martes, 19 de enero de 2016

Oclocracia Democrática

OCLOCRACIA DEMOCRÁTICA

Por Alexander Delgado C.

(Escrito Originalmente el 10 de enero de 2015)


 OCLOCRACIA: Gobierno de la muchedumbre (del griego ochlokratía, de ochlos que significa “turba” o “multitud” y de kratos que significa poder, gobierno o dominación)


Comúnmente se ignora que, al establecer su famosa correlación de sistemas políticos puros y sus contrapartes corrompidas, Platón consideraba a la democracia (gobierno del pueblo) como una forma impura o corrompida de gobierno, contraponiéndola a la Politeia (gobierno de la ciudadanía o de la Polis) a la que consideraba la forma pura. Por su parte, Aristóteles ya señalaba el arma de doble filo que implicaba llevar a la democracia a su mayor expresión ya que se volvía contra sí misma degenerando en oclocracia. Fue Polibio, en el Siglo II a.C, quien elevó a la democracia a la categoría de sistema puro, oponiéndole, como su equivalente impuro, a la oclocracia.

En efecto, si la democracia es el gobierno del pueblo, la oclocracia es el gobierno de la muchedumbre; es decir, un tumulto anárquico, solo capaz de presentar una voluntad viciada por pasionalidades irreflexivas, lo que lo hace fácilmente manipulable. 

Ahora bien, ¿Cómo se diferencia el demos del oclos? Ese es el gran hándicap de la democracia en el presente. 

En la actualidad la democracia tiene como pilar esencial la prevalencia de la mayoría numérica, lo cual conlleva al principio de la igualdad y, a su vez, esta tiende, en la mayoría de los casos, a la nivelación por debajo. Así mismo, para su óptimo funcionamiento, se supone que una democracia debe respetar la libertad de expresión. El problema se presenta cuando en una sociedad o en una coyuntura determinada, se generaliza la ignorancia, la necedad, el resentimiento, la abyección; en fin, la corrupción de toda forma de convivencia ciudadana; en otras palabras, cuando estamos en presencia de un oclos, muy distante de, tan siquiera, aspirar a ser un demos. 

Entonces la libertad de expresión se convierte en libertad de rebuzno (con el debido respeto a los onagros); se convierte en libre demagogia, libre manipulación y tergiversación; la blasfemia es libre. 

Cuando esto ocurre, quienes no se contagian de ese espíritu soez y regresivo solo tienen dos vías; o se dejan sepultar por la avalancha de inmundicias o responden, se defienden y buscan contra-imponerse con las mismas armas del abyecto, al menos parcialmente (muchas veces no les queda otro remedio); y esto, al decir de muchos, algo quisquillosos, los rebaja al nivel de la vulgaridad que pretenden combatir. 

Esta es la trampa de la democracia al convertirse en Caballo de Troya de la oclocracia. 

Seguramente me insistirán en las diferencias entre democracia y oclocracia… 

De acuerdo, no son lo mismo. 

Pero a los ojos del público, y en medio del día a día, no solo es difícil deslindar la una de la otra, sino que a esta dificultad se agrega otra aún mayor; la de hacer entender el deslinde de ambos sistemas a la generalidad de la población, en medio de una atmósfera enervada de pasiones bajas y estupideces en estéreo. Es más que obvia la consecuencia de semejante estado de regresión sociocultural en un sistema el en cual se impone respetar, voto mediante, la ignorancia, ceguera y estupidez cuando son mayoritarias; cuando se debe acatar la voluntad, expresada en las urnas, de esos pendejos que, según la famosa expresión de Facundo Cabral, al ser mayoría, eligen hasta al presidente. 

Cualquier parecido con lo vivido en Venezuela desde 1945; con mayor énfasis desde 1958; pero, muy especialmente, desde 1998, NO ES NINGUNA COINCIDENCIA. 

Pero, por supuesto, hablando de necios y de sofistas, no faltan los que argumentan, beatíficamente, el disco rayado (certero pero rayado) de que “lo que hay es que É-DÚ- CARRR”... o sea, como cualquier cosa.

O el argumento más irresponsable; a saber, que “la culpa no es de los pueblos sino de los demagogos y políticos que manipulan tramposamente”. Si es así, entonces en los miles de embarazos indeseados que existen, no tendrían ninguna culpa las descocadas que abren las piernas sin precaución de ningún tipo, toda la culpa sería, exclusivamente, de los “desgraciados” que les pintan pajaritos en el aire (y ellas se los creen).

Y ese es el problema de cualquier sistema basado en la voluntad mayoritaria, especialmente en momentos de ignorancia generalizada y anomia moral, con muchedumbres dispuestas a abrirle las piernas irreflexivamente a cualquier demagogo que les pinte pajaritos en el aire.

O lo que es peor, con multitudes que, cuando aparece alguien honesto y, como cantaba Joaquín Sabina, les dibuja un mundo real, no uno color de rosa, dichas multitudes prefieren escuchar mentiras piadosas.

martes, 21 de julio de 2015

La Maldición De Las Cenizas

LA MALDICIÓN DE LAS CENIZAS

Por Alexander Delgado C.

21 de Julio de 2015


Pero los sembradores de cenizas también existen para alardear ante su propio país, como los padres ante los niños, y sentirse superiores y dominantes con el fácil recurso de deprimir a los otros. En el caso concreto que quiero señalar; a Venezuela, al pueblo venezolano.

