 de Septiembreen su cuenta de Twitter, hablaba de ir a votar en las elecciones del próximo domingo “…aunque sea para vivir la ilusión de lo que es una democracia” …

O repitiendo como chavistas, perdón, como loritos, los manidos argumentos de “no ceder los espacios”, no repetir el “error” de 2005 o el de, y que, “el arma de los demócratas es el voto”… Y, como si se hubieran calcado de los rojos rojitos, asegurando que los que le seguimos el juego al régimen somos los que nos oponemos al voto, no ellos. Por supuesto, en su obstinación se encuentran capitaneados por una verdadera corte de políticos rancios, sin importar su edad y por pseudo-intelectuales izquierdoso-light, entre ellos algunos Abajo Firmantes del manifiesto rastrero de 1989.

Una verdadera claque de mercachifles electoreros que estimulan la disonancia de los MUDifanes, como los Jim Jones de este nuevo suicidio colectivo. 

Y así estamos… entre la surrealidad impuesta por unos y la disonancia, como respuesta, de los otros.

Desmontando Falacias Muderas

DESMONTANDO FALACIAS MUDERAS

Por Alexander Delgado C.

Escrito Originalmente el 25 de Septiembre de 2017





En la actual coyuntura política que vivimos, muchas veces nos vemos encallejonados en disyuntivas absurdas e innecesarias, como la que, en los últimos dos meses, nos hemos visto envueltos; sobre si ir a votar o, por el contrario, abstenernos de hacerlo en las elecciones regionales del próximo 15 de octubre. 

En este avatar, los que consideramos inútil y contraproducente el ir a votar, hemos confrontado, en los últimos días, una campaña realmente agresiva por parte de los partidarios del voto. De nada han valido argumentaciones, DE LÓGICA ELEMENTAL, como que eso implica legitimar nacional e internacionalmente este régimen delincuencial, a este CNE fraudulento y, lo que es peor, a la no menos fraudulenta e inconstitucional Asamblea Nacional Prostituyente (perdón, Constituyente). De nada ha valido el argumento, ya trillado (pero no menos certero), referido a la escasa garantía que ofrece este CNE, corrompido, factótum del régimen, cuyo compromiso con el mismo está, más que demostrado desde 2003, cuestionado pública e internacionalmente y en manos de una rectora que, además de estar vencida en su plazo de estadía al frente de ese “organismo”, está sancionada internacionalmente.

No menos en vano ha sido otro argumento de peso esgrimido en contra de esas “elecciones”; que, aún en el caso de que una hipotética avalancha de votos opositores imposibilite que el CNE-Régimen pueda imponerse por fraude en muchas gobernaciones, de poco serviría. 

Como muestra, la reciente destitución e inhabilitación del alcalde del Hatillo, David Smolansky, el pasado 9 de agosto, por parte del TSJ, tras negarse a reprimir las protestas y permitir el levantamiento de barricadas o guarimbas, debiendo pasar a la clandestinidad y salir de incognito hacia tierras brasileñas hace, poco más de una semana. 

También está el recordado caso de Antonio Ledezma en las elecciones regionales de 2008, en las que obtuvo una mayoría de votos para ser el Próximo Alcalde Mayor del Distrito Metropolitano, no quedándole más remedio al CNE que proclamarlo vencedor. Pero, inmediatamente, el gobierno de Hugo Chávez procedió a un despojo sistemático de sus funciones efectivas y recursos financieros y, con la Ley del Distrito Capital de 2009, creó, como autoridad paralela, una Jefatura de Gobierno de Caracas, de libre nombramiento (a dedo) por el gobierno central, procediendo Chávez a designar para dicho cargo a la, hasta entonces, ministro de ambiente, Jacqueline Faría. Los recursos despojados a la Alcaldía Mayor fueron redirigidos a la Jefatura de Gobierno de Caracas, a quien, además, se le reasignó el control de la entonces Policía Metropolitana, así como de hospitales, ambulatorios y principales espacios públicos de la capital. Consecuencia, Ledezma terminó ganando un cascarón vacío. De nada valió la huelga de hambre llevada a cabo por él frente a la sede de la OEA, en el propio año 2009, ni su posterior reeleción, nuevamente reconocida, por el CNE. Lo único que logró Ledezma fue ser detenido hasta el día de hoy

El caso de Ledezma, hace ya nueve años y el reciente de Smolansky han sido dos de varios ejemplos, de alcaldes opositores “quitados del medio” arbitrariamente por el Régimen o vaciados de todo poder real que se transfiere a instancias paralelas, obviamente en manos de oficialistas.

A los casos anteriores de alcaldes despojados, agregemos el de la propia Asamblea Nacional, ganada en buena lid por la oposición en diciembre de 2015, pero a la que el TSJ, en una arbitraria desición, privó de los diputados por Amazonas, además de uno de los representantes indígenas; fallo inicuo que, sin embargo, fue aceptado por la directiva de la Asamblea, a comienzos del año siguiente. Desde entonces la AN, mayoritariamente opositora, ha sido constantemente torpedeada, mutilada en sus atribuciones, humillado públicamente su “presidente” por un coronelucho guapo y apoyado, agredida salvajemente, en una reproducción dantesca del 24 de Enero de 1848, el pasado 5 de julio (en el propio aniversario de la independencia) hasta finalmente, al igual que los casos de alcaldías opositoras, montarle una legislación paralela con la Asamblea Nacional Constituyente, con la que, además, debe compartir el uso del Hemiciclo. 

Otro argumento respetable, e igualmente ignorado, fue el que asomó Gustavo Azocar en su artículo, ¿Quién Gana y Quien Pierde con las Elecciones Regionales?, en el que nos dice que, aunque se ganaran todas, o la mayoría de las Gobernaciones, … los Consejos Legislativos seguirán en manos del PSUV para controlar los presupuestos regionales y cortar la cabeza al primer gobernador que se ponga cómico.

Contra este arsenal de argumentos sólidos, lógicos, los partidarios del voto solo saben responder con desplantes o con calumnias (en el mejor estilo chavista) hacia los que nos oponemos, tildándonos de tarifados del régimen, agentes del G2 cubano, etc.

