jueves, 18 de diciembre de 2025

Mucho Porque Regocijarse... Pero Nada Que Celebrar

MUCHO PORQUE REGOCIJARSE...

PERO NADA QUE CELEBRAR

Por Alexander Delgado C.

18 de Diciembre de 2025


En el hipotético caso de una intervención militar estadounidense que extraiga al régimen de Miraflores ¿Habría algo qué celebrar? ¿Habría algo por qué alegrarse? 

Uno de los cantos de sirena con el que el liderazgo “opositor” más engolosina al venezolano, en su desesperación por librarse del narco-régimen, es precisamente el del pretendido “día en que se vaya Maduro”, día que, no faltaba más, dibujan como otro 23 de enero de 1958. En un post en X (antiguo Twitter) del pasado 14 de junio, el activista argentino Agustín Antonetti deleitaba a sus seguidores prefigurando “masivas celebraciones en las calles de todos los países”. Por su parte, la líder opositora y Premio Nobel, María Corina Machado, en un video, a comienzos de este mes, hablaba de “una fiesta global”. En la imaginería popular, alimentada por muchos vende humo, nos enteramos en la madrugada de que “se fue el tirano”, nos echamos a las calles en una apoteósica celebración, de más de tres días, abrazándonos todos, llorando de alegría, emborrachándonos de júbilo… 

Todo un Woodstock político.

Por supuesto, no seré yo quien, ante una factible intervención externa, se rasgue las vestiduras en nombre de una soberanía que hace mucho tiempo nos ha sido usurpada en favor de intereses, mucho más ruines, abyectos y bastardos de lo que pueden llegar a ser las ambiciones hegemónicas estadounidenses. Tampoco seré yo quien niegue el hecho de que no hay manera de librarnos de este régimen hamponil por nuestros propios medios. En ese sentido, cualquier manifestación de regocijo y aprobación de parte de muchos venezolanos (dentro y fuera de Venezuela) ante una incursión armada externa (presumiblemente gringa) contra las escorias rojas que nos pisotean desde Miraflores, no solo es comprensible, de hecho está más que justificada. 

Pero una cosa es aceptar, aprobar o alegrarse ante esa, aún muy incierta, posibilidad de intervención y otra muy distinta es celebrar.

¿CELEBRAR QUÉ? 

¿Celebrar que, muy probablemente sea una potencia extranjera (fueren cuales fueren sus verdaderos motivos) la que haya tenido que accionar para “liberar” a Venezuela de una plaga que los propios venezolanos contribuimos, directa o indirectamente, a llevar al poder en 1999 y luego a legitimar, una y otra vez, en farsas electoreras, ungiendo reiteradamente a una oposición cómplice?

¿Celebrar que haya tenido que ser una fuerza militar foránea quien llevare a cabo una labor que, se supone, correspondía, al menos parcialmente, a una fuerza militar propia? 

¿Somos los venezolanos conscientes de lo que esto implicaría (para bien y para mal, siendo honestos) de cara a nuestro, ya bien endeble y vapuleado, sentido de autoestima nacional; para nuestra autovaloración, en momentos en que nuestro gentilicio y nuestra historia están siendo objeto de un revisionismo que, si bien en sí acaso sea necesario; en muchísimos casos se ha revestido de una carga insana de difamación, descalificación, odio renegacionista y auto-denigratorio? 

¿Tenemos una élite política, comunicacional, intelectual y religiosa, con suficiente sensatez, ética, coherencia y autoritas en lo moral para capear ese golpe anímico-actitudinal con un mínimo de éxito? 

NO. Todo lo contrario. 

¿Celebrar ante el hecho de que la inviabilidad de una acción político-militar venezolana es la consecuencia, no solo del vil accionar del régimen chavista, sino también de la torpeza, mediocridad y corrupción, cuando no franco colaboracionismo y traición de una dirigencia politiquera opoficticia, de una claque comunicacional, mercachifle del desespero y de una élite “intelectual” espuria? 

¿Celebrar que esas élites malsanas han estado en la cúspide, en gran medida, gracias al infantilismo peter-pánico, de la sociedad venezolana en el ámbito político; a su permanente proceder desde lo emotivo por encima de la razón, cosa de la que, por cierto, se envanece el venezolano promedio? 

¿Celebrar, luego de casi 27 años, no solo de opresión sino también de entrega  de nuestro territorio y nuestros principales recursos (legitimada voto mediante) a potencias, mafias o intereses anti venezolanos? 

¿Celebrar ante el saqueo de nuestras riquezas, la destrucción del Arco Minero y la masacre de sus pobladores aborígenes? 

¿Celebrar sobre la dislocación del tejido social, la degradación moral de nuestra población y su sometimiento a un estado de anomia delincuencial?

¿Celebrar mientras que, por las razones arriba señaladas, arrastramos la cadena espectral de un tercio de nuestra población protagonizando uno de los mayores éxodos de la historia? 

¿Celebrar sobre el enlodamiento internacional de nuestro gentilicio, sobre la asociación de este a los peores vicios, sobre la venefobia arraigada en muchas naciones del vecindario? 

¿Celebrar sobre la deformación y emputecimiento de nuestros principales símbolos y referentes identitarios, culturales e históricos? 

¿Celebrar cuando la Zona en Reclamación del Esequibo está más cerca que nunca de perderse en su totalidad, incluida nuestra fachada atlántica? 

¿Celebrar sobre una “libertad” endeble, sobre una bomba de tiempo sociopolítica, con los colectivos y pranes, seguramente atrincherados en selvas y serranías, en los extrarradios de nuestras principales ciudades, con cárceles “comunes” convertidas en verdaderos centros de operaciones criminales (incluidos bunkers y túneles); con un enorme poder de fuego e inmensos recursos (saqueados) para generar ingobernabilidad e incluso imponer su ley? 

¿Celebrar mientras porciones enteras del territorio nacional, incluidos sus pobladores, estarán en manos de la narco-guerrilla colombiana disidente, de los carteles criollos y de elementos terroristas islámicos? 

¡Ahh claro! Supongo que estos son los “focos aislados” a los que se refiere la lideresa en el mencionado video. 

¿Celebrar mientras en El Helicoide, La Tumba y otros centros de reclusión para presos políticos, miles de venezolanos inocentes se pudren en vida? ¿Celebrar en momentos en que la integridad física de estos cautivos, acaso estará más en peligro que nunca? 

¿Celebrar, en suma, sobre una ruina de nación? 

