ESPÍRITU
PÚBLICO CONTRA NIHILISMO CASTRO-COMUNISTA
Por
Alexander Delgado C.
27 de Abril de 2014
Refiriéndose a la
Guerra Fría, un amigo mío solía decir que la verdadera confrontación no era
entre Washington DC y Moscú, sino entre Moscú y Roma, más claramente, El
Vaticano.
Ciertamente la
inquina de los comunistas a las religiones tiene fundamentos sólidos; por un
lado las grandes religiones en general (y el cristianismo en particular,
especialmente el católico) tienen masas de seguidores espontáneos que les
envidia el comunismo. Por otro lado la religiosidad ofrece al pueblo una
cosmovisión y un sentido de trascendencia que va más allá del hombre en sí
mismo, otra piedra en el zapato de los rojos que solo pueden reinar sobre pueblos desesperanzados, nihilistas y sin
valores, para poder alienarlos con más facilidad.
Finalmente las
religiones, además de su cara estrictamente teologal-espiritual, tienen una
faceta socio-cultural que, por un lado influye en la observancia de sanas normas de convivencia y de moral pública, y por otro lado, se convierte en un
referente e importante refuerzo a la identidad en los pueblos (Ej.:
Catolicismo en los países Latinos, Protestantismo en los anglo-germánicos,
Islam en la mayoría del Medio Oriente, Judaísmo en Israel, Cristianismo
Ortodoxo en países como Rusia, Grecia, etc.). Esto constituye otra horma en el
zapato rojo, más aun cuanto que, en general, ese sentido de pertenencia, no pocas veces, arropa incluso a quienes no
comparten la religión mayoritaria o simplemente no tienen religión, pero que
saben respetar las tradiciones del pueblo del que provienen o en el que están.
Por eso es que los
castro-comunistas, como buenos; desadaptados,
renegados, acomplejados, resentidos, pobristas y odiantes, ven con inquina a las
religiones, especialmente al cristianismo; de ahí que en todo vean una excusa
para atacarlas y mancillarlas. La gran paradoja que define aún más el profundo
vacío, desadaptación y resentimiento de comunistas, confesos o de closet; es su
tendencia casi obsesiva por buscar pseudo-religiones sustitutivas en
teorías político-sociales o socioeconómicas; por supuesto el marxismo-leninismo
es el referente más conspicuo.
Una de las tácticas ateístas (y especialmente anticatólicas) más comunes de los rojos y proto-rojos es FOMENTAR LA DIVISIÓN Y EL ODIO ENTRE RELIGIONES. Ej.: soliviantan o bendicen los extremismos islámicos antioccidentales y anticristianos; esto a pesar de que el fundamentalismo islámico, como fanatismo religioso, es una negación al materialismo dialéctico, tradicionalmente ateísta, del marxismo-leninismo. Pero eso a ellos no les importa; en su odio a los valores occidentales, todo suma, por contra natura que sea.
Por
otra parte, es común que en los países de mayoría católica (caso de los latinoamericanos),
de manera solapada, premeditada o instintiva, fomentan la proliferación de iglesias
protestantes o evangélicas (especialmente las de garaje), a cual más delirante, y, por suepuesto, muchas de ellas odiantes del catolicismo.
En Venezuela, el chavismo, que todavía no se atreve a proclamar a los cuatro vientos su marxismo-leninismo, simplemente instiga, por debajo de cuerda, a sus seguidores a volverse evangélicos (generalmente de grupos enemigos a muerte del Vaticano). Esto último lo digo con el debido respeto que merecen muchos cristianos no-católicos, decentes, trabajadores, honrados… y anticomunistas. Pero es muy evidente esta mística castro-comunista de calentarle las orejas a ciertos grupos evangélicos, como fuerza de choque no declarada a la Iglesia Católica La idea es quebrar la fuerza que el catolicismo tiene, no solo en el aspecto espiritual, sino también, como institución en sí misma. Logrado esto sería más fácil, inocularles a los propios evangélicos (y, eventualmente, a los islámicos) el veneno nihilista y ateísta.
AL FINAL TODOS PIERDEN POR IGUAL; CRISTIANOS
CATÓLICOS, CRISTIANOS EVANGÉLICOS, JUDÍOS Y HASTA MUSULMANES.
Es muy diciente como
en los países donde dominan los Castro-chavistas, las sectas evangélicas (no
tanto las tradicionales, más bien las “de garaje”) adquieren mayor
fuerza y tienden a acaparar espacios con la venia solapada del aparato oficial.
También, con la finalidad antes señalada, han impulsado y fortalecido cultos
neo-paganistas, ya existentes y de un innegable arraigo en una parte del pueblo; como la
Santería, el Palo Mayombe, etc., aunque no pocas veces han salido a la luz,
evidencias, o al menos indicios, de que prominentes dirigentes o personeros
gubernamentales de línea castrista practican este tipo de cultos en forma, más
o menos, encubierta.
Finalmente, y ya de
muy vieja data, a lo interno de la catolicidad se ha impulsado la llamada Teología
de la Liberación o los “sotana-roja”, buscando una
reinterpretación del dogma cristiano, incluido el católico, en clave
marxista-leninista, aprovechando las coincidencias superficiales entre la fe
cristiana y el credo marxista.
Por supuesto, de todo lo
anteriormente expuesto en estas líneas, se desprende que una verdadera lucha contra lo que, en esencia, representa
el Castro-Comunismo (en Latinoamérica en general y en Venezuela en concreto)
debe apoyarse, además del sentido común y la fuerza fáctica, en un soporte
espiritual y ético (no necesariamente católico, ni siquiera necesariamente religioso-esotérico), ya que las naciones, además de una constitución física, tienen un espíritu colectivo que se
manifiesta sobre todo en sus tradiciones históricas y culturales, pero también religiosas. En países como Venezuela (y a pesar de la tibieza de tantos “católicos
porque me bautizaron”) la Iglesia Católica, como ente, aún representa una fuerza moral
importante.
Lo anterior no debe
entenderse como que hay que convertirse a la religión predominante, eso sí, hay que respetar su fuerza institucional, moral, espiritual
y su aporte a nuestra identidad.
Más bien se trata de
enfrentar sin contemplaciones al nihilismo destructivo y resentido, típico
(aunque no exclusivo) de los rojos, pero apoyándonos en una cosmovisión, una
tonificación del espíritu humano (individual y colectivo) y un cierto sentido de
Areté; desde lo cual se reafirme ese sentido de pertenencia; de orgullo por lo
positivo y de SANA autocrítica y autocorrección, cuando sea el caso. Y que partir de allí
se combata ese veneno nihilista, e insano propio de los marxistas-leninistas.
Tal vez el meollo de
la lucha contra el comunismo no sea tanto de discusiones doctrinarias, cuya
importancia en sí no se niega, como por ejemplo, lo referente al papel del
Estado o El Sector Privado, a partir de la cual, definen superficialmente las nociones de Izquierda o Derecha,
etc. Más bien el quid aquí sería de una naturaleza mucho más profunda...
Esta luvha es desde la
propia esencia humana, tanto
individual como colectiva.