Cuando argumentan, no hacen más que repetir, como fanáticos de una secta fundamentalista, argumentos vacíos, diseñados desde arriba, por las Dirigencias MUDas y apoyados por una verdadera comparsa de “intelectuales” y periodistas (muchos de ellos izquierdo-light y algunos abajo firmantes del Manifiesto de bienvenida a Fidel Castro en 1989); de escritores y personajes del medio artístico, con una innegable trayectoria, pero productos de una época, de un contexto, de una realidad sociopolítica, vencida. El más trillado y fastidioso de esos argumentos es el de no cederles espacios al régimen. Pero ya hemos visto que esos espacios pueden ser controlados por el régimen cuando a este le plazca. Solo son figuras decorativas que le sirven al régimen para hacerse ver como los demócratas que no son. Sin contar con que varios diputados opositores, electos en diciembre de 2015, abandonaron los espacios que habían asegurado para ir en pos de otros nuevos e inciertos espacios. 

El otro argumento recitado al caletre es el de No repetir el error de 2005, sin tener en cuenta que el “error” no fue abstenerse, sino el de no actuar en consecuencia a ese paso, apoyándose en el 350, en cambio recularon y se contradijeron, participando en las elecciones de 2006.

En su afán de justificar una participación electoral injustificable, han llegado al extremo de falsificar o manipular burdamente la historia (de nuevo, el estilo chavista en acción), como cuando el paleo-adeco de Henry Ramos Allup, aseveró que todas las dictaduras han salido con votos. Supongo que posteriormente se dieron cuenta de lo ofensivamente ahistórico de esa aseveración y la redujeron solamente al caso de Augusto Pinochet en Chile. El caso pinochetista es uno de los argumentos que la mayoría de los MUDifanes repite goebbelianamente. Y sí, fue efectivamente una excepción, no la regla, y como excepción requiere ser observado con más detenimiento, contextualizado en vez de citarse superficialmente como mantra. Solo un criterio ignorante, frívolo, ramplón y panfletario, mediría con la misma regla, a la dictadura, (ciertamente brutal y corrupta) de Pinochet en el Chile de los 70s y 80s y a la narco-tiranía oclocrática, anómica, delincuencial, resentida y sociópata de la Venezuela actual. 

Semejante necedad solo puede ser diseñada para (y sostenida por) ese sector de “Clase Media”, cimentado en las últimas dos décadas del puntofijismo y primeros años del chavismo, hoy cada vez más reducido y empobrecido económicamente, de ese sector formado por profesionales, que muchas veces son genuinamente talentosos en su área de estudio, pero fuera de ella, hacen gala, en el mejor de los casos, de un delgado barniz de ilustración adquirido a punta de programas de opinión (que les dicen lo que ellos quieren oír) o de documentales mal digeridos, vistos desde la cama “mientras me llega el sueño”. Un sector exquisitamente ignorante, al que personalmente he calificado como los Demo-Sifrinos, producto Smart de la Cultura de Masas, devenidos en pasto del fundamentalismo democrático, es decir, de una forma idólatra, dogmática y ritualista de asumir la democracia (en vez de estudiarla concienzudamente y sopesarla en su justa medida) 

Son muchos otros los sofismas esgrimidos por los MUDeros y sus seguidores, tanto para apoyar la participación el próximo 15 de octubre, como para descalificar a quienes llamamos a no lavarle la cara al régimen. Solo voy a refutar uno más; me parece pertinente hacerlo aquí:

La Abstención Es Promovida Por El Régimen” Este argumento va en consonancia con quienes nos acusan de agentes del G2 ¿En serio es promovida por el régimen? Así lo sostienen muchos MUDeros y votófilos y, siendo así, se supone que a nosotros debe convenirnos votar. Pero la verdad es que yo no he visto a NINGÚN ALTO VOCERO ROJO llamando a no votar. Por algo están lanzando candidatos. Lo que sí está haciendo el régimen es promover candidatos detestables en Estados con fuerte presencia opositora (como el simio Héctor Rodríguez en Miranda o el recogelatas proto-travesti de Rafael Lacava en Carabobo)… Pero lo que no entienden los NECIO-MUDeros, es que eso lo hace el régimen precisamente para asustar a los opositores e impulsarlos a votar por lo que haya de candidato bobositor, en procura de que no ganen los correspondientes engendros rojos… Y Si al Régimen le conviene que la oposición vote… por algo será. Por contrapartida lógica A NOSOTROS NOS TIENE QUE CONVENIR NO VOTAR. 

Pero claro, todo eso no importa para los votófilos, como tampoco importa que los presuntos gobernadores opositores se doblen para no quebrarse ante Miraflores o, peor aún, ante la ANC, o que, a la hora de una nueva jornada de calle o una nueva insurrección, sus policías no se pongan del lado correcto de la historia, apoyándonos, dando el ejemplo que sí dio la PM en la tarde del 11 de abril de 2002 (lo que le costó a muchos de estos valientes, pudrirse en una cárcel, olvidados o ninguneados por esos mismos dirigentes MUDos). Tampoco importa que por el contrario, sus policías den el ejemplo que dio la policía de Ocariz con la entrega del Capitán Caguaripano. Nada de eso importa para Los Demo-Sifrinos, ellos no pueden soportar la visión, ciertamente repelente, de un gobernador chavista en su entidad, especialmente si es un indeseable, necesitan tener un gobernador que se diga de oposición. Más que Mandatarios regionales, para los electoreros estos presuntos gobernadores opositores son una suerte de amuletos o lindas figuras decorativas. Cuando Maduro, Cabello o la flatulenta que preside la ANC, salgan con algún exabrupto, los Demo-Sifrinos necesitan relajar su vista, mirando, al frente de su Gobernación, a la cara bonita que ellos eligieron en nombre de la “oposición” … a alguien que es como ellos, y así poder vivir la ilusión de que la vida es bella, a pesar de los pesares.

Las Falacias y los simplismos, están y estarán a la orden del día, tanto de cara a las próximas elecciones regionales como en lo que resulte después. Si el régimen, como es lo más probable, gana la mayoría (o la totalidad) de las gobernaciones, seguramente nos echarán la culpa a los abstencionarios (así la abstención no llegue al 50% o incluso al 40%). Nos recordaran a nuestras queridas madres por cada “cara bonita” que no pudieron tener como “gobernador o alcalde opositor”. 