En su biografía de Winston Churchill, en la etapa correspondiente a la II Guerra Mundial, el escritor e historiador alemán Sebastian Hafner, prefigurando la idea que el célebre bulldog británico tenía de cómo debían conducirse las hostilidades, atribuía a Churchill la idea de que, al final de la contienda, Francia resurgiría “intacta y sin mácula, liberada y un poquito avergonzada”...

La Venezuela que se levantaría tras una hipotética intervención armada foránea ¿lo haría “intacta y sin mácula”? ¿Qué tan libre e intacta cuando, muy probablemente, una parte de su territorio estará controlada por las fuerzas estadounidenses y la otra parte, de hecho, en manos de castro-cubanos, rusos, chinos, mafias y elementos terroristas adláteres del narco régimen? 

¿Qué tan soberana volverá a ser la nación venezolana en un futuro cuando su liberación del narco-régimen foro paulista se la deberá a una potencia extranjera que es, objetiva e incuestionablemente, hegemónica (favor, no confundir con retórica ñángara)? 

Y, lo más importante, ¿la Venezuela post chavista se levantaría, solo “un poquito avergonzada” o más bien con la cara en el subsuelo de la vergüenza (si es que tenemos sentido de esta)? 

Al menos la Francia de 1940-1944 estuvo dignamente representada, desde el exilio, por el gobierno dirigido por el General Charles De Gaulle (Francia Libre), una división de combatientes franceses encuadrada en las tropas aliadas y el concurso de oficiales como el General Philippe Leclerc; y, a lo interno del territorio galo, las acciones de la Resistencia Francesa dieron la cara por el buen nombre de esa nación. 

Por contraste, la Venezuela frente el chavismo ¿Qué ha ofrecido desde el 2013 (para no hablar de los años anteriores)? La vergüenza de Capriles; el melodrama deliafiallezco de Leopoldo López y su esposita, la defensora del legado de Chávez; el infame y bochornoso espectáculo del interinato de Guaidó; el patetismo espagueti frío de Edmundo González, el showcerismo mama-gansiano de María Corina Machado; un trasfondo de marchas “cívicas y pacíficas”, plantones tira físico, bailo terapias y las eternas fanfarrias electoreras. Todo esto sobre una población, aferrada, en su desespero, a cualquier cosa que se presente como “opositora”; una “ciudadanía” atrapada en su sempiterna disonancia cognitiva; trepada en una, repetitiva y bipolar, montaña rusa anímica de entusiasmo vano y decepciones anunciadas. 

Los intentos honestos de resistencia, manifestados en las acciones contra el régimen en 2014, 2017, 2019 y 2024, muchas veces mal enfocados, resultaron acallados o desestimados por la dirigencia opoficticia y su guacamayérico coro de doñitas del Cafetal; abandonados a su suerte para, finalmente, acabar derrotados, desterrados, masacrados por el régimen (dixit Oscar Pérez), molidos en las cámaras de tortura o sepultados en los calabozos (valga el eufemismo) de El Helicoide, La Tumba o la sedes del SEBIN y el DGCIM. 

Se supone que se celebran logros que coronan esfuerzos propios. Pero en un supuesto, y aún bien incierto, derrocamiento de la tiranía foro paulista por obra de una presunta intervención gringa, estaríamos, en el mejor de los casos, como cuando le festejábamos a Brasil sus triunfos en los mundiales de fútbol, con el agravante de que, en este caso, además de un triunfo ajeno arrastramos, desde nuestros partidos fallidos, muchos autogoles y tarjetas rojas. 

¡NO! No habría nada que celebrar, pero aunque hubiera, tampoco habría espacio para celebraciones, en medio del caos, del peligro de las motorizadas hordas neo-bovescianas, defensoras del régimen, en medio de la incertidumbre. 

¿Motivos de regocijo? ¡SÍ! Por supuesto. Incluso para reconocerles a quienes intervinieran contra la plaga roja (aún en medio de la vergüenza y al margen de sus intereses reales). Obviamente ese regocijo es conveniente exhibirlo con cautela por parte de los venezolanos que permanecen en el país, frente a un chavismo que, aunque se bata en retirada, aún tendrá poder suficiente para hacer daño en represalia. 

Pero, tomadas todas las precauciones del caso, SÍ, mostremos al mundo, en lo posible, ese apoyo o aceptación voluntaria, aunque sea para callarle la boca y propinarles una bofetada sonora, a los pseudo intelectuales izquierdosos, a los ñangarosos académicos de quincalla que, desde el púlpito de su aula universitaria, de su activismo de cafetín, de su casa de partido o de su sindicalerismo de burdel, seguramente se rasgarán cínicamente las vestiduras, a ritmo de Silvio Rodríguez, en nombre del supuesto “pueblo venezolano”, de su codiciado petróleo y de su cínicamente pretendida soberanía. 

Claro está que, más que celebrar o llorar, en un hipotético escenario libre de la plaga castro chavista, nuestro deber sería colaborar con nuestra conducta y cautela en el restablecimiento, seguramente lento y penoso, de un orden mínimamente coherente; lo que principalmente nos toca es reflexionar, concientizar, asumir una postura sanamente autocrítica y un trabajo de auto-reconstrucción en todos los sentidos… y también de auto redención. 

No obstante, de momento y, ante un panorama tan vago, solo queda respirar y, si novedad no ocurriere, esperar el 2026.

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 Video de María Corina Machado del pasado 12 de Diciembre

 https://www.youtube.com/shorts/g0ozHzmYZp0

jueves, 23 de mayo de 2024

En Pocas Palabras. La Civilización y La Barbarie, El Fanatismo y la Razón

 En Pocas Palabras

LA CIVILIZACIÓN Y LA BARBARIE, EL FANATISMO Y LA RAZÓN

Por Alexander Delgado C.

23 de Mayo de 2024



El odio, el fanatismo y la violencia, el resentimiento, la maldad en suma; son fuerzas oscuras, corrosivas; apocalípticas si así lo prefieren. Eso no hay que ponerlo en duda. Pero… En estos tiempos... ¿solo pueden combatirse con llamados a la paz, al amor o apelaciones a la razón por sí misma?

En el ser humano coexisten la razón y el fanatismo ciego, el instinto civilizador y el instinto barbárico. Lo que define a la evolución humana es su capacidad de CONTROLAR (que no es lo mismo que suprimir, ni tan siquiera reprimir) los instintos destructivos y hacer prevalecer la virtud y la razón.

Hemos vivido los últimos tres siglos bajo la, tercamente ingenua, ilusión de un ser humano instintivamente bueno, en búsqueda de la virtud; capaz de autorregularse en paz, armonía y libertad.

En realidad, es solo una verdad a medias. También Mr. Hyde es parte de nosotros.

