En Pocas Palabras
ÉRAMOS PENDEJOS Y NO LO
CREÍAMOS
Por Alexander Delgado C.
27
de Abril de 2014
Con o sin razón, se ha vuelto un cliché la frase “Éramos felices y no lo sabíamos”, queda a criterio de cada quien determinar si era así o no. Es más que comprensible experimentar nostalgia por los tiempos anteriores a 1999, aunque no por eso la mencionada frase deja de tener un cierto aire de patetismo. Con esa frase, el humorista Claudio Nazoa cierra un artículo publicado en El Nacional, el 11 de Noviembre de 2013, titulado Mi Felicidad.
Pero es otra afirmación del artículo de Nazoa, la que motiva el presente escrito.
En el citado artículo, dice el humorista venezolano:
“Muchos de los
artistas izquierdistas, hoy convertidos en talibanes exclusionistas,
reaccionarios y sapos, enviaron con los adecos y copeyanos a sus hijos para que
estudiaran en otros países y nadie preguntaba qué tendencia política tenían.”
Pues bien, ese fue precisamente uno de nuestros mayores errores respecto a
aquellos años; dejamos criar demasiados cuervos entre nosotros (Ojo, no cuento
en este grupo a Claudio Nazoa y otros como él).
Dejamos que las Universidades Públicas (y no pocas veces las privadas) se
convirtieran (UCV dixit) en santuarios del ñangarismo
más resentido e hipócrita. Espacios en
los que decir algo favorable de dictadores como Marcos Pérez Jiménez, Francisco
Franco o Augusto Pinochet, o incluso de gobernantes democráticos, como los de
AD o COPEI, era muy mal visto, pero en cambio, exaltar al tirano Fidel Castro,
al sátrapa Kim Il Sung, o al guerrillero renegado Ernesto “Che” Guevara, era… cool. Las universidades eran espacios donde hablar positivamente del
Papa, era exponerse a ser tildado de oscurantista, inquisidor, retrógrado, etc…
pero exaltar al Ayatollah Jomeini… no era tan malo. En nuestras "casas que vencen las sombras", hasta escuchar o
interpretar una inofensiva y desenfadada canción de rock anglo (salvo las de
John Lennon) era mal visto como pitiyankee.
Permitimos que gigantescas y populosas barriadas como la caraqueña 23 de Enero, ubicada a pocos metros del Palacio de Miraflores, sobre una colina desde donde se domina el Palacio Presidencial y en la que se encontraba enclavado el Museo Histórico Militar (hoy tristemente devenido en Cuartel de La Montaña); permitimos, repito, que dichas barriadas se convirtieran en feudos de grupos ideologizantes comunistas o para-comunistas (Los Tupamaros, La Coordinadora Simón Bolívar, etc.), grupos muy bien organizados que hegemonizaron aquellas barriadas, hasta imprimir su propia identidad ideológica a dichos sectores y sentar verdaderas bases de adoctrinamiento, sobre todo en la gente joven.
Descuidamos a sus habitantes y no nos importó que gran parte de ellos, se
convirtieran en marginalidades
ideologizadas.
Por supuesto, lo anteriormente dicho, si es que no vamos a admitir la posibilidad de que esos
mencionados espacios hubieran sido cedidos intencionalmente a aquel ñangaraje reciclado, por parte del establishment
adeco-copeyano, como parte de un entendimiento, implícito o explícito.
Del mismo modo, dejamos que comunistas reinsertados, como Luis Miquilena,
José Vicente Rangel, Guillermo García Ponce, etc. que nunca abandonaron, ni tan
siquiera ocultaron sus ideas, se convirtieran en “respetables” empresarios,
políticos o periodistas. Recibidos calurosamente en las más “altas” esferas.
Otro tanto sucedió con esos intelectuales y “artistas izquierdistas” que, como decía Nazoa, bajo el chavismo se
revelarían como “…talibanes
exclusionistas, reaccionarios y sapos…”. A estas “luminarias” los
acompañamos en los bautizos de sus libros o en sus exposiciones artísticas,
entre champaña, pasapalos y sonrisas socarronas. No pocas veces nos regodeamos
de tomarnos una foto con el “artista” o “intelectual” agasajado.
Y, por supuesto, si alguien en ese entonces habría advertido que se trataba
de los mismos comunistas que, en la década de los 60s, intentaron ocupar guerrilleramente el
país, de la mano del castrismo cubano, ese alguien habría sido estigmatizado
como radical de derecha, retrógrado,
fascista, lacayo de los yankees etc.
Porque, así como “éramos felices y no
lo sabíamos”, así mismo, también Éramos Pendejos y No Lo Creíamos…
Y lo más angustiante es que sigamos siéndolo y sigamos negándonos a
creerlo.
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El
Citado artículo de Claudio Nazoa se puede acceder en estos enlaces
https://www.elnacional.com/opinion/ADECOS-CLAUDIO_NAZOA-COPEYANOS-ERAMOS-FELICES_0_296970386.html
https://www.reportero24.com/2013/11/11/claudio-nazoa-mi-felicidad/

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