Como siempre, creerán lo que quieren creer, apoyarán los comodines que les proporcionen sus “líderes”. Lo asumo y a quienes han tomado la misma postura opositora de abstenerse en el presente proceso, mi invitación es a enfocarnos en la creación de un verdadero movimiento político que represente una alternativa viable y a dedicar menos tiempo, menos cabeza y menos corazón a los circos con que nos distraen, tanto los rojos como los MUDeros.

jueves, 8 de junio de 2017

Reflexiones a Partir de las Declaraciones de Evan Ellis II

MÁS ALLÁ DE INJERENCIAS Y NOMENCLATURAS HUECAS

(Reflexiones a Partir de las Declaraciones de Evan Ellis II)

Por Alexander Delgado C.

08 de Junio de 2017

Para quien se atreva a ver más allá de la cómoda alfombra de los lugares comunes, más allá de las gríngolas del fetichismo institucionalista; de lo expresado por el analista Evan Ellis en su entrevista a la DW del pasado 5 de Mayo, se debe inferir que asumir la crisis venezolana, en su dimensión real, sin formulismos, a su vez implica cuestionar conceptos y valores que, en los últimos 200 años, han sido poco menos que sagrados e incuestionables; al menos para la cultura occidental, de la que nosotros, a pesar de todo, no dejamos de formar parte. Entre estos valores están los de; Democracia, Soberanía Popular, Soberanía Nacional (con la consecuente doctrina de la no injerencia) y acaso, hasta la misma supremacía política de los Estados Nacionales. Por lo menos tendríamos que poner en entredicho la infalibilidad de esos y otros valores, independientemente de cuanto nos apeguemos a ellos, bien sea por necesidad pragmática, por rutina, por sifrinismo, porque “es lo que hay”, o por no quedar en una suerte de vacío referencial.

Debemos insistir en lo vacuos e inoperantes en que, por anquilosados, estos preceptos se han vuelto, al menos por lo que toca a la situación venezolana.

Un ejemplo de esto es la concepción de Democracia y Soberanía Popular; en Venezuela el chavismo accedió al gobierno y se legitimó, una y otra vez, a través de la vía institucionalmente democrática por antonomasia, la vía del voto; no olvidemos que, desde 1998, todos los diversos resultados electorales favorables al chavismo han sido categóricamente aceptados por sus principales contendores. Por su parte en varias circunstancias, como el referéndum del 2007 y las elecciones parlamentarias de 2015, el régimen aceptó, oficialmente, resultados adversos… oficialmente, insisto. Sabemos cuánto ha habido por parte del régimen, en los hechos reales, de fraude, de avasallamiento, de torcedura de pescuezo a lo institucional-democrático, y de pateo al tablero institucionalista; pero lo oficial es lo oficial y eso es lo que cuenta para los burócratas formulistas internacionales de la OEA o la ONU.

El rígido criterio “opositor” de apegarse, como talismanes políticos, a institucionalismos vaciados o prostituidos, es lo que los lleva a seguir aferrados al fetiche electoral, aún después de que el régimen les devolvió perversamente la bola electorera con su inconstitucional propuesta constituyente. Criterio, políticamente correcto pero reñido con la realidad, que no solo es pautado por las dirigencias supuestamente opositoras, sino también avalado por un sector nada despreciable de la población, especialmente de la clase media, que se muestra reacio a apartarse de ese fetiche institucionalero.  

El otro esquema de valores que la angustiante situación venezolana debería llevar al banquillo de los acusados, se refiere a la concepción, no solo de Soberanía Nacional, sino la propia idea de Estado Nación y esta a su vez centrada en sus gobiernos legítimos, como expresión de los pueblos ante el concierto internacional. Ojo, no me refiero a cuestionar la vigencia del Estado Nación, pero sí su exclusividad e infalibilidad a la hora de calibrar al enemigo (o enemigos) que tenemos enfrente.

Instancias internacionales como la ONU, OTAN, OEA, etc., constituidas oficialmente, no lo olvidemos, como ligas de Estados Nacionales, obviamente están preparadas para actuar y tienen una visión clara cuando la soberanía de una nación es vulnerada o pisoteada militarmente, de manera categórica y a bandera desplegada, por otro Estado Nacional constituido. Un ejemplo típico sería la invasión por parte de Iraq a Kuwait el 2 de agosto de 1990 y la permanencia de tropas iraquíes en territorio kuwaití en lo que lo que restó del año 90 y primeros meses del 91. Ahí estaríamos en presencia de una ocupación, en realidad más militar que política, abierta, inequívoca, estridente y con una fecha clara de inicio. El diagnóstico del problema y su consecuente respuesta fueron, digamos, relativamente fáciles. 

Pero, como podemos apreciar a partir de las palabras de Evan Ellis, la psico-rígida miopía formulista de los organismos internacionales los lleva a un desconcierto paralizante ante situaciones, no tan explicitascomo la innegable presencia en Venezuela, subyugante y depredadora, del castro-comunismo, operado desde La Habana, articulado en el Foro de Sao Paulo y apoyado por mercenarios y esbirros, entre los que se cuentan muchos que no solo no son venezolanos, sino incluso, no latinoamericanos.

No importa cuántos indicios claros y reveladores existan, cada vez menos disimulados, de la sumisión del régimen venezolano al régimen Castro-Comunista y sus adláteres. No pesa para las burocracias internacionales que en los últimos días se haya descubierto portando uniformes de la GNB y la PNB, a infiltrados de origen extranjero (incluidos documentos de identidad de sus países de origen), ni que existan testimonios, por parte de detenidos en las recientes protestas, de haber sido torturados por supuestos policías o guardias que ni siquiera hablaban español.