Muchas veces, a la barbarie, al fanatismo y a la misma ignorancia (sobre todo la ignorancia desenfrenada, arrogante y jactanciosa que campea en estos tiempos), solo se le puede combatir, o imponérsele, por la fuerza, a partir de la neutralización o supresión, sin contemplaciones, de sus abyectos promotores y nocivos agentes portadores.

Y... ¡SÍ!; en nombre de la razón, de la virtud (Areté) y de la civilización.

Paradójico, pero es así.

Precisamente, la lección que nos da Robert Louis Stevenson con su historia del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, se refiere a la pretensión irrisoria de separar prístinamente civilización y barbarie (o el bien y el mal). Simplemente la maldad y la barbarie acaban imponiéndose, sobre todo en tiempos anómicos y desquiciados como los que estamos viviendo.

Entre whiskies y canapés, los muy “ilustrados” señoritos, híper cívicos y políticamente correctos, apelan a una razón pacíficamente “inmaculada”, suponiendo la existencia intrínseca de un sentido común que, fuera de sus burbujas sobre suelo de parquet, de común solo tiene el nombre. Son solo niños bonitos; en el mejor de los casos, bien intencionados pero fatuamente ilusos que, con naricita alzada, creen que la sinrazón y el fanatismo delirante, son solo una etapa adolescente; piensan que con el tiempo “se centrarán”.

El problema es cuán largo y, sobre todo, cuán costoso puede ser ese tiempo.

El otro problema es que, en el reino de la Idiocracia y la Posverdad, la sinrazón también se reproduce, a mayor escala que la razón; dejando a una vasta generación que tomará el relevo cuando, por cansancio, sus mayores decidan “centrarse”, perdón, retirarse.

¡NO!, la idea no es mantener a Jekyll, impecable e implacablemente, separado de Hyde, la idea es que Jekyll detente el control de manera incuestionada; que prevalezca sobre un Hyde, mucho más depurado, esmirriado y domesticado, en dependencia subordinada a Jekyll; cosa que, por cierto, se logra con férrea voluntad, con decisión… y también con autoridad; muy a lo Teddy Roosevelt, hablando con cortesía pero provisto de un gran garrote.

¡NO! El control real sobre Mr. Hyde no se logra con pócimas... pero tampoco cantando Imagine.

Frente a la violencia de los que no tienen la razón, la fuerza (en defensa propia) es arma legítima de la razón.

Frente a la sinrazón barbárica que afrontamos, Imagine, no es más que una canción, que, francamente, nada tiene que buscar en esta realidad.

Si acaso, que espere por tiempos más sosegados.

lunes, 12 de junio de 2023

En Pocas Palabras. La Política, El Respeto Y La Lógica Del Poder

En Pocas Palabras

LA POLÍTICA, EL RESPETO Y LA LÓGICA DEL PODER

Por Alexander Delgado C.

12 de Junio de 2023


Es necesario entender las relaciones de poder, pero, especialmente, su lógica, más aún en un contexto tan ominoso como el que hoy enfrentamos los venezolanos.

La política es, ante todo, un juego de poderes e intereses que, en el mejor de los casos, se maneja bajo cánones morales, necesariamente relativos; algo más que lógico cuando se tienen que atender intereses grupales; responder frente a conglomerados constituidos por individualidades con pasiones, sentimientos, aspiraciones, intereses y conveniencias que pueden ser muy variados y encontrados entre sí; de más santos a más pecaminosos.

Gobernar o ejercer acciones políticas implica, en el más loable de los casos, saber armonizar, conciliar o hacer coincidir divergencias humanas, muchas veces enconadas; tanto intereses, en un sentido material, como otras consideraciones; conlleva equilibrar lo dogmático y lo pragmático, los principios y la realpolitik, lo ideológico y lo geopolítico. Esto supone una gran dosis de practicidad y realismo, muchas veces por encima de consideraciones humanísticas, sentimentales e incluso morales. Ahora bien, esto no significa que esas consideraciones humanas queden totalmente excluidas; en la actuación política de muchos grandes personajes, hemos visto, como factores motivacionales; intereses o ambiciones amalgamados con ideales elevados, así como principios e impulsos muy humanos, positivos o negativos.

¿Cómo armonizar la realidad de las relaciones de poderes entre diversos sectores y factores (el medio) con ideales elevados o principios y cánones éticos que deberían ser innegociables (se supone que el fin)?

Además del sentido común, me parece que el elemento que más debe primar en cualquier forma de relaciones políticas, o tan siquiera en el enfoque de estas, es el respeto; y no me refiero únicamente al que muchas veces se debe observar frente al interlocutor (lo merezca o no) sino también y, sobre todo, ¿Qué tanta respetabilidad se puede inspirar en ese interlocutor?; sean personas, grupos de poder político, grupos de poder socio-económico o naciones, especialmente las de mayor poderío. Entiendo que, en política, este respeto debe ser enfocado desde una connotación, cortés pero fría o emotivamente neutral.

Aunque tanto la fuerza física como el poder de fuego (en contextos sociopolíticos) son elementos clave para inspirar respeto, no son los únicos ni totalmente indispensables, al menos no en todo momento. En la historia ha habido muchos ejemplos de naciones, organizaciones, movimientos de diversa índole, así como, individualmente, de muchas personas que, siendo más bien débiles desde un punto de vista físico, han sabido hacerse respetar ante los fuertes y poderosos; a veces, incluso, han logrado influir en ellos.

Lograr ese respeto sin poseer un músculo visible implica una total conciencia de la propia fragilidad y vulnerabilidad, pero también de las fortalezas, visibles o potenciales; concientizar las ventajas u oportunidades subyacentes entre los bastidores de esta debilidad evidente y saber aprovecharlas. Hablando en términos publicitarios, es saber auto aplicar honestamente un DOFA (Debilidades, Oportunidades, Fortalezas, Amenazas).

Adicionalmente, para lograr este respeto hay un requisito previo; respetarse y valorarse a sí mismos, liberarse de todo complejo de inferioridad, no importa la debilidad externa o desventaja en que se esté. No se puede aspirar al respeto de otros, fuertes o débiles, si, en primer lugar, no existe una base de dignidad, autorrespeto y autoestima.

Una proyección de respetabilidad que implica seriedad en aquellos aspectos que la amerite y la exija. Que entraña una absoluta madurez para asumir que, en el fondo, la política es la mejor demostración de que, en el mundo terreno, especialmente en sociedad, las relaciones humanas ni son, ni pueden ser, ni tienen porqué ser, el cielo o el infierno que pretende presentarnos la sensiblería corin-telladezca ni el idealismo adolescente.