No es difícil observar que cuando uno de estos narcisos -narcisos por su auto contemplación egoísta- aparentan lamentar que Venezuela hizo tal o cual cosa contra Bolívar, Miranda o Bello, es porque él mismo quiere señalarse como un Miranda, un Bolívar o un Bello incomprendido. Y cuando habla de que todos los venezolanos somos ingratos o corrompidos o frívolos, sólo le interesa ponerse a sí mismo como paradigma de las virtudes opuestas”.

Augusto Mijares

(Acerca de Los Sembradores de Cenizas, señalados en un capítulo de su libro de 1940 Hombres e Ideas de América)


El pasado 17 de Julio, en Margarita, el escritor Jorge Mier Hoffman se convirtió en otra víctima mortal del hampa desbordada. Mier Hoffman, un exponente hipertrofiado de los peores aspectos del culto bolivariano, hasta el punto de verse a sí mismo como bolivarianólogo, es considerado uno de los promotores, de hecho el inspirador, de la profanación, mal llamada exhumación, de los restos del Libertador Simón Bolívar; acto bochornoso del que, precisamente hace cinco días (un día antes del asesinato de Mier Hoffman) se cumplieron cinco años.

En efecto, al libro de Mier Hoffman La Carta Que Cambiará La Historia, publicado en el 2008, se le ha considerado el punto inspiracional de la mal llamada exhumación. En el citado libro, Mier Hoffman, como un Dan Brown de quincalla, introdujo o le dio forma “literaria” a la pseudo-teoría conspirativa, según la cual Bolívar habría sido asesinado como parte de un vasto complot del que formaban parte hasta sus allegados más próximos (incluido su propio sobrino Fernando).

De acuerdo con el escrito de Mier Hoffman, el General Bolívar no solo lo sabía sino que lo reveló, en clave masónica, en una carta a su ex amante francesa Fanny Du Villars, carta que, por lo demás, ha pasado a la historia como apócrifa, ya que hay indicios de que realmente fue escrita a comienzos del siglo XX por un apologista del Libertador, Luciano Mendible Camejo, quien la habría hecho pasar como escrita por Simón Bolívar.

No viene a cuento hacer una valoración o crítica literaria sobre el contenido en sí mismo del libro de Mier Hoffman. Solo comentar que el hecho de que un libro, con pretensiones de best seller, mueva al régimen en el poder a realizar una “exhumación” habla mucho de la psique de quienes están en Miraflores desde 1999, dejando aparte, por supuesto, conjeturas sobre prácticas de brujería u ocultismo.

¿Hubo en aquel espectáculo necrofílico algo más que una manifestación del típico culto a la figura del Libertador; culto, más que fetichista masturbatorio, con el que algunos, comenzando por el difunto de hace dos años y el difunto reciente, pretendiendo “enaltecer”, han prostituido la memoria del General Bolívar?

¿Hubo, como pretenden las malas lenguas, un intento de manipulación Palo Mayombe de esos restos ilustres?

Y de haber sido así ¿era cómplice Mier Hoffman (más allá de su papel de inspirador) o simplemente, no sabía las presuntas segundas intenciones?

Para efectos de lo que quiero decir no importa, no pasan de ser especulaciones. No son el punto central de este escrito. Dirá la Superchería que la maldición de la exhumación, que ya se habría vuelto contra unos cuantos (incluido Hugo Chávez) se acaba de volver contra Jorge Mier Hoffman.

Yo no llego a tanto; pongo de lado cuentos de brujas, teorías conspirativas o maldiciones tutankamónicas. No creo en esas yerbas. 

Lo que sí es muy pertinente decir aquí es que Jorge Mier Hoffman, tanto en muchos de sus artículos en su blog personal, bajo el remoquete de “Te Dejo”, como en sus publicaciones en la página castro-chavista Aporrea, plasmó una visión nacional, histórica y presente, que bien puede considerarse una variante inequívoca de lo que el maestro Augusto Mijares llamaba UN SEMBRADOR DE CENIZAS.

Sembrador de cenizas fue su culto fetichista a Bolívar, que antes que honrarlo, lo denigró. Fue el típico culto insano al héroe, basado en usar su grandeza, para deprimir o denigrar a otros personajes o naciones. Su culto al Libertador se revistió del, ya roñosamente habitual, elemento victimista y en muchos sentidos, reforzador de la relación culpógena (o sea, basada en un complejo de culpa) en torno a la figura del General Bolívar.

Una adoración idólatra que nunca estuvo a la altura del “Yo los perdono” con que Bolívar se despidió públicamente el 10 de diciembre de 1830.

Su actitud fue la del típico rebelde sobrado, al que le encanta presentarse como una especie de Prometeo de la verdad, llevando luz a los pobres mortales que vivimos en la caverna.

Y sí; también la postura del típico narciso al que le encanta lamentar, más bien restregar por la cara a la venezolanidad, lo que “se hizo contra Bolívar”. En su caso, usando como “hilo conductor” su relación genealógica con Joaquín de Mier; el halo de incomprendido heraldo de la verdad, no solo lo abarcaba a él; de hecho arropaba, sobre todo, a la figura del fallecido Hugo Chávez, a quien, por supuesto, trató de hacer ver como el nuevo Bolívar y él… su humilde inspirador.

Aunque la insidia no se la atribuyese al pueblo venezolano, propiamente dicho, es inequívoca la esencia del sembrador de cenizas; eso sí, trepada en la moda de las teorías conspirativistas. Una reedición más retorcidamente perfeccionada, de la vieja y enfermiza idolatría bolivariana, basada en poner en relieve la confrontación, siempre circunstancial, del Libertador con otros personajes de la historia, tanto nacional como internacional (el más recurrente, a nivel nacional, el General José Antonio Páez), para así crear un cuento maniqueo de víctima y villano, y de esta forma denigrar, a través de una comparación absurda, la figura histórica “antagonista” del Libertador.