Al formulismo de la OEA, ONU, UNASUR, ETC., esta realidad no les resulta tan clara cuando la penetración foro-paulista en Venezuela no tiene fecha precisa de inicio, cuando no está signada por un hecho de fuerza concreto e inequívoco y cuando esta se ha dado desde adentro, de forma más o menos encubierta, dosificadamente y, lo que es más importante, de la mano de un gobierno nacional que, oficialmente, a los ojos del mundo, fue electo y reelecto con el respaldo mayoritario de la población… oficialmente, insisto, y ese es el referente para esas instancias, lo oficial, lo categórico

Por otra parte, una mirada a fondo nos obligaría a constatar que la actual tragedia venezolana pone en entredicho el tema de la política internacional expresada en nomenclatura de Naciones Estado, al plantearnos un hecho que muchos no suelen calibrar en su justa medida. Comúnmente hablamos desde el lado antichavista de “independizarnos de Cuba” ¿Pero hasta qué punto es la nación cubana y su pueblo, quienes tienen ocupada a Venezuela? Hablando fuera de las gríngolas del Estado Nación, Cuba también incluiría a la numerosísima comunidad cubana en el exilio, repartida por todo el mundo (aunque su asiento más emblemático esté en Florida), y por otra parte, entre los mercenarios extranjeros y personajes depredadores que participan del saqueo y opresión a Venezuela, se puede apreciar que también los hay de nacionalidades distintas a la cubana. 

Más exacto sería decir que Venezuela ha sido ocupada desde adentro y padece la opresión y el saqueo por parte de una suerte de transnacional política de “Izquierdas”, expresada en el Foro de Sao Pauloen complicidad con el Narcotráfico, en alianza con movimientos fundamentalistas islámicos y con el aval de una Gouche Divine Internacional (Dixit Ignacio Ramonet, Oliver Stone, el fallecido José Saramago, etc.). Más apropiado sería señalar que Venezuela, su territorio y su población están siendo depredadas por una cofradía internacional, renegada y antioccidental, cuyos principales operadores políticos, efectivamente, están asentados en La Habana. Pero no es menos cierto que en este entramado depredador, la nación cubana (que no es lo mismo que el Estado castro comunista) y su esclavizado pueblo, no son más que una suerte de instrumento (como también lo es el propio pueblo venezolano). 

Hablando en metáfora médica, Cuba y ahora también Venezuela, son los principales huéspedes o portadores de un virus llamado Foro de Sao Paulo, Izquierda, Progresía, Socialismo; pero no son el virus en sí mismo. 

Estoy claro en que lo anterior puede constituir un verdadero escollo de comprensión para muchos de nosotros. En nuestra ignorancia exquisita, bombardeados por los mass media, educados en la cultura política de los últimos dos siglos, y quizá espoleados por la narrativa de nuestra propia historia; nos es más fácil decir “somos colonia cubana” que decir “somos presa del Foro de Sao Paulo”. Esto, insisto, se debe a nuestros criterios contemporáneos de comprensión política, basados en la Nación-Estado como expresión, casi que unidad de medida, de lo político-internacional. Por eso los opositores al castro-chavismo en Venezuela quemamos banderas cubanas, mientras que en Bolivia los opositores a Evo Morales llegaron a quemar banderas venezolanas; lo correcto era que los anticastristas, lo mismo en Bolivia que en Venezuela (y si fuera el caso, en la misma Cuba) quemáramos la bandera del Foro de Sao Paulo o del 26 de Julio o tan siquiera una efigie de Fidel Castro o el Che Guevara. Peor aún, lo más probable es que, al momento de escribir estas líneas, la mayoría de los iberoamericanos que padecen al foropaulismo no sepan identificar la bandera del Foro de Sao Paulo. 

Por eso también es que, cuando, finalmente, constatamos que, en los hechos, el Estado Venezolano fue secuestrado, se pervirtió, se convirtió en un enemigo o simplemente, dejó de ser un Estado Venezolano, nuestra esperanza, quizá placeba, es que venga en nuestro socorro otro Estado que percibimos como “amigo” o como enemigo de nuestro enemigo. En nuestro caso, obviamente ese añorado “estado salvador” no sería otro que los EE.UU. 

En el fondo siempre las mismas inoperantes nomenclaturas de la institucionalidad preestablecida.  

Olvidamos que los Estados, como estructuras jurídicas de una determinada comunidad, son una emanación de esos conglomerados humanos, los cuales tienen el poder inmanente, más allá de constituciones o leyes existentes, de deslegitimar a un Estado que se volvió espurio y, si fuera el caso, generar un nuevo Estado. 

Y ese quizá sea el paso que debemos atrevernos a dar; tener la visión para prefigurar un nuevo Estado Venezolano y unas nuevas instituciones (incluida una nueva FF.AA) y luego la audacia para constituirlos. Un Estado inicialmente en insurgencia regeneradora contra el orden forajido que desde hace dieciocho años sustituyó al otrora Estado Venezolano. 

Así mismo, tanto o más que esperar el apoyo por parte de otro Estado o un conjunto de Estados foráneos (incluida la posible intervención militar de los mismos), acaso debemos, simultáneamente, plantearnos hasta qué punto podríamos y deberíamos procurar la comprensión, apoyo y solidaridad de, al menos un sector de la población de esos países, un apoyo expresado a través de canales no institucionales que, en casos extremos, pueda traducirse en la posible presencia, como voluntarios, de ex-militares de esos países, reencauchados mercenariamente en un, no menos hipotético, ejército insurgente; asumiendo, obviamente, los riesgos que implica tener condotieros. En otras palabras, hacer lo que se hizo durante la Guerra de Independencia, hace 200 años, en la que los emergentes ejércitos independentistas criollos se vieron reforzados con miles de veteranos de guerra europeos pero que no habían sido enviados por sus gobiernos, sino que (habiendo pasado a retiro en sus países) fueron reenganchados voluntariamente por los agentes independentistas destacados en el Viejo Continente.

Estamos en el legítimo derecho de procurarnos alianzas internacionales a todo nivel si lo que estamos enfrentando es un enorme eje de poder internacional, pero quizá sea algo iluso esperar una intervención salvadora por parte de Gobiernos extranjeros y aún más bobo, esperar que esta alianza sea desinteresada, por simple humanidad. Ni siquiera de los apoyos particulares debemos esperar un desinterés absoluto. De la OEA o la ONU (así como de los gobiernos “amigos”) no deberíamos esperar nada concreto, por más solidarios de palabra que se muestren sus principales voceros. No deberíamos esperarlo, aunque luego se materialice, si esto último sucediera “¡que agradable sorpresa! ¡felices de habernos equivocado!”. 