Todo lo señalado anteriormente define, a mi modo de ver, la verdadera esencia de las relaciones políticas y el modo de ejercerlas en provecho propio cuando se está en debilidad.

También enumera todo aquello en lo que, lamentablemente, hemos fallado los venezolanos, especialmente del lado opositor a la tiranía roja de Miraflores. 

jueves, 4 de mayo de 2023

Las Retículas Y La Cadena De Montaje

 LAS RETÍCULAS Y LA CADENA DE MONTAJE

Por Alexander Delgado C.

4 de Mayo de 2023


El hecho político no se puede separar del hecho social y este, a su vez, es la manifestación visible de un telón de fondo de la cultura y psique colectivas. Este trasfondo, por otra parte, está en relación simbiótica con el elemento psico-individual. Al mismo tiempo, del hecho sociopolítico depende el administrativo; esto a despecho de los tecnócratas y su clásico desdén por la política, a la que, con o sin razón, equiparan con la politiquería circense e idiocrática, cada vez más en boga en nuestros días. Todo está en interdependencia, contrario a lo que suele mostrársenos desde la clásica visión de retículas, según la cual; esto es cosa de políticos, aquello de tecnócratas, lo otro de sociólogos, sacerdotes, intelectuales, etc.; o sea, cada uno en su carril.

Aparte de ser inadecuada para tiempos anormales como los que se viven en Venezuela y para tiempos turbulentos, de cambios, como los que parecen abatirse sobre el mundo; la mentalidad de retículas favorece la mediocridad burocrática, típica de instituciones, tanto públicas como privadas. Ejemplo clásico es cuando un ciudadano de a pie acude a dichas instancias (sobre todo las públicas), buscando la solución a un determinado problema inusual o cuyos pormenores se salen de los parámetros cotidianos; en muchos casos este pobre parroquiano es remitido de oficina en oficina como una bola de pinball, sin que, en muchos casos, se le dé solución a su problema. Esto es así porque los funcionarios que lo atienden son incapaces de ver más allá de su accionar rutinario, encasillándose, muchas veces por inexperiencia, pero las más de las veces, por pereza, mediocridad o tozudez. Ante un inconveniente que se sale de su cartilla preestablecida, así sea en el más mínimo detalle, se escudan en que esa no es su atribución, remitiendo al usuario a otro funcionario que, probablemente, le va a dar la misma inútil respuesta.

Este apegarse cómodamente a retículas responde a la lógica de división del trabajo propia de la cadena de montaje, una lógica que, ciertamente, ha constituido el eje organizacional y operativo de las sociedades occidentales en los últimos tres siglos. Aunque sus orígenes se remontan a la Revolución Industrial (y aún antes), la cadena de montaje fue perfeccionada y popularizada a principios del siglo XX por Henry Ford, creador del primer automóvil producido a gran escala. La producción en serie, surgida de la cadena de montaje, abarató costos y precios de productos, haciéndolos mucho más accesibles al público, pero, al mismo tiempo, confinó al trabajador de estas fábricas (y, lo que es peor, acondicionó su mente) a tareas repetitivas, anquilosantes y embrutecedoras. El esquema de cadena de montaje, incluida su visión rutinaria y reticulada, trascendería el ámbito fabril, sirviendo de molde, como ya se dijo, a los principales aspectos organizativos y de interrelación humana de la llamada Era Industrial, o lo que el futurólogo Alvin Toffler (1918-2016) definió, y dio a conocer, como La Segunda Ola. Lograría imponerse en la mayor parte del planeta, incluyendo a aquellas sociedades de talante agrícola (de Primera Ola según Toffler) en el llamado Tercer Mundo pero que acogieron al modelo industrialista en modo aspiracional.

Esta forma de organización en sí misma, ha demostrado ser eficaz en el terreno de la producción y, hasta cierto punto, en los modos organizacionales de las sociedades contemporáneas. El inconveniente surge cuando hablamos de comunidades con un flojo sentido de cohesión como la de muchos países iberoamericanos (entre ellos Venezuela), con un individualismo tendiente a mirarse al ombligo, cerrados feudalmente en atribuciones preestablecidas, sin ser capaces de ir más allá de sus límites, al menos eventualmente y en detalles pequeños.

Para ejemplificar mejor, y aunque no se trate de una sociedad latinoamericana, usemos la propia estampa de una cadena de montaje de la Ford en la Norteamérica de comienzos del siglo XX; imaginemos que, de cada chasís automotriz, el empleado Peter era el encargado de apretar las tuercas C y el empleado Jack debía apretar todos los tornillos D. Aunque cada empleado, en principio, tenía que atenerse a su función estipulada, la lógica dice que todos debían haber tenido una visión de conjunto, de manera que si Peter olvidaba apretar la tuerca C de uno de los vehículos, o la apretaba mal, Jack, aunque no le correspondía, hubiese estado en capacidad, no solo de percatarse de esta falla sino también de hacérselo ver a Peter, apretarla él mismo (por esa vez) o simplemente informar al supervisor. La típica actitud del que se cierra cómodamente en su retícula, incapaz de ofrecer soluciones más allá de sus narices, sea en una oficina ministerial, sea en su atalaya académica o entre las gríngolas de su dogma o ideología, equivale a que, en el citado ejemplo, Jack, consciente de que la tuerca C estaba floja, hubiera dejado pasar ese chasis porque “esa no es mi función aquí”, aunque ese carro saliera con un chasis endeble, creándole problemas al cliente o incluso a riesgo de generar un grave accidente automovilístico...total, eso no era asunto de Jack, él hizo bien el pedacito que le encargaron, allá los demás si no hicieron bien lo suyo.

La dificultad que ofrece este enfoque también se agrava en la medida en que nos hemos adentrado en una época en la que los diversos aspectos de la vida están cada vez más entrelazados. Incluso en el ámbito de los productos fabriles, el desarrollo de la tecnología ha derivado en, cada vez más artículos cuyas partes están tan interconectadas que ya no son reemplazables individualmente. Ej.: Si determinado chip, de la Tarjeta Madre de un equipo se daña, muchas veces ya no es una opción sustituirlo por otro chip del mismo tipo, irremediablemente hay que cambiar toda la Tarjeta Madre o adquirir un equipo nuevo… solo por un chip. Como ya se señaló, esta característica de los nuevos productos fabricados, propia de un, cada vez mayor, desarrollo tecnológico, poco a poco ha ido trascendiendo el ámbito industrial, influyendo en los diversos aspectos de las relaciones humanas; algo contemplado por el mencionado Toffler como parte de su prefigurada Tercera Ola, en su libro homónimo de 1980.