Lo que no suelen tener en cuenta estos necios es que, por esa vía, a la larga se rebaja a ambos personajes.

Para este tipo de idólatras tóxicos, la historia es un largo, simplón y eterno despecho resentido y fatalista, solo es una ciénaga de traiciones y perfidias donde lo único no negativo son las pobrecitas víctimas de esas felonías. Una visión de la historia en la que solo se puede hallar inspiración (por demás, patética) en las víctimas.

Para estos bastardos de la historia solo cuenta hacer ver a una comunidad indigna de que el héroe al que se exalta (y victimiza) haya nacido entre ellos, donde ese pueblo “indigno”, a través de sus más señalados voceros, traiciona al semidiós y lo envía a la Cruz en beneficio de un Barrabás o de un Caifás.

Todos estos elementos malsanos, arriba señalados, se ven perfeccionados en la visión retorcida y prepotente de un Mier Hoffman. La visión de un Simón Bolívar víctima de la ingratitud y la traición, se magnifica, salpicando en un aura borgiana de puñaladas traperas, no solo a sus partidarios hasta el último momento, sino también a su propio sobrino (en una época en que las lealtades familiares pesaban mucho más que ahora).

Cuando se presenta al entorno más cercano de un personaje como el General Bolívar, a los más ligados por vínculos políticos, morales, afectivos y familiares, como un nido de víboras, dispuesto a venderlo y entregarlo a la muerte; cuando se nos presenta a Bolívar (o a cualquier otro personaje en sus circunstancias) como víctima de una oligarquía de la que él mismo era parte y exponente típico ¿Qué tipo de luz se arroja por extensión, sobre toda la sociedad en cuestión?

Pretender señalar a Simón Bolívar y unos pocos más como una especie de iluminado que trascendió a esa ciénaga, aparte del elemento de romantización que ya debería ser superado, plantea, ni tan entre líneas, el típico argumento de lucha de clases y, adicionalmente, es una forma de aislarlo de su entorno y contexto. Esto, encaja perfectamente en el patrón manipulador de la historia propio del castro-chavismo, facilitando el presentar a Chávez como el continuador, igualmente malogrado, del verdadero Bolívar.

Al recurrir al recurso conspirativista de señalar a la historia oficial y transmitida, ya no como tergiversada o mal interpretada, sino como un invento o engaño, se contribuye a trastocar la psique nacional, ahondando el sentimiento de incertidumbre en cuanto a pertenencia y procedencia. Es un equivalente del divide y reinarás, característico del chavismo.

Aunque Mijares no haya descrito expresamente actitudes como las arriba señaladas, en su disertación sobre los sembradores de cenizas, no puede haber dudas de que la esencia de los que señalaba como tales, contemplaba este tipo de procederes de impronta chavista (y en general de toda la izquierda latinoamericana) perfeccionados por personajes como el malogrado Mier Hoffman. Esta es otra forma, más artera y vil, si se quiere, de sembrar cenizas para poder reinar sobre ellas.

En lo referente al (ya, de por sí, agobiante) culto al Libertador, es por “bolivarianólogos” como Mier Hoffman que la figura de Bolívar se está tornando cada vez más odiosa y opresiva para muchos. El burdo y retorcido usufructo que los chavistas, y su recién asesinado cortesano, han hecho de la figura del General Bolívar parece estar despertando a los herederos de Salvador de Madariaga o a los Ángel Quintero del siglo XXI. Es decir, generando un sentimiento anti bolivariano, más allá de lo justo y lo sensato. Anti bolivarianismo expresado en las más variopintas manifestaciones, a cuál más grotesca, porque grotesco ha sido el manoseo chavista de la figura del Libertador o, más recientemente, de la del Precursor Francisco de Miranda y, en general, de todo el periodo independentista (a excepción del General Páez).

Una vez más, como Reyes Midas a la inversa, emputeciendo todo lo que tocan.


Ya lo teorizó Isaac Newton; a cada acción suele corresponder una reacción de iguales proporciones. Así, frente a la necia y humillante especie de la traición de Páez a Bolívar en 1830 (para no hablar de otras traiciones en que se regodeó Mier Hoffman) se levanta otra especie, no menos necia y denigrante, de la traición de Bolívar a Miranda en 1812.

Al final, la historia se vuelve un pandemónium maquiavélico (mucho más allá de lo que realmente fue) donde lo único que parece contar, de manera morbosa, es quien traiciona a quien y donde el más meritorio es el más “traicionado”.

Con semejante visión de sí misma, con semejante idea de “pueblo indigno”, no hay nación que salga adelante, pues siempre estará asediada por el fantasma de su propia vergüenza, incertidumbre y proyección bastarda. No hay pueblo que se yerga gallardamente. Es parte de la desmoralización que hoy estamos viviendo los venezolanos. Esa visión acomplejada y roñosa, patológicamente obsesionada en “reafirmarse” en las miserias del pasado, no nació con Mier Hoffman, ni siquiera con Chávez (ni ese mal merito tienen), pero sí ha sido alimentada y exacerbada, en los últimos 15 años, llevada hasta el absurdo donde está hoy.

Las consecuencias las estamos pagando. No tenemos esta actitud victimista y auto-denigratoria (este recurrente Finis Patriae) por lo que nos está pasando. Es al revés, nos pasa lo que nos pasa por nuestra actitud autocompasiva y autodestructiva, aprendida por generaciones.