En suma, no se pretende que vamos a desconocer al estado espurio asentado en Miraflores para quedar en una especie de nada o limbo mundialista. A eso es, precisamente, a lo que nos están llevando los renegados sociales del Foro de Sao Paulo; a un limbo trasnacional, antioccidental, de anomia, caos, antivalores y destrucción de nuestros esquemas referenciales como sociedad venezolana. Lo que se propone en estas líneas es un desconocimiento (desde nuestra convicción intima) que, a su vez, implique una especie de auto-reseteo en cuanto a nación, y a partir de esta convicción, una rebelión (no necesariamente abierta al principio) para poder generar un Nuevo Estado, revitalizado; eso sí, con una sintaxis política, social y cultural más flexible, más de cara al, todavía en pañales, siglo XXI.

Es pensar en términos de un coyuntural Estado Insurgente, que sea el eje de una reconstitución nacional. Pensar en términos de “se jodió lo que había y hay que re-empezar de cero, con nuevas ideas”. 

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Declaraciones de Evan Ellis:

http://www.dw.com/es/evan-ellis-venezuela-es-pasar-hambre-o-luchar/a-38722778

miércoles, 31 de mayo de 2017

Reflexiones a Partir de las Declaraciones de Evan Ellis

ANTE EL ACARTONAMIENTO FORMULISTA

(Reflexiones a Partir de las Declaraciones de Evan Ellis)

 

Por Alexander Delgado C.

31 de Mayo de 2017

En una entrevista que el pasado 5 de mayo concedió para la Radio Internacional Alemana (Deutsche Welle o DW), el politólogo estadounidense Evan Ellis, dio uno de los diagnósticos más acertados sobre lo inédito de la situación que padecemos los venezolanos; dijo “Lo que ocurre en Venezuela no es una cuestión de política o de relaciones internacionales, sino un golpe del crimen organizado de gran escala: un grupo de criminales ha tomado control del Estado y asaltado su tesorería. El problema de fondo es que no existe un mecanismo jurídico internacional ni un modelo de cooperación regional que permita rescatar a un Estado en esas circunstancias sin violar su soberanía. De momento no hay cómo liberar a Venezuela, a su gente y a sus recursos de quienes los secuestran a punta de pistola”. 

Lo que hace más cruel nuestra realidad y contribuye a ese desconcierto, es considerar que ese crimen organizado llegó por la rampa democrática, y se configuró desde la institucionalidad; y no me refiero únicamente a la institucionalidad venezolana cooptpada por el chavismo, sino a la institucionalidad como concepción general. Este hamponato adquirió su actual dimensión a partir del hecho de ser considerado un “gobierno” que, aparte de todo, se instauró con el respaldo mayoritario del país, respaldo que se mantuvo a los ojos de la opinión internacional aunque, visto internamente, se había erosionado en su legitimidad democrática de ejercicio.

Sin embargo, un aspecto más importante de las aserciones de Ellis es que ponen sobre el tapete la realidad de lo vacuas e inoperantes que, por rígidamente formulistas, pueden resultar instancias internacionales como la OEA o la ONUante una situación tan atípica como la de Venezuela. Simplemente nuestra tragedia va más allá de la capacidad de comprensión y asimilación de los entes citados, y en general, de la opinión pública internacional. La llamada Comunidad Internacional, no está o no se considera preparada para afrontar nuestra realidad (suponiendo que de verdad les interese) y, por supuesto, en su formulismo almidonado, se paralizan entre el desconcierto y la falta de “mecanismos previstos”.

Pero, y es lo más lamentable, esto es algo que tampoco termina de calibrar buena parte de la opinión pública en Venezuela, especialmente en las urbanizaciones de clase media, acostumbradas a una suerte de cultura institucionalista o idea de que hay o debe haber una institucionalidad por corrompida o cojitranca que sea. No se termina de asumir que no hay instituciones en que ampararnos, ni en el ámbito nacional ni tampoco en el internacional. A lo interno de Venezuela hace tiempo que no hay un gobierno digno de tal nombre; lo que anida en el Palacio de Miraflores ni siquiera es un mal gobierno, o un gobierno corrupto, ni siquiera merece llamarse  un gobierno despótico. Es algo mucho peor. Los venezolanos (incluso fuera del país) estamos a merced de un Orden hamponil, de Un Malandrato, como lo definió Rafael Osío Cabrices; y esto no es una exageración pasional o panfletaria. Estamos, literalmente, en manos de una Oligarquía de Malandros, con toda su psique de bajos fondos y su enorme carga de odio, resentimiento y sadismo.

Esto no es Gómez, esto es Boves.

Es por eso que el régimen y sus perros de presa responden como lo hacen ante las, más que justas, protestas; es por eso que se ensañan como lo hacen contra nuestros jóvenes, en quienes intuitivamente perciben, con odio y envidia, una ráfaga de aire fresco, en medio del aire viciado que ellos representan. 

A la conclusión que esto nos debería llevar es a que, en este momento,  no debemos apegarnos a espejismos institucionales. La solución debemos buscarla, a partir de esa percepción de tierra arrasada, casi que post-apocalíptica; de la necesidad, acaso de impronta prepper, de reorganizarnos, regenerarnos, revalorizarnos y, si se quiere, replantearnos como colectividad. Más que restablecer la Democracia, es reconstruir, quizá replantear, la República, reedificarla de entre los escombros dejados por la plaga roja, y ojalá podamos hacerlo sobre nuevas concepciones políticas, sociales e incluso vivenciales, de una forma más honesta para con nosotros mismos, sin dogmas prestablecidos ni pasionalidades arrabaleras, con miras más dignas y elevadas y un proyecto nacional más sólido y perfectible que el  instaurado en 1945-1998  y que a finales del siglo XX (ya corroído y desgastado), le tendió la cama al chavismo. Hacer esto quizá esto nos redima ante nosotros mismos y ante los ojos del mundo, de tantas ignominias y vilezas de las que, ciertamente hemos sido víctimas por parte del Castro-Comunismo, pero de las que también, no pocas veces, hemos sido cómplices o instrumento,.

Internacionalmente, debemos plantarnos, con la misma rebeldía que hemos llevado a las calles, ante el anquilosamiento formulista de esa sopa de letras que constituyen las instancias internacionales, (OEA, ONU, OTAN, UNASUR, ETC.). Si a estos burócratas internacionales los delincuentes del régimen los desconciertan desde su purulencia gusarapienta, nosotros deberíamos terminarlos de desconcertar desde el otro extremo, a partir de la renovación en rabioso oleaje, con un nuevo discurso, con nuestra brisa fresca ahora convertida en viento huracanado.