Así las cosas, en la Venezuela de los años 1958 a 1998, consecuente con la visión industrialista imperante; el asunto, desde la sintaxis política, se suponía que era luchar por la “democracia”, aunque, de hecho, esto se redujera a dimes y diretes de casas de partido, discusiones sobre tal o cual politiquero, al escándalo de corrupción en boga y, por supuesto, a las próximas elecciones. Por su parte, para el “luchador social” el norte era el bienestar de los sectores más vulnerables (aunque, en la práctica, muchas veces no pasara de pura sindicalería cervecera). El deterioro de la seguridad pública, era cosa de policías, el Ministerio Público y por supuesto el Ministerio de Justicia (por entonces un ministerio propio). La moral pública ¿era cosa de quién?... tal vez de la Iglesia, Asociaciones de Padres y Representantes o alguno que otro solitario intelectual conservador dándose golpes de pecho. Lo mismo ocurría con temas como la educación, la formación cívica, la visión histórico-social y cultural del país, solo eran “cosas de maestros” como lo criticaba sarcásticamente Augusto Mijares. ¿Y lo que podríamos denominar el espíritu colectivo o espíritu público?... vainas de filósofos o, dicho coloquialmente, de pensadores de gamelote.

Esa visión reticulada, a partir de un materialismo mal entendido, contribuyó en gran parte, a que, desde 1998, no supiéramos formarnos una abstracción más generalista que nos permitiera comprender, más acertadamente, tanto al fenómeno chavista en sí y sus intenciones, así como como a las dimensiones reales del abismo en el que, cada vez más, se sumía a Venezuela. 

En nuestros días, entre las taras heredadas por la, bien pensante, Venezuela opositora, se encuentra, lamentablemente, esa perspectiva de tienda por departamentos en las relaciones sociales. Esto se refleja en la forma de abordar la crisis cataclísmica que atraviesa la nación. El mejor ejemplo está en la forma en la que la tiranía chavista es presentada por las dirigencias “opositoras” prestablecidas (muchas veces de forma aviesa), la cual ha acondicionado, a su vez, el modo en que, esencialmente, la ciudadanía de a pie cree comprender (equivocadamente) a la narco-tiranía roja.

Siempre se ha partido de un pragmatismo de quincalla. Desde la nomenclatura politiquera y democratera se ha mostrado esencialmente a una “dictadura” corrupta, violadora de los más elementales Derechos Humanos (en lo que no se equivocan, por supuesto) que hostiga a los partidos políticos opositores, oprimiendo, persiguiendo, encarcelando, torturando y asesinando a sus militantes y a todo aquel que represente un peligro para la claque dominante. Desde los intereses de periodistas y dueños de medios de comunicación, se ha denunciado ante la SIP a un régimen opresor de la libertad de expresión (tampoco se equivocan en esto). Desde la perspectiva del empresario no enchufado (donde los haya) se ha presentado a un régimen que asfixia la iniciativa privada; y desde los balbuceos cimarrones de un sindicalerismo respondón, otrora aliado del narco-régimen, tenemos patéticos llamados a la OIT, ante los atropellos laborales desde el poder. 

Cada “sector” desde su retícula (aún teniendo la razón en sus denuncias), atendiendo solo a su tuerca o su tornillo, sin la capacidad (o la intención) de una perspectiva multifocal que complemente cada enfoque y lo englobe en un todo.

Lo realmente lamentable, como ya se comentó, es la ductilidad del opositor de a pie respecto a estos parámetros. A la narrativa, simplista, retorcida y trillada pero generalista, del foropaulismo chavista; se “opone” una narrativa, certera pero desvaída por repetitiva, estrictamente cuantitativa, entre gríngolas; en medio de relatos del que la opinión pública se hace eco como quien se cambia de chaqueta según la perspectiva desde la que se aborda. Consecuente con el materialismo heredado de la era industrial, la perspectiva bobositora pondera el accionar chavista como motivado, únicamente, por intereses económicos corruptos (cuya existencia, en sí, no se niega). Al mismo tiempo se suelen desdeñar, como motivadores del chavismo, consideraciones morales o éticas (abyección, exaltación de lo vulgar, propias de la narco-tiranía); consideraciones ideológicas (bolchevismo, sus innegables fuentes marxistas-leninistas) y actitudinales (odio y resentimiento de impronta bovesciana)… 

Y, por supuesto, la nomenclatura antichavista (o sea, chavista al revés) desestima displicentemente el factor simbólico-identitario, como definitorio del ser castro-chavista.

En aras de un proselitismo electorero (irrisorio y suicida en tiranía) tampoco se quieren tener en cuenta elementos malsanos de la psique colectiva de los que se nutre el espíritu chavista, muy en consonancia con su perspectiva izquierdista (rebeldía por la rebeldía, disrupción, etc.), elementos que apuntan siempre a la degradación de la sociedad; exaltación de antivalores tales como el pobrecitismo o el victimismo y, de la mano de este, anti-místicas como el feísmo (especialmente en el paisaje urbano), la idiotización de la sociedad, la exaltación de la depravación y el lumpenato. 

En este sentido, y como consecuencia de esa visión de retículas, la condición malévola del castro-chavismo, únicamente es considerada desde una óptica pseudo esotérica o rezandera, como un asunto de Dios Vs. El Diablo, incluidas admoniciones beatas, golpes de pecho y poses de gurús new age; es decir, como algo escindido de la cara terrenal de estos antivalores (resentimiento social, envilecimiento progresivo, bajas pasiones).

Normalmente, y a la hora de apreciar la situación nacional, la perspectiva “opositora”, de hecho, suele mirar de soslayo estas consideraciones atinentes a la miseria humana como ajenas a la sintaxis política, y no es solo el activista o dirigente medio, sino también la propia ciudadanía de a pie.

Nunca se ha sabido, se ha podido o se ha querido, comprender a la plaga chavista como a una totalidad, como tampoco se han sabido comprender, desde una abstracción generalista, los tiempos, cada vez más anómicos, que vivimos.

Seguimos escrutando la realidad post industrial y, en el caso venezolano, la realidad post-democrática, bajo una lupa sigloveintera.

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La Ilustración, una típica retícula usada en el campo del Diseño Gráfico, fue tomada del siguiente enlace:

https://ilkaperea.com/2019/05/04/importancia-de-la-reticula-en-diseno-grafico/

jueves, 30 de marzo de 2023

El Eterno Chantaje "El Enemigo es Maduro"

El Eterno Chantaje

EL ENEMIGO ES MADURO

Por Alexander Delgado C.