La desmoralización nacional, la depresión del ánimo colectivo, el sentido de indignidad, alimenta al cinismo matraquero y bachaquero, y de ahí a la anomia delincuencial, a la ley del pran y los colectivos, solo hay un paso.

Hace cuatro días ese Monstruo cobró la vida de uno de sus muchos doctores Frankenstein. Jorge Mier Hoffman, a la larga, cayó víctima de una maldición; sí; pero no por exhumaciones o presuntos rituales, fue la maldición de un gentilicio al que contribuyó a exponer al escarnio, la maldición de un ánimo colectivo al que contribuyó a deprimir y envenenar.

Fue víctima, no de las cenizas del sarcófago de Bolívar, sino de las cenizas que sembró.

Lamento infinitamente si mi actitud no es lo doliente que debiera ser ante alguien que murió de una forma tan trágica; algo de lo que, tal y como están las cosas la próxima víctima (Dios no lo quiera) puede ser uno mismo o un ser querido. Pero yo no puedo caer en lamentaciones hipócritas, ni siquiera conmoverme ante la muerte, más allá del lógico repudio ante el creciente índice de criminalidad descarada e impune (lamentablemente habitual) en la Venezuela de hoy. El asesinato de Mier es una manifestación más de la descomposición social en nuestro abatido país. Me conmueve, eso sí, el daño que sufrió su nieta de 17 años. Pero este crimen también fue parte de lo que Mier Hoffman NOS DEJÓ.

No celebro su muerte, no me alegra, no me entra ningún fresquito, para nada digo bien hecho. Pero tampoco me entristece ni lo lamento. Simplemente no siento nada…

Solo LES DEJO estas líneas a modo de reflexión. Que Dios lo perdone y donde quiera que esté su alma, pueda ser consciente de las cenizas que sembró (aparte de las que ayudó a exhumar), si es que no era consciente en vida.

miércoles, 8 de julio de 2015

Neoliberalismo Y Democracia

NEOLIBERALISMO Y DEMOCRACIA

Por Alexander Delgado C.

08 de Julio de 2015


Francamente, no entiendo a los que propugnan para Latinoamérica un sistema basado en la economía de libre mercado que, a la vez, se desarrolle en un marco político democrático.

No es el caso aquí entrar en una disertación acerca de las virtudes o vicios, tanto del neoliberalismo como de la democracia. El meollo es que en los países de la región, un sistema de libre mercado, sea bueno o malo, es muy difícil de implementar exitosamente bajo un contexto democrático. En las sociedades latinoamericanas (tanto por nuestra herencia ibérica, como por la de la mayoría de nuestros pueblos aborígenes o los de procedencia afra) carecemos de una tradición o un hábito social y económico favorable a una dinámica liberal; el hábito de depender de papá estado está fuertemente arraigado y en algunos países (caso de Venezuela) casi pareciera que fosilizado. Por estas mismas razones (se justifique o no), en la opinión pública de nuestros países está muy enraizado un fuerte prejuicio anti-neoliberal que sirve de base a toda una retórica política proteccionista y populista, sobre la cual se ha anquilosado, no solo una dirigencia política (sobre todo de izquierda y centro izquierda, pero también en ciertos sectores conservadores), sino también una claque sobreprotegida, tanto intelectual, como empresarial, sindical y de liderazgos comunitarios. 

En consecuencia, en elecciones libres, en las que, necesariamente, se tiene que respetar a la voluntad mayoritaria, cualquier demagogo populista, anti-neoliberal o simplemente inescrupuloso, casi siempre va a tener mayores posibilidades de arrasar en las urnas. Más aún cuando, frecuentemente, los candidatos pro libre-mercado suelen ser (o asumir posturas) de yuppies, con un discurso y una sintaxis basados en tecnicismos economicistas que, si bien a ellos y al núcleo duro de sus minoritarias adhesiones, les brinda un referente de identidad sintáctica (o simplemente les suena interesante), para las mayorías, sin embargo, resulta incomprensible y hasta pretencioso. 

Y la idea de llegar al poder con un discurso populista únicamente electorero tampoco funciona, rápidamente las masas populares les pasan factura por su engaño. Cuando el candidato es inicialmente electo con un discurso sinceramente populista y luego, generalmente a la mitad de su periodo, rectifica y opta por una vía neoliberal, ya no le queda mucho tiempo y, en lo que le resta de periodo, lo poco que logra avanzar en esa vía, queda en nada cuando, en las siguientes elecciones, el candidato de oposición gana con el mismo discurso populista a que apeló en primer lugar el que ahora intenta gobernar neoliberalmente. 

En ese cuento nunca se llega a concretar nada. 

Fue lo que pasó en Venezuela desde 1988 hasta 1998. Carlos Andrés Pérez, después de haber gobernado en la segunda mitad de los 70, con el típico estilo populista-estatista (aunque no comparable con la oclocracia tiránica y resentida del chavismo), aprovechó su popularidad para ser reelecto ventajosamente en 1988 y aplicar (por necesidad o por convicción, no importa) un esquema económico inspirado en los llamados Chicago Boys, y que en su momento se denominó el Gran Viraje. Como es bien sabido, cuándo intentó aplicar las recetas fondomonetaristas, fracasó... o lo fracasaron, como se quiera ver. A comienzos de 1993, C.A.P salió del gobierno con un alto índice de impopularidad. 