Aspiremos a que ante nosotros se agachen para no quebrarse los grises, acartonados politiqueros y lobbystas, formulistas, devotos de institucionalidades de cascarón vacío, tanto a nivel nacional como internacional, así como sus frívolas, rutinarias, buenistas e insípidas adhesiones, que sean ellos quienes se rindan ante la realidad que representemos nosotros.

Es lo que debería guiarnos en los siguientes pasos. Astucia, frialdad y pragmatismo en la concepción, pero fiereza en la ejecución. 

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Declaraciones de Evan Ellis:

http://www.dw.com/es/evan-ellis-venezuela-es-pasar-hambre-o-luchar/a-38722778

martes, 22 de noviembre de 2016

El Miedo Al Cambio. Por Axel Capriles (2014)


EL MIEDO AL CAMBIO

Por Axel Capriles 

NOTA
Aunque el presente artículo tiene casi dos años de haberse publicado, está tan vigente como en su momento... si no más.
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EL MIEDO AL CAMBIO
Axel Capriles
10 de Diciembre 2014 - 23:31 (El Nacional)

Tenemos veinticinco años, no quince, resistiéndonos al cambio. Aún el discurso de líderes de la oposición como Henrique Capriles, Antonio Ledezma o Henry Ramos Allup se mantiene apegado a las mismas concepciones del Estado, el pueblo, el valor o el petróleo, que tiene el chavismo. Estamos ante una mentalidad colectiva, no individual, negada al cambio. El sistema contra el cual Chávez irrumpió había hecho un esfuerzo sin precedentes de modernización. La reforma política de los años ochenta llevó a la primera elección directa de gobernadores y alcaldes, a la regulación de los partidos políticos, a la restitución de las libertades económicas y al fortalecimiento de la sociedad civil con la aparición de un robusto movimiento vecinal. Era el germen, el nacimiento, de nuevas formas de relación entre la sociedad y el Estado. Pero fue demasiado. Las élites de Acción Democrática y otros partidos políticos anquilosados, los grupos empresariales protegidos y el pueblo acostumbrado al populismo clientelar no soportaron los cambios y procuraron el surgimiento de un movimiento político que acentuaría aún más los vicios del pasado. Visto en la debida perspectiva del tiempo, el chavismo fue un mecanismo de defensa, la resistencia de la población a los nuevos modos de adaptación exigidos por los tiempos. El adequismo se hizo más virulento y se convirtió en chavismo. Sucede con frecuencia en momentos de transformación y crisis. Las personas tienden regresivamente a volver, con más intensidad, a formas previas de comportamiento.

El cambio produce miedo pero cuando todo deja de ser lo que era no queda más opción que crear y construir con nuevas ideas. Hoy, todas las democracias occidentales, y aun los poderes emergentes, buscan renovadas fórmulas para sostener el Estado de bienestar en un mundo donde ha variado el concepto de la información y el conocimiento, el valor y el dinero, la noción de fronteras e identidad, la privacidad y la individualidad. Ese nuevo mundo no es posible abordarlo con los dimes y diretes de la política venezolana. La falta de inspiración es la fuente del desánimo, desesperanza y apatía de 82% de la población que quiere un cambio. No es de extrañar, entonces, que en numerosos focus groups para estudios de opinión recientes aparezca reiteradamente la idea de que solo alguien externo al orden establecido, invisible en el panorama político actual, podrá hacer algo para sacarnos del estado de estancamiento en que hemos caído. ¿Quién romperá el miedo? 

 

@axelcapriles 

miércoles, 16 de noviembre de 2016

La Palabra De La República. Por Luis Pérez-Oramas


LA PALABRA DE LA REPÚBLICA 

Por Luis Pérez-Oramas 

8 de Noviembre de 2016 



 

¿Cuál es —o debe ser— la palabra de la república? En este tiempo de tumulto y cacofonía, mientras la ansiedad y el hambre, el hartazgo y la humillación, la desesperanza y la impaciencia convierten nuestras “redes” en vomitorios sin sentido, con contenido que golpea aunque golpear no es posible, ¿Dónde está —o debe estar— la palabra de la república? 

No se encuentra ciertamente en la mesa de diálogo porque allí asientan quienes ya dejaron de someter sus decisiones a los designios de la vida republicana —porque son los que tienen en sus manos la mancha de su muerte— y los otros son —o somos— los sobrevivientes de su desfallecer en forzadas anestesias. Pero es entre todos, sin olvidar los necesarios menesteres de la justicia, que debemos reinventar un diálogo, imaginar la república que viene.

No quede duda: volverá la república, más temprano que tarde. Volverá entonces para que podamos reconocer, sin sombra, su palabra, que es palabra de todos y palabra en todos.

Yo leía con interés a mi amigo Alberto Barrera, en estas mismas páginas virtuales, acusando justamente la escisión terrible por donde ha sumido nuestro ser común, que es en el inicio y en el fin un asunto de discursos, de responsabilidad última ante el hecho público de tomar la palabra, de enunciar lo que nos concierne. No podía menos que recordar, entonces, mientras lo leía, aquellos años en los que se incubó la muerte de la república en el más grosero de los desprecios hacia el valor de la palabra por parte de Hugo Chávez: nadie se confunda, porque Maduro es un tapado, proximus lictor de la ceremonia funeral, y plañidero mayor. Pero el responsable está muerto, y estos no hacen más que cargar su féretro, desconsoladamente y a costa nuestra: hambre, ansiedad, hartazgo, humillación de todos.

Chávez lo hizo claro al advertirnos, repetidamente, que lo que él dijera no tenía valor. Que sólo viéramos sus gestos, lo que hacía, el manotazo: y fue aun peor que lo que dijo.

En estas circunstancias es legítimo preguntarse por las condiciones de la conversación. Pero nadie se engañe: en medio de sus ruinas, solo nos queda la palabra para reconstruir el mundo. Es la única vía humana de hacer ciudad.

¿Cuál es, entonces, la palabra de la república?