30 de Marzo de 2023


Uno de los argumentos-chantaje que más usan los seguidores de la Oposición oficial para tildar de agentes solapados del chavismo a quienes, desde la misma acera antichavista, criticamos su actuación frente al narco-régimen; desacertada y corrupta, cuando no francamente colaboracionista; ha sido basarse, de manera frívolamente cuantitativa, en que, según ellos, “criticamos más” a la falsa oposición que al régimen. Algunos hasta parecen llevar, ociosamente, la cuenta de las publicaciones que emitimos contra la actuación de la dirigencia “opositora” Vs. los que emitimos contra los jerarcas del chavismo rojo.

Este simplismo por parte de las beatas opoficticias, se ha manifestado recurrentemente a nivel de post en las RRSS, especialmente en Twitter. Hace poco tuve la oportunidad de toparme con una de tantas manifestaciones; a propósito de la solicitud de Leopoldo López de más sanciones para los jerarcas del régimen, luego del escándalo de PDVSA-CRIPTO. Aunque, desde una perspectiva antichavista, la postura de López puede considerarse, objetivamente sensata, ha llovido, desde la propia acera contraria al narco-régimen, una avalancha de críticas ácidas contra López, quien, ciertamente, arrastra, merecidamente, un alto índice de descrédito entre la opinión pública opositora, debido a su, más que discutible, actuación como líder opositor (especialmente durante el recién fenecido interinato); críticas capitalizadas por voceros e influencers de la oposición más radical, disidente de la línea oficial.

En ese contexto, en una publicación con fecha de ayer, en su cuenta de Twitter, la activista Estefanía Meléndez (@EstefaniaVenBg), designada embajadora por el, recién extinguido, interinato ante Bulgaria, donde aún reside, reza lo siguiente:

“Me sorprende ver a tantos venezolanos criticando más a @leopoldolopez por pedir sanciones a responsables de la catástrofe en 🇻🇪 qué al régimen por admitir corrupción y el robo de al menos 21mil millones de dólares.

¿Qué es esto? ¿Tan bien ha trabajado la propaganda chavista?”

(https://twitter.com/EstefaniaVenBg/status/1641132182792962075)

Aunque no critico a Leopoldo López por su reciente perogrullada, entiendo la rabia que hay contra él y su entorno. Acaso fue un error usar esta declaración en concreto como pretexto para criticarlo. Pero el descontento contra toda la dirigencia opolaboradora está más que justificado. Cleptocracia chavista aparte, lo cierto es que López no es que tenga mucha moral para arremeter contra nadie por corrupción, dados los señalamientos que, en ese mismo sentido, cursan contra él, contra su partido Voluntad Popular y contra el, hasta hace poco, “presidente interino” Juan Guaidó, salido de dicho partido; imputaciones referentes, sobre todo, a las lamentables actuaciones de los personeros del reciente interinato (en el que Leopoldo López tuvo una presencia hegemónica entre bastidores).

En cuanto a la kakistoctracia roja de Miraflores ¿Qué más podemos decir de esa pústula que NO se haya dicho, masticado, rumiado; en programas televisivos, en conversaciones de sobremesa, en las RR. SS; gritado en actos de calle, expresado sin palabras en cacerolazos...  ¿Qué vamos a decir, a estas alturas, que no sea harto conocido?

¿Se supone que tenemos que vivir repitiendo contra el régimen, una y otra vez, de modo ritual, las mismas verdades consabidas? De hecho, eso es lo que hacen estos chavistas al revés quienes, enarbolando la admonición ociosa de “¡El enemigo es Maduro!”, pretenden darnos lecciones de oposición al régimen.

La verdad es que YA HARTA tener que explicar esto una y otra vez y que aun así insistan con aquello de “El enemigo es…” ya no Maduro o el Régimen, otras veces, peor aún, “¡El enemigo es el gobierno!”. Es decir que, muy dentro de sí mismos, quienes critican que se ataque a la opolaboración antes que al narco-régimen, siguen viendo a Maduro y a su combo, no como a una bandada de hampones que tienen secuestrada a Venezuela y de quienes no se puede esperar nada bueno, sino como a “su gobierno”, al que hay que exigirle cuentas. 

Para esta camada de oligofrénicos políticos, estar contra el chavismo, se petrificó en un mantra repetido de insultos a los principales portavoces del régimen, empezando por Nicolás Maduro, ciertamente insultos más que merecidos, pero que, aparte de inútiles, ya deberían ser obviados. 

Hace ya casi 13 años (aún vivo Hugo Chávez), en mi artículo Del Antichavismo O Chavismo a la Inversa, al Post-Chavismo, yo había escrito sobre esta lamentable falla actitudinal de muchos antichavistas de a pie. Hoy, como ha sido siempre desde 1998 (cuando Chávez solo era candidato), el chavismo inspira o dicta la agenda de la supuesta alternativa política. Hugo Chávez desde 1998 hasta 2013 y Nicolás Maduro desde entonces, han sido los líderes al revés de la supuesta oposición.

Así mismo, hace aproximadamente seis años, compartí en Twitter una serie de razones por los cuales, PARECE (solo parece) que algunos, desde al antichavismo, fuésemos más indulgentes con el chavismo que con el liderazgo “opositor” y sus pica-quesillos. A grosso modo y desde mi entendimiento estas eran y siguen siendo las razones: 

1.- Ya llevamos veinticuatro años, más que criticando, adversando a este régimen, diabólicamente perverso; ergo, y como lo señalé arriba, ya a estas alturas, todo lo malo a señalar de ellos son Verdades de Perogrullo. Lo más lógico es callarlas por sabidas. Muchos, en su momento, asumimos que del lado de quienes confrontamos al chavismo éramos lo bastante inteligentes como para no necesitar seguir lloviendo sobre el ensopado de las infamias chavistas. 

Obviamente nos equivocamos. Tristemente, la idiotez política, en nuestro país, viste de rojo y viste de azul. Por algo el chavismo, tras fracasar al intentar tomar el poder por las armas, logró sin mucho esfuerzo, conquistar el poder, y mantenerse en el mismo, a punta de votos. 

2.- La Tiranía Castro-chavista, ciertamente, sigue siendo el peor enemigo, pero un enemigo que tenemos enfrente y cuyos golpes vemos venir, a diferencia de las puñaladas traperas recibidas por parte de quienes, se supone debían liderar, y conducir a los venezolanos de bien a la derrota de la tiranía castro-chavista. 