En las elecciones de ese mismo año 93, el también ex presidente Rafael Caldera fue reelecto apelando al clásico discurso populista y anti neoliberal. Después de dos años de un gobierno basado en controles, crisis bancaria, pánico financiero y suspensiones de garantías, en 1996 la segunda administración de Caldera también intentó virar en sentido neoliberalista; esta vez con la llamada Agenda Venezuela. Fuera buena o fuera mala dicha agenda, no es el caso discutirlo; lo cierto es que ya era tarde para ese nuevo viraje. Apenas dos años después; nuevas elecciones presidenciales; un bajón circunstancial de los precios del petróleo y la intención de voto a favor de Hugo Chávez Frías se dispara. 

El resto es historia harto conocida. 

Insisto, si el libre mercado (absoluto, sin ningún tipo de trabas estatales) es bueno o es malo en líneas generales, es otra hondura que no viene a cuento en este escrito; pero en cuanto a su viabilidad, la lógica me dice que, en las circunstancias que vivimos, en Iberoamérica no es precisamente por la vía democrática como se podrían llevar a la práctica dichas medidas, hasta dar los resultados que, se supone, se buscan. Por lo demás el país de la región donde, hasta ahora, parece haber rendido sus mejores resultados ese sistema es Chile; pero, y dejando aparte la diferencia idiosincrática, más organizada, también más jerarquizada, que ha tenido la sociedad chilena con respecto a la de muchos de nuestros países, especialmente los de talante caribeño, como Venezuela; también es cierto que mucha de esa neo liberalización de la economía chilena, se debe a la dictadura del General Augusto Pinochet, por lo menos se echaron las bases durante dicho régimen. 

Es algo que, raras veces he visto que otros tomen en consideración ¿seré yo el que está viendo mal las cosas o está dejando de ver algo? 

Si es así, digo como uno de los personajes protagónicos de la película Philadelphia de Jonathan Demme (1993), el abogado Joseph Miller (interpretado por Denzel Washington): 

¿Alguien puede explicármelo como a un niño de cinco años?.

lunes, 6 de julio de 2015

Independencia Ayer y Segunda Independencia

INDEPENDENCIA AYER Y SEGUNDA INDEPENDENCIA
(Análisis Comparativo)

Por Alexander Delgado C.
06 de julio de 2015





Ya se ha vuelto costumbre comparar, la actual confrontación contra el castro comunismo con la Independencia frente a España. Por lo menos habría que considerarlo un avance de enfoque frente a un régimen que se pretende heredero de la Independencia frente a España y del “ideal bolivariano”, cuando en realidad son herederos del espíritu de Boves y cuando la Cuba Castrista y su satélite en Caracas, tras su careta de supuesta revolución, reproducen lo peor, lo más abyecto, de los reinados en España de Carlos IV y Fernando VII. Pero, y dejando aparte las obvias diferencias en aspectos más formales ¿Qué asemeja y diferencia, esa “Primera Independencia” y lo que algunos quisiéramos ver como la segunda confrontación independentista? Los puntos de comparación más relevantes para mí se darían en los siguientes aspectos:
Dirigencias Ayer y Hoy

La Independencia, hace dos siglos, fue mucho más que un movimiento de independencia política o una guerra para “sacar a los españoles”. Algo que nunca ha sido ponderado en su justa medida y que arrojaría una luz mucho más admirable sobre aquel acontecimiento. La Independencia frente a España fue impulsada, motorizada y dirigida por UNA GENERACIÓN DE PROHOMBRES, NO SOLO DE ACCIÓN, SINO TAMBIÉN DE PENSAMIENTO no solo militares sino también civiles, que además de su cultura se caracterizaban por sus inquietudes e ideas avanzadas, que veían en la dependencia de la España de Carlos IV y Fernando VII, una verdadera rémora a sus inquietudes de incorporar a estos países a la corriente de renovación que, con razón o sin ella, desde mediados del siglo XVIII soplaba internacionalmente con cada vez más fuerza, en todos los aspectos. De ahí que, a pesar de lo accidentado del proceso independentista en cuanto a acciones armadas, especialmente hasta 1816, hubiese una relativa coherencia estratégica, en cuanto a marco político general, que sirviese de sustento a las acciones armadas.  Expresiones como libertarse del yugo español, romper las cadenas que nos oprimían, etc., más allá de su justificación como retórica de guerra, han debido entenderse, con el paso de los años, de una manera muy relativa. Pero el discurso oficial (tanto el chavista como el anterior a Chávez), se empeñaron en mantener nuestra visión histórica estancada en esa clase de simplismos pseudo-epopéyicos, entre clarines y discursos, más patrioteros que patrióticos, y muchas veces políticamente interesados.

Hoy ¿con que clase de dirigencia ejecutiva contamos? Hablo por supuestos entre los más consagrados mediáticamente. Solo puedo definirlos como; erráticos, incomprensibles, patéticos, efímeros y muchos de ellos desconectados de las masas. ¿Con que prohombres contamos? ¿Cuántos hombres que, con sus ideas, pensamiento, etc., pueden forjar, entre nosotros, a toda una elite patriótica, culta “pero bastante próxima al pueblo” como la que había en la Caracas de finales del siglo XVIII e inicios del XIX? De la visión culta de aquellos prohombres de comienzos del siglo XIX a la Ignorancia exquisita de los demo-sifrinos que, en lo que va de siglo XXI han motorizado a la “oposición” al régimen Chavista, hay un gran trecho… en reversa. 


De la última gran generación de hombres de gran pensamiento quizá el más recordado, el Dr. Uslar Pietri (estuviéramos o no de acuerdo con sus ideas), murió hace más de una década, y los pocos que quedan, simplemente sus envejecidas voces están silenciadas entre la estridencia socio-política que nos ensordece y nos inmoviliza. Por supuesto que quedan sus libros, conferencias y declaraciones al alcance, pero en medio de una sociedad que cada día lee menos, una sociedad sometida a un bombardeo informativo y a la vez desinformativo, fragmentario, incierto, anárquico, destellar… y neurótico.