Sea José Ángel Valente:

Empieza la palabra poética en el punto o límite extremo en el que se hace imposible decir. Es necesario llegar al borde, al precipicio donde comienza lo imposible. Viaje, dice Georges Bataille, al término de lo posible. Y esa palabra no pertenece propiamente a la ciudad. No es de la ciudad. Sino que a la ciudad le sobreviene o le llega. ¿Y de dónde viene y qué dice esa voz? Viene de un no lugar. Viene del desierto real o simbólico

Quizás sólo en momentos de agonía absoluta y comunal, cuando la comunidad se ahoga, llegan a coincidir las dos palabras: la palabra poética y la palabra política. Quizá sólo en tiempos ardorosos, cundidos de pérdida y al borde del abismo, puede decirse con todo el peso de la frase que “empieza la palabra política en el punto o límite extremo en el que se hace imposible decir”.

Me temo que estos son los tiempos de Venezuela hoy: nada los describe con mayor exactitud, acritud, dolorosa precisión. Y si la república debe volver, deberá hacerlo desde el “precipicio donde comienza lo imposible”.

Por eso, contra toda razón, hay que re-inventar un diálogo, a riesgo de todo engaño, en el hoyo del tiempo, porque la política, después de la palabra que puede ser de todos, es el momento único del kairós, el instante oportuno —que siempre está a punto de pasarnos por encima, de abandonarnos—.

Me quiero detener entonces en la afirmación de Valente: dice el poeta que la palabra poética no pertenece propiamente a la ciudad. Es palabra eremita, en exilio. Sólo en momentos de agonía absoluta y comunal, cuando la comunidad ya no respira, la palabra política, aquella que propiamente pertenece a la ciudad, se retira, se esconde, se exilia, calla. Así hoy en esta tierra de desgracia.

Dos son, pues, las palabras: la poética y la política. Pero deben polinizarse mutuamente. Un amigo mío ha escrito un bello libro sobre la esperanza en tiempos de desesperanza y lo ha titulado La Sobrevivencia De Las Luciérnagas. Va de un verano en la vida del joven optimista Pier Paolo Passolini, y de la virilidad potencial de aquellos veinteañeros que lo acompañaban en los montes de Pieve del Pino; y va también de sus cuerpos donde demoraba la juventud total, gozosa; y de la cantidad inmensa de luciérnagas que formaban bosques de fuego en bosques de ramajes.

Por la belleza de la palabra (poética) me permito la digresión de la cita:

A las primeras horas del día (que son una cosa indeciblemente bella) bebimos las últimas gotas de nuestras botellas de vino. El sol parecía una perla verde. Yo me desnudé y bailé en honor de la luz (io mi sonno desnudato e ho danzato in onore della luce); estaba todo blanco (ero tutto bianco), mientras los otros envueltos en sus frazadas como Peones temblaban al viento

Pero va también este libro de la desesperanza que treinta años más tarde el poeta italiano manifestaba en otra carta:

Al comienzo de los años sesenta, a causa de la contaminación atmosférica y, sobre todo, en el campo, a causa de la polución del agua (ríos azules, canales límpidos), las luciérnagas comenzaron a desaparecer (sono cominciate a sparire le lucciole)

Yo evoco el libro de Georges Didi-Huberman porque es una pequeña y poderosa tesis para enfrentar los tiempos de descorazonamiento evocando “la tradición de las oscuras resistencias y la arqueología de las luciérnagas”. Porque no hay —dice el filósofo, acaso observando en la noche opaca del presente a una última luciérnaga— destrucción que sea absoluta así sea continua —y las sobrevivencias nos dispensan de creer que haya una última revelación, o una salvación final—.

Al borde de lo indecible, pues, la palabra de la república existe como sobrevivencia y tenemos que reconocerla en el muñón de sus murmullos. Comienza este esfuerzo por no hablar por los otros, porque no sabemos nunca quiénes son, qué hacen, cómo se acostumbran a lo que creemos diabólico para nosotros, y lo neutralizan o lo convierten en sátira infinita, en llanto o queja o carcajada inagotable.

Este es nuestro lugar hoy en la historia: el no lugar donde se ha perdido la palabra que pertenece a la ciudad. De esa sima oscura deberá venir, envuelta en sus sobrevivencias, en sus despojos, la palabra de la república, que no será ni apropiación ilegítima del otro —impostura de nosotros— ni espectral formalismo mesiánico. Tenemos que inventarla, modestamente, para empezar de nuevo. También hacerlo sobre los despojos del diálogo. Llevaremos un verso de amuleto, extraído de un poema de Valente: “Con las manos se forman las palabras, / con las manos y en su concavidad / se forman corporales las palabras / que no podíamos decir”.

http://prodavinci.com/blogs/la-palabra-de-la-republica-por-luis-perez-oramas/ 

domingo, 28 de agosto de 2016

Pistoladas Calibre 350

PISTOLADAS CALIBRE 350

Por Alexander Delgado C.

Escrito originalmente el 12 de Junio de 2015


A veces me pregunto si el Artículo 350 de la Constitución de 1999 será un espejismo o una trampa constitucional introducida por los chavistas, cual brujas de Macbeth. ¿Con que se come? Y no se trata de ponernos a recitar como loritos el texto del artículo. Se trata de determinar cómo se traduce en la práctica.

Uno de los motivos aducidos para que no caiga el régimen es precisamente la, cada vez más raída, mascara democrático-electoral de que se le ha revestido durante muchos años. A la MUDa se le acusa, acaso con razón, de lavarle la cara al régimen, contribuyendo a mantenerle esa máscara. Pero creo que muchas veces nosotros también caemos en esta trampa democratera y constitucionalera del régimen, y el trescientos-cincuenterismo es un ejemplo.

Son pocos los que, frente a un sistema forajido y tiránico como el que domina a Venezuela, tienen en cuenta que el simple hecho de considerar y abogar por la aplicación del 350, nos coloca, en la práctica y de cara al régimen chavista, en una situación de subversión, conspiración, y si se quiere de golpismo (insisto, para efectos prácticos). A los que me repliquen con el carácter constitucional del Artículo 350, mi respuesta sería una larga y sarcástica risotada seguida de la pregunta; “¿Constitucionalidad? ¿Bajo esta tiranía?”. El argumento de la constitucionalidad solo me demostraría que los trescientos-cincuenteros también cayeron en la trampa chavista de la fachada democrático-constitucional.