El Foropaulismo representa a los asaltantes que se apoderaron de nuestra casa, han saqueado nuestro patrimonio y mantienen en situación de rehenes a nuestros paisanos que permanecen en ella (y hasta cierto punto, a los que nos fuimos). La dirigencia opositora representa a las supuestas fuerzas policiales en las que, inicialmente, se confía para rescatar a la población cautiva y aprender o eliminar a los delincuentes rojos y, sin embargo, una y otra vez, fracasan, a partir de disparates absurdos, operaciones cuyo mal resultado estaba anunciado... y, lo que es peor, no pocas veces vemos a estas supuestas fuerzas policiales entenderse con los delincuentes a quienes debían combatir. 

Luego, en sentido lógico ¿Quiénes arrastran, moralmente, un mayor grado de reprochabilidad? ¿A quiénes deberíamos prestar mayor atención? 

3.- Tenemos todas las razones para considerar como una guerra silenciosa, sin armas de parte de la Venezuela antichavista, la lucha sostenida contra el chavismo (más por voluntad de ellos que de la propia población en resistencia), guerra irregular y con largos interregnos de tregua, pero guerra, al fin y al cabo. 

En una guerra, si una nación sufre un revés ante el enemigo, lo lógico es que sus ciudadanos, antes que lanzarse contra los comandantes del ejército contrario, que, en definitiva, hicieron lo que les correspondía, tratar de vencer a su enemigo, exijan cuentas a quienes, se supone, constituyen su gobierno y sus generales, en relación a negligencias, imprudencias, impericias, infidencias (o investigar posibles traiciones) que permitieron ese revés. 

En esta Guerra El Régimen Castro-Chavista, peón del Foro de Sao Paulo y en alianza con intereses trasnacionales nocivos a la venezolanidad, es el enemigo, son la otredad. La dirigencia opositora (Llámese Coordinadora Democrática, MUD, el Interinato, etc.) se suponía, debía ser lo más cercano, o menos lejano, a un gobierno propio o “nuestros directores de la guerra” … obviamente nunca han estado a la altura de las circunstancias. No han sabido, o querido ser, un gobierno en ciernes o un gobierno en las sombras (hasta donde fuera factible) o, tan siquiera, un gobierno in partibus. Más allá de las limitaciones que, ciertamente habrían tenido, no hay señales de que se lo hayan planteado, ni aún dentro de lo que podían intentar (Por Ejemplo; durante el Interinato, influir directamente en la diáspora, especialmente los radicados en países que lo reconocían). Hoy entendemos muchos que, no es que no fuesen capaces, es que no les convenía algo así.

4.- Mayoritariamente, los que siguen los dictámenes de la dirigencia opoficticia, suelen rasgarse las vestiduras en nombre de la tan cacareada “democracia”; pues bien, si se trata de una pretendida democracia, es la ciudadanía la que debe tomar la batuta, exigir resultados a sus gobernantes o líderes y, en situación de confrontación, pedirles cuentas de sus fracasos ante el enemigo (el chavismo), a quien sería ilógico reclamarle. Lo contrario a una verdadera democracia sería lo que hacen las beatas de la oposición prestablecida, defenderlos como si fueran gurús, justificar sus desaciertos o, peor, obliterarlos en un “¡El enemigo es Maduro!”.

Por su parte ¿Qué demuestran quienes, catalépticamente, insisten en aferrarse patéticamente a liderazgos, narrativas y agendas, repetidas alternadamente y cuyo fracaso endémico se ha demostrado, una y otra vez, en un sempiterno y trágico bucle? y, especialmente ¿Qué proyectan quienes acusan a la disidencia antichavista de infiltrados por no criticar lo suficiente al chavismo (después de 24 años del mismo guion)?

Veamos algunas posibles respuestas:

Como en la película zombi-apocalíptica “Tierra de Los Muertos”, de George Romero (2005), los falsarios Paul Kaufman (1) de la dirigencia “opositora”, juegan a aplicar la Tesis de la Fortaleza Sitiada (aprendieron muy bien de la tiranía roja), en un intento de mantenerlos sumisos, a partir de la eterna invocación ritualística de un enemigo externo (el chavismo) con quinta-columnistas a lo interno (opositores disidentes que cargan con el sambenito de agentes del G2). Pero, a diferencia de la película de Romero, en este caso; los Kaufman suelen entenderse, por debajo de la mesa, con los Big Daddys (2) del Foro de Sao Paulo, siniestros y calculadores (a diferencia del personaje de Eugene Clark) y, por otra parte, los beatos de la opoficción también suelen ser zombis de la desesperación; a los que, fácilmente distraen con luces de colores en el cielo (fuegos artificiales). 

Como lo comenté en mi artículo de 2017, País Surrealista y Disonante, su, ya mencionada, desesperación, los hace vivir en una eterna Disonancia Cognitiva; aferrados a las luces multicolores del recuerdo de una normalidad adeco-copeyana, corrompida pero que, “mal que bien funcionaba” y atrapados en la ilusión de su pronta restauración (pero sin la corrupción y el clientelismo de entonces, no faltaba máaas), por obra y gracia de una fiesta electoral... Poco importa que estas pantomimas electoreras tengan lugar en medio de unas instituciones, rojas rojitas, amañadas y un software programado para hacer ganar al régimen... no, eso no importa, “esta vez sí se va a poder, porque somos chéveres”. Necesitan aferrarse a los Paul Kaufman o, más bien, a los Jim Jones, del alacranato opoficticio, electorero, rumbero y farandulero; edificado sobre el Pittsburgh post apocalíptico (dixit la mencionada película de George Romero) de la distopía chavista.  

Necesitan regodearse y reafirmarse en su victimismo pobrecitista. En muchos de ellos pesa, lamentablemente esa mala impronta de mártir; impregnada desde nuestra cultura cristiana, reforzada por nuestro devenir histórico y recalcada culturalmente en miles de melodramas cinematográficos (cine mexicano) y televisivos (Delia Fiallo). Arrastramos en nuestra psique colectiva esa malsana semblanza de villanos contra sufridas. De ahí la actitud de muchos antichavistas poco críticos de eternas Mamá Dolores; ponderando, detallando, rumiando y hasta relamiéndose masoquistamente en la, innegable pero redundante, maldad chavista... Necesitan resaltar, de manera auto flagelante, al villano rojo, para así poder sentirse personajes de Libertad Lamarque o de Carmen Julia Álvarez.  

Para los beatos mudero-electoreros, desgañitarse gritando “¡Maduro Coño E’ Tu Madre!” es la única forma de “validar” el estar en contra del narco-régimen. Pero como reza el refrán “Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”, uno se pregunta si esa insultadera, ritualmente estéril, al chavismo y ese tildar de chavistas camuflados a los opositores radicales no será una forma de proyectar (o defenderse de) el chavismo subyacente en su sombra junguiana.