Manejo Discursivo y Propagandístico
Al haber unos ideales e intereses razonablemente definidos, más allá del trámite de emanciparnos de la corona española, era más fácil dar a conocer la causa independentista, tanto a nivel del propio pueblo, como a nivel internacional. Por otra parte, los precursores, especialmente Francisco de Miranda, llevaron a cabo un trabajo previo de difusión de ideas, de constante captación de apoyos y de apostolado que los líderes independentistas supieron aprovechar. Los emisarios independentistas en Europa (en nuestro caso Luis López Méndez y Andrés Bello) se dieron a la tarea de proyectar el movimiento emancipador ante la opinión pública europea (incluso no pocas veces ante los propios españoles descontentos de Fernando VII), como una verdadera revolución, en el buen sentido de la palabra, lo que les permitió granjear apoyos al principio remisos y neutralizar la hostilidad existente en esos mismos países. A ese trabajo se debe el enganche de voluntarios europeos en las fuerzas independentistas, especialmente a partir de 1818, con el efecto que tuvo en términos de profesionalización y tecnificación de los todavía emergentes ejércitos patriotas. Esos apoyos, por cierto, no se dieron al principio a nivel de gobiernos. Por ejemplo, el gobierno británico (aliado de España en la lucha contra Napoleón), hasta 1818 fue claramente hostil a los patriotas, llegando a prohibir el comercio de armas a sus colonias del Caribe. López Méndez y Bello no pocas veces se vieron hostigados en Londres por el alto gobierno o dirigentes cercanos a él (el propio López Méndez sufrió prisiones por deudas contraídas a nombre de La naciente Republica).

 Hoy no parecen existir organizaciones que se enfoquen en esa tarea, o que lo hagan de una manera organizada, con un mínimo de disciplina; canalizando, sistematizando, jerarquizando la información (el papel desempeñado por organizaciones como Veppex u Orvex luce bastante gris en ese sentido). La mayoría simplemente no le para a eso o esperan a que alguien más lo haga. La dinámica a nivel de Internet y redes sociales es muy aluvional, muy de chismorreo y desahogo. Demasiado emocional en sí misma, en vez de canalizar las emociones. Los pocos que prestan atención a ese tema se empeñan (inútilmente en la mayoría de los casos) en conseguir el apoyo de los gobiernos establecidos, especialmente de los que se supone no son de línea castro-chavista, sin entender que esos gobiernos tienen intereses propios o nacionales que no van a arriesgar echándose encima al Foro de Sao Paulo. En cambio, se desdeña captar el apoyo o solidaridad en los pueblos (contradiciendo las banderas democráticas que con frecuencia se enarbolan), se desaprovecha los apoyos espontáneos que surgen aquí y allá (como no los había habido en años anteriores) entre ex-mandatarios, intelectuales respetables, personalidades del mundo artístico, deportivo o incluso de la farándula, con una pegada popular mucho mayor si se quiere, que dirigentes políticos. Importante notar que el trabajo previo de Miranda, Nariño, Vizcardo y otros, que logró el estallido casi simultaneo de las primeras rebeliones en ciudades prácticamente aisladas entre sí y que facilitó la posterior cooperación conjunta de los independentistas de país a país, este trabajo previo, repito, se hizo cuando no existía ni el telégrafo Morse ¿Hasta dónde hubieran llegado con una herramienta como la Internet y, dentro de esta, las redes sociales? Nosotros que la tenemos la usamos de manera poco menos que frívola.

Ideales Ayer y Hoy

Como se dijo, para los libertadores (tanto los de pluma como los de charreteras) e impulsores del movimiento emancipador, “sacudirse de encima el dominio español” era, importante como paso previo, pero en el fondo algo secundario, lo importante era fundar la República, con todo lo que para ellos implicaba esa idea, en cuanto a horizontes más amplios en lo económico social y de proyección política. ¿Qué republica (porque no me imagino una monarquía como alternativa) aspiramos a refundar? ¿Apoyada en que cuerpo de ideas? No hay propuestas concretas, muchos prohombres de hace dos siglos, tenían, cada uno a su manera, ideas de renovación social que, incluso bajo la colonia, habían expuesto en ayuntamientos, o habían discutido en conversatorios y conciliábulos como las Tertulias de Los Ustáriz en Caracas. ¿En nuestro tiempo qué? Salvo ideas vagas de libertad y democracia, más utópicas que concretas, solo quejarnos, lloriquear, solo alardes y consignas cuatriboleadas (más pantallería que voluntad sincera), solo recitar el 350… En el fondo, se admita o no, solo se aspira mediocremente a regresar al puntofijismo, lo cual es poco menos que imaginarse a los libertadores aspirando regresar al pasado prehispánico (guayuco incluido). La mayoría no quiere entender que el chavismo, aunque se hubiera presentado como una “revolución” y una “republica” diferente, es el detritus de todo un sistema, implantado en 1945, consolidado en 1958, en decadencia desde 1974 y en crisis cada vez más terminal desde 1989. Son peor de lo mismo. Chávez, en el fondo, fue el último gran caudillo de eso que llaman la Cuarta República. Su propia pretensión de ser quinta república retrata la ignorancia de ellos, de sus seguidores…pero también del común de sus opositores que le compraron el discurso, así sea para contrariarlo. La republica (y que) superada en 1999 ha debido considerarse, si acaso, la tercera, no la cuarta. Lo cierto es que no hay pasado, bonito o feo, a que regresar. En eso nos asemejamos a 1810 y 1811 pero con una diferencia, los prohombres de la época estaban conscientes y lo asumían, en esta época, simplemente nos negamos a entenderlo, solo aspiramos patéticamente a volver a ser felices, pero sin saberlo. 
Contexto Internacional
  