En efecto, hay que ser un solemne pajuato para creer que este régimen se va a quedar cruzado de brazos y va a permitir cualquier intento serio de rebelión generalizada, desobediencia civil, etc., por el solo hecho de que esté garantizado por el Artículo 350 de una constitución que ellos usan como toalla de pies, violan e interpretan a su antojo. Si la tiranía no ha actuado contra la mayoría de los que, a cara descubierta en las redes sociales, claman por el 350 es porque no los consideran una amenaza seria, sino un simple desahogo, una catártica válvula de escape que, de vez en cuando, le conviene a la olla de presión que es el castro-chavismo. 

Qué casualidad que fuimos capaces de iniciar todo un proceso independentista hasta extenderlo a escala continental, fuimos capaces, para bien o para mal, de derribar gobiernos y cerrar ciclos históricos a escala nacional sin tener un 350, ni nada que se le asemejase y ahora que tenemos esa “herramienta” constitucional estamos más inhibidos y perplejos que nunca (porque creo que nuestro problema no es tanto de falta de valor como de lucidez).

Es como para pensarlo ¿no les parece?

El problema viene dado por el hecho, poco menos que inédito, de que, desde 1999, como nación, hemos sido tiranizados y desmantelados por una cúpula que, para lograr tal fin, se ha valido de procedimientos propios de un gobierno democrático-liberal (torciéndoles el pescuezo, claro está) tales como; elecciones, constituyentes, referéndums, mayorías, multitudes en mítines, etc.; el tan cacareado Artículo 350 se suma a toda esa parafernalia-trampa de los rojos. 

Recitamos el 350 como colegiales exponiendo, nos embelesamos con el 350, saboreamos y nos engolosinamos con el 350, soñamos con el 350, histéricamente nos rasgamos las vestiduras por el 350… pero nunca nos tomamos en serio lo que el 350 implica de hecho, en la práctica.

Para ser más exactos, no nos planteamos interrogantes como las siguientes:

.- ¿Cómo rebelarnos? ¿Cuáles serían las acciones concretas, en el día a día?

.- ¿En que se traduciría, en la práctica, ese desconocimiento formal (con o sin 350)?.

.- ¿Cómo ser capaces de arrastrar al menos a la mitad de la población? y lo que es más importante, una vez dado ese paso, ¿cómo mantenernos en pie, ante la realidad implacable de un día a día en el que tenemos que atender necesidades vitales?

.- ¿Cómo resistir con un mínimo de éxito las arremetidas, más que previsibles, del chavismo?

.- ¿Cómo generar y mantener en la actual población el espíritu de cohesión y sacrificio por un tiempo nada corto y plagado de vicisitudes extremas?

.- ¿Cómo mantener en alto la moral y la determinación entre escaseces o estrecheces, iguales o peores que las de ahora, en materia de suministro de alimentos, electricidad, medicamentos, comunicaciones, etc.? Limitaciones de todo tipo inherentes al estado de guerra abierta (cruel pero, acaso necesaria) que probablemente vendría luego.

.- ¿Cómo internalizar, constructivamente, las lecciones de pasadas experiencias (tristemente fallidas), como las de Abril de 2002, Febrero de 2004, y la más dolorosa y reciente de Febrero-Marzo del año pasado?

.- ¿Cómo prefigurar ese país posible a construir, tras una hipotética (y nada visible) caída del régimen de Miraflores? ¿Cómo representarnos un país diferente, mucho mejor que el infierno que estamos viviendo pero también mejor que el que teníamos antes de 1999, y como hacerlo más allá de palabras altisonantes? 

.- ¿Cómo lograr todo lo anterior con un pueblo que, en realidad no es ni más cobarde, ni más valiente que cualquier otro, pero que sí es innatamente derrotista y auto-descalificante, que, tristemente, ha demostrado que es fácil de desmoralizar?

Las interrogantes anteriores, ilustran los escenarios que, en la mayoría de los casos, los trescientos-cincuenteros no se detienen a prever, en medio de su euforia cuatriboleada.

¡OJO! No se trata de desalentarse ante los señalados interrrogantes ni de inhibirse ante una hipotética rebelión, pero sí de tenerlos en cuenta como obstáculos a sortear y para adelantarse a las reacciones del régimen. 

Insisto, no se trata de estar “rajado” y mucho menos de darle la razón a MUDos y electoreros. Si una dura y larga lucha es el precio a pagar, que así sea. Quien lea con un poquito de criterio se dará cuenta de que no es realmente contra el Artículo 350 que escribo esto.

El problema estriba en la mayoría de los “cuatriboleados de teclado”, cultores del 350 y de la “calle sin retorno”, que en el fondo no parecen tomarse en serio lo que tanto predican, al punto que uno presiente que en el fondo no son más que pistoladas para desahogarse, proyecciones fanfarronas de lo que quisieran ser pero no se atreven.

Suelen tener una visión demasiado superficial, peter-pánicamente adolescente, demasiado alegre, muy de soplar y hacer botellas. Aún creen en aluviones espontáneos y heroicos de pueblo en la calle, sin un mínimo de organización, cohesión y disciplina. Creen en un régimen castro-chavista desplomándose con una o dos semanas de guarimbas

Son incapaces de, tan siquiera intuir la naturaleza apocalíptica, destructiva y auto destructiva del castro-chavismo, ni su lógica de delincuentes que no tienen nada que perder.

Para estos trescientos-cincuenteros, como para los independentistas de los años 1810 y 1811, “la revolución es un juego de muchachos”. Y ese es el problema, ya es tiempo de dejar de ver la lucha contra el castro-comunismo como un juego romántico-heroico.

Hay que empezar a verla como una lucha que probablemente será larga y en la que hay que arreglárselas para vivir un día a día necesario, como un compromiso, dure lo que dure, aceptándolo con humano y comprensible temor, pero también con la determinación del que respiró hondo y luego se levantó sobre el miedo; apoyándose el sentido de responsabilidad y obligación para con la patria de que habló Nicolás de León en 1751...

Pero también con una visión más pragmática, realista y con un enfoque más estratégico

Asumir el reto como algo serio y no como un sueño, una muchachada o una pistolada calibre 350.

¿Balaguerazo Contra Chamorrazo?

Análisis y Opinión ¿BALAGUERAZO CONTRA CHAMORRAZO? Por Alexander Delgado C 24 de Enero de 2026 Y a han pasado tres semanas desde la captura ...