En su eterno y negacionista, mirarse al ombligo, necesitan despojarse de toda responsabilidad en la debacle chavista por pequeña que sea; por acción, omisión u oposición. El régimen, concretamente Maduro, sirve, no de chivo expiatorio, pero sí, dada su putrefacción, como un excelente basurero en el cual verter la basura o basurita propia. Les sucede como a ciertos neo sifrinos que necesitan denostar día y noche contra todo lo que tenga que ver con las barriadas (“¡tierrúos, marginales, niches!”) para así mantener a raya, ante sí mismos, el recuerdo del Caricuao del que salieron.   

Por otra parte, para estos Maduro-hater, tanto el denostar al Tetón, y en general, a la plaga roja, hasta para hacer bien la digestión (como escuché decir en los inicios de la era chavista), como el exaltar al “líder” opoficticio de moda; en el fondo es una forma de evadir mayores responsabilidades para con la nación; no tener que pasar a un más allá de las sempiternas comparsas electoreras, y de los programados; plantones, marchas, cacerolazos, eventuales disturbios (que en la mayoría de los casos se salen del libreto programado). 

Su simplismo político, tozudo, jactancioso y cimarrón, no les permite entender que su permanente expresión de inquina contra el chavismo (no solo contra Maduro), ciertamente es comprensible, no seré yo quien les niegue razón, pero no solo es inútil y ociosamente repetitiva; es contraproducente. Vivir día y noche destilando odio contra los personeros del narco-régimen, aparte de mantenernos entretenidos, nos convertiría, de una u otra manera, en sus esclavos emocionales

Mitológicamente hablando, los vampiros solo pueden entrar en las casas donde previamente son invitados de forma voluntaria. Aunque crean que es lo contrario, ese aborrecimiento supurante es una permanente invitación, voluntaria, al vampiro chavista a entrar en la casa de nuestra psique.   

Su (in)cultura política no les da para entender que, a estas alturas, debería estar más que claro que, muchas de las barrabasadas que dicen y hacen los gestores del chavismo son deliberadas. Persiguen, precisamente, generar ese tipo de reacciones en la población. Es una de las tantas formas alternas (sin uso de la fuerza o la intimidación) de ejercer dominio sobre la población, a partir de la ira paralizante o de la desmoralización. Hacerse eco de esas barbaridades, así sea para criticarlas es hacerles una publicidad indebida y contribuir a fortalecer la, ya mencionada, sumisión emocional (por aversión) que, desde los tiempos de Chávez, se ha ejercido, consentidamente, sobre la Venezuela que se les “opone”. 

No pueden entender lo absurdo de dar batalla a un enemigo externo con un ejército minado de contradicciones en nombre de la “pluralidad”, perennemente infestado de traidores o infidentes, prestos a la desmoralización, pasto de los sembradores de cenizas. Tal y como lo traté a fines del año pasado, en mi artículo “¡Que Crezca El Pilón!”, está más que demostrado lo ineficaz de una pretendida o real superioridad numérica si esta encubre una absoluta debilidad orgánica. Una vez más, Maduro se convertiría en nuestro líder al revés, al convertirse en el aglutinador por oposición.

Se requiere una depuración interna y una reestructuración del universo antichavista; desde las bases hacia el techo, desde adentro hacia afuera. Depurar la casa internamente antes de ir contra el enemigo externo. El aferrase a una permanente casa empezada desde el tejado habla de nuestra incapacidad para comprendernos como nación, mejor dicho, cómo funciona una nación o en general un conglomerado social sólido.

Es triste comprobar cómo, veinticuatro años después, muchos venezolanos a quienes deberíamos ver como copartidarios, políticamente, no solo hacen gala del más absoluto analfabetismo, sino también de un criterio de “comprensión” anquilosado, fosilizado en torno al chavismo, emocionalmente dependiente de estos. Es, simplemente deprimente, constatar su incapacidad, arrogante y cazurra por demás, para entender que para algunos (cada vez más), en la acera de enfrente al chavismo, el infinito DESPRECIO (que no odio) que nos genera la narco-tiranía es algo ya asimilado, ya sobreentendido; es un régimen del que nos hemos acostumbrado a no esperar nada bueno y, por ende, es lógico que nuestro foco se concentre en aquellos de quienes, se supone, se deberían esperar, no solo resultados óptimos sino, tan siquiera, un accionar coherente, leal, sensato y cónsono con la realidad que nos circunda y con su supuesta condición de liderazgo opositor.

Si no pueden entender algo tan básico ¿Qué se puede esperar políticamente de quienes así piensan? Lo más lamentable es que, en muchos casos, se trata de gente de elevado nivel académico-profesional, probablemente, muy competentes y avezados en aquello en lo que se graduaron. 

A Modo de Conclusión

El Chavismo es un egrégor de nuestro lado oscuro, de nuestra sombra junguiana, de nuestros complejos, resentimientos, miedos; es nuestro Mr. Hyde. Quizá la razón por la que no hemos salido de él es precisamente porque no hemos aprendido a superarlo de verdad y esto se logra asimilándolo, dando por sobreentendidos elementos clave de su ser, como su demencial vileza. La mejor forma de lograrlo es tender una mirada más allá de la dicotomía chavismo-antichavismo, una mirada post chavista, eso solo se logra con una visión nacional elevada, que transcienda la pequeñez kakistocrática del chavismo y no que se le enrede, desde el victimismo, en sus garras.

El constante denigrar auto intoxica (principio del resentimiento, según Max Scheler), es como un escorpión que, en vez de picar al otro se pica a sí mismo. El odio nos inferioriza respecto a lo odiado y nos hace emocionalmente dependientes de esto. El desprecio ubica en una posición superior a lo despreciado. Debemos superar al chavismo y eso significa, dejar de distraernos con las luces de colores estridentes o los trapos rojos con que el régimen nos mantiene permanentemente enervados y, antes bien, esforzarnos en superarnos a nosotros mismos, en lo educacional, en lo cultural, en lo actitudinal y, muy especialmente, en lo referente a nuestra formación política.

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(1) En la mencionada película de George Romero, Paul Kaufman (interpretado por Dennis Hopper) gobernaba despiadadamente una sociedad feudal, asentada en Pittsburgh, convertida en refugio de uno de los pocos enclaves humanos sobrevivientes al apocalipsis zombi; sociedad en la que Kaufman junto a un pequeño grupo de ricos y poderosos vivían en un lujoso rascacielos-fortaleza, mientras que el resto de la población subsistía en la miseria.

(2) En “Tierra de Los Muertos” Big Daddy (interpretado por Eugene Clark), lidera a una nueva generación de zombis, cada vez más evolucionados, inteligentes y conscientes de su fortaleza numérica.

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