A comienzos del siglo XIX la idea de estado-nación como la entendemos hoy, apenas estaba surgiendo. Entre nosotros el discurso nacionalista, tenía aun una connotación muy continental, los nacionalismos venzolanista, mexicansta, colombianista, etc. cuajarían posteriormente. A pesar del aislamiento geográfico, los independentistas hispanoamericanos de los diversos países, oriundos de dominios de la misma metrópoli, en gran medida se veían, más que como extranjeros, como hoy un venezolano de Los Andes y uno de Oriente. Eso, junto al hecho de enfrentar un mismo poder, determinó que los independentistas consideraran como su teatro natural de operaciones cualquier lugar del imperio español en rebelión contra La Metrópoli, y donde aún no se hubieran rebelado, como fue el caso de Perú hasta 1821, como territorios que había que arrebatarle a la corona española para evitar un contraataque proveniente de allí. Esto explica que, aunque al comienzo la Guerra independentista tuviera un carácter muy local, se diera una lucha cada vez más mancomunada con los independentistas de los países vecinos, hasta culminar en las grandes campañas, a escala continental de Bolívar y San Martín.
Hoy el Castro-Comunismo (No tanto la nación cubana que es una suerte de portador, hablando en términos epidemiológicos) es un fenómeno socio político a escala latinoamericana con igual nomenclatura cultural y política, materializado, sobre todo en el Foro de Sao Paulo. Como buenos marxista-leninistas los foristas desprecian las naciones y fronteras y buscan expandirse por todo el continente. Esto los convierte en una amenaza y una corrosión. Como la España de Fernando VII hace 200 años (O de manera más indirecta La Santa Alianza) son un enemigo común para los anticomunistas de toda Hispanoamérica (nacionalistas, conservadores, simplemente republicanos, liberales, demócratas o incluso social-demócratas), infortunadamente el Estado nación y los nacionalismos a lo interno de Latinoamérica, se han consagrado, quizá más que en la Europa de hoy, y junto con ellos el concepto de soberanía y no injerencia, la premisa, muy Poncio Pilatos, parece ser que cada quien resuelva sus problemas. A eso agreguemos que las, hoy históricas, rivalidades, enemistades (como contra-cara de la hermandad) y disputas territoriales entre muchos de los países hispanoamericanos, han configurado unos nacionalismos caníbales, alimentando un bajo sentido de solidaridad continental. Todo esto influye en que frente al castro-chavismo haya muy poca disposición a verse en una lucha común de país a país, y a que los castro-chavistas, una vez en el poder jueguen a su antojo con el concepto de soberanía y no injerencia, aplicándolo contra quienes se les oponen y haciéndose de la vista gorda cuando se trata de copartidarios de los demás países, que, aquí en Venezuela hasta se dan el lujo de insultar a dirigentes opositores, como si fueran propios. 

Contexto Histórico


Los movimientos independentistas hispanoamericanos tendrían que apreciarse en el entorno occidental de entonces. Un momento histórico, bastante convulso, de cambios vertiginosos pero en una dirección más o menos definida, en el que el naciente industrialismo, el desarrollo de una visión cientificista-mecanicista, de la Ilustración y el Enciclopedismo, determinaron que; contra la tradicional sociedad agraria, aristocrática y clerical, políticamente monárquico-absolutista, con una estructura socio-económica remanente del feudalismo y basada en una cosmovisión que, con mayor o menor acierto, se consideraba obsoleta y atávica; se levantara una cosmovisión secularista, liberal en mayor o menor grado, enarbolando políticamente las banderas de la República o la Monarquía Constitucional y parlamentaria, e incluso la Democracia, defendiendo en lo económico el libre comercio (en mayor  menor grado) y en lo social propugnando (los más radicales) ideas como la Educación Pública. Una cosmovisión, revolucionaria para la época, que, tras triunfar, delinearía, en los países más desarrollados, lo que hoy conocemos como la Sociedad Industrial. Si fue para bien o para mal es asunto para discutirlo en otra ocasión. Los movimientos independentistas hispanoamericanos se enmarcaron en esa corriente de renovación, aunque en nuestro caso el industrialismo siempre fuera más aspiracional que consumado.


Hoy podríamos estar igualmente en un momento de cambio histórico mundial. Buena o mala La Sociedad Industrial encumbrada hace dos siglos, está en una clara crisis, sus premisas, revolucionarias en los tiempos de la Independencia, hay resultan vacías, sin credibilidad, agotadas. Pero la nueva cosmovisión no parece vislumbrarse. Se habla de una emergente sociedad post-industrial, algunos (a ejemplo de Alvin Toffler) hablan de Tercera Ola, otros, más trilladamente, hablan de post-modernidad, pero en el fondo nadie sabe con qué se come todo eso. Existe la impresión de que la Nueva cosmovisión, si es que no habría varias cosmovisiones juntas, sería demasiado ecléctica, para ser comprendida, quizá esto influya en un mayor temor a enterrar finalmente la cosmovisión industrialista y adentrarse en algo, a la par que desconocido mucho más indefinible de lo que fue el pensamiento emergente a finales del siglo XVIII. En ese contexto ¿Cómo y donde se ubica nuestra, más que justificable confrontación contra el Castro Comunismo y el Foro de Sao Paulo? ¿De qué lado estaríamos? ¿Hasta qué punto, y vistas las consideraciones anteriores, tenemos la visión y el espíritu para ubicarnos en el futuro y no en el presente o, peor, en el pasado? Es claro que el castro-Comunismo es una concepción, que por obsoleta debería considerarse ultraconservadora, pero la seguimos viendo como revolucionaria. El socialismo tradicional pertenece a esa modernidad industrial, hoy decadente y roñosa… pero el capitalismo tradicional también, aunque no nos demos cuenta o lo consideremos mejor que lo que estamos viviendo. ¿Cómo se configura el futuro en nuestro caso?

Conclusión

De todo lo anteriormente expuesto saco que, si bien hay semejanzas de fondo entre la Guerra Independentista de hace 200 años y la obligación de luchar contra el opresor Castro-Comunista de hoy, a un nivel más concreto, se requiere de una élite dirigente, tanto de pensamiento como de acción, mucho más audaz y enérgica, más organizada y con mayor sentido de cohesión y capacidad de capitalización y canalización,  resteada en la acción, pero también con mirada más vanguardista, los enfoques, los discursos deben ser diferentes, debe lucharse y proyectarse con ideas nuevas, que sean capaces de desafiar no solo al Castro-Chavismo, sino a todo el sistema político decadente, tanto de izquierda como de derecha (incluidos estos dos remoquetes), desafiar la sintaxis política aún vigente, desnudando su vacío con un nuevo discurso, nomenclaturas diferentes (en muchos casos forjadas sobre los hechos) y una nueva visión.


Iguales motivos para luchar, pero a tiempos distintos, criterios distintos, retos distintos.  

viernes, 26 de diciembre de 2014

En Pocas Palabras ¡Basta De Sembrarnos Cenizas!

En Pocas Palabras 

¡BASTA DE SEMBRARNOS CENIZAS A NOSOTROS MISMOS!

(Reflexión de Navidad) 

Por Alexander Delgado C.

23 de Diciembre de 2014


Reflexionando; definitivamente LA IGNORANCIA, LA ESTUPIDEZ, EL RESENTIMIENTO Y EL COMPLEJO DE INFERIORIDAD han sido nuestro sino fatal.

Son las mismas toxinas, llámense de izquierda, de centro o de derecha; llámense socialistas, capitalistas, corporativistas o como quieran; sean pro-yanquis o anti-yanquis, hispanistas o anti 12 de Octubre; bolivaristas, mirandistas, paecistas, sucristas, mariñistas o como se les ocurra; adoren al Che Guevara, a la Falange Española o a Ronald Reagan... y por supuesto, se adornen de rojo o de azul…

Sean guarimberos, cultores de “La Salida”, electoreros, consituyenteros o trescientos cincuenteros, SEAN LO QUE SEAN.

Y no, no me estoy volviendo NI-NI, ni mucho menos, rojo (Dios me ampare). Sigo estando de lado que es.

Es nuestro problema de fondo, junto a LA NECEDAD, LA VULGATA Y SUPERFICIALIDAD DE ESPÍRITU Y PENSAMIENTO...

Y, lo peor de todo, ESA MALSANA Y SECULAR MANÍA DE AUTODENIGRARNOS. Como ya señalé al comienzo, este es el más grave de los problemas de fondo y es de larga data; es el mismo sentimiento imperante a comienzos del siglo XX y expresado en novelas como Ídolos Rotos de Manuel Díaz Rodríguez o en Memorias de un Venezolano de la Decadencia de José Rafael Pocaterra. En los últimos meses esa actitud patológica ha dejado secuelas y ha tenido manifestaciones realmente desgarradoras por parte de muchos venezolanos, algunos por  veneno, odio y maldad, pero muchos, la mayoría, sin duda, por un legítimo sentimiento de desesperación y dolor, eso sí, expresados de la peor manera posible.

Pero con toda la decadencia objetiva que vemos a nuestro alrededor, la peor y la más primigenia es la que está en nuestro espíritu como nación, es esa auto corrosiva predisposición al derrotismo, esa tendencia, medio morbosa, a auto-restregarnos nuestras falencias, usando muchas veces para eso los méritos de muchos prohombres y de otros pueblos (con los que de paso se les rebaja a ellos también).

Es una clara expresión de lo que Augusto Mijares llamaba Los Sembradores de Cenizas.

¡BASTA DE AUTO-SEMBRARNOS CENIZAS! 

A la larga de poco sirven rebeliones, guarimbas, elecciones, constituyentes, transiciones y demás yerbas si no se ataca a fondo esa ANTI-ESTRUCTURA que nos caracteriza y de la que, sin duda alguna, se nutre el régimen de Miraflores. De otro modo, derrocado este desgobierno, lo que este representa, sin embargo, volvería más adelante, quizá bajo otras formas, pero esencialmente lo mismo.

A veces lo urgente no deja tiempo para lo importante y otras veces lo urgente (como razón válida) es la mejor excusa para evadir la responsabilidad de lo verdaderamente importante. No es para volverse fatalistas ni autocompasivos, es para pensar un poco.

Esa es mi reflexión para todos nosotros en estas fechas y de cara al año que viene.

¡FELIZ NAVIDAD!

¿Balaguerazo Contra Chamorrazo?

Análisis y Opinión ¿BALAGUERAZO CONTRA CHAMORRAZO? Por Alexander Delgado C 24 de Enero de 2026 Y a han pasado tres semanas desde la captura ...